Bandera-fake para la discordia incivil

Piqué, no el defensa del Barça, sino Josep Maria, edecán del consejero (ministrín) de Interior, Miquel Buch (auténtico fanático nacionalista), invita en un “tuit” ilustrado con la bandera “segundorrepublicana” a ponderar debidamente la llamada “lucha armada” para lograr el ansiado objetivo: la independencia de Cataluña. Con todo, recuerdo al ingenioso asesor, no es la primera vez que el catalanismo milenarista opta por el terrorismo (atentados de EPOCA y Terra Lliure, otrosí de los asesinatos de ETA que siempre, sea el caso de Hipercor, ha matado a favor de todos los separatismos disgregadores).

Algún alma cándida objetará que el belígero asesor de Buch ha errado el tiro al elegir bandera bajo la que formar en compacto batallón, pues lo suyo habría sido exhibir la “estrellada”. Para mí tengo, en cambio, que ha acertado de pleno por diversas razones que paso a enumerar. Primero, la bandera tricolor, mal llamada “republicana”, representa, para ir haciendo boca, la división del país. Y nada mejor para insuflar aires de contienda civil que sembrarla empezando por los símbolos. En efecto, tras proclamarse la I República en el XIX no se cambió bandera alguna, tan sólo se sustituyó la corona del escudo, la dinástica o regia, por una mural. La bandera de la I República es rojigualda. Que es, ni más ni menos, lo que ha sucedido en muchos países que proclamaron repúblicas tras derrocar monarquías, sea el caso de Portugal, Italia, Grecia o Rumanía. Que ha bastado con ligeros retoques salvaguardando el formato y los colores, pues se ha entendido que el país, la nación, preexiste y/o trasciende a los diversos regímenes y que por ello la bandera ha de ser sustancialmente la misma, y que lo otro son ganas de generar discordia gratuita.

La “segundorrepublicana” ondeó como enseña oficial durante cinco años en parte del territorio nacional y hasta ocho en algunos casos, según las vicisitudes de la Guerra Civil. Ineluctablemente, dicha bandera quedará por siempre asociada a una época oscura que culminó en aquella devastadora tragedia. Ítem más, hace unas fechas, la versión digital del diario ABC publicó un artículo hallado en el Archivo Histórico Nacional de la pluma de quien fuera uno de los militares más representativos del bando republicano, el general Vicente Rojo:

“El cambio de la bandera constituyó un grave error (…) La tricolor no nació del pueblo, sino de una minoría sectaria (…) Fue una decisión arbitraria para hacer prevalecer las ideas de la República por encima de las ideas de Nación y Patria”.

Por si ello no bastara, es sabido que el diseño de esa bandera fatídica nació, además, de un flagrante error llamado “decoloración” de pigmentos por el tiempo y las condiciones ambientales. Creo, si no yerro, que la ocurrencia fue de Lerroux (se admiten correcciones) al contemplar un cuadro donde ondeaban estandartes morados junto a los Comuneros de Castilla enfrentados a Carlos I de España. Había que incorporar, pues, el color de sus pendones, a guisa de franja, en la enseña nacional para enfatizar el rechazo a la monarquía pensando en el advenimiento de un régimen republicano… sólo que esas banderas eran mendazmente moradas por la deficiente conservación del lienzo, pues siempre fueron coloradas las banderas de Castilla. 

En resumidas cuentas, aunque por ella dieran su vida muchas personas con dignidad y heroísmo, pero no pocas valiéndose de la misma para perpetrar crímenes horrendos contra población desarmada (milicianos chequistas de partidos políticos y sindicatos), la “segundorrepublicana” es, desde una perspectiva histórica, un disparatado fraude, una fake-bandera.

En la actualidad, la “segundorrepublicana” la vemos siempre, además de en el cartel de Piqué llamando a la balacera, o en la muñeca, formato pulserita, de la ministra de igualdad, la señora Montero, que ostenta esa dignidad, quién lo duda, por méritos propios y sobrada capacitación, y no por ser la churri de Pablo Iglesias, en las manis “femipodemitas” y de las centrales sindicales mayoritarias (aunque en realidad minoritarias, pues la afiliación apenas alcanza al 10% de los trabajadores)… siempre al lado, como dama de compañía, de todas las banderas separatistas que en España son, sin descuidar la de la hoz y el martillo. No falla: siempre machihembrada a quienes vociferan de manera vehemente e inequívoca su odio a España. Y esa, pretenden algunos que sea la bandera de todos los españoles. Por el contrario, cuando el paisanaje acude por sí mismo, sea el caso, a un estadio para animar a las selecciones deportivas nacionales, sin mediar en dicha convocatoria mandato u orientación ideológica de terceros, lleva la que siente suya, la que identifica con su país: la bandera de verdad, la bandera nacional.

Una de las especies que circulan por ahí, y que te sueltan como latiguillo aquellos españoles que no se sienten tales, es que “de la bandera española nos hemos apropiado los fachas”. La solución es sencilla y bien a mano la tienen: basta con que disputen su usufructo en supuesto régimen de monopolio, que la reivindiquen y en adelante la usen (y besen con unción) ellos también. De hecho, y harto de oír ese remoquete cansino, siempre llevo conmigo una pulserita sobrante con los colores nacionales para obsequiar al primero de ellos que me atice ese manido reproche. Dudo que la desinteresada dádiva fuera aceptada, pero no es trapaza mala para desenmascarar su falaz argumento. Sucede en realidad que en el fondo desean que, como ellos, no la usáramos jamás y la genuina bandera española quedara proscrita para los restos y de ese modo sustituirla por la suya.   

Por todo lo dicho, Piqué la clava cuando recurre a esa bandera guerracivilista que jamás llamaré “republicana”, sino “segundorrepublicana”, pues ni el sincero republicanismo habría de representar, quedando para banderín de enganche de sectarios de la extrema izquierda y, como el interfecto, de separatistas contumaces, es decir, de esas gentes que cuando nos largan esa memez de “la otra España posible”, se refieren únicamente a la desmembración y destrucción de España, porque nada quieren saber de España tal cual ha sido y es.

Por ponerle una pega, decirle a Piqué que la citada bandera no existía, es de cajón, en 1808 (véase el “tuit” anexo), refiriéndose a eso que los nacionalistas llaman “la guerra del francés”… intencional gazapo de los publicistas del Frente Popular que Piqué reproduce tontunamente. Las que se opusieron al ejército napoleónico no fueron otras que la nacional y la bandera cuatribarrada, sin aditamentos estrellados, y que hoy ha caído en desuso en Cataluña a causa del “procés” lobotomizador.

Respeto y memoria para aquellos que murieron por una causa, excluidos por descontado quienes cometieron toda suerte de desmanes en retaguardia, bien como instigadores o bien como mano ejecutora. Habrá que decirle a ese engallado cagatintas de Piqué, pues eso es, un burócrata entre cientos, un enchufado más de la mesocracia ultracatalanista que ha generado el nacionalismo hegemónico durante décadas, tanto si sabe manejar un fusil como el del cartel del que presume encampanado como un matasiete, como si la única arma que ha empuñado en su vida es una carabina de aire comprimido en la barraca de la feria, que por esa bandera, cuyo mejor destino es una urna de metacrilato para coleccionistas de curiosidades vexilológicas… no muera nadie nunca más. Y que si tanto le gusta, llegado el día, la use como sudario, para él o para su canario. Y que Piqué y sus cofrades (pro-etarras, separatistas y esbirros de regímenes bolivarianos) se abstengan de decirnos a los españoles cuál ha de ser nuestra bandera, pues ya tenemos una… preciosa, por cierto.

Doblaje malaje

Traduttore, traditore, así reza el dicho. Sentencia que cobra más significado que nunca en el doblaje de películas, y con más motivo cuando se trata de TV3 que es, sin duda, una de las herramientas más tóxicas, no sé si eficaz, pues en principio basta con no sintonizarla, con la que cuentan los nacionalistas para envenenar al segmento más lanar del paisanaje. Tóxica y cara, pues nos sale la factura, veámosla o no, por una millonada anual. No quieras saber, pues, el acumulado desde el día en que comenzaron sus emisiones allá por septiembre de 1983.

El día de autos nos retrotrae un par de años, acaso alguno más. Aquella noche, como decimos tan a menudo, no “echaban nada potable por la tele”, nada que fuera de nuestro interés, del mío y del de la autoridad conyugal… salvo una película española protagonizada por Javier Cámara, destinado desde la cuna al séptimo arte (chiste malo), y el argentino Ricardo Darín y programada, miau, quise decir guau (por lo que se verá), en el canal autonómico. Tras la plaqueta, Cesc Gay, director de la muy estimable “En la ciudad”, que no es poco por tratarse de una película española contemporánea.

No es frecuente que dicho canal proyecte películas españolas, salvo que producción, director, actores y localizaciones sea todo made in Catalonia, circunstancia que no le tengo en cuenta al ente público, pues no soy siquiera espectador ocasional de la cadena, con la excepción de los pronósticos meteo que, por una cuestión de cercanía geográfica y de supuesta precisión me obligan a ver, lo repito: me obligan… al tiempo que mi desapego del cine español actual es casi absoluto, por su calidad deficiente y por la tendencia al sermoneo sectario de muchos de sus protagonistas (actores y directores: bodrio “galas Goya”). No participo en absoluto de esa suerte de “patriotismo cinematográfico” al que son afectos todos los progres que conozco, que cantan mil alabanzas de nuestro (su) cine y te instan a verlo en un formato casi imperativo, “hay que ver cine español”… exactamente los mismos que abjuran de España, de su nombre, de su bandera, de los símbolos nacionales y de todo aquello que les recuerda ese malhadado país del que no se sienten nacionales, sea el caso de Fernando Trueba, sin ir más lejos. Se limpian el trasero con todo lo español, salvo con el cine, mira tú qué cosa.

Pero en ocasiones TV3 programa una peli española, claro es, si existe una versión doblada íntegramente al catalán. Siempre bajo ese restrictivo precepto idiomático. Tengo entendido que las “teles” de aquellas regiones en las que existe una lengua co-oficial, no sólo emiten parte de su programación en la lengua común, si no que muchas de sus películas, de factura nacional o extranjera, son proyectadas en V.O o dobladas al español, lo mismo “telegaita” que “telechapela”, por ejemplo, y a nadie por ello, sean “ceibes” o “abertzales”, se le salen las tripas. Vaya por delante que profeso a esas cadenas la misma o parecida estima que a TV3: ninguna.

Proyectaron “Truman”, una dramedy con los actores citados y el perrito de uno de ellos, Truman, el “prota” canino, guau, guau. Echando un somero vistazo a la cinta comprobé dos cosas, que Javier Cámara se doblaba a sí mismo, y no lo hizo nada mal, por cierto, y que a Ricardo Darín, que siempre habla con su atractivo acento porteño, seña de identidad, pues no tiene otro, le doblaba al catalán un actor desconocido: chúpate ésa. Es decir, TV3 no podía consentir que en su emisión se colara la voz original del actor argentino. Repito: no podía consentir que en horario prime time unas frases en español, siquiera con ese deje bonaerense, agredieran los castos oídos de su refinada audiencia.

Ese requisito de edición y emisión, salta a la vista, desvirtúa la peli por “castración”. Constituye un horripilante e innecesario atentado cinematográfico, que vale por artístico. Un desatino, una chufla, una patarata fílmica de primera. Resulta chocante que los actores españoles se presten a ser doblados por otros, o a doblarse a sí propios, cuando la película es distribuida o proyectada en algunas regiones de España, pues en español son entendidos a la perfección por todos los espectadores nacionales, cual sea su lugar de nacimiento o residencia. Hecho que va en detrimento de eso que reclaman tan a menudo los cinéfilos más ortodoxos: el deseable “visionado” de las obras en su versión original. Javier Cámara (destinado desde el bautismo a la mayordomía o ayudantía, segundo chiste malo a su costa) se aviene a semejante pampirolada. Con su pan se lo coma… ¿Se doblará a sí mismo en silbo gomero si las pelis en las que interviene se exhiben en Muyayo-TV?

Pero no es el único. También lo hemos visto hacer recientemente a Luis Tosar en “La sombra de la ley”, una boñiga importante emitida en la antedicha cadena hace muy pocas fechas. De Tosar sorprende menos, pues el actor gallego, si no han remitido sus pulsiones onano-localistas, ha sido militante y candidato de BNG (pronúnciese be-ene-gé) en las elecciones europeas de 2004 por la coalición Galeusca (junto a CiU y PNV). No sabemos si la delicada mano de Marta Etura ha servido estos años para calmar a la fiera particularista amorrada con tesón al dulcísono pitorro de la gaita. En todo caso, ya están separados… así es la vida. En resumidas cuentas, que en la peli que da pie a esta tractorada fue Truman, el perrito, el único que no consintió en ser bastardeado por un doblaje estúpido: guau, guau. Truman, guapetón, yo te saludo.     

 No hemos de perder la esperanza, hay que pensar a lo grande y ser positivo. Por esa razón sueño… ¿Es tanto pedir?… con un país sin televisiones autonómicas. A veces es preciso dejar cosas en el camino, sobre todo si nada aportan al colectivo y cuestan mucho. ¿Alguien podría darme la mastodóntica cifra, siquiera aproximada, de los millones que ha sumado hasta el presente la agregación de las partidas presupuestarias asignadas a las tele-taifas… (y sus déficits acumulados)… a todas, incluidas Tele-Ceuta, si existe, y Tele-Madrid? Y eso sin contar las cadenas municipales que también llevan lo suyo, sea el caso de TV Balaguer, de la que ya se habló, o la supersectaria “Tele-Colau (BTV)”.   

En la última década hemos vivido y más o menos superado devastadoras crisis económicas e índices de paro superiores al 25% de la población activa, sangrientos atentados terroristas, huelgas generales, la depauperación de la escuela pública, la chufla ésa de la inmersión lingüística obligatoria (rectifico, estos dos últimos ítems no se superan nunca, son dos constantes matemáticas), el coronavirus, o eso dicen, gracias a la “habilísima” gestión gubernamental, recitales de Nùria Feliu y Lluis Llach (de familia tradicionalista e hijo de un alcalde franquista de Verges, provincia de Gerona), lo mismo solitos que a dúo (abracadabrante tostón) o las ramplonas peroratas, maniqueas y banderizas, de Jorge Javier Vázquez en Telecinco (el Torquemada LGTBi)… y el mundo gira, a la noche sigue el día, los hijos crecen y las madres envejecen… ¿Quién dice que no superaríamos mañana una parrilla televisiva sin TV3, ETB, CanalSur o Tele-Murcia? ¿Por qué no?… Querer es poder.  

Seve, un perrito esquimal amante del puré de castañas, ladra que él no se deja doblar, que su “guau” es el mismo en Calatayud que en Pekín (excursión a Sant Joan de l’Erm).

Besalú, mon amour

Cuántas veces no recurren los famosos al fotoshop para salir más guapetones en las revistas. Son las exigencias del papel cuché. Es la tiranía de la imagen, que no permite ni una arruguita en la frente, ni un gracioso hoyuelo celulítico en los cachetes de una de esas divas de pacotilla que colonizan los llamados programas “del corazón”. Las hay muy retocadas y que rejuvenecen un montón de años, tanto si pasan por el quirófano como si el bisturí se aplica durante la edición del fotomontaje. Con todo, los años nunca se esfuman, como reza el viejo proverbio chino: “Los años que cumplen las mujeres nunca se pierden, pues los que una se quita se los pone a su mejor amiga”. Pizca más o menos lo que establece la ley Lavoisier-Lomonosov: “La materia (por los años) ni se crea ni se destruye, sólo se transforma”.

El fotoshop aplicado a la política tiene también su trayectoria. Fue Stalin uno de sus promotores más decididos, pues no en vano los agentes del GPU (luego NKVD) retocaban aplicadamente las fotos de grupo en las que figuraba el matarife georgiano junto a alguno de sus camaradas de Politburó eliminado en las sucesivas purgas regimentales. Había que borrar toda huella de cercanía que relacionara a la víctima, por lo general acusada de espionaje, desviacionismo o de actividades antisoviéticas, con el sanguinario dictador. Aunque, a su manera, esa versión de la desmemoria histórica, de tan rabiosa actualidad, ya se practicó en la antigua Roma mediante la damnatio memoriae… fórmula consistente en arrasar con bustos de patricios, cónsules, senadores o tribunos caídos en desgracia y, a mayor abundamiento, borrados sus nombres de los anales históricos. Y más recientemente la Wikipedia, según leemos en un diario digital, que se ha apresurado a reconvertir la organización terrorista FRAP, donde en tiempos militó el padre de Pablo Iglesias, en una ONG dedicada a sanar leprosos en Calcuta. Lo que a no mucho tardar veremos con ETA, pues ahora, a través de sus herederos políticos, Bildu (es decir, Herri Batasuna), “salva vidas”, según el ministro Ábalos. Diréis cosas que nos helarán la sangre… cumplida profecía de la madre de Joseba Pagazaurtundúa.

Algo así le sucedió años atrás a Manolo Chaves, entonces Presidente de la Junta de Andalucía, cuando ordenó eliminar de una foto a uno de sus secuaces implicado en el caso de los ERE fraudulentos (“son cuatro golfos”, nos dijeron). Que el técnico no anduvo muy fino, alguna manzanilla de más, y entre las cinco personas de la instantánea sumaban una docena de piernas. Pero el caso más llamativo, por lo que a nosotros concierne, es el de la sensacional mudanza de la bella y monumental villa de Besalú (Gerona), donde hoy se detiene nuestro tractor, como en otras ocasiones lo hizo en Balaguer, Vich y Tortosa.

En efecto, Besalú conserva su fachada y su skyline cien por cien medieval. Es una auténtica maravilla, si han tenido la fortuna de huronear por sus calles y plazas empedradas. Besalú pertenece a la comarca de La Garrocha, o sea, la misma que fue sobrevolada por los cazabombarderos del Ejército español que debían lanzar sus pepinazos de fósforo y napalm sobre Riudaura, según denunció Raül Romeva en el parlamento europeo (véase “El más idiota”). El puente de arcos fortificado es una de sus estampas más fotogénicas, así como el paseo orillero del río Fluviá o los restos arqueológicos de los baños rituales de la fe mosaica. Una auténtica joya de nuestro patrimonio histórico-artístico.   

Hete aquí que nos sorprende la pandemia coronavírica y lo deja todo con el culo al aire. “Nos sorprende” porque se negó la gravedad de la crisis sanitaria que se avecinaba para, a fin de cuentas, permitir la mani “chochopower” del 8-M, vector básico de la acción gubernamental. En esto de negar crisis ya atesoramos experiencia, pues lo mismo sucedió con la económica de 2008 (Pedro Solbes vs Pizarro), cuando la demora en tomar medidas causó en España una recesión muy superior a la registrada en otros países de nuestro entorno. Pues ahora, parecidamente, sólo que en esta fase de confinamiento los desempleados son sustituidos por cadáveres. Bien entendido que en la fase próxima de la pandemia, es decir, la crisis económica que asoma en el horizonte de la llamada Nueva Normalidad (que suena a la NEP, Nueva Política Económica, oportunista rectificación doctrinal del período leninista), los desempleados tomarán a su vez el relevo a los fiambres en las falsas estadísticas oficiales. Quítate tú que me pongo yo.

A lo que vamos, llega la pandemia y se van los turistas. Huyen de nosotros como de la peste y porque en el país que peor ha gestionado esta plaga, encima, se les impone una “quincena” si quieren venir (una “cuarentena” de 15 días, para entendernos). Por esa razón, algunos se las prometen felices, sea la alcaldesa Colau y su alegre troupe (véase “El turismo accidental”). Y Torra y su arlequín del ramo, David Font, un tipo que se pasa el día tuiteando mil perrerías contra España, caen en la cuenta que hogaño la campaña vacacional es una incógnita. ¿De dónde sacamos la clientela? No hay vuelta de hoja, qué remedio… de la puta España, nuestro odiado país vecino y opresor.

Y entonces descubrimos estupefactos que en la torre del puente románico de Besalú, donde se asentaba la alcabala y se tributaba en tiempos por derecho de portazgo, gravamen feudal sobre las mercancías que entraban o salían de la villa, han desaparecido por arte de birli birloque lazos amarillos y pancartas pro-presos golpistas. Ver para creer, ni con los siete ojos, o arcos, del puente medieval. Pero que nadie se llame a engaño, los sectarios aditamentos que afean el puente, patrimonio de todos, siguen allí por voluntad expresa del consistorio y de no pocos de sus vecinos abducidos, por mucho spot de chichinabo que nos aticen por TV.

El lema de la campaña es, átame esa mosca por el rabo, “Catalunya es tu casa”, con versión en español para atraer al “turismo doméstico” (David Font), ese idioma del demonio (Samantha Gilabert, OT), o el mismo que hablan las bestias taradas (Quim Torra). De modo que ahora no toca que Inés Arrimadas, a punto de dar a luz, se regrese para siempre a la puta Cádiz de la que nunca debió salir (Nuria de Gispert), sino que se traiga de vacaciones a toda su parentela… que le den morcilla a las playas de Zahara de los Atunes y a la sierra de Grazalema… y de ese modo todo su clan medio agitanado de españolazos tiñosos, esos “desestructurados” andaluces (Jordi Pujol), se pasee por los rincones pintorescos de Besalú y se deje sus dineros en los comercios, fondas y heladerías regentados, a saber, por no pocos de esos nativos de “socarrel” (honda raigambre) que odian a muerte a España y a los españoles y dan mayorías hegemónicas, en las elecciones locales, a los partidos separatistas. Un agradable paseo, pero, eso sí, con banderitas estrelladas en balconadas y en espacios públicos.

Así que este año no se esperan, al decir de la “promo”, cruces amarillas en los arenales de las playas catalanas, como otrora sucediera en Canet de Mar o en Vilasar, ni que el dueño, entorno de CUP, de un restaurant de Ripoll, “La Barricona”, eche a los comensales que se aventuren en su establecimiento con un polo ribeteado con los colores nacionales. Este año no, que sus monedas compensarán de sobra la pestilencia de sus mal digeridos garbanzos (semanario Cu-cut! -1902/1912-… o el odio como arraigada tradición “doméstica”).

Foto, descubra las siete diferencias, publicada por el digital Dolça Catalunya

La semilla del diablo

“Tractorada” a de JC (antes del Jodido Coronavirus)

Tiempo ha sustituí mis pelis favoritas en VHS por el formato DVD. Ahora se trata de cambiar el obsoleto DVD por descargas en un aparatejo de almacenaje masivo tipo USB. Con las siglas y las tecnologías uno se hace con el pichelo un lío. Me topé con una de las llamadas imprescindibles, “La semilla del diablo”, de Roman Polanski. Recuerdo perfectamente la melodía escalofriante que acompaña los primeros fotogramas, “El bebé de Rose Mary”, una canción de cuna como para no dormir. La cámara nos lleva hasta el mítico edificio Dakota, junto a Central Park, donde vive el matrimonio encarnado por Mia Farrow y John Cassavetes. Allí mismo, y para reforzar su malditismo, Johnn Lennon fue asesinado en 1980 por uno de sus fans. El título de la peli me hizo pensar, al punto, en dos de las cosas más demoníacas, vale por asquerosas y repugnantes, que he visto en estos últimos años, y he visto unas cuantas.

En esa suerte de top two (*), figura en el lugar más destacado un “tuit” del círculo podemita de Vallekas (con “k” muy “kaprina”), replicado alegremente por su eurodiputado Miguel Urbán, facción “anticapi”, con motivo del atentado islamista perpetrado en Niza (2016) aprovechando la festividad del 14 de julio. Murieron atropelladas 86 personas y hubo docenas de heridos. Los podemitas “vallekanos” tuitearon, ja, ja, ja, “que no fue atentado sino incidente de tráfico”. Un año más tarde se repitió el modus operandi en Las Ramblas de Barcelona, balance mucho más modesto, 17 víctimas mortales, pero no el “tuit vallekano”, por lo que los seguidores en las redes del partido morado perdieron una buena ocasión para echar unas risas. O cuando los hijos superan la pestilente obra de su padre.

A poca distancia, soplándole la nuca, cabalga el aclamado y parnasiano poeta García Montero, ex candidato de IU a la Comunidad de Madrid y en la actualidad flamante Director del Instituto Cervantes, quien redactó el artículo “Todos somos Ana Julia”, por Ana Julia Quezada, la asesina del niño Gabriel Cruz de ocho años… crimen perpetrado en una pedanía del municipio de Níjar (Almería). Si los interfectos se permiten licencias de esa laya, demostrando que de casta le viene al galgo, por qué no, me dije, urdir un ditirámbico elogio de Satanás, el Príncipe de las Tinieblas. Figúrate.

Pensando en todo ello he llegado a la conclusión de que entre los comunistas confesos (García Montero, Podemos-Vallekas) por un lado, y Satanás por otro, me quedo con este último. No es preciso aquí recurrir al argumento genocida, a las docenas de millones de personas asesinadas por el comunismo en el siglo XX a lo largo y ancho de este mundo (sin descontar, desde luego, esas docenas de miles asesinadas por los milicianos, no sólo comunistas, en la retaguardia republicana contra población no combatiente en nuestra Guerra Civil).

Si bien es cierto que el comunismo necesita forzosamente, y así lo dicen a las claras sus más eximios teóricos, del terror, de la matanza a gran escala, de la purga masiva para erigir una sociedad nueva, del hambre programada para confinar a la población en una existencia precarizada mediante la repartición de víveres con cartillas de racionamiento y condicionadas a la fidelidad al partido (Holomodor, 1932/1933), no hay que deducir de ello que el comunismo obedece a una suerte de gran plan de inspiración satánica, o establecer apresuradas analogías entre dicha ideología y el Maligno ni siquiera por la comunidad de intereses en la difusión del mal y del sufrimiento. Comparar a los comunistas con Satanás es insultante… para Satanás, por supuesto.

Satanás, de entrada, no es lo que llamarían algunos un “anti-sistema”, pues no lo discute (el sistema), ni por ello te sermonea. Cierto que comparte algunos rasgos de conducta con los tales, pero si se decide a “ocupar” tu casa, lo hace sin la “k” execrable de los protegidos de Ada Colau, ni pretende discutir la legítima propiedad de la vivienda. Como mucho te enciende y apaga las luces alocadamente o te cambia las sillas de lugar o te pone cabeza abajo un crucifijo, si es que tienes uno clavado en la pared. Es decir, Satanás no aspira a cambiar el sistema, con la zurribanda de asonadas, altercados, tumultos, atropellos y asesinatos que conlleva, ni a erigir una Humanidad Nueva, haciendo tabla rasa de la anterior mediante la eliminación física de diversos segmentos de la sociedad precedente, modelo camboyano. Satanás aspira a encarnar la figura del “enemigo necesario” y en su caso “eterno”, enmendando por ampliación la teoría política de Carl Schmitt.  

Satanás se conforma con estar en el rincón opuesto del cuadrilátero e intercambiar golpes sin bajar los brazos. Eso sí, jamás tirará la toalla, pues Satanás nunca duerme. Sabe que está escrito que perderá el combate, pero lo hará con honor, presentando batalla en cada asalto, como George Foreman en Kinshasa a Cassius Clay, peleando a cara de perro por cada alma que pueda arrebatar. Pues eso es exactamente lo que codicia, el alma humana, pero de una en una, partido a partido, que diría Cholo Simeone. Su victoria pasa por comparecer siempre en el campo del honor (donde crecen las berzas galantes).

Satanás es un ingrediente, y de los importantes, de la civilización occidental (y de otras muchas, lo mismo Eblis, que Moloch, Tanit o Pazuzu)… y es una figura pedagógica de primer rango, pues sus maldades sin cuento, sus iniquidades, tentador y corruptor de gentes virtuosas, andanzas y asechanzas macabras y de variada índole, sirven para delimitar los senderos que las personas de bien no deben transitar bajo ninguna circunstancia so pena de perderse en el páramo maldito y vagar errabundas por los siglos de los siglos. Cree en la trascendencia del alma, pues sin almas a tiro que empozar de vicios y pervertir para toda la eternidad va directo al paro, no es un materialista ni determinista, ni dialéctico, ni ateo, por la cuenta que le trae, y tiene un lugar entre nosotros desde la noche de los tiempos, habitando ese territorio ambiguo y transfronterizo, difuminado e impreciso entre “lo sagrado y lo profano” de que habla Mircea Eliade, uno de los mayores eruditos de la Historia comparada de las religiones.

Satanás es un firme defensor, en eso coincidimos al ciento por cien, del inalienable derecho a la propiedad que para los comunistas, “exprópiese, exprópiese”, es usurpación. La prueba la tenemos en esa maravillosa película, “El exorcista”, de William Friedkin, cuando el maligno se enseñorea de la niña Regan (Linda Blair) y le dice a su oponente, el sacerdote y arqueólogo Lancaster Merrin (Max Von Sidow), durante el duelo final por el alma de esa criatura (un western insuperable): “Esta cerda es mía (“mía”, posesivo)”… luego las cosas tangibles y lo que podríamos llamar “lo intangible”, siempre que sea nominado, conceptuado, han de ser de alguien. En definitiva, discute al propietario, pero no la propiedad. Satanás, Robert de Niro, en esa maravillosa película titulada “El corazón del ángel”, de Alan Parker, contrata a un detective, Mickey Rourke, en el mejor papel de su carrera, y, en sus narices, en el banco de una iglesia a guisa de oficina ambulante, se come su alma, simbolizada por un huevo cocido, la que no recuerda que le vendió tras ser gravemente herido en la guerra.

En resumen, sostengo que Satanás está en un plano de superioridad moral y espiritual con relación al comunismo, pues, si las consideramos separadamente, las iniquidades del primero podrían explicar la existencia de los comunistas como un producto más, y qué producto, de su injuriosa industria, pero no a la inversa, pues Satán les precede, acumula más trienios de antigüedad, siguiendo el esquema de la causa incausada. El gulag, el“laogai (o gulag maoísta)” y la “checa” son la prueba de que Satán hace su trabajo… también lo serían, por supuesto, los campos de exterminio nazis, y añado esto último porque aún hoy parece obligado aludir a los nazis si pretendes siquiera citar de pasada los crímenes del comunismo, no sea que surja el “podemoide” de turno que te eche en cara que hablando de unos, ocultas los otros. Nada más lejos de la realidad, pero es cierto que mientras el horripilante capítulo escrito por los nazis es autónomo, el de los comunistas no lo es gracias a la intelectualidad europea y a progres de toda laya, y su relato precisa de tan siniestra dama de compañía. Para los progres, más importante que el asesinato a gran escala, es la identidad, la filiación ideológica del autor.

En cualquier caso, esa mugre de la Historia de la Humanidad que es el comunismo no denota, ni revela, ni insta a la existencia de Satanás, tan sólo a la incapacidad del ser humano para gestionar ese don, no sabemos si divino o humano, que es la libertad y que aterra como un nublado a los podemitas “vallekanos”. Bueno, de Vallecas, o de donde sea. Y, a mayor abundamiento, Satanás es hispanohablante… lo que nos faltaba… será por aquello del don de lenguas (poliglotia repentina) de las personas exorcizadas, o eso dice una de las concursantes de esa castaña pilonga de OT (“Operación Triunfo”, TVE) que obedece al nombre de Samantha Gilabert, militante de la rama valenciana de Arran: “(…) Nunca he hablado en español, ese idioma del demonio”. Razón por la que, a la vuelta de unos años, con toda seguridad, la individua en cuestión nos representará en el festival de Eurovisión (véase “Ésa es la actitud”).

Conste en acta que no he pretendido en esta tractorada “demonizar” el comunismo, pues eso valdría por “elevar espiritualmente” una doctrina fundamentada en el crimen, en la masacre por segmentos sociales, que codicia, entre otras cosas, “rebajar materialmente” las condiciones de vida del ser humano. Y si no lo pretende, lo consigue siempre: no falla. ¿Qué por qué le he dedicado una tractorada a esa gentuza y no al cocodrilo del río Pisuerga?… Porque nos mandan, porque son gobierno y en sus manos están nuestras vidas y haciendas, y el futuro de nuestros hijos, sobrinos y nietos.

(*) Por entonces Clara Ponsatí,desde Escocia, no había expelido vía “tuit” la ventosidad moral, ja, ja, “De Madrid al cielo”, a cuenta de la mortandad provocada en la capital por el covid-19; anécdota que refleja la verdadera altura de miras de las personas contagiadas por esa mugre y roña pestilente que es el nacionalismo catalán, más repugnante que otros, es cierto, pero es el nuestro. Luego, uno de sus conmilitones, un tal Bru Esteve, colaborador de Catalunya Ràdio, superó la apuesta… “de Madrid al hielo”, ingenioso comentario por los cadáveres de la pandemia trasladados al Palacio de Hielo de la capital, poco antes de que la diferida mortandad en Cataluña con relación a Madrid se disparara en unos días y le borrase la sonrisa de los labios a ese sujeto.

El turismo accidental

Cuando ETA atentó de un bombazo contra el almirante Carrero Blanco, el general Franco dijo “no hay mal que por bien no venga”… una frase muy propia del ferrolano, pues no quedó nada claro a qué diantre se refería. Se dice de los gallegos que si te encuentras con uno en la escalera de la finca, no hay manera de saber si la sube o la baja. Uno de esos topicazos localistas a los que somos tan aficionados.

Algo de eso hay en el caso de Barcelona y del turismo con motivo de la pandemia por el coronavirus. La alcaldesa Colau y su cohorte de asesores odian el turismo, que para ellos no “es un gran invento” (españolada fílmica del aperturismo tardofranquista de Pedro Lazaga con el gran JL. López Vázquez en el reparto), sino una aberración globalizadora de la peor especie. Ahora ya no se ve ni uno, pero antes de la hecatombe no pocos balcones de la ciudad estaban engalanados con eslóganes del tipo “Tourist go home”, para dar la bienvenida a los foráneos, o “Tourism kills the city”, para que nuestros visitantes se sintieran como en casa.

Son varias las razones por las que los “pijiprogres” desprecian el turismo y una de ellas es que se ha convertido en una industria, en una actividad económica de primer rango y eso les sulfura lo suyo. Es un negocio, hay quienes ganan dinero con ello y genera miles y miles de puestos de trabajo: una verdadera aberración para sus mentes exquisitas. Alguien responderá al punto que los “progres”, quienes conectan con el universo “Colau”, a fin de cuentas están hechos de nuestro mismo barro y también ellos practican el turismo, ahora que España no sólo recibe turistas, sino que los “exporta” a otras latitudes. Sea el caso del ministro Alberto Garzón, que, como todo hijo de vecino, viajó a Nueva Zelanda de luna miel. Error: los “pijiprogres colavitas” no son turistas, sino “viajeros”, que es cosa muy distinta. Ellos, cuando viajan, conocen a fondo a las gentes del lugar y hacen amigos para toda la vida. Empatizan una cosa bárbara y se empapan de las peculiaridades culturales autóctonas, captan sus ritmos vitales y, gracias a su mayor sensibilidad, se impregnan de enriquecedoras vivencias que sedimentarán en sus cacúmenes y les ayudarán en adelante a ver las cosas desde otra perspectiva más rica en matices. Ellos se «imbuyen», hablando claro. Dan para eso y para más. Saben cómo hacerlo.

Por el contrario, los turistas ordinarios, de la escala básica, no nos “imbuimos”… somos un engorro, una molestia insufrible, como un purulento divieso en el trasero, chandalas babeantes, auténticos rascapieles incapaces de apreciar nada. Una horda de gente ignorante y ordinaria en chanclas que sólo piensa en llenarse la tripa y que ni mirando el mapa sabe si visita Pernambuco o Timbuctú. Que lo mismo da, si las cervezas son baratas y las nativas, guapas. ¿Qué el turismo si se desfasa genera molestias? Sí, como casi todo en esta vida. Pero, hablo por mí, no más molestias que las generadas por mis adorables vecinos caribeños que me machacan con su variado repertorio musical de ritmos sabrosones a toda castaña (cumbia, bachata, merengue, etc) y me joden la siesta en días festivos. O por los cofrades de la Asociación de Vecinos de Plaza Navas (véase “Gent de barri”) cuando montan (vía subvención municipal) su insoportable fiesta mayor… qué alegría, con ruidosas batucadas y conciertos demenciales hasta las tantas de la madrugada. 

De modo que ya no es necesario que los chicos de Arran (CUP) arrojen, a su paso, botes de humo y porquerías (ni una denuncia de la Guardia Urbana) a los autobuses turísticos de dos pisos, porque ya no circulan. Ni atracan los cruceros en el puerto repletos de ese ganado odioso que entra en tromba en los bazares de Las Ramblas y acaba con todas las figuritas de “bailaoras” flamencas (¡Qué horror!). Ni que los “colavitas” frunzan el ceño cuando se topen con una jauría de turistas despistados y más colorados que una gamba, locos por darle el pase a una jarra XXL de sangría, porque no los hay. Así pues, ya no es preciso hostigar a nuestros visitantes. Y todo ello, Colau y los suyos, se lo deben a la pandemia. ¿Qué en realidad sólo pretendían “reducir” la afluencia de turistas, qué sé yo, en un 20 o 30%? ¿”Pacificar” el turismo como les gusta decir del tráfico?… Puede, pero “no hay mal que por bien no venga”… el porcentaje se ha reducido drásticamente, en un 100%, borrón y cuenta nueva… aunque el turismo sea nuestra industria nacional por antonomasia y sin ella, una ciudad de servicios como Barcelona registre un desempleo descomunal, mastodóntico. El coronavirus ha acabado de un plumazo con el turismo, masificado o elitista. Con todo, como un tsunami.

Pero hay más. No sabemos, una vez dada por extinguida la “plaga”, y si no hay rebrotes o retornos en otoño-invierno, si Barcelona, por bonito que sea su centro histórico o lisonjero el clima suave del que disfruta, volverá a los circuitos turísticos con la misma fuerza que antaño o será desplazada por otras ciudades, pues el turismo, lo dicho, es un negocio, un “mercado”, y no siempre cotizan igual los valores en liza. Nada es para siempre.

Y ya metidos en harina, ignoramos qué pasará con los “turismos”, los de cuatro ruedas, cómo no, fetiche execrado y objeto de la animadversión de Colau y de su equipo consistorial. Los “progres colavitas” ven en los coches (antaño se decía “turismos”: SEAT, Sociedad Española de Automóviles de Turismo) una suerte de reedición de los “engendros mecánicos del Doctor Infierno”, el malo de la teleserie de animación Mazinger Z de la que, cuando niño, no me perdía un episodio (¡Qué maravillosos los misilazos mamarios que largaba su amiga Afrodita A, para escándalo de las “chochopower” malhumoradas).

Y es que los automóviles son una extensión de la propiedad, en este caso “mobiliaria”, artefactos que sirven para el libre desplazamiento de sus propietarios por la red de carreteras sin que, en principio, deban rendir cuentas a nadie (fuera de tasas, peajes y restricciones varias). Su interior es un fortín, un reducto, y los enemigos de la libertad y del comercio han de hilar fino para meter sus narices en ese espacio blindado. Eso no quita que los progres a lo Colau también sean usuarios del invento. Ahí tenemos, a guisa de precursor, al finado Santiago Carrillo, alias “covid-36”, del marquesado de Paracuellos, subido en el Cadillac (llamado “Carrillac”, véase reciente crónica en ABC.es) que le regaló su amigo Ceaucescu, de cuando ambos cazaban osos por docenas a escopetazos en los Cárpatos (¡Pobrecitos Mitrofanes… ya no tienen quien les llore!). Llamativo es el caso de Javier Bardem, pregonero de la “Marcha por el Clima” junto a la niña Greta, que pilota (con Penélope al lado) un lujoso Lincoln Navigator que es, con su consumo de 17 litros de gasolina por cada 100 kilómetros, el vehículo más contaminante del mundo. O la mismísima Colau, que tras anunciar, con gran jolgorio de sus votantes, que prescindiría del coche oficial y se desplazaría al “tajo” (razón social: plaza de San Jaime) en transporte público, ha cambiado el monovolumen SEAT Alhambra por un Peugeot 3008 Hybrid de casi 50.000 € del ala, eso sí, menos contaminante que el anterior.

Janet Sanz, muy mona por cierto, lugarteniente de Colau, nos anima a aprovechar la crisis sanitaria para “repensar” y desactivar la industria de la automoción, fuertemente asentada en el área metropolitana de Barcelona y que genera miles de empleos directos e indirectos. Declaración de principios e intenciones apropiadísima en esta hora, sabida la situación crítica por la que atraviesa la factoría Nissan. En definitiva, el turismo y los turismos están donde Colau y los suyos querían: enhorabuena. Ya sólo falta, para redondear la jugada, unos cuantos miles de menesterosos en las calles para que Colau y su “chupipandi” sigan denunciando las miríadas de injusticias de esa abominable infamia llamada capitalismo.

Colau posa la mar de sugerente para “estimular” el turismo de alto voltaje erótico. No olvidemos que la primera dama del municipio, según confesó a los medios, padeció en su persona las lúbricas asechanzas de ropones y militares mugientes como alces empalmados en una recepción de gente muy principal (véase “Tetas”). No es extraño que, ante chati semejante, a más de uno se les hagan la boca y la churra agua, guauuu, y que no piense sino en venirse a Barcelona de vacaciones, pero con “la plancha a punto”, ji, ji. Querida alcaldesa… que no somos de piedra.

El más idiota

«Tractorada» parcialmente pre-coronavírica

Si se disputara un campeonato para establecer cuál de nuestros políticos aborigenistas es el más torpe (vale idiota) de todos, contando con una cerradísima competencia a cuchillo entre dientes, probablemente muchos apostantes se decantarían por Raül Romeva, con diéresis en la “u” de Raúl (como en la “u” de “pingüino”). No seré yo quien dicte sentencia en asunto de tal gravedad, pero sí diré que el citado candidato estaría, no me cabe la menor duda, en la pomada por el codiciado galardón.

Romeva, madrileño de cuna, ha formado parte durante muchos años de ICV y ahora, si no ando equivocado, está en ERC o en una de esas candidaturas conjuntas (listas de “país”) que elaboran los separatistas para hacer el mayor daño posible a Cataluña y amargar sin descanso la vida al personal. Participó en el golpe institucional, “que no era rebelión sino sedición ensoñadora”, como consejero o “ministrín” de Asuntos Exteriores, con un desempeño muy discretamente exitoso, a decir verdad. Tampoco haremos una enmienda a la totalidad de su gestión, pues además de estrechar lazos con los separatistas flamencos de ultraderecha o con algunos elementos de la extrema izquierda alemana de Die Linke, ha fichado como embajadores universales del particularismo localista a la voluptuosa Pamela Anderson, que es una señora que no sabiendo nadar, flota, a Cher y a Spike Lee, entre otros.

Romeva era, con todo, el hombre pintiparado para poner en solfa ese desempeño: la internacionalización del conflicto. ¿Por qué? Muy sencillo, por su laborioso y productivo paso por las instituciones europeas como parlamentario de ICV durante varias legislaturas. Y, en efecto, la singladura europea de Romeva supuso un antes y un después en todo el continente. Dejó una huella tan profunda en Estrasburgo que a su lado Napoleón (de origen catalán, evidentemente, descendiente de Hug Bonapart, o eso dicen los “académicos” de INH, Institut de Nova Història) fue un mozo de cuerda. Ese saber enciclopédico, esa infusa aptitud para la diplomacia equiparable a la del canciller austriaco, príncipe de Metternich, acaso a la de un Talleyrand, se sustanció en dos momentos sublimes de la más alta política cuando, en foro tan principal, afeó al gobierno de España por dos controvertidos asuntos: el pisotón de Pepe, zaguero portugués del Real Madrid, a un jugador del Barça, no recuerdo si a Messi, y el otro por los vuelos amenazadores de cazas de combate del Arma de Aviación del ejército español sobre las comarcas del Ripollés y La Garrocha al compás de la wagneriana danza de las valquirias, tal que la Caballería Aerotransportada comandada por Robert Duvall en “Apocalypse Now”. El bombardeo de Riudaura, qué duda cabe, era objetivo estratégico («Buitre leonado a Cuervo negro: suelto los pepinos y regreso al nido. Cambio y corto»). Dos torpedos en la línea de flotación del gobierno español de aquella hora. Ni que decir tiene que la eurocámara en pleno enmudeció, quedando en suspenso la respiración de todos los presentes. Sé que puede parecer una broma, pero es rigurosamente cierto y si no lo creen, acudan al diario de sesiones. Dicho a la pata la llana, a Romeva… le sobraron cojones para largar por su bocón semejantes gilipolleces.

Echando mano de las leyes fundamentales de la estupidez humana formuladas por Carlo M. Cipolla, siendo la primera “siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo”, creo que es de especial aplicación en el caso de Romeva, la tercera, que reza así: “una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener (necesariamente) al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio”. La quinta y última, establece de manera irrebatible que “la persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe”.

Hay quien objetará, no sin razón, que Romeva, y cualesquiera de sus cofrades, sí han obtenido beneficios, muchos y la mar de jugosos, y que ese supuesto invalidaría en su caso la aplicación integral del enunciado de la tercera ley, cierto, pero eso ha sido así por la estupidez aún mayor (no exenta de maldad) del gobierno de Pedro Sánchez. Habría que entender que su paso por presidio ha sido muy breve, fugaz (en otros países la condena sería infinitamente más dura), y en todo caso, de cara a su galería, el encierro muta en inversión, en apuesta a futuro (la aureola de heroísmo que envuelve a los represaliados con presidio) para integrar nuevas listas electorales o acceder a la gestión, regada con sueldos desorbitados, de organismos («chiringuitos») dependientes de la administración regional. Con todo, su estupidez sí ha causado un daño notable a Cataluña (fuga de empresas, fractura social), y por extensión a toda España; un daño cuyas consecuencias andamos aún lejos de calibrar en su totalidad. 

Pero, alto ahí, que de ser gilipollas en grado superlativo no se deduce que el individuo en cuestión sea intrínsecamente perverso o malvado, que es harina de otro costal, a pesar de que los idiotas pueden causar, si cabe, ley quinta y última, mayores perjuicios que los espíritus enfeudados inextricablemente a la maldad. Malos, peores que la quina, los hay por docenas y, para muestra, un botón, improviso aquí una alineación de lujo en formato balompédico.

En ese once ideal colocamos a Echenique bajo palos (en atención a su más limitada movilidad). En el eje de la zaga, líbero, al tristemente célebre doctor Montes (que hoy se pondría las botas que ni Mengele con el coronavirus de marras, sedando abueletes a jeringazos) y de stopper al doctor Morín, “Abortocrátor”, que los llegó a practicar en su clínica con embarazadas en el séptimo mes de gestación. En las bandas, como carrileros, por la derecha el impenitente delator Santiago Espot, y por la izquierda, Pisarelo, la perla argentina de Ada Colau. En la medular Puigdemont, llevando la manija del equipo, auxiliado por Enric Juliana, capaz de enlodar el césped con sus resbaladizas secreciones y Agustí Colomines, un gregario de lujo apto para cualquier iniquidad. En ataque, Pilar Rahola (es una alineación inclusiva desde una «perspectiva de género»), el escurridizo mosso Albert Donaire, un auténtico dolor de cabeza para la defensa rival y en punta, ariete goleador, el resolutivo Toni Albá (toxicómico de TV3).

Lo sé, lo sé. Habrá quien dirá… “¿Y qué pasa con Monedero, Rufián, el Gran Wyoming (el multimillonario de Inmobiliaria “Monzón”), Farreras (confirmado: Atila era de Vox) o el ministro de Consumo Alberto Garzón, del consumo enemigo y admirador de las cartillas de racionamiento a la manera cubana, aunque marche de “luna de miel” a Nueva Zelanda?”. Va de suyo, cada español es un seleccionador nacional y forman compacta legión los candidatos a figurar, por sobrados méritos, en esa lista de la iniquidad. Ahí tienes a Clara Ponsatí (“de Madrid al cielo”, con motivo del covid 19), Sala i Martí (el economista-payaso de Micolor), Miguel Urbán, eurodiputado de Podemos (el atropellamiento masivo en Niza fue un incidente de tráfico), Joan Lluis Bozzo, azote de los camareros hispanohablantes o Mainat, el trincón de La Trinca.

Se ha de tener en cuenta, no sólo la trayectoria, su dilatada hoja de servicios, sea el caso de Arnaldo Otegui, Jaume Roures o Gonzalo Boye (véase “Picapleitos Forn”), si no el estado de forma actual… ¿No tienen cabida en ese ramillete de figuras Ramón Cotarelo, Jordi Ébola, Risto (Fistro) Mejide, el cantamañanas trotamundos de Rafael Ribó, Toni Soler (que ha ingresado en los últimos años unos 70 millones de euros en subvenciones), o el concejal de CUP de Vich que sostiene que hay que toser en la cara a los miembros de la UME para contagiarles el virus, o Petri, pareja de hecho de Tomàtic (Club Super 3, ese zángano disfrazado de astronauta con casco amarillo), que insinúa que el ejército, en lugar de desinfectar el aeropuerto de El Prat, lo roció con agentes contaminantes en un taimado acto de guerra bacteriológica?

Definitivamente, creo que Romeva, al decir de la gente, puede pasar por un verdadero imbécil, y así lo atestigua su ejecutoria en el parlamento europeo, pero no creo que tenga hueco en este listado de gentuza mala y biliosa. Sería, en todo caso, que no es poco, un huevón integral. ¿El más idiota? Se admiten apuestas.

Baile de máscaras

No parecen estos aperreados tiempos coronavíricos los más indicados para quitarse la máscara, o mejor, la careta. Todo lo contrario. Lo suyo es ponérsela, dicen, por una razón profiláctica. Buena prueba de ello es la mascarilla aborigen, llamada Mask.Cat, cien por cien catalana, presentada con gran pompa y boato en un programa de TV3 por el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Joan Canadell, uno de los más insignes prohombres de la comunidad “lazi”. Cabe decir que da una idea muy aproximada de cómo respira el comercio barcelonés cuando alguien de semejante jaez es su máximo representante. Aducen sus detractores que la candidatura “indepe” se impuso en las urnas gracias al exiguo índice de participación registrado (mayo de 2019). Y eso es cierto, pero también lo es, en detrimento de sus rivales, que éstos aún movilizaron menos apoyos. Y es que una minoría bien organizada, modelo “trotskista”, siempre tendrá a mano imponerse a una mayoría relajada, desmotivada, contemplativa y dispersa.

La máscara particularista, ornamentada con unas “sauromorfas” figuras estilo Gaudí, cuesta, PVP, algo más de dos euros, aunque ignoro qué antro cochambroso tiene el cuajo de poner a la venta ese birrioso artículo. La montura es de cartón y dispone de una pantallita plastificada, como de EPI defectuoso de soldador de planchistería metálica para proteger los ojos de chispas y limaduras ferrugientas. Es decir, una auténtica gansada, un artefacto ridículo para una fiesta de disfraces, pero de las malas… un cachivache a guisa de obsequio que no desentonaría en un establecimiento fast-food si te zampas el menú nº 2: “hamburguesa básica (100 gramos)/ aros de cebolla/ refresco de cola”. Semejante patochada, que causaría en el espíritu más lúdico y despendolado una irreprimible sensación de vergüenza ajena, fue emitida por TV3 en horario de máxima audiencia. No en vano, la citada cadena es “la más plural” de las supervisadas por el celebérrimo CAC (Consell Audiovisual de Catalunya). Y la menos también. ¿Cómo es posible semejante contradicción, que lo que es, es y no es al mismo tiempo? Muy sencillo: sospecho que los ojeadores del ente catódico-inquisitorial sólo analizaron la tele regimental, “la nostra”, es decir, “la seva”.

Hemos sabido por el estudio comparativo elaborado por el único de sus consejeros discrepantes, Daniel Sirera (PP), publicado recientemente en Dolça Catalunya, que más del 90% de los entrevistados por la cadena “pública” son partidarios de la independencia, frente a algo menos de un 10% de contrarios: 9-1… goleada escandalosa. Asimismo, las asociaciones que son objeto de noticia o consulta en su programación ahondan aún más en ese colosal desequilibrio, 140 contra 10. La correlación de fuerzas es sólo un poco más ajustada en las emisiones del circuito catalán de TVE: 75 a 25 favorable, cómo no, a los separatistas. TV- ¿E?… Átame esa mosca por el rabo.  

Si de lo que se trata es, no de ponerse, sino de quitarse la careta, ahí tenemos el reciente y paradigmático ejemplo de Sandro Rosell, ex presidente del FC Barcelona. También la Muerte Roja, al final del cuento de Edgar Allan Poe, se quita la máscara y en su mórbida presencia caen fulminados el príncipe Próspero y sus cortesanos, confinados en un castillo para que la mortal pestilencia que diezma el reino no les alcance a ellos. La mítica productora Hammer versionó el cuento de la mano de Roger Corman y de uno de sus actores-fetiche, Vincent Price que, con esa cara, sólo podía hacer de malo, pero malo peor que la quina. Con Allan Poe dieron en la diana, un auténtico filón, y llevaron al celuloide, a destajo, otros relatos suyos, e incluso poemas y, atenta la guardia, sin subvenciones: La caída de la casa Usher, El pozo y el péndulo, El cuervo y algunas cintas más.

Pero, a lo que vamos. El bueno de Sandro Rosell, además de recurrir al victimismo etnoide para referirse a su ingreso en prisión por un delito del que ha sido finalmente exculpado, pues ha declarado que “jamás habría sido encarcelado de no ser catalán”, afirma curiosamente que uno de los responsables de su calvario judicial no es otro que el intrigante Jaume Roures, que, como él, coquetea también con el separatismo, en tiempos condenado por colaborar con la banda terrorista ETA y en la hora presente simpatizante y votante de CUP o Colau, según el caso (véase “Picapleitos Forn”).

Ítem más. Preguntado por Jordi Ébola, quise decir, Évole, acerca de su afinidad con la causa “indepe”, Rosell respondió, toma del frasco, que en un hipotético referéndum vinculante, sin dudarlo, votaría a favor de la independencia. Pero que si ésta salía airosa de las urnas, a renglón seguido haría las maletas y marcharía de Cataluña, quizá de incógnito, oculto tras una de esas mascarillas cutres y salchicheras que publicitó en la tele Joan Canadell (à la façon del charlatán que vende lociones crecepelo desde el pescante de un carromato en las pelis del Oeste), para poner sus caudales a salvo de un “corralito.cat” y escapar de un más que previsible régimen dictatorial, apoyado por toda la tralla “cupero-colau-podemita”, proclamado gracias a votos tan lerdos e irresponsables como el suyo: ferpecto, digo prefecto.

Rosell deviene, pizca más o menos, la patética encarnación del oxímoron, de la contradictio in terminis. Es nuestra versión autóctona del “PIL, Perfecto Idiota Latinoamericano” meticulosamente diseccionado por Plinio Apuleyo Mendoza. Habría que advertir a Rosell con esa frase omnipresente en los libros de autoayuda: “ten cuidado con lo que sueñas porque podría hacerse realidad”. Que vale por aquella divisa moralizante de “no querer para los demás, lo que no quiero para mí”.

En cierta ocasión, un catalanista la mar de ocurrente, tronado y visceral, me largó una divertida e ingeniosa perorata de nacionales paralelismos. En su docta opinión la genuina analogía de la Cataluña independiente no había que buscarla en Croacia, Eslovenia, Bougainville (Papúa-Nueva Guinea), Quebec, Escocia, Transnistria o Lituania, sino, dando marcha atrás en la Historia, en la Serenísima República de Venecia, que fuera otrora una gran potencia mercantil en el Mediterráneo, siguiendo los pasos de Génova o de la Corona de Aragón, eso que en TV3 y en los libros de texto de nuestros escolares llaman con enorme desparpajo “Confederación catalano-aragonesa (sic)”. De modo que Torra sería nuestro Dux y Las Golondrinas del puerto de Barcelona las góndolas que surcan las aguas del Gran Canal bajo el puente de Rialto ocultando los romances clandestinos de Casanova, Giacomo, que no Rafael. Por buscar otra similitud, mirando con lupa, añadiría que el gran teatro de La Fenice y el Liceo compartieron infausto destino y sucumbieron a las llamas en el breve lapso de dos años, 1994 y 1996. Eso, y poco más… acaso las refinadas y misteriosas máscaras del carnaval veneciano ahora replicadas por ese lince de la mercadotecnia que es Joan Canadell.

He aquí una impresionante instantánea de El Hombre Enmascarado, héroe de cómic: “Canadell contra España… que es paro y muerte”. El comercio de la ciudad de Barcelona está en sus manos. Chúpate ésa.

Picapleitos Forn

«Tractorada» pre-coronavírica

Para salir de prisión no es preciso que Joaquim Forn arguya, como hizo con anterioridad, que debe cuidar de su mamá, que está mayor la pobre y algo pachucha. Gracias a su gran prestigio como letrado le ha fichado, en un loable rapto de filantropía, ese buen samaritano y ejemplar hombre de negocios que es Jaume Roures, dueño de Mediapro. Se juntaron, pues, el hambre y las ganas de comer. Lo mejor de cada casa.

La trayectoria de Roures es de lujo. Saltó a la fama cuando Zapatero, hoy palanganero máximo del régimen bolivariano, canciller de Relaciones Públicas de los narcodictadores Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, le concedió licencia de emisión sin concurso a La Sexta (a día de hoy cara-B de Antena 3). En esa andadura, Roures ya contaba con su inseparable socio, Tatxo Benet, con quien montó, por diversificar inversiones, el ruinoso diario Público. Fue Roures, durante años, uno de los mandamases en los informativos de TV3, donde echó los dientes en el mundo de la comunicación, atesorando experiencia para convertirse con los años en todo un magnate, batallando por los derechos de retransmisión del fútbol y de las carreras del mundial de Fórmula-1. Ha colaborado, en un discreto segundo plano, con la Generalidad de Cataluña en los preparativos del golpe separatista y financiado diversos documentales sobre la “brutal” represión policial en la jornada del 01-O de 2017. Su última aportación ha consistido en comprar al jeta-showman televisivo Andreu Buenafuente la productora El Terrat. Votante, según la ocasión, de CUP y Podemos en su versión catalana: Ada Colau. Y, cómo no, amigo personal de George Soros… que no de la finada madre Teresa de Calcuta, como cabía esperar. Pero quizá el mayor hito de su dilatada biografía es su colaboración con el comando Barcelona de ETA. Fue detenido en el año 1983 por brindar hospedaje, siempre tan caritativo, a uno de los terroristas implicados en el secuestro del industrial Saturnino Orbegozo.

Joaquim Forn, gracias a su formación de leguleyo, sabe cómo saltarse la ley a la torera, y no ha mucho tiempo ejerció esa habilidad en comandita con el gobierno al completo de la Generalidad de Cataluña, si bien, horas antes del día de autos, el consejero (ministrín) Santi Vila se apeó de ese tren en marcha. Fue, si no recuerdo mal, la única deserción del gabinete. Forn, que era uno de los separatistas más fanáticos de esa alegre troupe, tenía bajo su mando a los Md’E, un cuerpo armado integrado, ahí es nada, por 17.000 efectivos y capitaneado por un señor, no es coña, apellidado Trapero. Capítulo cerrado, de momento… pero eso no impide a Forn poner sus conocimientos al servicio de Roures, en la seguridad de que no hay tanta diferencia entre el anterior y su nuevo cometido, pues el mal, como el agua, siempre encuentra aliviadero por donde discurrir.

En definitiva, ya están todos los golpistas o fugados o en régimen abierto, que es de lo que se trataba, pues en la sentencia urdida por el servil tribunal, Marchena al aparato (el aparato es la jofaina del lupanar), se obviaba la facultad de retener a los reos en prisión hasta el mediado cumplimiento de la condena, voluntad expresa de Pedro Sánchez… por amarrar su investidura con el voto afirmativo o la abstención de los partidos implicados en el golpe, blandiendo líricamente la manida excusa del “diálogo” y otras pamemas similares. Todos, incluido Rull (o Turull, no recuerdo si uno u otro, pero es indistinto, pues son intercambiables como Hernández y Fernández -Tintín-  o Zipi y Zape), alumno aventajado de aquella leva de los así llamados “jóvenes talibanes de CDC”, que era el más necesitado de excarcelación pues mientras permaneció entre rejas protestó airadamente (se verá por qué) de la “invasiva” dieta penitenciaria, un comistrajo infecto e impropio de su refinado paladar. Problema que se solventó tras el pactado “acercamiento” de tan insignes presos a las cárceles catalanas.

“Dieta invasiva”, en efecto, pues el interfecto se quejó amargamente de que el menú servido en Soto del Real era “maligna y premeditadamente flatulento”. No es broma, esas declaraciones tuvieron eco en la prensa catalana. Nutricionistas a sueldo del anterior gobierno, acaso elementos indeseables del CNI, diseñaron para él, eso se deduce de su jeremiada, una auténtica bazofia nutricional que le provocaba una incontrolable aerofagia. De modo que Turull (o Rull, tanto monta…), extrañado de sus vísceras y de su bandullo, sintió su aparato digestivo tiranizado y colonizado por gases aviesamente acumulados en pesadas digestiones. Gases de obediencia española. Ya no era el dueño efectivo de su metabolismo, sino la impotente víctima de la sumisión estomacal. ¿El efecto de esa sucia maniobra de sus victimarios opresores, de sus verdugos culinarios? Una continua y vergonzante pedorreta que le impedía relacionarse con otros reclusos… pero, no hay mal que por bien no venga, tan a propósito para intercambiar elaborados mensajes con Quim Torra cuando éste se mete entre pecho y espalda una contundente ración de butifarra con judías (véase “Petomán Torra”).

De modo que tenemos a Forn estudiando legajos, revisando contratos, cabildeando al servicio del escurridizo multimillonario Roures y de su infinidad de chanchullos, velando por los intereses de su fortuna descomunal. Cierto que Forn en absoluto desentona en el gabinete asesor del interfecto, pero, por aquello de “cada oveja con su pareja”, y atendiendo a su singladura profesional, lo suyo habría sido encontrar acomodo en el bufet de Gonzalo Boye, otro significado prohombre del golpismo separatista y héroe de la extrema izquierda “podemoide” y antiespañola, pues también Boye colaboró con ETA en el secuestro de Emiliano Revilla. No contento con su pasado terrorista, edita Boye publicaciones del calibre de la revista Mongolia y Eldiario.es. Y, por descontado, como letrado defiende a un gran elenco de delincuentes de variada condición. En su cartera de clientes figuran el narcotraficante Sito Miñanco, el asesino Rodrigo Lanza * (véase “Ésa es la actitud”), el forajido Puigdemont o Valtonyc, el bardo borde asilado a mantel y cuchillo en el palacete de Waterloo. En definitiva, cada cual en su sitio y el de Forn junto a Roures, o Gonzalo Boye, que lo mismo da que da lo mismo.

(*) Se lee en la prensa que se repetirá el juicio contra Rodrigo Lanza por darle matarile de un botellazo en la cabeza a su víctima, pues lucía el muy provocador unos tirantes con la bandera nacional. De agravarse la condena contra Lanza, “Rodri” para sus admiradores (4 risibles años), es cosa segura que nos agasajarán con un nuevo documental, a premiar en la gala de los “Goya”, cantando la excelsitud del personaje injustamente represaliado.

PS.- Como el ajo para los vampiros, un cocidito madrileño para Rull & Turull. Aquí una foto del arma táctica de destrucción masiva diseñada por los sádicos agentes del CNI encuadrados en la DB, División Bacteriológica… una réplica exacta del siniestro Escuadrón 731 del Kempeitai nipón que cometiera inconcebibles atrocidades (experimentos “científicos” y mil perrerías distintas con prisioneros) durante la guerra chino-japonesa, 1937-1945, con la anuencia del gobierno títere del Manchukúo.

Wanted: se busca, vivo o muerto

Es el enemigo público nº 1 de la Cataluña narco-estupidizada. Llamamiento a la grey nacionalista: si le han visto, si saben dónde se esconde o qué aspecto tiene (es un as de los disfraces, como ese escurridizo agente de la TIA al que llaman “Mortadelo”), no duden en dar el queo a los agentes del orden. Va armado y es peligroso. Por su captura, o por una pista conducente a su detención, recibirán una suscripción anual al diario Ara, la discografía completa, edición remasterizada, de Nùria Feliu y una entrada para el último espectáculo del cómico (sic) Toni Albá (Albà). ¿De quién hablamos? Sí, lo han adivinado: del ratoncito Pérez.

El famoso forajido ha saltado a la primera plana de la actualidad gracias a un “tuit” dirigido por los Md’E a todos los niños catalanes durante el confinamiento por el coronavirus. Ante las drásticas restricciones al movimiento, muchos peques temían que, al perder un diente, el ratoncito Pérez no pudiera visitarles a domicilio. Nada han de temer, pues el diminuto roedor ha sido dotado de un salvoconducto (pertenece a un sector “esencial” de la producción) para circular libremente por el territorio atendiendo de manera diligente a la prestación de su básico servicio. Sólo que, como propulsado por un resorte, inmediatamente contestó a esa burla, a esa odiosa afrenta a nuestra dignidad nacional, nada menos que Virgili i Ortiga, tan irritado y urticante como su segundo apellido, dirigente y portavoz del grupo autodenominado “Koiné”.

En efecto, el responsable de dicha organización, partidaria de erradicar el uso de la lengua española en los espacios públicos (lengua “impuesta por las armas” y que, por ello, habría de decaer de su oficialidad en una hipotética Cataluña independiente), ha objetado airadamente que “a los niños catalanes les visita “el ratolí Martí”” y que “ese tal Pérez, en todo caso visitará a los niños españoles”, pues, en su opinión, adorna al interfecto el baldón infame de obedecer a un minucioso plan de colonización cultural urdido desde las cloacas del Estado. Pérez no sería pues una inofensiva bestezuela, sino un elemento peligroso de la quintacolumna españolista emboscado entre nosotros para precipitar la fatal desnaturalización del país y del párvulo paisanaje. Así las gastan, según Virgili i Ortiga, esos gañanes, esos españolazos devoradores de garbanzos. Toma del frasco.

El grupo Koiné reúne a la élite furibunda e hiperventilada de la “Plataforma per la Llengua”… son, por así decir, la almendra, el cogollo, el KKK lingüístico del catalanismo ultra y “enragé”. A su lado Santiago Espot, el delator «esquizo» más dicharachero, o Joan Lluis Bozzo (Dagoll Dagom), fustigador impenitente de camareros indoctos en la lengua regimental, son angelicales monaguillos.

Ratoncito Pérez integra desde hoy esa galería de outsiders, de personajes legendarios rodeados de un halo de misterio, de exaltado romanticismo, como el Conrado de Lord Byron, el Pirata de Espronceda, o el mismísimo Robin Hood. Uno de esos espíritus cimarrones que sufren persecución por causa de la justicia (en minúscula), no la divina, sino la humana, a veces tan injusta. Tras su pista, corren implacables los sicarios del sheriff de Nottingham, comandados por ese sayón picajoso de Virgili i Ortiga para darle matarile. No cuenta el malvado con el asilo, abrigo caluroso y suculentos daditos de queso que al fugitivo le brindarán los pequeñuelos. Para dar con Pérez, para apresarlo y llenarlo de cadenas, y confinarlo en sombrías mazmorras, Virgili habrá de imponerse al alma noble y pura de los niños. No se saldrá con la suya ese matarife de perfil herodiano. Ni jamás pondrá sus sucias y roñosas garras sobre nuestro escurridizo héroe.

Propongo en esta modesta “tractorada” que una persona sensible, movida por elevados sentimientos, y aseadamente dotada para las artes figurativas, inmortalice en unas viñetas a Pérez huyendo de las asechanzas de sus malvados oponentes y librando al fin una reñida justa en el campo del honor (“donde crecen las berzas galantes”) contra el siniestro embajador del lado oscuro. Quién sabe si nuestro apóstol de la dentición infantil alcanzará la gloria de otros afamados ratones que en el mundo han sido, como Superatón (vitamínate y mineralízate), Speedy González, Mickey Mouse, Jerry (de Tom y Jerry) y Pixie y Dixie, siempre en aprietos por culpa del gato Mr. Jinks, que en la versión española habla con un marcado y divertido acento andaluz: mardito’ roedore’. O Ratatouille, el chef ratoncito con estrellas Michelin que aprendió el oficio en Ducasse.  

Que el nacionalismo, y cuanto más exacerbado, más evidente, necesita rodearse de enemigos (la teoría del “enemigo necesario”), es cosa por todos sabida, y mejor que nadie por los propios nacionalistas para elaborar su maniquea narrativa de buenos y malos, de odio y revancha… pero jamás habría sospechado que echara mano de esta inocua y simpática conseja tradicional para consuelo y gaudio de la chiquillada. Ya son ganas de embadurnarlo todo de babas, incluso las más inocentes amenidades, como llevados de un frenético y productivo sialismo supernumerario en pro de unas venerandas esencias, tan a menudo estúpidas y artificiosas, a preservar de la más mínima y perturbadora contaminación.

Para darle más empaque y consistencia al “ratolí Martí”, poniéndome en el pellejo y en la aturullada mente de los nacionalistas catalanes, en un hipotético ejercicio de empatía inducido por una ingesta masiva de peyote (o de “ratafía”, si no hay otra cosa a mano), redactaría una versión apócrifa, por ejemplo, de “La crónica o llibre dels feits” de Jaime el Conquistador, introduciendo la anécdota poética de Verdaguer en la que el rey duerme bajo el ramaje de nuestro Ygdrasil local, el pino, no el quinto, sino el “sagrado” de Campllong, el de las tres ramas (“branques”). El ratoncito “Martí” velaría el sueño regio, y comoquiera que Jaime era en aquella hora un mozalbete, atraparía al descuido un caedizo diente del monarca. O eso, o que “Martí” se colara por un roto en las vestiduras de Gentil, hijo del conde Tallaferro, cuando sobrevuela de la delicada mano de Flordeneu las nevadas cumbres del macizo del Canigó. De ese modo “Martí” se labraría una arraigada, sólida y centenaria reputación como icono diferenciado de nuestra, cómo no, también diferenciada cultura nacional.

Y qué mejores candidatos para ejecutar tan delicada misión de distorsión “romancista” que los conspicuos académicos del club INH (subvenciones a porrillo), Institut de Nova Història. Pues si han sido capaces de catalanizar a Miguel de Cervantes (“Miquel Sirvent”, fundado, como saben, de un gran emporio horchatero), a Calderón de la Barca (“La vida es una barca”, dijo Calderón de la Mierda), a Teresa de Ávila, a Leonardo da Vinci (natural de Vich) y, eso creo, incluso a William Shakespeare (todo es posible en domingo), por qué no iban a dar con el rastro en un pasado remoto del “ratolí Martí”… por ejemplo, reproducido a trazos esquemáticos, furtivamente, por un intrépido comando de espeleólogos ultracatalanistas en una cueva de Esplugas de Francolí, nuestra capilla Sixtina del arte rupestre. Por mejor caracterizar al personaje, Martí habría de ser muy pero que muy chiquitujo y no pesar más allá de 17’14 gramos. En fin, con algo hay que entretenerse en estos confinados tiempos del coronavirus. Apaga y vámonos, que lo mismo te digo una cosa, que te digo otra. Ratoncito Pérez: eres mi ídolo, mi héroe y siempre te llevaré en mi corazón. Es lo que tiene ser un mitómano.

El semáforo

Oriol Mitjá (Mitjà), dicen que reputado epidemiólogo, asesor de cabecera del inhabilitado Torra y del fugado Puigdemont, pretende clasificar a los catalanes por colorines en función de su grado de “infectividad” con relación al covid 19 (covid 17… 14, en versión autóctona): verde, naranja y rojo. Como un semáforo. Mitjá es una de las flores más vistosas y perfumadas de nuestro ramillete científico, envidia de medio mundo, junto a Antoni Trilla, otra luminaria de la medicina que, no teniendo bastante con guiar con paso firme la gestión del coronavirus en el ámbito regional, asesora también al providente gobierno de la nación (de naciones), lo que explicaría el opinable balance de su gestión.

De ambos cabe decir que, poco antes de declararse el confinamiento de la población (mediados de marzo), aparecieron en diversos medios locales afirmando campanudamente que el sistema sanitario catalán estaba sobradamente preparado (a pesar de los recortes “quirúrgicos” de la era «Mas”) para afrontar una crisis sanitaria que, de todos modos, jamás llegaría a suponer una amenaza por la liviandad del coronavirus (“apenas tendremos un puñado de casos”). A su estela, el 9 de marzo, un día después de la famosa mani ”chochopower”, Joan Guix, uno de los primeros espadas de la Consejería de Sanidad, dijo que le preocupaba mucho más la afectación de la gripe común. Por puro azar, un servidor asistió a una parte de su televisada intervención y, mientras ésta se producía, una muy cercana persona a Tolerancio deslizó este sagaz comentario: “Que bien se explica este señor”.

Por diferentes causas y en distintas épocas se ha optado por el “marcaje” de segmentos de la población mediante signos externos. Si nos remontamos a las Sagradas Escrituras, los hebreos marcaron el dintel de sus casas con sangre circuncisa para evitar el sacrificio de los primogénitos: la décima plaga que azotó Egipto por la ira sagrada de Yahvé. También los judíos fueron señalados en la Edad Media europea, y más allá, con cintas de color, o con la estrella de David cosida a sus ropas bajo el régimen nazi. Los esclavos africanos marcados a fuego, como reses, en las plantaciones algodoneras de los estados sureños (en plan Kunta Kinte). O las adúlteras, ciertas o supuestas, con la letra escarlata. No pocos rusos fueron desorejados, no es coña, en tiempos de Pedro el Grande, zar de todas las Rusias, por el feo vicio de consumir café, un brebaje que allí, y entonces, se consideró “demoníaco” por provocar gran excitación e insomnio. Mujeres rapadas al cero, por ejemplo en Francia, tras la liberación, acusadas de “collabos”, esto es, de “aliviar” a los soldados del ejército ocupante. Más recientemente hemos visto que las viviendas de los cristianos en las zonas de Irak sometidas a esos cafres sanguinarios de Estado Islámico fueron distinguidas con la letra “nun”, de “nazareno”, con el mandato de convertirse al islam, huir o, de mantenerse en sus trece, morir decapitados… ante la indiferencia, cuando no regocijo, de la progresía occidental.

Nuestros nacionalistas también han hecho sus “pinitos” señalando con el dedo, cosa que está muy pero que muy fea. Los herederos de ese racista chiflado de Sabino Arana (con calle dedicada en Barcelona por gentileza del consistorio presidido por Narcís Serra, y así desde entonces) pretendieron que los hablantes de vascuence que acreditaran dicha aptitud lucieran en su vestimenta una suerte de “pin” honorífico para diferenciarlos de la roña “erdaldun” que ensucia sus calles. Comoquiera que tal pretensión excedía las mínimas exigencias de una democracia homologada, se conformaron los paladines de la pureza idiomática, esos tarugos del PNV, con que semejante gansada se aplicara exclusivamente, que no es poco, a los empleados de la administración pública y en horario laboral, si no estoy mal informado.

Donde no hay una pureza racial a mano, se tira de la sanguínea, vía RH-, o de la lingüística. Cualquier excusa es hacedera para que los totalitarios, nacionalistas exaltados y enemigos de la libertad de variada condición, expidan carnés de limpieza, de “idoneidad” conforme a sus angostos baremos de boina o chapela caladas. Así pues, desde Cataluña, y con motivo de la plaga del covid 19, ya tenemos otro artefacto disponible: la “limpieza sanitaria o coronavírica”. 

La gran aportación de Oriol Mitjá (Mitjà): someter a la población a una analítica masiva (se supone que con test homologados y fiables y no esas pruebas-fake de la Señorita Pepis que el gobierno ha pagado a precio de oro a través de un intermediario especializado en productos de belleza) y clasificarla en función del resultado: rojo (infectado), naranja (contagioso asintomático), verde (sano). Esta ocurrencia ha sido inmediatamente replicada a nivel nacional, a pesar de las enormes dudas que plantea en lo tocante al derecho a la privacidad y a otras libertades fundamentales (se suponía que el “historial médico” de uno era el sancta sanctórum de la intimidad a preservar), o para ámbitos específicos de la sociedad (los futbolistas profesionales, sea el caso). Pero la cuna de la idea, el embrión del proyecto es, cómo no, cosa nuestra.

Pues a mí que no me pongan sus patas encima. No me fío ni un pelo. No olviden que las competencias sanitarias están transferidas a las CC.AA y quien tiene mando en plaza en Cataluña es Quim “Petomán” Torra, aun estando inhabilitado, lo que es inconcebible para un entendimiento sólo mediano. ¿Qué ese sujeto, por orden suya, va a expedir un volante conforme al que he de someterme a una prueba médica sin tener la más mínima garantía de qué diantre piensa hacer con esa información… entre otros mil interrogantes que acuden en tromba a mi aturullado magín? A otro perro con ese hueso. ¿Es que estamos de guasa?

Cierto que en absoluto me tranquilizaría que esa “info”, en su lugar, la gestionara el llamado “Mando único” de la lucha contra la pandemia. Es decir, el des-gobierno de coalición Sánchez-Iglesias por medio de la espantable dupla SimónIlla… que se hacen con el pichelo un lío contando muertos porque ni ellos mismos saben, no hay más que verles la cara, su planta de esquejes y su hechura amortajada, si están vivos, o muertos acaso. Dios santo… salir del fuego para caer en las brasas.

Sabemos que en las UCI’s de nuestros hospitales se ha practicado el “triaje” por edades para “optimizar” el uso de los respiradores y “amortizar” a los pacientes de más edad. Me pregunto: si sometido a un test doy “rojo” o “naranja” y, según el caso, soy hospitalizado o confinado en uno de esos hotelitos medicalizados que dicen tener a punto para los asintomáticos… ¿Quién me garantiza que no se producirá un cruce de datos con los listados de votantes presenciales de los sucesivos referéndums ilegales (“anda, si este pájaro no fue a votar”), con el “censo” puerta a puerta confeccionado por la ANC o con otros datos recopilados en los archivos del gobierno regional susceptibles de convertirte en un elemento “dudoso”, “desafecto”, un “botifler” o “sospechoso de constitucionalismo”. ¿Malgastarán un respirador para sanar a un españolazo del carajo (*)? ¿Se figuran que una decisión así, tu vida y hacienda, pueda estar en las manos interpuestas de un descerebrado Albert Donaire, el “aguerrido” agente de los Md’E?

Ni hablar del peluquín. A mí me da miedo, mucho miedo. Si ya me aterran las disposiciones colectivas perpetradas por el régimen nacionalista (con la complicidad del actual gobierno de la nación), pero de las que uno puede, más o menos, escapar o modular el impacto que tienen sobre la propia vida, qué no decir si capacitamos a esos fanáticos (“España es muerte y paro, y Cataluña vida y futuro”, lapidaria sentencia de Joan Canadell, presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona) para que a cada uno de nosotros nos hagan un traje a medida, personalizado, con nombre y apellidos, y un carné de “infectividad”: tú rojo, tú verde.

Le pediré a mi abogado (y sin embargo amigo) Antonio Ramos que redacte una declaración jurada manifestando mi oposición a someterme a ningún tipo de test, lo diga Oriol Mitjá (Mitjà) o Salvador Illa, salvo que lo ordene un juez (y aun así, con reservas). Les recomiendo que hagan lo propio, o compartan conmigo su idea, si es mejor, atinente a la preservación de la libertad individual, de la salud y de la integridad física.  

(*) Miau… fuentes dignas de muy dudosa solvencia me aseguran que este blog está siendo monitorizado diariamente por la ciber-unidad de élite de los M’dE (el CNI catalán) y también por el General de la Benemérita, JM Santiago, a la caza de bulos y fake-news antigubernamentales.

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