Wanted: se busca, vivo o muerto

Es el enemigo público nº 1 de la Cataluña narco-estupidizada. Llamamiento a la grey nacionalista: si le han visto, si saben dónde se esconde o qué aspecto tiene (es un as de los disfraces, como ese escurridizo agente de la TIA al que llaman “Mortadelo”), no duden en dar el queo a los agentes del orden. Va armado y es peligroso. Por su captura, o por una pista conducente a su detención, recibirán una suscripción anual al diario Ara, la discografía completa, edición remasterizada, de Nùria Feliu y una entrada para el último espectáculo del cómico (sic) Toni Albá (Albà). ¿De quién hablamos? Sí, lo han adivinado: del ratoncito Pérez.

El famoso forajido ha saltado a la primera plana de la actualidad gracias a un “tuit” dirigido por los Md’E a todos los niños catalanes durante el confinamiento por el coronavirus. Ante las drásticas restricciones al movimiento, muchos peques temían que, al perder un diente, el ratoncito Pérez no pudiera visitarles a domicilio. Nada han de temer, pues el diminuto roedor ha sido dotado de un salvoconducto (pertenece a un sector “esencial” de la producción) para circular libremente por el territorio atendiendo de manera diligente a la prestación de su básico servicio. Sólo que, como propulsado por un resorte, inmediatamente contestó a esa burla, a esa odiosa afrenta a nuestra dignidad nacional, nada menos que Virgili i Ortiga, tan irritado y urticante como su segundo apellido, dirigente y portavoz del grupo autodenominado “Koiné”.

En efecto, el responsable de dicha organización, partidaria de erradicar el uso de la lengua española en los espacios públicos (lengua “impuesta por las armas” y que, por ello, habría de decaer de su oficialidad en una hipotética Cataluña independiente), ha objetado airadamente que “a los niños catalanes les visita “el ratolí Martí”” y que “ese tal Pérez, en todo caso visitará a los niños españoles”, pues, en su opinión, adorna al interfecto el baldón infame de obedecer a un minucioso plan de colonización cultural urdido desde las cloacas del Estado. Pérez no sería pues una inofensiva bestezuela, sino un elemento peligroso de la quintacolumna españolista emboscado entre nosotros para precipitar la fatal desnaturalización del país y del párvulo paisanaje. Así las gastan, según Virgili i Ortiga, esos gañanes, esos españolazos devoradores de garbanzos. Toma del frasco.

El grupo Koiné reúne a la élite furibunda e hiperventilada de la “Plataforma per la Llengua”… son, por así decir, la almendra, el cogollo, el KKK lingüístico del catalanismo ultra y “enragé”. A su lado Santiago Espot, el delator “esquizo” más dicharachero, o Joan Lluis Bozzo (Dagoll Dagom), fustigador impenitente de camareros indoctos en la lengua regimental, son angelicales monaguillos.

Ratoncito Pérez integra desde hoy esa galería de outsiders, de personajes legendarios rodeados de un halo de misterio, de exaltado romanticismo, como el Conrado de Lord Byron, el Pirata de Espronceda, o el mismísimo Robin Hood. Uno de esos espíritus cimarrones que sufren persecución por causa de la justicia (en minúscula), no la divina, sino la humana, a veces tan injusta. Tras su pista, corren implacables los sicarios del sheriff de Nottingham, comandados por ese sayón picajoso de Virgili i Ortiga para darle matarile. No cuenta el malvado con el asilo, abrigo caluroso y suculentos daditos de queso que al fugitivo le brindarán los pequeñuelos. Para dar con Pérez, para apresarlo y llenarlo de cadenas, y confinarlo en sombrías mazmorras, Virgili habrá de imponerse al alma noble y pura de los niños. No se saldrá con la suya ese matarife de perfil herodiano. Ni jamás pondrá sus sucias y roñosas garras sobre nuestro escurridizo héroe.

Propongo en esta modesta “tractorada” que una persona sensible, movida por elevados sentimientos, y aseadamente dotada para las artes figurativas, inmortalice en unas viñetas a Pérez huyendo de las asechanzas de sus malvados oponentes y librando al fin una reñida justa en el campo del honor (“donde crecen las berzas galantes”) contra el siniestro embajador del lado oscuro. Quién sabe si nuestro apóstol de la dentición infantil alcanzará la gloria de otros afamados ratones que en el mundo han sido, como Superatón (vitamínate y mineralízate), Speedy González, Mickey Mouse, Jerry (de Tom y Jerry) y Pixie y Dixie, siempre en aprietos por culpa del gato Mr. Jinks, que en la versión española habla con un marcado y divertido acento andaluz: mardito’ roedore’. O Ratatouille, el chef ratoncito con estrellas Michelin que aprendió el oficio en Ducasse.  

Que el nacionalismo, y cuanto más exacerbado, más evidente, necesita rodearse de enemigos (la teoría del “enemigo necesario”), es cosa por todos sabida, y mejor que nadie por los propios nacionalistas para elaborar su maniquea narrativa de buenos y malos, de odio y revancha… pero jamás habría sospechado que echara mano de esta inocua y simpática conseja tradicional para consuelo y gaudio de la chiquillada. Ya son ganas de embadurnarlo todo de babas, incluso las más inocentes amenidades, como llevados de un frenético y productivo sialismo supernumerario en pro de unas venerandas esencias, tan a menudo estúpidas y artificiosas, a preservar de la más mínima y perturbadora contaminación.

Para darle más empaque y consistencia al “ratolí Martí”, poniéndome en el pellejo y en la aturullada mente de los nacionalistas catalanes, en un hipotético ejercicio de empatía inducido por una ingesta masiva de peyote (o de “ratafía”, si no hay otra cosa a mano), redactaría una versión apócrifa, por ejemplo, de “La crónica o llibre dels feits” de Jaime el Conquistador, introduciendo la anécdota poética de Verdaguer en la que el rey duerme bajo el ramaje de nuestro Ygdrasil local, el pino, no el quinto, sino el “sagrado” de Campllong, el de las tres ramas (“branques”). El ratoncito “Martí” velaría el sueño regio, y comoquiera que Jaime era en aquella hora un mozalbete, atraparía al descuido un caedizo diente del monarca. O eso, o que “Martí” se colara por un roto en las vestiduras de Gentil, hijo del conde Tallaferro, cuando sobrevuela de la delicada mano de Flordeneu las nevadas cumbres del macizo del Canigó. De ese modo “Martí” se labraría una arraigada, sólida y centenaria reputación como icono diferenciado de nuestra, cómo no, también diferenciada cultura nacional.

Y qué mejores candidatos para ejecutar tan delicada misión de distorsión “romancista” que los conspicuos académicos del club INH (subvenciones a porrillo), Institut de Nova Història. Pues si han sido capaces de catalanizar a Miguel de Cervantes (“Miquel Sirvent”, fundado, como saben, de un gran emporio horchatero), a Calderón de la Barca (“La vida es una barca”, dijo Calderón de la Mierda), a Teresa de Ávila, a Leonardo da Vinci (natural de Vich) y, eso creo, incluso a William Shakespeare (todo es posible en domingo), por qué no iban a dar con el rastro en un pasado remoto del “ratolí Martí”… por ejemplo, reproducido a trazos esquemáticos, furtivamente, por un intrépido comando de espeleólogos ultracatalanistas en una cueva de Esplugas de Francolí, nuestra capilla Sixtina del arte rupestre. Por mejor caracterizar al personaje, Martí habría de ser muy pero que muy chiquitujo y no pesar más allá de 17’14 gramos. En fin, con algo hay que entretenerse en estos confinados tiempos del coronavirus. Apaga y vámonos, que lo mismo te digo una cosa, que te digo otra. Ratoncito Pérez: eres mi ídolo, mi héroe y siempre te llevaré en mi corazón. Es lo que tiene ser un mitómano.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: