Cuadro de ansiedad lingüística

Días atrás leí una noticia en Dolça Catalunya que me llenó de auténtica consternación. El hecho luctuoso ocurrió en un centro de enseñanza secundaria sito en la comarca de El Maresme. Un profesor, como ese púgil grogui que encaja una demoledora serie combinada de jabs y uppercuts, bajaba los brazos y caía de morros a la lona. Está de baja por un cuadro de ansiedad. Nuestro profe, gran fajador de golpes, confiesa con pelos y señales los motivos de su inapelable derrota y al punto una corriente de empatía de alto voltaje nos acerca a ese héroe anónimo, vale que abatido, pero héroe al fin y al cabo. Y es que esta sociedad acomodaticia y falta de valores exige al profesorado más de lo que esos docentes abnegados y vocacionales pueden dar. Pedimos demasiado y por lo común olvidamos que esos profesionales son humanos, están hechos de nuestro mismo barro y cuando les hieren, sangran.

Nuestro hombre es profesor interino de catalán, según confiesa, desde el año 2017. El detonante de su baja laboral, perfectamente justificada, es la vehemente “catalanofobia” de un segmento amplio del alumnado. Percibe en las enfangadas trincheras de la enseñanza un fuerte desapego por Cataluña. Entre los jóvenes, añade, “se ve el catalán como un fastidio”. Reproches del tipo “qué pesado con el catalán”, “estamos en España”, “viva Franco” y “viva Vox”, salen como sapos y culebras de la boca de los futuros bachilleres. En El Maresme se abrieron las puertas del infierno. Mucho me temo que el profe habría infartado directamente, y habría pasado a mejor vida (“Señor, llévame pronto”), de haber proferido los chicos bajo su providente tutela más elaboradas y desconcertantes divisas del tipo “viva el juez Aguirre y muera Puigdemont”.

En otra anécdota, la mar de jugosa, se advierte la magnitud de la tragedia y uno se explica la razón de su abatimiento colosal y sin enmienda. Nuestro paladín de la inmersión obligatoria nos lleva de la mano a la zozobra más absoluta y nos asoma al abismo del que ascienden sulfúreas emanaciones:

“(…) en otro centro, enseñando una sardana, estudiando a Joan Maragall, recuerdo que los inmigrantes se reían (intuyo que quiso decir “se pitorreaban”) y, además, me decían que “no les gustaba el catalán” (…)”

Pequeños monstruos. Uno se imagina a esos chicos “inmigrantes” (según la definición del paciente) todo el santo día enchufados a sus auriculares o regalando sus gustos musicales a los demás, generosamente, a toda castaña, desde los bafles móviles que trasladan de un sitio a otro, como kamikazes embalsamados en metanfetamina, a bordo de sus patinetes eléctricos. Que si perreos, reguetones, rimas urbanas interpretadas por mozalbetes malotes disfrazados de delincuentes y con más collares encima que el jefe de una banda de narcotraficantes. Y para sacarlos del mal camino y conducirlos por la senda de la ortodoxia identitaria, no se le ocurre mejor estrategia a nuestro deprimido “profe” que iniciarles en el apasionante mundo de la sardana. Toma del frasco. Y como era previsible, esos chavalotes de barriadas poligonales se licúan transidos de las más sublimes emociones al dulce son de la tenora y de la flauta traversa.

Admito que la sardana me inspira sentimientos encontrados: por un lado me limpio el culo con la más apreciada de nuestras danzas regionales, pero, por otro, siempre gusté de echarles un somero vistazo, a pesar de su monótona coreografía, por aquello de gozarme visualmente del rítmico bamboleo bajo la blusa, arriba abajo, abajo arriba, de los cocos de las sardanistas durante los saltitos de la “tirada” preliminar. No soy el único, por lo que sé. Es una sensación compartida con amigos y conocidos, los muy pillastres. Con todo, y por mucho que versificara Maragall, la sardana no es, ni de lejos, “la dansa més bella de totes les danses que es fan i es desfan” (*).

De modo que nuestro “profe” marismeño (de El Maresme) se duele de la actitud desafiante de esos muchachos insolentes y faltos de atavío. ¿De qué se queja? Cuando estudiábamos en el instituto, in illo tempore, nos decían que a los jóvenes correspondía desempeñarse en la transgresión, en la iconoclastia y la irreverencia. Que era casi un imperativo biológico de la edad, como el acné o el desbarajuste hormonal. Que nuestra misión pasaba por cuestionarlo todo: “un patriota, un idiota”, “una bandera es un trapo”. Cierto que luego supimos que los tales eran unos patriotas de tomo y lomo, pero de otras patrias y que su desapego de las banderas era selectivo, pues veneraban las suyas. En definitiva, que entraba en el guion ser bobo, inconsciente, apasionado y levantisco. Que el tiempo y la vida nos esculpirían a desengaños y mamporros y templarían al fin nuestros caracteres.

Pues, ahí lo tienes, el “profe” doliente representa el mundo de los mayores, el orden oficial y regimental (es uno de sus agentes de choque). Y es obligación de los muchachos rebelarse. Y lo hacen, en buena lógica, contra uno de los preceptos más cansinos de la hora presente: la obligatoriedad del catalán en la escuela y en cualquier otro ámbito de la vida pública, otrosí de la sumisión al ideario nacionalista. Pero hete aquí que no, que al interfecto le desarbola la rebeldía adolescente en la faceta lingüística. Mira tú qué cosa. En eso los chicos han de seguir las consignas a rajatabla, más tiesos que un clavo, y reservarse la rebeldía para otras causas. “Nenes, hay que transgredir, pero si no acatáis los imperativos de la ortodoxia lingüística sois unos fachas, unos “nyordos” (cagarrutas), unos colonos y unos españolazos apestosos”.

Habrían de preguntarse los promotores del monolingüismo catalanista por qué diantre se produce ese extrañamiento. La respuesta, si la desconocen, se la proporciona este modesto licenciado en SC, Sociología de Cafetería. El hartazgo del prohibicionismo es uno de los factores, aunque es cierto que ese vector actúa también, incluso con mayor fuerza, entre los adultos con una personalidad más o menos hecha o estabilizada. Entre los jóvenes acaso influya más el vector direccional, el dirigismo, no tanto basado en vetos como en consignas: “habla catalán en el patio”, “úsalo con tus amigos y en las redes sociales”, “en la discoteca, también en catalán” junto a “lávate las manos después de hacer popó”. En todo caso, ambas estrategias sostenidas con mano firme en el tiempo generan rechazo y aborrecimiento. La consecuencia, al margen de multas, legislación abundante y meticona, insistentes recomendaciones y dinero a espuertas invertido en el fenómeno “viure en català” (**), la lengua protegida y promocionada por el régimen deviene, dicho a la pata la llana, un auténtico y descomunal coñazo… más allá de convertirse en un pivote de la lucha política y en una herramienta al servicio del sectarismo, es decir, en un ariete contra la libertad en un sentido amplio. Los jóvenes, esto último lo perciben con menor claridad, pero lo anterior, la valencia “coñazo” o “tostón”, “turra colosal”, la detectan al punto por su acusada propensión a clasificar inmediatamente las experiencias entre placenteras o aburridas, desagradables, latosas y cargantes.

¿Y qué propone nuestro heroico interino para salir de este mal paso? Mayor vigilancia en la escuela. Acabáramos: qué original. Un profesorado entregado en cuerpo y alma a la inmersión, apóstoles-soldado del adoctrinamiento, las Waffen SS en el ámbito de la docencia. Emular la actitud de esos casos que periódicamente saltan a la prensa digital resistente de un profesor integrista que no admite las conversaciones en lengua española de sus alumnos, que les rebaja la nota si incurren en la heterodoxia idiomática o les deniega el permiso para ir al baño si no lo solicitan en catalán. En lugar de ansiolíticos para sanar su dolencia, o unas infusiones, la manzanilla es ideal para calmar esos nervios, nuestro “profe” aboga por más mano dura. Considera, pues, que la presión actual no es suficiente. ¿No ha comprendido que la prohibición tórnase odiosa e insistir en ello favorece el efecto contrario al deseado? No lo parece.

En resumidas cuentas, nuestro “profe” ha sido una víctima más de la disociación cognitiva de masas que instauran los regímenes identitarios. Él vive en su realidad paralela, mirando en su casa, tan ricamente, los debates monocordes de TV3 y su sesgada programación cultural. El hombre se levanta de buena mañana y se prepara un cafelito con un golpe de leche de la marca localista Llet nostra que regularmente compra en la cadena Bon Preu, donde adquiere también las camisetas promocionales de cada 11-S, al tiempo que sintoniza el parte radiofónico de RAC-1. Flota ingrávido en su burbuja “catalanistoide” y nada sabe del fango, del muladar que es el mundo exterior. Da por cosa segura que a toda la juventud le chifla el pop en catalán de esos birriosos grupos musicales financiados por el gobierno regional (no daré nombre alguno por pudor) y que la sociedad toda anda sumida en un sin vivir por el regreso a casa triunfal, con todos los honores, de Puigdemont y su fugada troupe.

Pero va la terca realidad y le propina un doloroso puntapié en las pelotas y descubre ahora, cruel y trágicamente, que la Cataluña cotidiana, la Cataluña de a pie, es otra muy distinta cosa, esquiva a sus certezas y convicciones, sobre todo Barcelona y su conurbación, incluso El Maresme, y no coincide en absoluto con el cuento de hadas de la emisión matutina de Mónica Terribas o de Antoni Bassas, ni con esos días idílicos de sus vacaciones veraniegas en el seno reconfortante, nutricio y materno, de esa Cataluña profunda, la del cinturón de la “barretina” calada, en Capolat o en Castellar del Riu, donde echa una siestecita reparadora bajo la protectora sombra del legendario “Pi de les tres branques” (***). Nunca sospechamos que nos acecha la mierda hasta que nos cae encima. Un muy buen amigo, y sin embargo abogado, me manda un elocuente guasap del púgil Mike Tyson que hace al caso: “Todos tienen un plan… hasta que les meto la primera hostia”. El duro zarpazo de la realidad.

(*) “La danza más bella de todas las danzas que se hacen y deshacen”

(**) “Vivir en catalán”

(***)”Pino de las tres ramas”, símbolo arbóreo del nacionalismo aborigen

“No entiendo por qué se juntan tantos señores a mi alrededor para mirarme cuando bailo una sardana”

Arreglos de ropa

Una de las virtudes indiscutibles de los separatistas es la constancia, la tozudez. No en vano eligieron un burro como animal totémico. Años atrás, cuando Carod Rovira lideraba ERC, dicha formación le regaló un asno, “Tossut” (tossut (tozudo) fins la independència, “hasta la independencia”), a Juan Carlos I que, de grado, aceptó el presente y le dio cobijo en las caballerizas reales.

Cuando no pueden lo más, recurren a lo menos, pero su itinerario es predecible: todo aquello que colisione con el ejercicio de la libertad. De modo que una de las actividades que menos esfuerzo requiere de un nacionalista bilioso es la delación de comercios que no rotulan en catalán. Como era previsible, la censura lingüística en el paisaje comercial, que cuenta con respaldo legal (tanto como inmoral), pasó de los rótulos a la información contenida intraportas junto a los artículos a la venta y de ahí a la lengua utilizada con la clientela por regentes y dependientes de los establecimientos.

Las sucesivas administraciones regionales, de diferente signo, han competido por estimular esas denuncias anónimas y aplicar, llegado el caso, las sanciones de rigor. Durante el bochornoso “montillazgo”, es sabido, aumentaron de lo lindo. El citado presidente, que ya apuntaba maneras de joven, pues según sus exégetas fue delegado de clase en el instituto, quería hacerse perdonar su origen foráneo y multó a destajo, como si no hubiera un mañana, alzándose con el prestigioso trofeo de “mayor palanganero de la Historia al servicio del nacionalismo”. En el ámbito local, caso de Barcelona, lo mismo Colau que Collboni, se excluye sistemáticamente en las comunicaciones del consistorio el uso del español, que es la lengua familiar mayoritaria de los avecindados en la ciudad condal. Hay un organismo público, por todos costeado, la ACA (Agència Catalana de Consum)*, que vela por la pureza idiomática en el ámbito comercial… un organismo que demanda a gritos una tajadura quirúrgica a motosierra marca “ACME”, digo, marca “Milei”.

En estas últimas fechas, el aborigenismo fanatizado ha creado un equipo muy activo consagrado a la tarea del gulusmeo lingüístico. Huronean sus agentes por bares y restaurantes sondeando a los camareros para detectar idiomáticas disfunciones y, a renglón seguido, trasladarlas con gran aparataje de aspavientos a las redes sociales. Parafraseando aquel exitazo de Burning, y sustituyendo a la “Mujer fatal” por un chivato, habría que decirles, cada vez que salen de su casa, aquello de vas de caza… ¿A quién vas a cazaaaaar? En estos menesteres, Joel Joan, actor institucional, y Joan Lluís Bozzo, institucional dramaturgo (“Dagoll Dagom”), han suplido al voluntarioso Santiago Espot, del que nada sabemos desde hace tiempo, no queriendo decir con ello que el bueno de Santi haya fallecido. Y han contado en fecha reciente con el refuerzo estelar de Carme Forcadell (“la abuela golpista”… Oiga, que soy abuela, dijo al ser detenida por la Guardia Civil). La doña ha desestimado, abatida y escandalizada a partes iguales, una reserva hotelera al ser atendida en español por el recepcionista. Truculenta anécdota que demuestra cuán ingrata es la vida en Cataluña para un nacionalista catalán. Ahora uno entiende por qué gimotean por los rincones cuando un camarero inmisericorde, movido por las más aviesas intenciones, les sirve un refresco de cola en la lengua de la opresión colonial.

Su último objetivo, “casus belli”, ha sido una modesta tienda de arreglos de ropa situada en el barrio de Sant Andreu, regentada por inmigrantes (“nouvinguts” en neolengua progre) que aún no han sido pasados por el cedazo normalizador. Las redes, segmento separatista, han echado humo. De modo que vas tan ricamente a que te cosan el dobladillo de los pantalones y esos desalmados, sin mediar palabra, te dan los buenos días en español… los muy sabandijas. Tú, con toda tu buena fe, te piensas que estás en la capital de Cataluña (“cap i casal”) viviendo íntegramente en catalán y resulta que lo mismo da que vivieras en la jodida Calasparra… repleta de murcianos que infestan el aire con la pestilencia de sus mal digeridos garbanzos y que caminan con los brazos separados del tronco por la presencia de purulentos golondrinos en sus malolientes sobacos. Qué desesperación.

Que las lenguas sirven para entenderse es cierto cuando nos referimos a los hablantes de la misma (y aun así con reservas, pues no siempre hablando se entiende la gente) o a la Humanidad en su conjunto si echamos mano de las lenguas que, por razones históricas y por su difusión mundial, son consideradas “lenguas francas”. Pero en virtud del modelo autonomista adoptado en España, eso no es cierto. Las lenguas cooficiales en España sirven para desentenderse, pues devienen un multiplicador de identidades micronacionales. También sirven para crear obstáculos, trabas al movimiento de personas por motivos profesionales y para establecer derechos políticos diferenciados. Algo así como una rémora feudalizante, sea el pago de diezmos, alcabalas, impuestos de portazgo en aduanas interiores o el derecho de pernada. Por favor, se ruega que nadie cabal vuelva a repetir, siquiera como declaración de buenas intenciones al iniciar un debate, esa cantinela boba de que “las lenguas sirven para entenderse”. Aquí y ahora es todo lo contrario. Y comoquiera que propenden a la desigualdad cívica, son un instrumento contrario a la libertad.

El boicot al comercio de esa modistilla anónima pone de manifiesto el grado de miseria moral, de iniquidad, al que se puede llegar en defensa de las lenguas que son incorporadas a un proyecto identitario. Cabría, acaso, si uno fuera un activista de ese mundillo (hay que tener cuajo para ello), exigir a las grandes superficies comerciales, a empresas importantes, por aquello de medirse con un rival poderoso, que incluyeran su información en la lengua reivindicada… pero elegir a un enemigo liliputiense para morderle la oreja describe con precisión la calidad del artífice de esa estrategia ventajista. Es como el niño grandullón que acosa en el recreo al más vulnerable de la clase, a ese gafitas patoso y flacucho como un esqueje. Dicen que la importancia de un hombre se mide por la talla de sus enemigos: “Arreglos de ropa La Guajira”. ¡Qué gran hazaña! ¡Meterse con una costurera que allá al fondo, en su tabuco mal iluminado, cose unos botones! Una verdadera gesta a inmortalizar en un largo poema épico comparable al “Mahabharata».

Pido a todo el mundo que si en vida nuestra el péndulo de la Historia oscila en sentido contrario al actual, no caigamos en la fea tentación de envilecernos cometiendo esa misma fechoría, ese alarde de intolerancia como de malsín inquisitorial. “Maldición, esa panadería no está rotulada en español… es una agresión insufrible. Esto no quedará así”. El próximo envite de los catalanistas enrabietados será, si cumplen con los tiempos y estándares de la coacción política, primero un mordisquito y luego una ensalada de hostias, recorrer barriadas en ronda nocturna provistos de botes de pintura y aerosoles, señalar con eñes los comercios levantiscos que incumplan la normativa y convocar a los CDR para darle un escarmiento a esa gentuza. Pintadas infamantes, escaparates rotos y alguna paliza ejemplarizante. Kristallnacht, noviembre de 1938.

Una vez desatadas las hostilidades, tampoco se librarán los menesterosos del acoso de los “escamots” (comandos o escuadras): cadenas de hierro, porras extensibles, bates de béisbol y rotuladores de punta gruesa para reescribir esas demandas de auxilio económico en la lengua sagrada. La mayoría de los carteles petitorios que muestran los pedigüeños están redactados en español. En las inmediaciones del mercado de San Antonio, un señor solicita ayuda para mantener a sus tres nietos. Han pasado los años y el texto es el mismo y uno sospecha que los nietos ya han hecho la mili. No obstante, últimamente florecen, albricias, fruto de la inmersión obligatoria en la escuela pública, carteles escritos en catalán, cierto que en muchos casos contienen groseras faltas de ortografía… luego se habría de reforzar la presión “inmersiva” en las aulas, pues el esfuerzo, a juzgar por los errores aludidos, no ha sido suficiente.

Pensando en la lengua que utilizan modestos comerciantes en el seno de una sociedad bilingüe, es decir, la gente particular (aquí no hablamos de las administraciones, que es harina de otro costal), para publicitar sus negocios, y en la función cívica que creen cumplir los chivatos delatando a aquéllos, concluyo que debo agradecer al cielo una cosa al menos: que siendo catalán, no soy catalanista. Qué alivio. Cierto que mi vida, irrelevante, un número más, se acerca más a la insignificancia, al fracaso que al éxito. Sé lo que valgo. Y es hora de hacer balance. Pero no me verás jamás denunciando a un pelanas, que no es ni más ni menos que yo mismo, por vender “escombres” en lugar de “escobas”. A uno le faltan agallas para semejante felonía.

(*) ACA: “Agencia Catalana de Consumo”, en español

Arreglos de ropa. Servicio de tintorería. O cuando Satanás adopta ropajes desconcertantes

Nuversidá d’ Estremaúra: Suma y sigue

Hace unos meses Dolça Catalunya publicó una noticia que suscitó mi interés. Comoquiera que son tantos los duelos y quebrantos de esta España nuestra, la gansada a la que hacía referencia pasó sin pena ni gloria. El ruido manicomial, como diría don José Pla, me distrajo y no pude dedicarle la tractorada que merece. Atenta la guardia: el “extremeñu”, o “estremeñu” (pues ambas formas coexisten en el documento que he tenido el honor de consultar), salta a la palestra entre vítores, rebuznos y evohés de alegría.

Una época hubo en que los dioses nacían en Extremadura (García Serrano), pero aun siendo cuna de grandes conquistadores, tan noble región no queda eximida de que en sus coordenadas nazcan a la vida idiotas verdaderamente formidables. Es el signo de los tiempos. Por qué no habría de contender Extremadura de tú a tú en paisanaje imbecilizado contra toda una Cataluña o contra las muy competitivas Vascongadas. ¿Acaso siempre han de ganar los mismos… como sucede en la Copa de Europa con el Real Madrid, que no deja una para los demás ni por caridad cristiana?

Asoma la patita entre idiomas, dialectos y hablares, el “estremeñu” en aras del reconocimiento que los publicistas de cualquier jerigonza pretenden. La hoja de ruta, es sabido, pasa por obtener rango de oficialidad, fundación de academias (con su plantilla de probos y seriecísimos académicos generosamente remunerados) y otras bagatelas: concursos literarios, prensa, rotulaciones comerciales so pena de multa e introducción paulatina o abrupta, cómo no, en el ámbito escolar. Y todo ello, con su inevitable secuela que es el establecimiento de barreras burocráticas (disposiciones administrativas concernientes, por ejemplo, a la consideración de la lengua cooficial como requisito para optar a una plaza en el funcionariado) que restringen el libre tránsito de personas por toda la geografía nacional, excepto para hacer turismo. Lo que ha sido dado en llamar “normalización de la lengua regional o lengua minorizada”… siempre por culpa, claro es, del infame dominio del español, esa lengua opresora e impuesta a bayonetazos… como los confinamientos domiciliarios en China durante la pandemia coronavírica.

Con todo, he de romper una lanza por esta novísima amenidad lingüística, el «estremeñu», pues por primera vez nos topamos con un presunto idioma que, en sentido estricto, no ubica su expresión oral en el aparato fonador, ni su versión escrita en una gramática, dado que el “estremeñu” se habla y escribe según a usted le salga de la “punta’l’nabo” (expresión de abigarrado cromatismo autóctono que llamaremos “extremeñismo”, como hay galicismos y anglicismos). Que equivale a decir cómo le salga a usted de los “quijiones” (extremeñismo de mi propio santiscario). Esta afirmación, si se quiere un pelín gruesa, quedará establecida indubitadamente unos párrafos más adelante.

Por otro lado, y ya metidos en harina: ¿Qué más da? Aquí todo vale. Si los hay de grado dispuestos a escolarizar a sus hijos, hablamos de la instrucción pública, en gallego (“tres al caldeiro”), vascuence (“bocadilloak de tortillak”), catalán (“pronoms febles”), fabla aragonesa (“tren cheolochico”) o eonaviego (“pitu caleya”)… ¿Por qué no en “estremeñu”? Se trata de que el 90% de los chicos que vengan al mundo reciban una pésima enseñanza, bajo nivel académico, ínfimo espíritu crítico, analfabetismo funcional, fracaso escolar garantizado, aprobado universal pese al suspenso de asignaturas y capacitación profesional básica, camareros o parados de larga duración. Que perciban paguitas no contributivas y cheques-ocio para jugar a los marcianitos y asistir a conciertos de esas más tontas que bellas cantatrices (y lo son un rato) promocionadas en “talent-shows” televisivos como OT (Aitana, Lola Índigo, etc). Y, por supuesto, que no salgan de su pueblo en la vida, salvo si estudiaron enfermería para trabajar en Londres. Y para todo ello, el “estremeñu”, deviene una herramienta eficacísima de “empaletamiento” colectivo y destrucción neuronal masiva.

Otra de las virtudes del “estremeñu”, ya lo insinué anteriormente, es la absoluta libertad creativa que confiere a sus hablantes y “escribientes”. En efecto, el “estremeñu” potencia como ninguna otra hablilla el albedrío individual. Hay tantos “estremeñus” (plural de la así denominada lengua) como extremeños vivos. Cada uno habla y escribe su propia variedad dialectal. Con dos “quijiones” (la expresión hace fortuna). Ítem más, incluso los no extremeños también pueden, por qué no, pues es un habla participativa e inclusiva, improvisar una nueva versión, hasta que el idioma sea un día fijado por un gramático de la talla de Nebrija y se formalice lo que podríamos llamar un “estremeñu batúa” o unificado. Para muestra un botón, recurrimos a un fragmento del enlace que figura al final de esta tractorada. En primer término, la comunicación original del autor en la pretensa lengua aborigen. Después la versión que hace de dicho texto al español. Y, por último, mi propia interpretación, que no vale menos que la suya.

Original.- Alas güenas. Tras de to esti tiempu sin pubrical paquí vos queremus cuental cosas güenas que mos án diu passandu a tola genti que estamus a afial las lenguas propias d’ Estremaúra: fala, estremeñu i portugués arrayanu. Sonin añus enos que amus recebíu la reconocencia entrenacional dela Nuversidá d’ Amsterdam, de la Capital Uropea dela Coltura, Leeuwarden, i, de contau la más importanti, dela Carta Uropea delas Lenguas del Conseju d’ Uropa.

Traducción al español.- ¡Buenas! Tras este tiempo sin publicar por aquí os queremos contar todas las cosas buenas que nos han ido pasando a toda la gente que estamos defendiendo las lenguas propias de Extremadura: fala, extremeño y portugués rayano. Son años en los que hemos recibido el reconocimiento internacional de la Universidad de Ámsterdam, de la Capital Europea de la Cultura, Leeuwarden, y, por supuesto la más importante, de la Carta Europea de las Lenguas del Consejo de Europa.

Algunos rasgos del texto cautivan especialmente. Sea el caso de la “ele” final en los infinitivos “pubrical” (publicar) y “cuental” (contar) que podría deberse, quién sabe, a la influencia del mandarín, pues también en Trujillo y en Navalmoral de la Mata hay bazares chinos de esos de “todo a un euro”. Otro elemento es la utilización de la “i” latina como conjunción copulativa en lugar de la “y” griega. No creo equivocarme si afirmo campanudamente que este rasgo obedece a la interconexión catalano-extremeña, dado el numeroso contingente de oriundos de la región que se afincaron en el área metropolitana de Barcelona en los 60 y 70 del siglo pasado, generándose préstamos y adopciones culturales en ambas direcciones. Me chifla la expresión “importanti” (penúltima línea del párrafo), que en mi opinión, admitiendo que no he cursado estudios de filología, se trata de un “grequismo”, que no helenismo, si no de la réplica exacta del gran éxito musical Te estoy amando “locamenti” de Las Grecas. No se quedará en el tintero la plasticidad, acaso un tanto rústica, del metaplasmo (estrújate -que da “esturújate” en estremeñu- las pelotas y chifla) o transposición de las consonantes en el grupo “rl” del título de la página web, “palramus”, cuando con un “parlamus” ya vamos servidos. Pero concedo que el “palramus” confiere al discurso un toque de cándido pintoresquismo y de una heterodoxia fonética muy conveniente para marcar perfil propio. Sin este tipo de pinceladas, el enlabio no cuela y a base de ocurrencias hay que vender la burra ciega si queremos lucrarnos del invento.

Mi propia versión (añada la suya, si le place).- Mungüenas. Endespués de tostitiempu sin pumblicá aquín, sus queremus endesir cosas mungüenas que nosam-pasau a toa la genti que sapelea pol·las linguas propias d’Estremaúra: fala, estremeñu i protugués de Protugal (acapital Lihboa (*)). Sunañus qui mos recebíu a reconocencia entrenacional dea Nuversidá d’Ásterdam (*), dea acapital Uropea dea Cultura, Leuvarda, i, discuntau, la másportanti, dea Carta Uropea deas linguas del Conseju d’ Uropa.

(*) He considero oportuno, con hallazgos como “Lihboa” y “Ásterdam”, a guisa de denominaciones toponímicas propias, darle mayor empaque a la lengua extremeña, pues todas las que se precian de tales han de contar con formas diferenciadas para designar países, ciudades y regiones foráneas, como en español decimos Londres para referirnos a London, en inglés se emplea Lisbon para Lisboa, o en catalán decimos y escribimos Cadis por Cádiz, tacita de plata.

No es amor de padre, pero creo que mi criatura no desmerece para nada el “estremeñu” del original, pues estamos ante un presunto idioma adornado con cualidades como la ductilidad, que habilita el arbitrio y el artificio y transmite una sensación metamórfica y proteica muy vigorosa. Lo que hablando a la pata la llana hemos denominado etiología punta’l’nábica. Un idioma que estimula, como no hay otro, la creatividad individual. Y reto aquí y ahora a los promotores de esta pendejada lingüística a que, si tienen dos quijiones, me digan a la cara que lo mío no es “estremeñu” bellotero, pero de verdad de la buena, o que es menos “estremeñu” que su engendro.

Eso de que las lenguas sirven para entenderse es una milonga, una trola como una catedral gótica. Las lenguas sirven, sobre todo las cooficiales o regionales, para crear agravios, distinciones y diversidad de derechos civiles y políticos entre ciudadanos. Separan a la gente. Crean barreras, como aquellas aduanas medievales, y aún posteriores, entre los antiguos reinos peninsulares que en la España de los austrias embarazaban el comercio e impedían el desarrollo de una nación moderna. Los portazgos, los “puertos secos” y demás trabas y martingalas forales que desesperaban al reformismo arbitrista (“reformación” llamaban a su ideario) del conde de Gondomar, Mariana o del propio Olivares, que se pasó toda su privanza al servicio de Felipe IV luchando contra semejante abominación… y perdió. Ahora las lenguas, estén más o menos documentadas, cumplen esa misma función a las mil maravillas. Es uno de los efectos colaterales de las inercias desviacionistas y fragmentarias de ese prefigurado monstruo en que se ha convertido el autonomismo. No podía ser otro el resultado final.

 https://blogs.hoy.es/palramus-extremenu/2020/11/21/la-renacencia-delas-lenguas-destremaura/

 

Alas güenas. So un bellotín mu’n’rollao… ¿Tú palras estremeñu? Yo lo palro como misale la punta’l’nabo. Si te guta, daguten, y sin non, a tomal pol culo (esto último, aunque lo parezca, no es mandarín).

PP: «Paradigma Prohens»

“Lo volvemos a hacer”. Y cumple su amenaza. Es el fatalismo que nos transmite el partido mayoritario de la derecha en lo tocante a la instrucción en español en la escuela pública. Asunto, por cierto, al que en el resto de España no se le da importancia siendo el factor angular que demuestra nuestra condición de estado nacional fallido. Nos referimos a aquellas regiones donde rigen políticas “inmersivas” en lenguas cooficiales, a poco de incluir el bable y el eonaviego (sic), lo que vale por decir, contrarias a la libertad y a la Constitución (a pesar de los enjuagues habilitantes en la materia dispensados por el Alto (también “sic”) Tribunal). Es decir, políticas restrictivas a la libre elección de lengua escolar. Nos recuerda el gabinete de la señora Prohens aquel chiste vitriólico sobre ciertas costumbres funcionariales.

Esto es un funcionario que se incorpora a su puesto de trabajo y le dice el jefe del Negociado: “Pérez, ayer no vino usted”, y Pérez le responde con aire de alma en pena: “Jefe, ha muerto mi padre”. “¿Otra vez?”, le pregunta extrañado el superior. Y Pérez replica: “Sí, jefe, otra vez”. 

Hace unos días la señora Prohens compareció en un medio radiofónico y seguí con cierto interés la entrevista. Interés y abatimiento. Pues entró en escena esa inane majadería del “bilingüismo cordial”, artilugio “feijootista” por contraponer un lema más o menos ocurrente y bienintencionado a la inmersión obligatoria. Sucede que cuando están así las cosas, cuando te hacen pasar a bayonetazos bajo las horcas caudinas de la imposición, la cordialidad lingüística primaveral y evanescente del PP, cual errabunda pompa de jabón, deviene una futesa, una ñoñería… un flatus vocis. Nadamos en un estanque rodeados de cocodrilos voraces que muerden con un índice (PSI) de 5.000 quilos de presión por centímetro cuadrado, no de esos pececillos plateados, faltos de atavío, que te tiran inocuos pellizcos a los tobillos.

La petición de cuatro familias con hijos escolarizados en el CEIP Son Ferrer, Calviá, ha chocado con la frontal oposición del gobierno regional, ahora de PP y Vox, liderado por la señora Prohens. Átame esa mosca por el rabo. La petición consistía en recibir, qué osadía, escolarización en lengua española… ¡¡¡Un 25% de las asignaturas!!!… Es que los hay que piden casi cualquier cosa y se quedan tan anchos. Qué dislate. Hete aquí que el nuevo gobierno se opone en el TSJB (el Tribunal Superior de Justicia local) a tan descabellada pretensión y arguye la socorrida cantinela de que semejante propósito violenta “los planes lingüísticos del centro”. Es decir, el mismo y birrioso argumento utilizado por el gobierno anterior del mini-Frente Popular, versión insular, de Francina Armengol, esa gran estadista que ahora nos deslumbra con su fina elocuencia en la Presidencia del Congreso y que no pierde ocasión de destruir cuantas mascarillas de baratillo adquirió a la trama Koldo. En otras palabras, que el gobierno de Prohens se confunde con el saliente y le hace el trabajo sucio. De modo que los “centros” disponen de “proyectos lingüísticos” a preservar por el gobierno, pero las personas… no. Chúpate ésa.

Prohens aducía en la citada entrevista que la reversión de la inmersión liberticida no era tarea fácil, que recomendaba proceder con tiento y paulatinamente, por no generar problemas de convivencia. Fíjate tú, el «deterioro de la convivencia”, concepto que quita el sueño a los particularistas furibundos que nos meten su “convivencia”, si es menester, a martillazos. Es decir, a Prohens le da cierto apuro desairar a los sindicatos educativos, copados, como las AMPA’s (sin hache) en Mallorca y Cataluña por los nacionalistas más exaltados. Es definitivo, por si había alguna duda: Prohens no es Thatcher (también Margarita), la Dama de Hierro, plantando cara a las duras huelgas de la minería y de la siderurgia, años 80’ del pasado siglo.

Ahí no acaba la cosa. La izquierda separatista promueve una moción en el parlamento regional para reprobar al Rey, ahí es nada, al Jefe del Estado, por un quítame allá esas pajas (la “unidad” de la lengua catalana) y el PP… ¡¡¡Se abstiene!!!… He de releer la noticia porque no doy crédito: SE ABSTIENE. Han transcurrido unos días desde entonces y Feijóo no ha cesado todavía a la ejecutiva regional en pleno. También nos enteramos de que la alcaldesa de Alcudia, del PP, fleta autocares para que vecinos de su municipio se trasladen a Palma con intención de participar en una protesta contra, precisamente, eso que llaman “bilingüismo cordial”. De locos. Para que el cocido reúna todos los ingredientes, unos catalanistas iracundos amenazan de muerte a Prohens y se retratan encapuchados, bandera estrellada al fondo y empuñando armas que suponemos de juguete en una chusca escenificación al estilo etarra. Le amenazan precisamente por la política lingüística de su gobierno. Sólo que, por lo visto hasta la fecha, uno ignora cuál es el motivo de enfado de esos descerebrados, pues la doña continúa alegremente por la senda de la infamia monolingüe.

A lo que vamos. Los planes de Prohens no amparan hoy a esas cuatro familias porque el asunto ha de dirimirse, según el planteamiento “cordial”, conforme a un criterio de plazos, como en su día el aborto. Sucede que la educación de los chicos no sabe de plazos. Los escolares sólo tienen una vida, no son gatos, y su etapa estudiantil dura unos añitos apenas, hasta que se produce el preceptivo fracaso escolar o se matriculan en carreras universitarias devaluadas para acampar en concentraciones contrarias al derecho a la defensa de Israel (acto que sube la nota media), previo paso a su ingreso en las listas del INEM (ahora SEPE).

Habría de saber la señora Prohens (y de paso todo el PP) que la libertad no se demora ni difiere, que cuando se produce una vulneración de derechos, la subsanación ha de ser presente, inmediata, total y no parcial o por fascículos. Que no se confunda de escala, que la etapa docente del alumnado no es un período geológico (que para eso ya está el tren “cheolochico” de los Mallos de Riglos, Huesca). Que lo que haya de suceder en diez años, siempre que no cambien las mayorías y el proyecto “cordial” subsista y avance, no aprovecha a los examinandos de hoy. Que los padres de estos últimos no quieren que las disposiciones políticas del momento hipotequen el futuro de sus hijos porque son los únicos que tienen… y es que su futuro empezó ayer en el aula, o mejor anteayer, cuando el chico calentó el banquito con sus posaderas el primer día y pintarrajeó señoritas desnudas en el pupitre. Las rectificaciones han de sustanciarse ya mismo, porque no habrían de existir promociones de estudiantes con menos derechos que las venideras, si es que conseguimos acabar con esa chufla académica y cívica de la inmersión en lenguas cooficiales. Pues cada promoción estudiantil es única e irrepetible.

Las soluciones que, en este ámbito, fijan su base discursiva en un eje temporal, escamotean la justicia exigible porque convierten a los alumnos (ciudadanos que carecen de uso de razón suficiente y de herramientas para conocer y defender por sí mismos sus derechos) en rehenes y deudores de facturas que no les corresponde pagar, que es como endeudarse un gobierno sin recato para joderles los bolsillos y condicionar el modo de vida a futuro a nuestros hijos y nietos. Esa actitud recuerda aquello que se decía antaño para justificar primero la normalización lingüística y después la inmersión obligatoria… que tras 40 años de franquismo era comprensible que el péndulo oscilara entonces en sentido contrario y se potenciara el catalán en detrimento, qué remedio, de la lengua española. Una suerte de reparación histórica. Pamplinas, pues ese razonamiento genera miles de damnificados a los que es imposible rescatar. E incluso ignoran los propios que lo han sido: damnificados.

Pareciera que a la señora Prohens no le corre prisa alguna. No sería mala cosa que entendiera que no es la gente cabal (la que quiere la libre elección de lengua oficial para escolarizar a sus hijos) la que debe ajustarse a los plazos que marca su gobierno, que, muy al contrario, es ella la que debe ajustar sus plazos a las necesidades y peticiones de la gente cabal. Y sí, ya lo sabemos, las peticiones registradas son pocas en relación con el total de matriculaciones por curso académico, pero también lo son con relación al porcentaje de familias que optan en las encuestas por la libre elección de lengua en caso de no tener que pleitear con la administración. Pues no es plato de gusto, ni siquiera para los padres más concienciados y combativos, gastar tiempo y dinero, batallar pleitos y señalar al niño ante condiscípulos y profesores, cuando el derecho que les ampara habría de ejercitarse de suyo y sin trabas, como cualquier otro, sea el derecho al sufragio, a la libre expresión de las ideas o a rascarse el trasero en la intimidad de su domicilio.

Aquello que tantas veces nos dijeron nuestros mayores de “ponte una vez colorado mejor que cuarenta verde” no va con la señora Prohens y su gabinete. Al parecer las manifestaciones, las acampadas reivindicativas, los escraches, las huelgas de hambre o los sindicatos (“¡A las mariscadas!”) le dan terror pánico y no está hecha de la misma pasta de la señora Ayuso que ha encajado con entereza y coraje todas las mareas del mundo, la verde, la blanca, la arcoirisada, amén de sucias patadas en el bajo vientre como la de esas lonas infames con la cifra inscripta de muertos de la pandemia en Madrid que le atribuye la cuadrilla siniestra de Sumar. Será que la señora Prohens, por contraer méritos, sigue encantada la estela de sus antecesores del PP en el gobierno regional de Baleares que copiaron de Fraga la inmersión en Galicia, “tres al caldeiro”, y que ha continuado celosamente Feijóo, cuando cacique del antiguo y brumoso reino de Breogán, disimulando sus más íntimas convicciones con ese cachivache publicitario del “bilingüismo cordial”.

“Nuestros planes de bilingüismo cordial permitirán la libre elección de lengua escolar dentro de dos siglos, década arriba, década abajo… exacto, cuando las ranas críen pelo… que las prisas son malas consejeras. Primero un pie y luego el otro, para no tropezarse”.

Fomento del Trabajo (antes «Nacional», como «española» era la Cruz Roja)

Ése es el nombre de la patronal catalana. Hasta no hace mucho incluía en sus siglas la “N” de Nacional. Pero la letra cayó en desuso. Días atrás la ejecutiva al completo de la organización empresarial viajó a Perpiñán para reunirse con Puigdemont. No con un gurú de las finanzas o un premio Nobel de Economía… no, con un delincuente fugado. “Reunirse con” en este contexto vale por “rendir pleitesía a”. Se ha sabido que hubo reuniones previas en la “Casa de la República en el Exilio”, es decir, en el casoplón de Waterloo, aunque no se sabe a ciencia cierta de dónde han salido los monises para mantener al interfecto y a su séquito de asesores… que si de empresarios afines, que si el oro de Moscú, en versión actualizada, o acaso de esos centimillos del tramo autonómico de su IRPF de usted.

Al frente de la patronal está un señor llamado Sánchez Llibre, uno de los dirigentes democristianos de la extinta CiU, vinculado por lazos familiares, eso está hecho, eso está hecho, Dani, Dani, Dani y sus berberechos, a una popular industria conservera. Parece que a Puigdemont le han presentado un memorándum compuesto de numerosos y bien trabados argumentos para dinamizar el alicaído tejido industrial de la región. Una cosa, qué duda cabe, muy grave y sesuda.

Se da, no obstante, la curiosa circunstancia de que el proyecto político estelar del sujeto en rebeldía, el traído y llevado “proceso”, y la proclamación de la fugacísima república independiente, alrededor de ocho segundos, han propiciado la desbandada de casi diez mil empresas que han hallado, impelidas por la inseguridad jurídica reinante, refugio en otras zonas de España. Es decir, un negocio redondo, al margen de consideraciones de mayor fuste que la mera dimensión económica.

Cierto que el empresariado local nunca se ha distinguido por su heroísmo, pero también lo es que su imbecilidad no había alcanzado tan cimeras cotas, y eso que en las últimas décadas ha promovido, a golpe de talonario, el fortalecimiento del nacionalismo excluyente y de su capilaridad asociativa hasta impregnar con sus dejes intolerantes hasta el último rincón de nuestra sociedad. El viejo truco de fomentar el particularismo para arrancar de los gobiernos capitalinos mayores concesiones, ventajas fiscales o, como sucedió en sus inicios (finales del XIX), para inducirle a adoptar las políticas arancelarias defendidas por Prat de La Riba y Cambó. Sucede que al echarle pienso al engendro, éste crece, cobra vida propia, se desmanda y escapa al control de sus mentores. Sucedió en los años 30 del pasado siglo, cuando ERC le comió la tostada a La Lliga. Ha sucedido recientemente (el proceso de marras) y sucederá de nuevo si se repite la fórmula. Es la ley del eterno retorno. A mismas causas, mismos efectos. Dicho a la pata la llana: la burra vuelve al trigo. No han escarmentado. Como decía Lenin antes de mancharse las manos de sangre al inaugurar la maquinaria homicida del bolchevismo exterminador: “los burgueses nos venderán la soga con la que les ahorcaremos”.

Fomento del Trabajo, antes Nacional, se alinea con la peor versión de esa Cataluña autocentrada, supremacista, aldeana, hostil, odiadora, aborigenista, que con desánimo y tristeza percibimos los catalanes exentos de talante localista. El estamento empresarial ha decidido que en la convivencia bastardeada y en la inobservancia de la ley, en la política tumultuaria, pueden abrirse paso sus intereses. Sucede que cuando esos intereses se disocian de las necesidades reales, diarias, de las gentes del común a las que habrían de ilustrar con actitud ejemplarizante en cumplimiento de la función rectora que se le supone o atribuye, se convierte en parte del problema, en un escollo más, en un obstáculo para sanar a una sociedad enferma. Y si Cataluña no lo es, no lo es ninguna. Y se desvanece la necesaria estabilidad para la provechosa articulación de procesos productivos que coadyuven a la mejora de las condiciones de vida materiales del colectivo.

Y nada ya les distingue de esa otra pata del banco de la Cataluña oficial, o regimental, que son las centrales sindicales autodenominadas de “clase”, que también desempeñan un tristísimo papel en esta función. No en vano, las cúpulas de CC.OO y de UGT jamás confrontaron los jeribeques, alharacas y pantomimas “procesuales”, y siempre se distinguieron por su inveterada y férrea defensa de esa cacicada, contraria a las libertades, que es la inmersión obligatoria en catalán. Atiéndase si no a las declaraciones subalternas de sus dirigentes más destacados, Josep Maria Àlvarez (antes José María), el de la pañoleta palestina, y un tal Pacheco, devorador insaciable (braquicéfalo zampabollos) de cuanta bollería industrial le pongan a tiro. Eso y que no es alérgico al marisco. Bien entendido que las saneadas cuentas de las centrales sindicales, lejos de financiarse íntegramente con las cuotas de sus abonados, en buena medida dependen de las subvenciones públicas (cursillos de formación y otras bagatelas). Y por ello, perfectamente amaestradas, mueven la colita ante sus benefactores y jamás morderán esas providentes manos que les dan de comer (e insistimos, el tal Pacheco gasta pinta de tener buen saque a la mesa). De ahí que la bajeza moral y el vocacional servilismo de los mandamases de Fomento son aún mayores que las de sus pares sindicales.

Diríase que su nomenclatura rendida ante Puigdemont replica la genuflexa conducta de “Pinganillo” Sánchez ante el rey de Marruecos o ante Arnaldo Otegui (“si la cosa se tuerce, liquidad el bulto”, instrucción básica en caso de secuestro que diera el antedicho a sus comandos), que es la misma del soez chascarrillo del “pato que saca manzanas del tonel” y que no glosaré más detalladamente por estar sujeto a las restricciones propias del horario infantil. Que las tragaderas de nuestro empresariado son amplias, lo demuestran infinidad de anécdotas: las manazas de Nutrexpa (Cola-Cao, Nocilla: Adéu Espanya!) en un acto de ERC, los ánimos combativos del jefazo de la farmacéutica Grifols a Artur Mas: No s’arronsi, president (“No se arrugue, presidente”) o el sectarismo de PIMEC (la patronal de la pequeña y mediana empresa), que inicia una ronda de contactos con todos los partidos regionales con representación parlamentaria ante la nueva cita electoral (12 de mayo), pero excluye a Vox, que no ha dado ningún golpe de Estado, que sepamos, y que es probablemente el más significado de todos en defensa de los autónomos.

Pero hay más. Suma y sigue. La Cámara de Comercio de Barcelona, ahí es nada, ha sido honrada con la presidencia de Joan Canadell (Petrolis Independents), separatista furibundo convencido, así lo manifestó, de que Miguel de Cervantes era catalán, acaso de Rupit, por qué no de Capolat. Se dice de esa luminaria del pensamiento que anda en la órbita del partidillo radical creado por Clara Ponsatí (fugada tras el golpe de 2017 y que derrochó enorme empatía durante la pandemia coronavírica al citar, cuando Madrid descollaba en el cómputo de decesos, aquella divisa promocional de tiempos de La Movida: “De Madrid al cielo”… tronchante). Con esta ganadería selecta no es de extrañar que un estudio publicado (24/04) en Libre Mercado concluya que el índice de libertad económica comparado por regiones sitúe a Cataluña en el penúltimo puesto de diecisiete con una puntuación de 3’4 sobre 10, sólo por delante de Extremadura y justo detrás de Canarias.

En resumidas cuentas: Puigdemont, según fuentes bruselenses dignas de todo crédito (y no es una de ellas el Mannekempis), deambulaba errático por su mansión, medio turuta, viendo fantasmas por todas partes y temiendo que agentes infiltrados del CNI le envenenaran la comida (acaso hasta el punto de dársela a probar a alguno de sus ayudas de cámara), convertido en un fantoche desquiciado y en pura irrisión. Y va el “feloncillo” (de “felón” y “meloncillo”) de “Enamorado” Sánchez y le resucita aupándole a la primacía de la política española. ¿Y quién remata la faena? Fomento del Trabajo. Por asociación de imágenes, nos recuerdan tan virtuosos empresarios a Emilio Botín, que en gloria esté, cuando ataviado con unas bermudas coloradas que no estilizaban precisamente su pícnica figura, le reía las gracias a Zapatero, hoy correveidile plenipotenciario de la Narkomintern bolivariana del Grupo de Puebla. Y es que en una versión apócrifa de las Escrituras se lee aquello de que “antes pasará un camello por el ojo de una aguja que no entrará un dirigente de Fomento en el reino de los cielos”.  

Puigdemont (centro de la imagen).- ¿Saben ustedes la adivinanza del pato que saca manzanas de un tonel?

Sánchez Llibre.- Un servidor desfilará el primero en calidad de presidente de Fomento. El primum inter pares ha de dar ejemplo… y además he reforzado los pantalones con unas resistentes rodilleras de pana.

«Roda el món i torna a Camprodon» («Recorre el mundo y vuelve a Camprodón»)

El tractor de la Asociación por la Tolerancia regresa a nuestras coordenadas geográficas tras su paso por las Fallas de Valencia (“ninot” de Puigdemont «desposando» a “Pinganillo” Sánchez… “por siete votos tienes el culo roto”) para recorrer “les contrades del pais” (caminos, sendas y “regiones” en sentido amplio) y visita Camprodón, comarca del Ripollés, provincia de Gerona. Esto es, territorio Orriols, una de las emergentes figuras del nacionalismo catalán (Mori Espanya i visca Catalunya! (*), que así concluye sus exaltadas soflamas la aborigenista ultramontana). Acudimos a esa bonita localidad famosa por el Puente Nuevo, confluencia de los ríos Ter y Ritort, y por las galletas Birba, omnipresente golosina en tantos piscolabis, de la mano de Ángel Escolano, presidente de Convivencia Cívica Catalana.

En efecto, el joven y activo abogado de la resistencia contra el nacionalismo, que lo será siempre (joven) a causa de su inalterable fisonomía (**), se desplazó hasta Camprodón para denunciar al consistorio gerundense por el flagrante incumplimiento de la traída y llevada Ley de Banderas vigente (sic) en España, que es, probablemente, la ley más incumplida del mundo. Comoquiera que Escolano no tuvo ocasión de presentar la denuncia en las dependencias municipales por trabas burocráticas, decidió hacerlo en el cuartelillo de la Guardia Civil sito en la carretera de Molló, a unas cuadras de distancia del ayuntamiento infractor. De entrada sorprende que, a pesar del repliegue paulatino, pero constante, de unidades de la Benemérita y del Cuerpo Nacional de Policía, a causa de las cobardícolas cesiones de los sucesivos gobiernos nacionales a las demandas nacionalistas, persista dicho cuartel en aquellos parajes. Pero la sorpresa fue mayor cuando el protagonista de este episodio, al personarse en el cuartel, comprueba incrédulo que tampoco ondea allí la enseña nacional. Acabáramos.

Uno se malicia que nuestro abogado justiciero, al inquirir al oficial al mando, se llevara la tan socorrida respuesta en estos casos: Es que precisamente hoy tenemos la bandera en la lavandería… si regresa usted mañana la verá ondear en el mástil majestuosamente. Qué casualidad. Ésa es la cantinela que siempre tienen a mano los burgomaestres de obediencia separatista al recibir un requerimiento judicial para colocar, no de grado, si no tras denuncia, la bandera rojigualda en la balconada edilicia.

Ésta en apariencia inocua anécdota (que en absoluto lo es, pues cuando se desobedece una ley, por protocolaria que sea o por limitado que sea su alcance, se traslada el mensaje de que se obedecerán las leyes según el gusto y capricho de los representantes electos encargados de hacerlas cumplir) nos dice que de aquella antañona consigna del “Todo por la Patria” sólo queda el letrero y que el instituto armado, en virtud de la obediencia debida que le informa, y dado su carácter militar, tiende a confundirse con el paisaje por la bizcochable voluntad del generalato. En otras palabras, las leyes que me placen se observan de manera meticulosa, y las que no, allá películas. Y la misma fórmula se aplicará a los derechos fundamentales de la ciudadanía: los que considero míos son sagrados, inviolables, y los que otros reclaman para sí, me la soplan.

Ejemplos concernientes a la Guardia Civil no faltan de un tiempo a esta parte, lamentablemente. Recuerda uno con bochorno infinito al Jefe del Estado Mayor del cuerpo, J.M. Santiago, en comparecencia ante los medios durante la pandemia (ésa de la que nos dijera un tipo llamado Pedro Simón -¿qué ha sido del andoba ése?- que en España habría muy pocos casos, y de la que todavía no sabemos el balance definitivo de fallecidos que dejó a su paso), cuando afirmó que una de sus misiones, relacionada con la gestión del coronavírico holocausto, consistía en vigilar los bulos en los medios y en las redes críticos con la acción de gobierno. En la ensalada hay más ingredientes, sea el de la animadversión de Pequeño-Marlaska, es decir del gabinete ministerial en pleno, siempre a las órdenes de sus socios de investidura, contra el coronel Pérez De Los Cobos por su actuación contra el golpe urdido en el año 2017 por el gobierno regional de Cataluña. O la presunta implicación en el caso “Mediador” de un general, Espinosa Navas… caso incrustado en las fechorías del universo “Tito Berni”, variopintas corruptelas del socialismo en Canarias que, como tantas otras de la misma bandería, acaban, es una constante matemática, entre putas y cocaína.

Pero hay más. Subimos la apuesta y nos damos un garbeo por la región marítima del Estrecho, controlada a placer por los narcos, pues su flotilla es infinitamente más poderosa que las zodiac que opone la Guardia Civil… unos artefactos hinchables por el mismo procedimiento, insuflar aire a pulmón gentil, que el de las colchonetas de playa infantiles con forma de cocodrilo o de unicornio. Por aquellas playas, Tarifa, Barbate, y otras muchas, navegan alegremente, como si fueran yates de recreo, los reyes del hachís armados con machetes, embistiendo a las patrulleras impunemente y matando a pares a los agentes de escala básica. No acaba aquí el carrusel de estropicios. Se ha sabido recientemente que fueron expurgados dolosamente expedientes de atentados terroristas, no esclarecidos, por orden de la superioridad para omitir lacayuna y vergonzosamente la presunta participación de Arnaldo Otegui (“ese hombre de paz”, Zapatero dixit) en al menos un asesinato. Chúpate ésa. De tal suerte que la cúpula de la Guardia Civil caminera (“avanzan de dos en fondo”), émula de la colosal bellaquería de Conde-Pumpìdo, anda dispuesta a manchar tricornio y capote con el polvo del camino.

Así están las cosas en esta España nuestra desnortada y desnacionalizada. Trabajo no le faltará al bueno de Ángel Escolano en cuanto regrese de Camprodón al área metropolitana de Barcelona. El fenómeno se repite en distintas alcaldías regentadas por socialistas del PSOE-PSC (y no es un gazapo, no invertimos al descuido los términos del binomio, pues el partido matriz es el PSC y la sucursal madrileña el PSOE): Molins de Rei y Montcada i Reixach. El primero de ellos, Xavier Paz, se jacta en las redes de burlarse de las disposiciones judiciales que le instan a colocar la bandera nacional en la balconada consistorial. Ya conocemos el guion: lavanderías, minúsculos banderines de mesa en un rincón (siguiendo la estela del alcalde de Gallifa, provincia de Barcelona), o banderas atadas al mástil para impedir su undívago movimiento. Y el segundo, Bartolo Egea (obediente al fenotipo “zampabollos”), no ha desafiado ninguna sentencia judicial, que sepamos, pero me atrevería a decir que obvia el sentimiento de pertenencia nacional, a lo poco, del 80% de sus votantes, bien entendido que la mayoría de ellos cree votar al PSOE de Felipe González cuando en realidad lo hace al PSC… queriendo con ello decir que los antedichos son capaces de tragarse cualquier sapo, aun el más venenoso. Roda el món i torna a Camprodon, que dicen por aquellos lares.

(*) ¡Muera España y viva Cataluña!

(**) Un poco a la manera de Errejón, sólo que Escolano es persona diligente y capaz y no un listo cardón que no da un palo al agua (“beca black”, universidad de Málaga) y sólo piensa en ronearse con las churris más chic del universo podemita.   

Hasta las p*****s de las galletas Birba. Rellene usted los espacios (asteriscos) con las letras que faltan

La falla indultada

Esta vez agarramos nuestro tractor y nos trasladamos a Valencia. De paso nos sumamos en ruta, solidariamente, a las tractoradas que organizan los agricultores por toda España para protestar contra las directivas comunitarias, agenda 2030, y contra la pésima gestión del sector agropecuario y pesquero en el debe del calamitoso gobierno frentepopulista de “Pinganillo” Sánchez. Anda éste obsesionado con la amnistía a Puigdemont y sus secuaces, la colonización de todas las instituciones del Estado a la manera bolivariana (la última, RTVE) y con la neutralización de Díaz Ayuso (principal sospechosa, según el ejecutivo, de la caída del imperio romano de Occidente), entre otras maniobras y fechorías. De tal manera que las gentes del campo le importan, claro es, un pimiento. Esta vez las tractoradas obedecen a las reivindicaciones de sus promotores y no, como vimos en Cataluña durante la fase efervescente del “proceso”, a la conchabanza de los rabassaires de barretina calada hasta las cejas con la trama golpista orquestada por el gobierno regional. Entonces los tractores (Unió de Pagesos) fueron las panzerdivisionen del nacionalismo, su rústica punta de lanza. Nos felicitamos, pues, de que los agricultores ejerzan de agricultores y no de escamots (*) mecanizados.

Las fallas de Valencia, los “ninots”, llegan por primavera y es costumbre indultar a una de ellas, que es instalada y exhibida en un museo establecido al efecto. Son policromas alegorías de cartón inflamable. En la imaginería fallera abunda la sátira política, la acibarada y punzante crítica del momento. Asuntos, como reza el tópico, de candente actualidad. Tan candente, que acaban la mayoría siendo pasto de las llamas, devoradas por el fuego purificador y reducidas a cenizas. Arte fugaz. Ésa es, precisamente, una de las cualidades atribuidas al fuego: la purificación. Al pie de la letra lo tomaron los fanatizados inquisidores que mandaron a la hoguera a miles de personas. En España, fundamentalmente, a conversos sospechosos de judaizar en secreto, autos de fe (**), y en otros lugares, los muy activos Tribunales Eclesiásticos reformados de Europa central y septentrional (Alemania, Suecia, Holanda), a sospechosos de herejía y/o brujería (**). E incluso hoy, entre los musulmanes rigoristas de Estado Islámico, a los apóstatas.

El fuego fallero recuerda la institución del chivo expiatorio (bouc émissaire) documentada magistralmente por James George Frazer en “La rama dorada”, que es un compendio etnográfico no superado. Ese tratado monumental (se han editado versiones abreviadas) de recomendabilísima lectura data de cuando la antropología tenía como objeto el ser humano en su dimensión cultural, el porqué de su artefactos culturales, el hecho civilizatorio, incluidas las sociedades ágrafas, demográficamente reducidas y tecnológicamente atrasadas, y no, como en la actualidad, que actúa a guisa de comparsa de los doctrinarios y encarnizados enemigos del modo de vida occidental, de la mano del “deconstructivismo” filosófico y lingüístico (Derrida y compañía), del más absoluto y disolvente relativismo moral y de una desbocada e incendiaria eurofobia. Hablamos de cuando la antropología abandonó su pretensión de convertirse en una disciplina reglada en aras del conocimiento, para devenir un arma ideológica al servicio de la extrema izquierda. Finales de los 80’: en la Facultad me hicieron leer a Rorty y a Chomsky, entre otros. No se lo deseo a nadie. El segundo es especialmente megaplúmbeo, un tostón apabullante. Y diría que aún no se ha muerto.  

Sobre el chivo expiatorio se proyectan todas las caspicias morales del grupo y se le deja partir para que lleve su infanda carga lejos de nosotros. Una manera, un tanto intuitiva y escapista si se quiere, de hacer borrón y cuenta nueva… una suerte de ceremonia lustral, una sencilla fórmula para sacudirse de encima nuestras propias iniquidades, de quedar exonerados de nuestras culpas y de propiciar un nuevo renacimiento, con la pretensión, claro es, de ensuciarse otra vez con el polvo de ese camino tortuoso y enlodado que es la vida. Y, de ese modo, albardar el lomo de otro espécimen sacrificial. Una constante, un bucle infinito. Lo dicho, o se le daba una patada en los cuartos traseros, “largo de aquí, bicho”, o se le inmolaba.

El mecanismo del fuego purificador es muy similar. Arrasa con lo viejo y caduco, con aquello de lo que nos queremos desprender para los restos, como bien saben los estudiantes (una sabiduría ancestral) que mandan a la hoguera, solsticio de verano, errabundas pavesas de formulaciones químicas y declinaciones latinas, los apuntes del ejercicio académico superado con nota. Salvo el caso de aquél que, en la ilusoria esperanza de haber aprobado, acabó suspendido y entró en pánico al ver reducidos a cenizas los apuntes de la promoción al completo. Sostenemos en nuestro fuero interno un aún humeante rescoldo de esperanza cuando las llamas consumen la alegoría fallera que da fe notarial, pongamos por caso, de la corrupción política o de la supina estupidez de una celebridad. Deseamos que el motivo de la escultórica denuncia sucumba para siempre en esa ígnea hecatombe. Nos engañamos, sí, pero eso va con la naturaleza humana. Es el principio de la magia simpática, en su vertiente imitativa, lo similar produce los mismos efectos… principio que integra “el alma primitiva” que tiempo ha describió Lévy-Bruhl.

Una de las fallas en concurso es “indultada”, “amnistiada”. Y qué mejor falla, en este año, que la falla que representa el indulto que condiciona (y condicionará por tiempo indefinido) la política española. Una composición tan descriptiva como definitoria: Puigdemont encula a la brava, abruptamente, al monigote de Pedro Sánchez. El golpista fugado amplía con sus rabiosas embestidas, así es la escena, ni quitamos ni ponemos, el diámetro anal de aquél, dejándole el bullarengue como un “bebedero patos”. Clavado. Sin adornos ni oropeles, tal cual. Una imagen vale más que mil palabras. Puigdemont es el dante y el presidente de la nación escarnecida, el tomante. Para qué sesudos ensayos, artículos en prensa y tertulias interminables cuando esa falla lo explica todo a las mil maravillas, con una exactitud y una precisión micromecánicas. Y con pulcritud, pues, por deferencia al espectador, por ese mínimo de pudor exigible que agradecemos al autor de la obra, una bandera estrellada oculta a nuestra mirada los elementos protagonistas del acoplamiento more ferarum.   

No queda más que imaginar, por cerrar el círculo, a la fallera mayor, ataviada con su vestido de gala, banda al pecho con los colores nacionales, y ese peinado espectacular, esos rodetes a guisa de Dama de Elche encarnada (que fantasía erótica más sugerente que una fallera despampanante, corpiño, liguero, medias de lycra, zapatos de tacón de palmo y fusta en mano de azuzar a las caballerías: una fallera dominatrix) librando a la indultada “falla del indulto” el diploma de su victoria y su consecuente salvación del fuego lustral.

(*)  escuadras, grupos de asalto

(**) para ambos casos, acúdase a “Los judíos en la España Moderna y Contemporánea” y “Las brujas y su mundo” de Julio Caro Baroja

“¿Gozas vida?” “Haz conmigo y con España lo que quieras… soy tu putita”. A esto le llaman ahora “tender puentes”

Una «fatwa» báltica

El cansino e inconcluso “procés” separatista ha alcanzado al fin dimensión internacional. La tan ansiada conjunción de lo local con lo universal. Se han comentado profusamente los vínculos de Puigdemont y su cohorte golpista con el régimen de Putin. Financiación, monedas virtuales, envío de tropas (“los diez mil hijos de Putin”, reclutados a partes iguales entre los spetsnaz y los mercenarios del grupo Wagner), imágenes tergiversadas de heridos en cargas policiales difundidas desde servidores allende nuestras fronteras, espionaje y reuniones frecuentes con enviados del Kremlin (Elsa Artadi admite en sede judicial que ella participó al menos en dos de esas “cripto-cumbres”), en definitiva, la conversión de Cataluña en la Transnistria occidental, y por añadidura la del esclavista y palanquista Barça en el Sheriff deTiraspol… Transnistria y Tiraspol que tienen un aire a la creativa toponimia balcánica de las aventuras de Tintín (Syldavia, Borduria, etc). Donde los disidentes son eliminados con polonio o supositorios de glicerina, pero con el “nitro” delante. Toda una variada panoplia de toxicidades para desestabilizar España y por ende sembrar la discordia en Europa. Pero últimamente el fenómeno (la revolució dels somriures*) ha cobrado mayor resonancia tras la invasión de Ucrania y abona el temor en el continente a las ambiciones desmesuradas del zar moscovita… que amenaza en su integridad a estados miembros de la UE, sea el caso de las naciones bálticas.

Comoquiera que Cataluña ha sido el banco de pruebas de esos tejemanejes, es mencionar el nombre de nuestra bien amada región y todos los dirigentes europeos tuercen el gesto: “¡Qué pesadilla!”. De este modo el nacionalismo catalán se ha ganado por méritos propios el galardón de nacionalismo identitario egoísta, antipático, excluyente, caprichoso, tonto, impostado y artificioso. Una verdadera basura de nacionalismo.

Nos dieron la turra nuestros aborigenistas enragées proclamando a los cuatro vientos que Europa (y más allá) se desvivía por recibir a Cataluña en su fraternal seno. Alfombra roja, brazos abiertos, timbales y clarines. Todas las cancillerías europeas tenían el champán a punto para brindar por su automática incorporación a la UE y al Consejo de Seguridad de la ONU en calidad de miembro permanente, de una sola tacada y en tiempo récord. Pero los sueños confrontados con la realidad arrojan el siguiente balance: que sepamos, sólo ha gozado en la comunidad internacional del pláceme entusiasta del separatismo biafreño. Y últimamente del gobierno español. El problema reside en que el nacionalismo catalán esperaba el aplauso de Europa yendo, átame esa mosca por el rabo, de la mano de uno de sus mayores enemigos. Curiosamente, y esto que aquí va daría para un extenso comentario, el autócrata ruso suscita las simpatías por igual de banderías antagónicas, lo mismo de los europeos que se avergüenzan de ser tales y ejercitan el «autoodio», la extrema izquierda, que de otros que se intitulan fervientes defensores de la civilización occidental y lamentan tanto su innegable decadencia que casi les complacería verla para siempre devastada.

A todas estas, Albares, el ministro de Exteriores del gobierno frentepopulista (y ya decididamente corrupto, affaire Koldo y sus tentaculares derivaciones), deja caer en una reunión que España costearía en su totalidad el gasto que supondría el reconocimiento en la UE de algunas de las lenguas regionales que en España gozan del estatus de co-oficialidad, catalán, gallego y vascuence (incomprensiblemente silbo gomero y bable no entrarían en la mejora). Y las primeras negativas proceden, jarro de agua fría, de sus colegas letón y lituano, Krisjani Karis y Gabrielus Landsbergis. El primero aduce que hay otras cosas más importantes de las que ocuparse. Un hombre cabal. Y el segundo avisa del riesgo de contagio a otros países. Cita caso en carne propia: la lengua rusa que emplea comúnmente un segmento significativo de la población lituana. De tal suerte que podría darse la paradoja de que el ruso adquiriese, por similar procedimiento al catalán, el marchamo de lengua oficial de la UE. Nos referimos a dos mandatarios bálticos que, tiempo ha, eso nos dijeron reiteradamente en TV3, eran especialmente sensibles y receptivos a las aspiraciones de “nuestros” nacionalistas. Si tal sensibilidad hubo, por así decir, se disipó a fuerza de flirtear precisamente con el más declarado enemigo de sus soberanías nacionales: Vladimir Putin. Allí recurren al interfecto para asustar a los niños desobedientes. El Coco y el Hombre del Saco, con Putin en la palestra, no venden una escoba en Riga y en Vilna.

Para adecentar el proyecto a ojos vista de sus homólogos, y evitar un efecto mimético a escala continental con otras lenguas locales, no se le ocurrió mejor idea a Albares que declarar campanudamente que el español “era un caso único y excepcional y que el codiciado reconocimiento de oficialidad sólo habría de aplicarse a nuestras lenguas regionales”. Chimpún. No dio con mejor manera de certificar que la poliglota verbena era otra de las exigencias de sus socios parlamentarios para garantizar la investidura de su jefe de filas. Y aún se enredó con una oferta de ultimísima hora… una oferta que nadie en su sano juicio podría rechazar: limitar finalmente sus pretensiones a la lengua catalana. O cómo hacer de la chapuza más burda troncal elemento de la alta política internacional.  

La apuesta por la oficialidad plurilingüe precedió en pocas fechas a la misión europea destacada a Cataluña para comprobar in situ las innúmeras bondades de la inmersión obligatoria en la escuela pública, tolerada, cuando no defendida con el cuchillo entre los dientes, por los sucesivos gobiernos de la nación y por la blandenguería de todos los tribunales imaginables. Nunca la resistencia catalana agradecerá bastante a Maite Pagaza y a Jordi Cañas, entre otros, su denuncia infatigable en el parlamento de Estrasburgo de la iniquidad connatural a ese infame y suicida modelo educativo. Con todo, recibidos los comisionados por la Consejera de Educación, Anna Simó, explicó ésta a los comisionados, displicente y contrariada por su intromisión, que el alumnado catalán aprende el idioma español en un registro culto, académico… ¡¡¡Mirando la tele!!! Le faltó añadir, de conformidad con el argumentario habitual, que también adquiere un provechoso dominio de la materia trapicheando con drogas al menudeo por calles y plazas, flirteando en la discoteca y yendo de putas. Una cosa por otra, esta vez tuvo la decencia de omitir la inverosímil trola, recurrente en el relato de nacionalistas y asimilados (PSC), consistente en que nuestros chicos terminan sus estudios acreditando el mismo nivel en lengua española, con dos horas semanales, que los escolares burgaleses. Toma castaña.

Al tiempo que se escenificaba esa astracanada, es desenmascarada por los medios una espía letona al servicio de Putin, agente en nómina de la FSB (antigua KGB). Tatiana Zdanoka se llama la criatura, militante del PCUS durante veinte años, hasta la independencia de la república báltica. Ha formado parte de la bancada de Los Verdes-ALE en coalición hasta que fue expulsada del grupo parlamentario por apoyar la invasión de Ucrania. Esas son las credenciales de Zdanoka, acérrima enemiga de la independencia letona de la antigua URSS, hoy Rusia, y en el mismo grado defensora de la independencia de Cataluña. Ese activismo pro-indepe está sobradamente documentado, pues la hemos visto en incontables ocasiones respaldando a golpistas en activo, y fugados, y sosteniendo pancartitas del tipo Freedom for Catalonia, Spain, sit and talk y otras majaderías por el estilo. Tan a menudo que uno piensa que la interfecta tiene aquí segunda residencia y que a estas alturas es ya una consumada “boletaire” de trochas y sendas bergadanas, además de voluntariosa integrante de un “esbart dansaire” (**).

Identificada la espía, bien entendido que en una causa donde el golpe de Estado queda en sedición, sus promotores son indultados, y el delito amnistiado, donde el terrorismo desaparece y se convierte en “cuquiterrorismo” de baja intensidad, el espionaje se aminora tanto que no pasa de chafardería en una corrala de vecinos, irrumpe Putin en escena y lanza una “fatwa” (o “fetua”) post-comunista contra Kaja Kallas, la primer ministro estonia. La dama está en busca y captura desde hace un par de semanas y uno se figura que si es mujer cabal ya habrá adoptado las pertinentes disposiciones testamentarias. Y haría bien en no darle la espalda a Zdanoka.

Por lo que sé, las capitales bálticas son un destino turístico en auge y al parecer allí el coste de la vida es ventajoso a nuestro poder adquisitivo, de tal suerte que sopeso la idea de viajar hasta Tallín, la capital estonia, una ciudad con un casco histórico medieval que es una maravilla, dicen. Y a no mucho tardar, antes de que el polonio jubile anticipadamente a la señora Kallas y de que las divisiones acorazadas del oso ruso atraviesen la frontera.

(*)   “La revolución de las sonrisas”

(**) “Grupo de bailes tradicionales”

El bien y el mal. Tatiana Zdanoka y Kaja Kallas. ¿Irán de la mano belleza y virtud? ¿Quién es quién?

El poli de la porra

Hará cosa de un par de semanas asomó la cabeza entre la cartelería callejera de mi barrio (Pueblo Seco), copada de condenas a Israel y apoyo incondicional a los terroristas de Hamás, una pieza dedicada, arrea, a Daniel Hermoso, agente del Cuerpo Nacional de Policía infiltrado en los ambientes extremistas afines a CUP. La noticia tuvo eco tiempo atrás, un año como poco. El caso trajo bastante “cola”, y nunca mejor dicho, pues la “cola” fue la herramienta que empleó el heroico agente para hacerse un hueco en ese mundillo.

Los autores del cartel (se reproduce en esta tractorada) daban la consigna de difundirlo por las redes y exhibirlo en centros cívicos y vecinales de la cuerda, es decir, todos, siempre dispuestos a ese tipo de amenidades. El pasquín de marras incide en la supuesta condición de torturador del vilipendiado agente. No se aclara el tipo de torturas a las que sometió a sus víctimas indefensas, pero es sabido que éstas últimas le acusaron, una vez que fue “mordido” (en argot, descubierto o desenmascarado), de practicar con ellas sin compasión, valiéndose de zalemas, arrumacos y promesas de amor eterno, la “tortura emocional”. Como dicen ahora los voceros de la ideología de género, un “amor tóxico” y mendaz. Canalla, me has deshonrado… me quitaste la flor y ahora, si te he visto, no me acuerdo.

Los agentes del orden no pasan por su mejor momento. Hemos tenido un vicepresidente que no ha mucho tiempo confesaba, con los ojos entelados por el llanto, que se emocionaba viendo imágenes de policías antidisturbios pateados en el suelo en manifestaciones de la izquierda radical. El mismo que luego solicitaba trémulo toda la protección del mundo (la Guardia Civil caminera) cuando unos pocos ciudadanos se manifestaban sin cometer exceso alguno ante su casoplón en Galapagar, perpetrando la felonía atroz de ondear ante sus narices la bandera nacional. Tuvieron sanción disciplinaria agentes de los Mossos, sea el caso de la combativa Inma Alcolea o de aquel otro que alcanzó notoriedad con su lapidaria sentencia a un exaltado aborigenista: “La república no existe, idiota”.

Otros muchos fueron heridos de gravedad en los disturbios protagonizados por las enardecidas masas, teledirigidas desde el gobierno golpista de la Generalidad de Cataluña, en septiembre/ octubre de 2017 y altercados posteriores. Los días de vino y rosas de «la revolució dels somriures». Actos de extrema violencia que pasan hoy a denominarse “cuquiterrorismo”, de conformidad con las componendas que impulsa este inicuo gabinete para urdir la nefanda Ley de Amnistía a favor de sus socios parlamentarios. Agentes, además, humillados por el gobierno de aquella hora: el barco “Piolín/ Silvestre”, la segunda Armada Invencible, como patrocinado por las teleseries de animación infantil de la casa Warner. Recientemente, hemos sabido de la clamorosa desprotección de las patrullas que combaten el narcotráfico en el Estrecho y áreas colindantes, y del desmantelamiento de la unidad especializada en dicha materia por decisión del ministro Marlaska al dictado, acaso, del gobierno marroquí. El resultado: dos agentes asesinados en aguas de Barbate.

De modo que el agente Hermoso del CNP es un torturador. El apellido hace al monje. Pero la acusación no ha sido suficientemente acreditada, que sepamos. Cierto que se valió de la porra para socializar con sus víctimas, pero no de la reglamentaria, es decir, la porra recauchutada de su dotación para tundir la cocorota a los malhechores. Tampoco se ha probado que utilizara las esposas para inmovilizarlas y tenerlas a su merced. O que repartiera unos cachetitos en los cuartos traseros, idóneos, dicen los más refinados expertos en la ars amandi, para disciplinarlas y estimular el riego sanguíneo. Con todo, las torturas hipotéticas tienen la pinta de tratarse de “torturas” diferidas, pues el día de autos, o de implementación efectiva del suplicio, para entendernos, las víctimas no eran conscientes de su condición de tales. Muy al contrario, la sospecha generalizada apunta a que las muy incautas se prestaron de grado al tormento, con una actitud similar a la renuncia y al martirio de los primeros cristianos. Y que sus gruñidos y jadeos no fueron motivados por el dolor, precisamente, que habría de provocarles el manejo, sórdido, del punitivo “instrumental”.

Algunas mentes entenebrecidas por sombríos pensamientos aducen que en realidad fue el agente señalado por las “cuperas” despechadas la verdadera víctima, habida cuenta que el mecanismo elegido para su infiltración en ese nicho ideológico supone un esfuerzo titánico, agotador, una gran presencia de ánimo, templanza y coraje más allá de lo exigible, amén de indudables capacidades físicas y mentales para repetir el “operativo” sin desfallecer. Los hábitos de aseo comúnmente asociados al colectivo afectado, no invitan a las personas escrupulosas al trato más íntimo. No pudo el agente prescindir posteriormente, es cosa segura, de un fuerte apoyo psicológico para aminorar el desencadenamiento de un episodio de crisis mental, traumático, devastador. Amén de las preceptivas revisiones clínicas para descartar la aparición de un contagio venéreo.

Si no recuerdo mal, las víctimas “infiltradas” en carne propia alegaron a toro pasado que fueron utilizadas por el cansadamas, por el donjuán de incógnito. Que éste no fue sincero con ellas y que de andar avisadas de su profesión y sus aviesas intenciones, jamás habrían cedido a sus requerimientos galantes, ni habrían consentido los retozos, ni convertido su lecho en una improvisada cámara de torturas. Y habrían huido, como del diablo, de la “porra” criminal en perfecto estado de revista. Argumentos que fueron desoídos por el juez, pues entendió el ropón que las interfectas tenían edad suficiente para discernir si les convenía o no abrazarse al supuesto victimario y que, a fin de cuentas, la vida está plagada de engaños y decepciones, y que la mentira puede ser reprobable moralmente, pero no es un ilícito penal.

No seré yo quien lance una piedra contra el amante impostor por su recurso a las añagazas, pues recuerdo que en mi juventud, inconsciente y boba, para darme poleo e impresionar a las chicas, repetí en más de una ocasión que era capaz de retener el aire en la gola y modular unos versos, “¿Volverán las oscuras golondrinas de tu balcón sus nidos a colgar?”, en formato de eructo articulado. «¿Usted qué sabe hacer?». Pero lo cierto es que jamás completé a regüeldos los dos endecasílabos y, en definitiva, el torpe y ridículo subterfugio amatorio nunca tuvo éxito. Pero sé de otros y de sus ardites aún peores que el mío. Sólo que nada diré.

Mi consigna es: “Siempre con la porra a punto”. Si el servicio lo requiere, allá voy con todo, guapa. ¿Te torturo en tu casa o en la mía?

«Discapacitado constitucional» Urtasun (por el artículo 49)

Ernest Urtasun, ministro de Cultura del gobierno de “Pinganillo” Sánchez, es un «discapacitado intelectual» en toda la extensión constitucional del término. Si alguno de ustedes es seguidor del espacio radiofónico de Santiago González, “La república de los tonnntos” (en “es.Radio”), coincidirá conmigo en que el interfecto milita por sobrados méritos en esa nación tan populosa. Dispone de pasaporte “VIP”. En su caso, tonto es poco, un adjetivo de insuficiente alcance para definir al personaje. Urtasun se estrenó en el cargo rindiendo homenaje a la poetisa Gloria Fuertes al cumplirse “medio lustro” de su fallecimiento, esto es, según el ministro, la nadería de “veinticinco años”. Acaso tan curiosa notación remita a eso que ahora llaman “Matemáticas afectivas” con las que se pretende paliar el pésimo desempeño de nuestro alumnado en operaciones aritméticas tras el desolador informe PISA. Medio lustro: 25 años. Sensacional.

El apellido del “fistroministro” (*) me confunde de primeras, pues no sé por qué al punto se mezclan en el magín Urtain, el mocetón de Cestona, y Paulino Uzcudun, dos legendarios campeones del boxeo español. Para evitar traspiés le llamaré, sólo para este comentario, Tontasun, apelativo la mar de musical y que hace justicia a perla tan granada del nuevo gabinete. La importancia, titularía Óscar Wilde, de apellidarse Urtasun

Días antes de las últimas elecciones generales se rumoreó en los mentideros capitalinos que “Pinganillo” Sánchez rescataría a Ada Colau, la que fuera alcaldesa de Barcelona durante un par de inolvidables mandatos, para ofrecerle la cartera de Vivienda, ahí es nada. De tal suerte que, avalada por una gestión que ha dejado huella, lo que fue un estropicio local habría adquirido una dimensión nacional. Afortunadamente, la interpelada replicó que en ese momento de su vida no le apetecía desempeñar un cargo de esa naturaleza. Confiemos en que, para tranquilidad de todos, incluidos sus votantes, su “inapetencia” se prolongue indefinidamente ante cualesquiera desempeños que guarden relación directa con el manejo de fondos presupuestarios.

Hemos asistido recientemente a un caso similar, aunque de menor rango, pues la alcaldía de Barcelona o un ministerio son muy codiciadas piezas a cobrar. Se trata de un tal Serrano, amigo íntimo del presidente “amnistiador” que ha tenido la deferencia de arrasar Correos, hasta hoy empresa pública, y que ha sido recientemente recompensado con la capitanía de las Autopistas del Estado, también acaso con la secreta misión de hacer trizas toda la red viaria en una legislatura… por aquella antañona fobia que tienen las izquierdas radicalizadas a un paisanaje motorizado, pues eso de andar con vehículo propio es un lujo alienante y burgués que no debería permitirse el proletariado, habiendo como hay trenes y guaguas que, además, son menos contaminantes. Se dibuja en lontananza un futuro apocalíptico para la automoción a lo Mad Max con música de fondo de AC/DC: “Autopista al infierno… conduce Serrano».  

Se ha comentado en algunos medios, por el desconcierto que han provocado las muchas y delirantes declaraciones de Tontasun, y que en muy poco tiempo se ha labrado una envidiable reputación, que el nuevo dignatario procede de la antigua ICV, la formación ultracatalanista de izquierdas integrada hoy en Sumar (o en Podemos, o cualquiera sabe). Quiere ello decir, que habiendo declinado Colau la cartera ministerial, quizá por no colmar ésa (Vivienda) sus secretas aspiraciones, habida cuenta su valía e indiscutibles condiciones de estadista, la alcaldesa ha colado por cuota de partido a Tontasun. Como hizo con un tal Castells en el anterior ejecutivo, albaceteño de cuna y gran admirador de ETA, sustituido por otro de su cuerda, un tal Subirats, ambos a la par en su inane y prescindible mandato al frente de un así llamado Ministerio de Universidades. El interés que ha despertado la figura del “fistroministro” Tontasun ha llevado a los más meticones comentaristas a zambullirse en sus orígenes y han descubierto que el antedicho creció en el seno de una muy señalada familia barcelonesa de obediencia falangista. En el presente caso, la ejecutoria intelectual y política del joven Ernest supone una clara involución con respecto a sus mayores.

A Tontasun le desquicia, así lo ha confesado, que cada vez más jóvenes catalanes utilicen la lengua española en sus conversaciones privadas, de conformidad con lo que algunos estudios sociolingüísticos afirman sobre el particular. Los talibanes de la lengua catalana, Urtasun es uno de ellos, abominan de esta suerte de “traición” idiomática. Es sabido que la izquierda en general, y los comunistas especialmente, son partidarios de colarse en el ámbito de lo privado, de lo íntimo y doméstico para moldear a conciencia los hábitos del personal. Quieren saberlo todo de ti, en plan “Gran Hermano” orwelliano. Ignora el fistroministro (ya sin comillas) que, precisamente, crece la proporción de jóvenes que entre sí se comunican en español porque ven en el catalán una lengua antipática, la lengua de las prohibiciones, de las multas, de los profesores adscritos al adoctrinamiento, la lengua de los exámenes, del papeleo oficial, la lengua de la “Stasi” (Plataforma per la Llengua, “activistas” subvencionados con nuestros impuestos que espían a los niños en el recreo) y deciden huir de ese control asfíctico refugiándose en la lengua, hoy, de la libertad y de la disidencia heroica. Esa broma de que las lenguas son herramientas para la comunicación es un chiste viejo y apolillado. Son, en realidad, marcadores étnicos e instrumentos para erigir barreras entre personas y criterios de discriminación, acompañados, o no, de porrazos en la cabeza.

También arremete Urtasun contra la tradición museística. Una divisa que sorprenderá a algunos, pero que es uno de los vectores (léase cualquier ensayo de Douglas Murray) omnipresentes en las teorías de la cancelación y en la cosmovisión woke hegemónica en Occidente. Se trata de “descolonizar” museos. Ha enfatizado mucho esta melonada sublime en las últimas semanas. Los museos son herencia del pasado, artefactos “demodés”, templos del expolio y de las apropiaciones culturales, instituciones propias de los regímenes que han practicado el colonialismo. Hay que acabar con ellos, cerrarlos y devolver las piezas a sus tribus originarias, si se diera el caso. Por ejemplo, si nos encontramos en una vitrina del museo Etnológico con una máscara ceremonial de los masco-piros del Amazonas peruano o con un tocado de plumas de casuario de los antropófagos bimin-kuskusmin de Papúa-Nueva Guinea, se embalan y de vuelta a casa. A tomar por culo. Pero la fórmula habría de aplicarse a todo, lo mismo a la “Dama de Elche” que a las pinturas románicas que se exhiben en el Palacio Nacional de Montuïch y que habrían de regresarse al valle de Bohí y al Pallars Jussá (Jussà). A escala global, lo mismo sucedería con unos mármoles helenísticos en un museo ateniense (o londinense) encontrados, sea el caso, en el Epiro, habiéndose de dilucidar hoy si la pieza en cuestión se reintegra a Grecia o a Albania. Y así ad infinitum.

Tontasun se ha declarado fan de esos “activistas” que “vandalizan” obras de arte en museos, pegándose con cola a los marcos de celebradas obras, lanzando botes de pintura o inciertos y pegajosos engrudos, como hemos visto hace unos días en París. Por lo general esos iluminados eligen pinturas figurativas fácilmente reconocibles. Jamás atentan contra lienzos de Pollock o de Tápies, pues su airada intervención podría mejorar considerablemente la calidad artística de las composiciones, y ése no es el efecto perseguido. Tontasun es de los que aplauden con las orejas todas esas amenidades.

El fistroministro Tontasun es, sin la menor duda, la persona más incapaz que ha detentado un cargo público de cierta relevancia, superando a Montilla o a la alcaldesa Colau. Y eso que es nuevo en la plaza. Tonto, muy tonto, no malvado, que eso lo ignoro. Pues malvados y tontos, aquí por incultos, también los hay por batallones, sea el caso del mismísimo “Pinganillo” Sánchez, sólo que éste, aún ignorante, es un pillo de siete suelas sin escrúpulos.

Tontasun dará mucho juego en la medida en que su talante le impela a lucirse, que no sepa contenerse a la hora de hacer declaraciones si le colocan una alcachofa a tiro. Nos recuerda al ministro absolutista Calomarde, convertido artículo a artículo en un personaje odioso por Mariano José de Larra. Si Tontasun se mantiene fiel a sus principios será acreedor a tantos alfilerazos y metafóricas bofetadas como aquélla famosa que propinó la infanta Luisa Carlota a Calomarde al reponer éste la Ley Sálica. El ministro, dicen, replicó elegante aquello de “manos blancas no ofenden”. Una frase lapidaria y ocurrente que cancelaría Tontasun de grado alegando en la misma carga y sustancia racista y colonial.    

 

Que no, que lo repito una y mil veces, que me apellido Ibar… nada tengo que ver con el fistroministro Urtasun… al próximo que me relacione con ese botarate le arreo un guantazo que le dejo K.O, declaró el campeonísimo desde el cuadrilátero

(*) “Fistroministro”: neologismo inspirado en la lengua chiquitistaní creada por el llorado humorista Chiquito de la Calzada y dedicado a Ernest Urtasun por su torpeza colosal

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