Nuversidá d’ Estremaúra: Suma y sigue

Hace unos meses Dolça Catalunya publicó una noticia que suscitó mi interés. Comoquiera que son tantos los duelos y quebrantos de esta España nuestra, la gansada a la que hacía referencia pasó sin pena ni gloria. El ruido manicomial, como diría don José Pla, me distrajo y no pude dedicarle la tractorada que merece. Atenta la guardia: el “extremeñu”, o “estremeñu” (pues ambas formas coexisten en el documento que he tenido el honor de consultar), salta a la palestra entre vítores, rebuznos y evohés de alegría.

Una época hubo en que los dioses nacían en Extremadura (García Serrano), pero aun siendo cuna de grandes conquistadores, tan noble región no queda eximida de que en sus coordenadas nazcan a la vida idiotas verdaderamente formidables. Es el signo de los tiempos. Por qué no habría de contender Extremadura de tú a tú en paisanaje imbecilizado contra toda una Cataluña o contra las muy competitivas Vascongadas. ¿Acaso siempre han de ganar los mismos… como sucede en la Copa de Europa con el Real Madrid, que no deja una para los demás ni por caridad cristiana?

Asoma la patita entre idiomas, dialectos y hablares, el “estremeñu” en aras del reconocimiento que los publicistas de cualquier jerigonza pretenden. La hoja de ruta, es sabido, pasa por obtener rango de oficialidad, fundación de academias (con su plantilla de probos y seriecísimos académicos generosamente remunerados) y otras bagatelas: concursos literarios, prensa, rotulaciones comerciales so pena de multa e introducción paulatina o abrupta, cómo no, en el ámbito escolar. Y todo ello, con su inevitable secuela que es el establecimiento de barreras burocráticas (disposiciones administrativas concernientes, por ejemplo, a la consideración de la lengua cooficial como requisito para optar a una plaza en el funcionariado) que restringen el libre tránsito de personas por toda la geografía nacional, excepto para hacer turismo. Lo que ha sido dado en llamar “normalización de la lengua regional o lengua minorizada”… siempre por culpa, claro es, del infame dominio del español, esa lengua opresora e impuesta a bayonetazos… como los confinamientos domiciliarios en China durante la pandemia coronavírica.

Con todo, he de romper una lanza por esta novísima amenidad lingüística, el «estremeñu», pues por primera vez nos topamos con un presunto idioma que, en sentido estricto, no ubica su expresión oral en el aparato fonador, ni su versión escrita en una gramática, dado que el “estremeñu” se habla y escribe según a usted le salga de la “punta’l’nabo” (expresión de abigarrado cromatismo autóctono que llamaremos “extremeñismo”, como hay galicismos y anglicismos). Que equivale a decir cómo le salga a usted de los “quijiones” (extremeñismo de mi propio santiscario). Esta afirmación, si se quiere un pelín gruesa, quedará establecida indubitadamente unos párrafos más adelante.

Por otro lado, y ya metidos en harina: ¿Qué más da? Aquí todo vale. Si los hay de grado dispuestos a escolarizar a sus hijos, hablamos de la instrucción pública, en gallego (“tres al caldeiro”), vascuence (“bocadilloak de tortillak”), catalán (“pronoms febles”), fabla aragonesa (“tren cheolochico”) o eonaviego (“pitu caleya”)… ¿Por qué no en “estremeñu”? Se trata de que el 90% de los chicos que vengan al mundo reciban una pésima enseñanza, bajo nivel académico, ínfimo espíritu crítico, analfabetismo funcional, fracaso escolar garantizado, aprobado universal pese al suspenso de asignaturas y capacitación profesional básica, camareros o parados de larga duración. Que perciban paguitas no contributivas y cheques-ocio para jugar a los marcianitos y asistir a conciertos de esas más tontas que bellas cantatrices (y lo son un rato) promocionadas en “talent-shows” televisivos como OT (Aitana, Lola Índigo, etc). Y, por supuesto, que no salgan de su pueblo en la vida, salvo si estudiaron enfermería para trabajar en Londres. Y para todo ello, el “estremeñu”, deviene una herramienta eficacísima de “empaletamiento” colectivo y destrucción neuronal masiva.

Otra de las virtudes del “estremeñu”, ya lo insinué anteriormente, es la absoluta libertad creativa que confiere a sus hablantes y “escribientes”. En efecto, el “estremeñu” potencia como ninguna otra hablilla el albedrío individual. Hay tantos “estremeñus” (plural de la así denominada lengua) como extremeños vivos. Cada uno habla y escribe su propia variedad dialectal. Con dos “quijiones” (la expresión hace fortuna). Ítem más, incluso los no extremeños también pueden, por qué no, pues es un habla participativa e inclusiva, improvisar una nueva versión, hasta que el idioma sea un día fijado por un gramático de la talla de Nebrija y se formalice lo que podríamos llamar un “estremeñu batúa” o unificado. Para muestra un botón, recurrimos a un fragmento del enlace que figura al final de esta tractorada. En primer término, la comunicación original del autor en la pretensa lengua aborigen. Después la versión que hace de dicho texto al español. Y, por último, mi propia interpretación, que no vale menos que la suya.

Original.- Alas güenas. Tras de to esti tiempu sin pubrical paquí vos queremus cuental cosas güenas que mos án diu passandu a tola genti que estamus a afial las lenguas propias d’ Estremaúra: fala, estremeñu i portugués arrayanu. Sonin añus enos que amus recebíu la reconocencia entrenacional dela Nuversidá d’ Amsterdam, de la Capital Uropea dela Coltura, Leeuwarden, i, de contau la más importanti, dela Carta Uropea delas Lenguas del Conseju d’ Uropa.

Traducción al español.- ¡Buenas! Tras este tiempo sin publicar por aquí os queremos contar todas las cosas buenas que nos han ido pasando a toda la gente que estamos defendiendo las lenguas propias de Extremadura: fala, extremeño y portugués rayano. Son años en los que hemos recibido el reconocimiento internacional de la Universidad de Ámsterdam, de la Capital Europea de la Cultura, Leeuwarden, y, por supuesto la más importante, de la Carta Europea de las Lenguas del Consejo de Europa.

Algunos rasgos del texto cautivan especialmente. Sea el caso de la “ele” final en los infinitivos “pubrical” (publicar) y “cuental” (contar) que podría deberse, quién sabe, a la influencia del mandarín, pues también en Trujillo y en Navalmoral de la Mata hay bazares chinos de esos de “todo a un euro”. Otro elemento es la utilización de la “i” latina como conjunción copulativa en lugar de la “y” griega. No creo equivocarme si afirmo campanudamente que este rasgo obedece a la interconexión catalano-extremeña, dado el numeroso contingente de oriundos de la región que se afincaron en el área metropolitana de Barcelona en los 60 y 70 del siglo pasado, generándose préstamos y adopciones culturales en ambas direcciones. Me chifla la expresión “importanti” (penúltima línea del párrafo), que en mi opinión, admitiendo que no he cursado estudios de filología, se trata de un “grequismo”, que no helenismo, si no de la réplica exacta del gran éxito musical Te estoy amando “locamenti” de Las Grecas. No se quedará en el tintero la plasticidad, acaso un tanto rústica, del metaplasmo (estrújate -que da “esturújate” en estremeñu- las pelotas y chifla) o transposición de las consonantes en el grupo “rl” del título de la página web, “palramus”, cuando con un “parlamus” ya vamos servidos. Pero concedo que el “palramus” confiere al discurso un toque de cándido pintoresquismo y de una heterodoxia fonética muy conveniente para marcar perfil propio. Sin este tipo de pinceladas, el enlabio no cuela y a base de ocurrencias hay que vender la burra ciega si queremos lucrarnos del invento.

Mi propia versión (añada la suya, si le place).- Mungüenas. Endespués de tostitiempu sin pumblicá aquín, sus queremus endesir cosas mungüenas que nosam-pasau a toa la genti que sapelea pol·las linguas propias d’Estremaúra: fala, estremeñu i protugués de Protugal (acapital Lihboa (*)). Sunañus qui mos recebíu a reconocencia entrenacional dea Nuversidá d’Ásterdam (*), dea acapital Uropea dea Cultura, Leuvarda, i, discuntau, la másportanti, dea Carta Uropea deas linguas del Conseju d’ Uropa.

(*) He considero oportuno, con hallazgos como “Lihboa” y “Ásterdam”, a guisa de denominaciones toponímicas propias, darle mayor empaque a la lengua extremeña, pues todas las que se precian de tales han de contar con formas diferenciadas para designar países, ciudades y regiones foráneas, como en español decimos Londres para referirnos a London, en inglés se emplea Lisbon para Lisboa, o en catalán decimos y escribimos Cadis por Cádiz, tacita de plata.

No es amor de padre, pero creo que mi criatura no desmerece para nada el “estremeñu” del original, pues estamos ante un presunto idioma adornado con cualidades como la ductilidad, que habilita el arbitrio y el artificio y transmite una sensación metamórfica y proteica muy vigorosa. Lo que hablando a la pata la llana hemos denominado etiología punta’l’nábica. Un idioma que estimula, como no hay otro, la creatividad individual. Y reto aquí y ahora a los promotores de esta pendejada lingüística a que, si tienen dos quijiones, me digan a la cara que lo mío no es “estremeñu” bellotero, pero de verdad de la buena, o que es menos “estremeñu” que su engendro.

Eso de que las lenguas sirven para entenderse es una milonga, una trola como una catedral gótica. Las lenguas sirven, sobre todo las cooficiales o regionales, para crear agravios, distinciones y diversidad de derechos civiles y políticos entre ciudadanos. Separan a la gente. Crean barreras, como aquellas aduanas medievales, y aún posteriores, entre los antiguos reinos peninsulares que en la España de los austrias embarazaban el comercio e impedían el desarrollo de una nación moderna. Los portazgos, los “puertos secos” y demás trabas y martingalas forales que desesperaban al reformismo arbitrista (“reformación” llamaban a su ideario) del conde de Gondomar, Mariana o del propio Olivares, que se pasó toda su privanza al servicio de Felipe IV luchando contra semejante abominación… y perdió. Ahora las lenguas, estén más o menos documentadas, cumplen esa misma función a las mil maravillas. Es uno de los efectos colaterales de las inercias desviacionistas y fragmentarias de ese prefigurado monstruo en que se ha convertido el autonomismo. No podía ser otro el resultado final.

 https://blogs.hoy.es/palramus-extremenu/2020/11/21/la-renacencia-delas-lenguas-destremaura/

 

Alas güenas. So un bellotín mu’n’rollao… ¿Tú palras estremeñu? Yo lo palro como misale la punta’l’nabo. Si te guta, daguten, y sin non, a tomal pol culo (esto último, aunque lo parezca, no es mandarín).

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