Gerry Adams, El barbas

El Barbas es Gerry Adams, como El Gordo es Otegui. Así le llamaba su sobrina Aine Tyrrell, hija de su hermano Liam. Aine, una vez llegada a la edad adulta, confesó que su padre la había violado de manera persistente desde los 4 años de edad y por un período de 10. Liam perdió el interés en su hija al cumplir ésta los 14: a lo que se ve ya era muy mayor para las aficiones del degenerado pederasta. Su tito Gerry estaba al corriente de esa espeluznante e incestuosa aberración. El Barbas “blindó” a su hermano afiliándolo al Sinn Féin y tuvo la brillante ocurrencia de colocarlo como asesor “experimentado” en problemática específicamente infantil en un centro de asistencia público sito en el distrito electoral de Belfast del que Gerry Adams era diputado. Su hermanito Liam, salta a la vista, “daba” el perfil sobradamente.

Ese tan jugoso como nauseabundo episodio aparece detalladamente explicado en el excelente reportaje periodístico, ficcionado como una novela, de Patrick Radden Keefe, “No digas nada”, sobre el conflicto norirlandés, recomendado por mi abogado, y sin embargo amigo, Antonio Ramos. Una amena y al tiempo escalofriante lectura. Gerry le pidió a su sobrina que no dijera nada. Chitón. Sólo que la denuncia se hizo pública y el interfecto, como para exculpar a su hermano, contraatacó diciendo, fuera o no cierto, que su padre, ya fallecido, abusó en vida de todos sus hermanos, aunque a él, mira tú qué cosa, no le tocó un pelo jamás. Eso lo supo Gerry Adams, a buenas horas mangas verdes, cuando ya era mayor y faltaba su padre, el presunto abusador. Con esa suerte de táctica escapista pretendía decir a sus parroquianos: “El chico, Liam, reprodujo en su hija la conducta reprobable adquirida en la niñez”.

No es la única perla que retrata la miasmática bajeza de Gerry Adams. Otra nos dará una idea cabal de la felonía inconmensurable del personaje, según el testimonio de Ricky O’Rawe, portavoz en aquella hora, finales de 1980, de los terroristas del IRA encarcelados en la legendaria prisión de Long Kesh que se declararon en huelga de hambre. Bobby Sands era el cabecilla de la protesta. Según parece una de las reivindicaciones principales de los huelguistas era su negativa a vestir el mismo uniforme que los convictos de delitos comunes. Los miembros del IRA se consideraban “prisioneros de guerra” y exigían indumentaria diferenciada. Murieron los 10 huelguistas, de uno en uno, pues se acogieron a la protesta de manera escalonada para mantener la tensión con las autoridades británicas durante varias semanas y obtener un importante eco mediático a nivel internacional. Y lo consiguieron, hasta el punto que el gobierno Thatcher, tras las cuatro primeras muertes, cedió y mantuvo discretas conversaciones en las que O’Rawe participó muy activamente.

Se atenderían algunas de sus reivindicaciones. El portavoz de los huelguistas trasladó la información a la cúpula del IRA… ¿Y qué dijo Adams? Que nones. Que resistieran. La consigna, pues, continuar con la huelga, pero una huelga de verdad, no como aquella de De Juana Chaos que hundía la tripa para que se le marcaran los costillares y que aún guardaba redaños suficientes para darse un meneo con su novia en la misma habitación del hospital. Murieron todos y a los funerales asistieron miles de personas: una campaña electoral del quince para, efectivamente, reforzar la presencia del Sinn Féin en el parlamento regional del Ulster. Adams pudo evitar la muerte de 6 de los 10 terroristas, pero no le salió de sus luengas barbas.

Para mí tengo que Gerry Adams es un sujeto, en la escala de la monstruosidad, más repugnante, si cabe, que Arnaldo Otegui, tal cual lo digo. Son grandes amigos y no pocas veces se les ha visto juntos transmitiendo imagen de gran camaradería, tanta como aquélla instantánea de Idoia Mendía brindando con el líder batasuno. Entre monstruos fluye la química que es un contento.

Meses atrás emitieron “El viaje” en TVE 2 (véase la tractorada de idéntico nombre), una película sensacional, producción BBC, que relata el viaje en coche, chófer del MI 5, del republicano Martin McGuiness y del lealista Ian Paisley preparado por la inteligencia británica para desbloquear las conversaciones de paz a cuatro bandas entre republicanos, unionistas, y gobiernos británico e irlandés. Cuando aparece El Barbas en escena, Tony Blair mueve la colita como un chucho faldero ante el siniestro personaje. Sintomáticamente, el personaje que encarna a Gerry Adams apenas dice esta boca es mía, mantiene una actitud hierática y a mucho tirar bisbisea algo a los oídos de otros figurantes, quedando retratado como un intrigante redomado, mientras pasa las cuentas del rosario que trae en el bolsillo de la americana.

De Gerry Adams echan pestes quienes más estrechamente le trataron: sus lugartenientes Brendan Hugues y Dolours Price, según se desprende de las pesquisas del autor de “No digas nada”. Se sintieron traicionados por su, otrora, jefe y amigo. Cuando llega la hora de la negociación y del pacto, el tránsito del bombazo a la moqueta y al coche oficial, los elementos “combativos” de la organización (esos que manchan el pasamontañas con el barro del camino) quedan relegados a un segundo plano. Su presencia demasiado visible es un estorbo y hay que esconderlos en un zulo, en el sótano, en la caseta de feria donde lleva su existencia sórdida y miserable el “freak” del circo, y marcar distancias con ellos. Gerry Adams cortó los lazos que a ellos le unían para labrarse una “respetable” carrera política.

Pero también “escondió” a alguna de sus víctimas, sea el caso de Jean McConville, viuda y madre de 10 hijos, ahí es nada, acusada por el IRA de actuar como informadora del enemigo. En efecto, Jean McConville fue secuestrada ante sus hijos por elementos armados tras las habladurías del vecindario, trasladada al otro lado de la frontera y asesinada. Adams impuso su criterio: contrariamente al procedimiento habitual, su cadáver no aparecería en la calle para escarmiento, ilustración y advertencia a otros informadores. Pero al tratarse de una mujer viuda y desvalida y que dejaría tras de sí una decuria de necesitados y lloriqueantes huerfanitos, era preferible, por la publicidad negativa que el hallazgo entrañaría, deshacerse de sus restos con absoluta discreción. Esa fue la decisión del taimado Adams. La misma que impuso ETA, por entonces Otegui era un mozalbete, con el secuestro, tortura (a uno de ellos le sacaron los ojos con un destornillador) y asesinato de tres muchachos gallegos confundidos con los agentes de una supuesta incursión policial en el País Vascofrancés. Humberto Foz, Fernando Quiroga y Jorge García tuvieron la desdichada ocurrencia de pasar a Francia, año 1973, para ver una peli prohibida en la España tardofranquista, “El último tango en París”, y de cruzarse en su camino con el comando del sanguinario Tomás Pérez Revilla.

Episodio novelado en “Una tumba en el aire” por Adolfo García Ortega. Los tres acabaron sus días en los sótanos del casucón rural, alrededores de San Juan de Luz, del siniestro y jesuítico Telesforo Monzón, que fuera consejero peneuvista del gobierno de Aguirre durante la Guerra Civil y uno de los fundadores de Herri Batasuna, para no saberse nada, hasta hoy, del paradero de sus despojos. A Pérez Revilla, Tomasón, el karma le devolvió sus fechorías despedazado por un bombazo del GAL, muriendo, no en el acto, sino al cabo de los días tras una espantosa agonía. Aún me dura la llorera.

La principal diferencia, entiendo yo, entre Adams y Otegui, más allá de que el segundo participó activamente en atentados terroristas (secuestro del empresario Luis Abaitua) y que por esa suerte de solidaridad y camaradería invocada entre “gudaris” en “lucha”, por muy ventajista que sea disparar tiros en la nuca a personas indefensas y activar explosivos con mando a distancia, jamás renegó de sus “compañeros de armas”, es que el dirigente del IRA, y luego del Sinn Féin, hubo de urdir él mismo su propio relato de hombre que execra la violencia y suspira por un acuerdo de paz.

Esa tarea “narrativa» se la ahorraron al etarra, pues aunque la búsqueda de una paz tramposeada, dirimida de tú a tú con el Estado opresor, siempre ha formado parte de la retórica de ETA, fueron otros quienes escribieron, como se dice ahora, el “relato” impostado de un Arnaldo Otegui como paladín de una aseada negociación política: “Otegui es un hombre de paz”. Eso fue lo que dijo el ex presidente Zapatero que, al enunciar semejante aserto, no tuvo presentes a los militantes socialistas quemados vivos a cócteles molotov en Portugalete por los “chicos de la gasolina” del comando Mendeku. Al blanquear a “Otegui” se mancha de mugre el “blanqueador”. Se produce, inevitablemente, una transferencia de suciedad moral, o mejor un contagio, pues el foco que irradia la suciedad mantiene intacta su roña y cazcarrias.

Pensando en Zapatero y en Otegui, también en el tiranuelo bolivariano de Maduro (leo en la prensa digital: al menos 3.000 asesinatos políticos perpetrados por el régimen chavista en 2020 al abrigo de la pandemia), me viene a las mientes esa secuencia de Dennis Hopper en “Blue velvet” de David Lynch, una película de culto. El gran actor encarna a un psicópata asesino que va a todas partes con su máscara de drogota inhalador de gas. Se arrodilla ante Isabella Rossellini para captar embriagadoras esencias. Ahí veo yo a Zapatero, hincado de hinojos ante Otegui (y ahora Maduro) para, a espaldas vueltas, salaz y lacayunamente, regocijarse aspirando vergonzantes emanaciones. Un papel que le va pintiparado.   

Arnaldo Otegi con Jerry Adams en una imagen publicada en su Twitter

Tal para cual. «¿Tú que eres… más de bombazos o de tiros en la nuca?». «Lo de jean McConville fue una pasada, Gerry». «Nada comparado con lo de Portugalete: de lujo, Arnaldo».

Tal para cual. «¿Tú que eres… más de bombazos o de tiros en la nuca?». «Lo de Jean McConville fue una pasada, Gerry». «Pues lo de Portugalete no estuvo del todo mal, Arnaldo».

PS.- Salgo a “cronocaminar” por Montjuïch, minutos antes de las 09h 30’ y ahí está Ousmane, el senegalés (véase “Somos el comunismo”), rodeado por, al menos, seis agentes de la Guardia Urbana. No sé qué traman, pero el hombre va camino, mínimo, de un año residiendo en su chabola de cartonajes junto a la entrada regia del Palacio de la Agricultura. ¿A santo de qué y ahora ese despliegue policial? Paso junto a ellos como una exhalación, tarareando “Le boudin”, y rompo una lanza en favor de Ousmane: “¡Dejadle tranquilo… lleva meses ahí!… ¡Id a detener a la Colau, que ésa sí es un peligro público!”. ¿En qué habrá quedado el complejo operativo de las fuerzas del orden… ocupadas estos días en permitir el saqueo de Barcelona por las hordas “haselitas”? Espero averiguarlo en próximas “cronocaminatas”.   

«Todos somos culpables», fra-Casado dixit

La consigna es “confundirse con el paisaje”. Ésa es una de las señas de identidad del PP. Cuando Aznar necesitó los votos de CiU para amarrar la investidura (Pacto del Majestic), no dudó en sacrificar a Vidal-Quadras que, en aquellos años de absoluta hegemonía de discurso localista, fue el primer político catalán que incomodó, y de qué manera, al Molt Honorable Ubú President.

Recuerdo perfectamente las elecciones autonómicas de 1.995. Un servidor estaba por la abstención, pero me bastó que Àngel Colom, líder en aquella hora de ERC, dijera que los catalanes no deberían permitir que el PP recibiera más papeletas que el partido del President Companys, para activarme y acudir a las urnas. ERC partía de 11 escaños y obtuvo 13. El PP, con Vidal-Quadras como candidato, la bestia negra de los nacionalistas, más que dobló sus resultados pasando de 7 a 17. Es decir, 17 a 13: me sentí ganador por primera vez en mi vida. Vidal-Quadras, con su flema como británica, esa voz grave y aguardentosa y los alfilerazos que le metía a Ubú y compañía, despertó en mí el interés por la política regional, entendiendo que ésta, la catalana, es la almendra de la política a escala nacional.

Sólo que CiU exigió la cabeza del físico nuclear para llevar a Aznar a La Moncloa. Y le fue entregada en bandeja, como a Herodes la del Bautista. Obsequioso con sus nuevos aliados, el presidente del gobierno cerró, gesto de malísima voluntad e innecesaria claudicación, el Instituto Príncipe de Gerona, el único en toda Cataluña eximido de cumplir con el trágala de la inmersión obligatoria, pues la mayoría de sus alumnos eran hijos de militares.

En tiempos más recientes, desatadas las hostilidades del nacionalismo encampanado, ya con Artur Mas (Arturo en los papeles de Liechtenstein) y con el “proceso” de marras en marcha, la dupla formada por Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría retomó con empeño la senda envilecida del acomplejamiento y del apaciguamiento ante el particularismo levantisco. Vimos a Junqueras administrando un relajante masaje cervical a Soraya y al gobierno de la nación jurando y perjurando que no habría referéndum separatista. Y cuando lo hubo (a pares, en realidad), escurrió el bulto afirmando que “no había pasado nada”… es decir, nada de lo que había efectivamente pasado. Doctrina “negacionista” que, a posteriori, animó a la judicatura a definir el golpe de estado institucional perpetrado por el desleal gobierno de la Generalidad, tu quoque, Marchena, mediante la ocurrente fórmula sentenciadora, pelillos a la mar, de “la ensoñación ensoñadora… ¿Quién la ensoñará?”…

En esta reciente campaña coronavírica al parlamento regional hemos visto a Lorena Roldán (ex de C’s) en la lista del PPC y también a Eva Parera, que fue senadora convergente y partidaria en su día del “proceso ensoñado”. Todo un audaz golpe de mano para ampliar exponencialmente su base electoral y alzarse con unos estupendos resultados. Por si ello no bastara, y como por no dejar tecla sin tocar y puerta a la que llamar, la dirección del partido convocó a tres de sus activos más combativos para pasearlos, apenas unas horas, por calles y plazas catalanas, disfrazándose de Vox: Cayetana Álvarez de Toledo, Vidal-Quadras e Isabel Díaz Ayuso, tan ferozmente asediada por la izquierda como por sus propios: “Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros”. Acabará la pobre de tanto manoseo, es cosa segura, ingresada en el hospital Zendal donde “va la gente a adelgazar”, según Jorge Javier Vázquez, ese gran pro-homo, mejor que prohombre, de la progresía. Qué risa, tía Felisa.

Para cerrar plaza, valga por candidatura, el PP sitúa a Gay de Montellá, ex –Foment, para arrastrar a las masas hasta las urnas. Foment, la gran patronal autóctona, esa benemérita institución que, junto a otras sindicaturas empresariales, se ha dedicado durante más de 40 años, con una tenacidad digna de mejor causa, a engrasar la costosa maquinaria del nacionalismo promoviendo campañas y milongas “diferenciales” para mejor presionar a Madrid. Es decir, a cobijar y dar calorcito a esa viborilla “procesual” desagradecida que ha decidido arruinar por completo el tejido productivo de la región y ahora les obliga a hacer el petate y cambiar a correprisa la razón social de muchos de sus asociados.

Sólo que el efecto “Gay” era cosa del PSC: Iceta fue sustituido por el ministro-candidato Illa, trocando el efecto antedicho por el de la “prodigiosa gestión de la pandemia”, envidia de medio mundo. Contrariamente a lo esperado, el novedoso efecto no ha servido para que el PSC pasara de 17 a 0 diputados, como apuntaba el sentido común, si no de 17 a más de 30. Hecho que demuestra de manera irrefutable que la política local precisa para su correcta interpretación del concurso de sesudos especialistas en psicopatología de masas. Con todo, el efecto ya fue anunciado in illo tempore por Gloria Fuertes, visionaria cocida a gintonics, en formato poético de fábula esopiana:

Illa, la abubilla/ Le dijo a Iceta, la jineta/ “Iceta, majete, haz la maleta”/ “Illa, eres un jeta”, responde Iceta./ Y… ¿Quién gana? Illa, / Pues qué maravilla.

La guinda al pastel la pone el mismísimo Pablo fra-Casado ante los micrófonos de RAC-1, la emisora ultranacionalista del grupo Godó, ex -Grande de España. Allí fra-Casado, poseído por el espíritu del tancredismo rajoyesco, del inane “arriolismo” (“no hagas nada, no te muevas”, “quien resiste, gana”), se hace con la pilila un lío, se “le lengua la traba” y babeando copiosamente confiesa que “él no aprobó la intervención policial en la jornada del 01-O de 2017”, arrea, y que “todos somos culpables de lo que ha pasado en Cataluña”… pero… ¿No quedamos en que “no había pasado nada” y que todo fue una «figuración ensoñadora»?

De modo que, dice fra-Casado”, “todos somos culpables”, en aplicación de la Ley Vichinski (Vyshinski), Fiscal General de la URSS durante los célebres procesos de Moscú (década de los 30 del pasado siglo). “No queda probado que usted sea un contrarrevolucionario, pero lo podría ser en el futuro: es usted, o será, culpable. A Siberia”. Esta asunción individual de presuntas culpas colectivas que practica fra-Casado no es de mi agrado, pues uno en su modestia e insignificancia es reacio a las ideas de corte colectivista y anda vigilante antes de apuntarse a algo que implique a más personas: hay que ser exigente. Habrá querido decir ese lince de la política que él se sabe o se siente culpable. Si es por su pertenencia al partido que sustentaba al gobierno durante los hechos referenciados, habría de sentirse así, en efecto, pero por haber transigido y contemporizado blandamente con quienes atacaron la legalidad vigente desde las instituciones y fracturaron gravemente la convivencia.

Curiosamente, fra-Casado habla por todo el mundo. No obstante, quienes propiciaron aquellas lamentabilísimas jornadas, sin olvidar el triste aquelarre parlamentario de los días 6 y 7 de septiembre, no sólo no se sienten culpables de nada, sino que se enorgullecen de sus acciones (que, según hemos dicho, para la “Acorazada Aranzadi” fueron meras ensoñaciones, motines oníricos e hipnagógicas asonadas) y, lo mismo desde la cárcel-balneario de Lledoners, que desde el dorado exilio en Waterloo, se conjuran, así lo pregonan, para hacerlo otra vez. Luego, los auténticos culpables no lo son, o no se sienten tales, y quienes no habrían de sentirse culpables por tener de su lado la ley, lo son. El mundo al revés.  

En perfecta consonancia con lo antedicho, el PPC pasó de 4 escaños a 3, va de suyo, deslizándose peligrosamente hacia el sumidero de la irrelevante marginalidad extraparlamentaria, peleando a cara de perro un puñado de votos con el PACMA y con Recortes Cero. Y, todo ello con una participación bajísima, entendiéndose que su electorado más fiel le proporcionaría en ese caso unos resultados aceptables. Y, tras el fiasco… ¿En qué ha consistido la exhaustiva y penetrantísima autocrítica en los órganos dirigentes del partido? Pues en la mudanza de la embrujada sede. En efecto, el PP abandona la rúa del Percebe nº 13. Acabáramos. 

Fra-Casado y su alegre troupe no han entendido aún que quienes estamos a la derecha no somos voto cautivo y que usamos unas siglas sólo cuando sirven a nuestras ideas e intereses. Nada que ver con la gente de izquierdas o los nacionalistas viscerales: “Soy comunista y la bandera roja será mi sudario… y si el partido dice que le arranque las orejas a mi padre, voy y se las arranco de un mordisco”. O esos parroquianos aborigenistas que votan a partidos que actúan como marcadores étnicos, mejor etnoides, o tribales: Sempre he votat i votaré als nostres”. Nostres, “los nuestros”, en cualquier circunstancia y ocasión. Aunque les lleven al borde de un precipicio o les apedreen y descuajeringuen “la botiga”.

El votante del PP que está en su casa, que padece esa ingrata y cansina lacra del nacionalismo obligatorio desde hace 40 años, o la payasada de la inmersión en la escuela, que pone la tele que sufraga religiosamente con su contribución para sobresaltarse con las apariciones estelares de Pilar Rahola, que financia inútiles embajadillas en Berlín y Pernambuco, una NASA de pacotilla y las subvenciones a la prensa regimental, ha de interiorizar que en él reside la culpa de lo que ha pasado (aunque no pasó “nada”, supuestamente). La culpa es suya: toma castaña. Y descubre al fin que no ha votado a la derechita cobarde, sino a la derechita culpable.  

Si estarán mal las cosas en el PP que, horas después de las elecciones catalanas, salió Feijooó por la tele hablando, no lo creerán… ¡¡¡en español!!!… Feijooó es el alter egooó de la “ministra” Celaaá, que tiene la inteligenciaaá de un celaaácantooó. Es sabido que, cuando se juntan ambos, Feijooó habla en gallegooó y Celaaá en euskeraaá, mientras dan cuenta de un marmitakooó y de una ración de pulpooó a feiraaá, regados con un cuartillo de albariñooó y unos culines de sidraaá. Que se metan su complejo de culpaaá por la retambufaaá.

Génova 13: adviértase su parecido con la legendaria casa de Amityville

Justicia poética: «okupando» que es gerundio (II)

¿Qué habría de decir el hijo, aún de cortísima edad, seis o siete años, bien aleccionado de un progre de manual (*) en caso de que un sádico pederasta le secuestrara para abusar de él impune y cobardemente? Así concluyó la “tractorada” anterior. El escenario es conocido: un lúgubre tabuco donde ese monstruo abyecto perpetra sus crímenes aberrantes. Un niño sólo, completamente desorientado viviendo una pesadilla atroz que ni siquiera soportaría con entereza un adulto de templado espíritu. No puede invocar a “sus padres”, pues no «son suyos” en la misma medida que él no “es de aquéllos». Las cosas “son” y “no son”… como las casas, que aun estando inscritas a tu nombre en el registro de la propiedad quedan al albur de la real voluntad de los “okupas” (caso Gemma Galdón).

Hijo de progres secuestrado por un asesino a lo “carnicero de Rostov”: Adultos que me habéis engendrado y me tuteláis legalmente, habiendo estado nueve meses en la barriguita del componente femenino de la pareja… estoy solito en una choza inmunda y maloliente, pasando frío y miedo, con un señor malvado y feo que me quiere hacer pupa con instrumentos cortantes… por favor, rescatadme, sacadme de aquí… a partir de ahora seré bueno y aplicado en la escuela, lo prometo…

Con fecha 20 de enero de 2021, el gobierno de la nación (de naciones) ha modificado la Ley Antidesahucios evitando el “lanzamiento” (¿por la ventana?) de los “okupas” (moratoria hasta mayo del presente año por efecto de la pandemia), aun cuando hayan ejercido violencia sobre las cosas (la cerradura), pero nunca contra las personas. Quiere ello decir que si un “okupa” se cuela en una vivienda con sigilo, con nocturnidad, o por descuido (que el propietario haya dejado la puerta abierta), o aprovechando la ausencia de su legítimo dueño, queda amparado por el nuevo redactado de la ley (apartado 7 del artículo 1 bis, letras b y c), según nos explican en el enlace adjunto (uno entre los muchos “colgados” en los interneles).  

El autor del artículo, Eduardo Rodríguez de Brujón y Fernández, tanto gusto, sostiene lo que sigue: Por lo tanto, si la víctima se va a la compra y cuando vuelve hay un “okupa” dentro de su morada, aunque haya forzado la cerradura de la vivienda, como no ha intimidado ni ejercido violencia sobre la persona, no se le desahucia. Átame esa mosca por el rabo.

Ésta es la roñosa legislación que promueven Gemma Galdón (véase “Justicia poética (I)”) y sus amigos, y por extensión sus votantes y simpatizantes, pues si no los tuvieran, no tendríamos por qué asistir a semejante esperpento. Y Gemma, lloró desconsolada, derramando un “Orinoco” de lágrimas, como dijo el evasor al fisco Monedero cuando falleció su ídolo Hugo Chávez, aunque finalmente regularizó el dineral recibido por el régimen bolivariano (un supuesto estudio para evitar la “dolarización” de la economía venezolana) gracias a la deferencia que con él tuvo Cristóbal Montoro, de triste recuerdo.

De modo que, facilidades para “okupar” viviendas, todas, por voluntad expresa del legislador. ¿Qué hacer ante esa amenaza que pende sobre los propietarios, por modesto que sea su patrimonio? Muy sencillo. Hasta que no dispongamos de un gobierno de verdad, comprometido sin complejos con las vidas y haciendas de los administrados, cuando las segundas han sido adquiridas con arreglo a la ley, no quedan más bemoles que buscar una suerte de pacto, acuerdo o apaño con los “okupas”, pues el viento sopla a su favor. Sucede en estos aperreados tiempos: pareciera que para situar tus ideas y proyectos en el tablero del debate político es más rentable quemar contenedores que debatir o protestar civilizadamente… y si no que se lo pregunten al actual gobierno a colación de «la niña de sus ojos», el basuriento rapero Pablo Hásel (de apellido Rivadulla, nieto de un mando de la Guardia Civil que combatió al maquis en el Valle de Arán). A los “okupas” se les hace caso y se buscan “espacios” de diálogo y entendimiento. Y en cambio, a aquellos que con motivadas razones pretenden elegir lengua oficial de escolarización para “sus” hijos se les ignora completamente y se les tacha de “inadaptados sociales” (sea el caso de la finada Muriel Casals, Òdium Cultural, o del siniestro payaso Tortell Poltrona, el gemelo malvado de Pennywise), cuando no de “fachas” directamente. A la brava.

Se trataría, pues, de elaborar una suerte de catastro alternativo, con primeras y segundas residencias de cargos electos del PSOE y de Podemos, de militantes o simpatizantes destacados de ambas formaciones (artistas de toda laya, famosos varios tipo los Bardem, Wyoming, Dani Mateo, Jorge Javier Vázquez, Leticia Dolera, etc), de la mismísima Gemma Galdón, sin ir más lejos. Y, una vez recopilada esa información sensible, hacerla llegar a los corrillos “okupas”. ¿Por qué? Por dos sencillas razones. La primera, porque de ese modo se podría dirigir la “okupación” hacia objetivos razonables, por así decir. Por un lado se desviaría la dinámica “okupa” de las viviendas, primeras o segundas, de las personas que creen en el derecho a la propiedad como un valor angular e intrínsecamente unido a conceptos como libertad o democracia, lo mismo un profesional liberal que un trabajador que ha formado un modesto patrimonio pechando como un descosido. Y, por otro, tratándose de viviendas de progres de elevadas miras, es cosa casi segura que éstos jamás litigarían contra los “okupas” implicados en la “okupación” de sus viviendas, pues su ideología y su coherencia personal se lo impedirían.

Nos ahorraríamos reclamaciones, actuaciones policiales y causas en los tribunales, al copo de legajos apilados hasta el techo y pendientes de resolución. Los “okupas”, “okuparían” tan ricamente, dejarían tranquilas a las personas de bien, eliminando sus propiedades de la potencial “bolsa de okupaciones” y los progres se sentirían activísimos partícipes en la solución del intrincado problema social del parque inmobiliario, recreándose espiritualmente en su aquilatado sentido de la justicia y en su ilimitada bondad (infinitamente superior a la de sujetos despreciables que como yo somos más de derechas que el caballo de Atila y que, convertidos en una sentina de vicios, auténticos MBH, “Montón de Basura Heteropatriarcal”, todavía nos giramos por la calle para mirarle el trasero a las señoras… qué asssssco me doy). Progres “okupados” que renunciarían a causar molestias a los jueces con esas denuncias improcedentes, por un quítame allá esas pajas, y convivirían con sus nuevos amigos repartiéndose las habitaciones de buena gana y compartiendo fraternalmente espacios comunes o les cederían gustosamente las llaves para que, al fin, dispusieran de un lugar donde cobijarse del tiempo inclemente. Y todos contentos.

Ah, una cosa más. Últimamente los informativos-tv nos han servido imágenes de vecinos en algunas localidades que se conjuran para echar a “okupas” que se han instalado en la vivienda de uno de ellos. Tiempo atrás esto se vivía en soledad y silencio (como las hemorroides), con una suerte de consenso desesperanzado y derrotista: “No se puede hacer nada”. Pero ya no es así. La gente del común (no me refiero al “runrún de la calle” de los videos electorales de Inmacul-Ada Colau) ha entendido que si esto le pasa al vecino hoy, mañana me pasa a mí… “Y no me da la gana, porque me ha costado lo mío comprarme un pisito o un apartamento en la playa y no he de perder ni un minuto de mi vida en denuncias, ni un euro en abogados para defender y proteger lo que es obvio… que lo mío es mío y lo disfruto yo”. Pues bien, con el plan propuesto, también quedan sin efecto esas “manis” vecinales y de ese modo aprovechará cada uno su tiempo como mejor le parezca, sin perderlo en estas cabronadas. Por lo tanto, señores “okupas”: “okupen” viviendas si así lo desean, pero mucho mejor de gente como Gemma Galdón o de sus votantes que favorecen legislaciones “pro-okupa” y que les esperan con los brazos y las puertas abiertos.

Se impone, pues, como dicen los fifís, “implementar” un método de trabajo efectivo: elaborar el censo aludido, contactar con bandas “okupas” y entregarles la valiosa “info” para que acometan su parte del plan. ¿Y todo esto, quién, de qué manera y cuándo? Lo ignoro. Pero todo llega, del mismo modo que al agua siempre se abre camino cuesta abajo.

(*) Para una divertida y ocurrente definición de progre, acúdase al último capítulo del gamberroide “Manifiesto redneck”, de Jim Goad, que he leído con fruición por recomendación de mi abogado, y sin embargo amigo, Antonio Ramos.

PS.- Según información aparecida en diversos medios digitales, alrededor de un 40% de todas las “okupaciones” producidas en España en los últimos años se producen en Cataluña (17% del total de la población nacional).

Okupa que, en plena pandemia, cumple a rajatabla las restricciones a la movilidad cómodamente instalado en la vivienda de la podemita Gemma Galdón.

Justicia poética: «okupando» que es gerundio (I)

Hace unas semanas ocuparon un piso de Gemma Galdón Clavell, “miembra” del autodenominado Consejo Estatal de Podemos entre 2014-2016. Gemma lo inscribió en la llamada Bolsa de Vivienda Social de Barcelona. A lo que se ve, marcharon los inquilinos y a la hora de emprender una reforma para poner el pisito al día, zas, van unos “okupas” y se instalan en dicho domicilio. La podemita estaba desolada y quejicosa y así lo manifestó en las redes sociales: “No tengo palabras”.

Casualmente, sí tuvo palabras para definir el fenómeno de la “okupación” en una entrevista concedida al diario “EL País”: “Es parte de la solución al grave problema inmobiliario”, dijo siguiendo la estela de otra “pijiprogre” excelsa, Inma Mayol: “La “okupación” es un estilo de vida”. Además, Gemma se manifestó contraria al desalojo del santuario “okupa” de “Can Vies” durante el mandato de aquel bobo solemne de Xavier Trias, que sí tenía dinero a buen recaudo en el extranjero legado por su papi, sólo que él “no lo sabía” (falta de comunicación paterno-filial). Nuestra heroína ha llorado lo suyo por los rincones y se pregunta: “¿Por qué a mí… si soy amiguita de los “okupas”?… no es justo, buááá, buááá”.

Estamos ante un caso paradigmático de bellísima justicia poética. Soy un firme defensor del derecho a la propiedad, sea mucha o poca. Lo que tú te has ganado y adquirido en buena lid, con trabajo y ahorro, es tuyo y punto. Sea una mansión victoriana, las 19 viviendas de “Inmobiliaria Gran Wyoming” (que por fin regularizó el ricachón televisivo atizándole casi un millón de euros al fisco) o un modesto estudio, 40 m2, en El Raval. A pesar de lo dicho, me alegro, y mucho, de que a la “solidaria” Gemma Galdón le hayan dado un buen susto.

Es una incoherencia, pero como dijo Pablo Iglesias cuando le preguntaron por qué un comunista ortodoxo como él trabajaba en una TV financiada por la teocracia iraní (donde ahorcan a los homosexuales de grúas-pluma): “Todos tenemos contradicciones”, y así zanjó el debate. En efecto, no casa estar a favor del derecho a la propiedad y aplaudir una “okupación, lo admito. Pero ésta es la excepción que confirma la regla. Comoquiera que Gemma, en cambio, no está a favor del derecho a la propiedad, al menos de los demás, si los “okupas” allanan una vivienda para quedarse ahí a vivir y conculcan ese derecho, pues que el derecho conculcado sea el suyo, qué caramba. Mucho mejor que le “okupen” a ella que no a un trabajador jubilado de SEAT, por ejemplo, que adquirió su vivienda trabajando duro y echando más horas que un reloj y le dio la soldada para comprarse un apartamento en Castelldefels, segunda residencia, que dejará en herencia a sus hijos o nietos para que echen a andar en la vida.

Alguien me reprochará que una “tractorada” sobre las desventuras de una podemita “okupada” no es asunto que “ocupe” a un blog que pretende denunciar los atropellos del nacionalismo excluyente (redundancia), principalmente en el ámbito escolar a cuento de esa pestilente bahorrina que es la inmersión lingüística obligatoria en lenguas co-oficiales. Cierto, sólo que casi todo, pizca más o menos, está conectado: efecto “mariposa”. De entrada, la “okupación” es una de las banderas que enarbolan los progres, y los progres, enemigos supuestamente declarados de todas las discriminaciones censadas, en cambio transigen, toleran o se recrean con el bodrio ése de la inmersión, que es la discriminación lingüística por antonomasia.

Por otro lado, los progres echan pestes del derecho a la propiedad, aunque no pocos de ellos lo hacen efectivo adquiriendo diversas propiedades, muebles e inmuebles. Y ése es un derecho básico, que informa en buena parte el mismo concepto de “libertad”, y si el marco jurídico vigente y la práctica política no lo protegen, se abre la puerta a todo tipo de arbitrariedades e incumplimientos que no habrían de extrañarnos. Me explico: si compras una vivienda legalmente, pero no sirve de nada que firmes un contrato sancionado ante notario porque el primer andoba que pasa por ahí se cuela dentro, la hace suya, y no hay manera de echarlo, salvo litigando y gastando haberes en minutas de abogado… ¿Por qué crees que estará blindado para los restos el derecho a percibir una pensión tras una dilatada vida laboral? La percepción de la pensión está vinculada, no a un contrato, sino a muchos, todos aquellos que se formalizaron durante la vida activa del individuo… más difusos aun que uno de compra-venta.

Si quienes han de velar por la defensa de los derechos e intereses del ciudadano (aquello de “las vidas y haciendas”), dan por bueno que te “okupen” la vivienda porque es la supuesta «solución a un problema» que tú no has creado… ¿Qué te hace pensar que protegerán celosamente las pensiones que no dependen de un contrato registrado, sino de un principio tan vaporoso como es el de la “solidaridad intergeneracional” entre cotizantes? De tal modo que tú financias con las deducciones aplicadas en tu nómina las mensualidades que perciben los pensionados actuales y así devengas un derecho a percibir en el futuro una cantidad similar a la que has cotizado efectivamente y que se implementará, se supone, con las cotizaciones de los trabajadores posteriores. Por lo tanto, se trata de un derecho proyectivo, por así decirlo. Y lo satisfarás sólo si hay cotizantes y cotizaciones en número suficiente y gente responsable que gestione el mecanismo. ¿Garantizado?… Miau.

Cuando el derecho a la propiedad queda en suspenso (“okupación”), todos los demás, en plan efecto dominó, quedan en el limbo. Doy por cosa hecha que Gemma Galdón y sus compinches en el gobierno de coalición jamás excederán los registros expropiatorios insuperados de la China comunista durante la hambruna colosal que arrasó el país entre los años 1958/1962 a causa del llamado “Salto Adelante” planificado por Mao. El documentadísimo y aterrador ensayo de Frank Dikötter (*, pág.103), cuya lectura recomiendo vivamente, da noticia de la requisa a bayoneta de los excrementos humanos para darles uso como fertilizante. Li-Jing-quan, máximo dirigente del partido en el distrito de Sichuan, dio la consigna: “Vamos a colectivizar la mierda”, procediéndose a su incautación y almacenaje. Para los comunistas, pues, ni tus excrementos te pertenecen. No importa que esos residuos expulsados por la fase deyectiva del metabolismo hayan formado parte de ti, de tus propias células: que hayan sido tú. Es la enmienda a la totalidad de aquel chiste de cuando niños: “Se sube el telón y se ve una cagarruta con un puñal clavado, se baja el telón… ¿Cómo se titula la función?… “La maté porque era mía””. Ni hablar del peluquín, tus heces son, para el socialismo real, asunto de Estado.

Episodio que rivalizó en abracadabrante surrealismo con la guerra sin cuartel declarada a los gorriones en su condición de voraces competidores por el grano. Dando fe de su compromiso con las directrices gubernamentales, el distrito de Shangai proclamó triunfalmente que había eliminado, peso en báscula, 48.695’49 kgs de moscas (atención a los decimales), 930.486 ratas y 1.367.440 gorriones. Más de un millón de pajaritos exterminados de una tacada en un solo distrito (pág. 314). Hecatombe ornitológica.

Si no es tuya tu casa, ni tu huertecito, ni lo es tu caca, pues tampoco lo son tus hijos, qué diantre. Sí, son materiales heterogéneos, muy distintos entre sí, pero una cosa lleva a la otra, y la otra a la una. Dijo la ministraaaaá Celaaaaá que, puesto que los hijos no son de los padres (sólo les une el vínculo tutelar llamado “patria potestad”), nada tienen éstos que decidir acerca de la educación de los peques, que para eso ya está ella, y que mejor que nadie sabe lo que les conviene. Cuando Celaá dice que los hijos no son de los padres, no insinúa necesariamente que hayan sido engendrados por la plantilla itinerante de repartidores de butano a domicilio, sino que no son ni del padre, ni  de la madre, de ambos, en el sentido de que no hay derecho de propiedad sobre ellos, como sí lo hay sobre una aspiradora. Que no es lo mismo un niño que un electrodoméstico. Gracias, ministra, no se me habría ocurrido nunca. 

Sucede, no obstante, que si los hijos no son de los padres… pues los padres no son de los hijos. Los más redomados progres tipo Gemma Galdón, por consistencia doctrinal, harían bien en explicar a sus hijos, aún de corta edad, que en caso de ser secuestrados por un sádico pederasta que abrigara la criminal intención de mantenerlos cautivos en un sótano lúgubre para abusar de ellos asquerosamente y luego despedazarlos a hachazos (ha habido casos), no deberían de llamar a gritos a “su papá” o a “su mamá”, pues las partículas posesivas como “su” o “mi” deberían desterrarse del lenguaje por la perversión que operan sobre las relaciones paterno-filiales (**).

Temblores de agonía y una rabia incontrolable sacuden a las personas de bien ante casos tan atroces: un crío separado de sus mayores, desvalido y solo en la oscuridad de una covacha, pasando frío, sed, hambre, desorientado y sometido a las perrerías de un execrable monstruo para el que un pelotón de fusilamiento sería un fin demasiado honorable. Sujeto para el que los progres como Gemma, sus simpatizantes y votantes, no solicitarían jamás la reclusión a cadena perpetua, pues a ella se oponen invocando la monserga de la deseable reinserción y de la culpable y perturbadora sociedad. Salvo, claro es, que eso les sucediera a ellos, es decir, a sus hijos. Entonces, cuando se vive en carne propia una tragedia de esa magnitud, se activan los lagrimales y, buá, buá, lloramos a moco tendido… como cuando nos “okupan” la casa, aun siendo unos progres del carajo de la vela… y si no que se lo pregunten a nuestra amiga Gemma.     

Gorrión común: la bestia negra del execrable régimen maoísta

(*) “La gran hambruna en la China de Mao: Historia de la catástrofe más devastadora de China (1958-1962)”. Frank Dikötter. Ediciones Acantilado.

(**) Ver entrada siguiente.

¿Atentado «indiscriminado»?

Te instan a echar la vista atrás, pero muchos años atrás, olvidando el pasado reciente en favor de uno remoto. Pues del mismo modo que los atentados de ETA son agua pasada y el avatar político de la banda, Bildu, es un socio fiable y preferente del gobierno Sánchez-Iglesias, los crímenes de la Guerra Civil informan en cambio, siempre que se trate de los cometidos en la retaguardia nacional y durante la represión posterior al fin de las hostilidades, la más candente actualidad en virtud de la Ley de des-Memoria Histórica y del propósito evidente de deslegitimar a la derecha actual identificándola con el régimen franquista.

Por llevar la contraria me detendré en ETA. Algunos estereotipos periodísticos en aquellos años de atentados frecuentes me causaron siempre enojo y perplejidad. Expresiones del tipo “todos somos víctimas potenciales de ETA” y “ETA perpetra atentados indiscriminados”, las aborrecía especialmente, pues aunque se repetían a menudo y tenían una apariencia de consenso y de verosimilitud, siempre me parecieron disparejas a la realidad.

“Todos somos víctimas potenciales de ETA”, decían algunos políticos y periodistas de aquella hora… contra los que ETA no habría atentado jamás ni por error, pues a renglón seguido rompían una lanza en favor de la negociación con los pistoleros encapuchados y removían con sus equidistantes (o sea, sinuosas) opiniones el perolo donde habría de cocerse, chup-chup, un caldito indigesto aromatizado a diálogo y a servir en tazón humeante a la opinión pública. Había periodistas y periodistas, y mientras algunos estaban amenazados de verdad de la buena, con nombre y apellidos en una diana, otros hacían esas declaraciones grandilocuentes a costa del riesgo cierto que corrían los primeros a sabiendas de que a ellos no los “tocarían” jamás.

Si imaginamos por un momento que el aparato criminal de ETA estuviera activado hoy, no me figuro a ningún comando tras los pasos de Esther Melgosa, de ERC (véase “Los fenomenales chicos de ETA), para adosar una bomba-lapa a su automóvil, o detrás de Echenique para hacer lo propio en los bajos de su trasportín. Del gremio de los “plumíferos”, me asaltan nombres como Cintora o Antón Losada (al que, a Dios gracias, he perdido la pista) a guisa de ejemplo de informadores (pero no de la banda, entendámonos) eximidos de la ira de los asesinos.

Los atentados de ETA fueron siempre «discriminadores». Había unas consideraciones previas, “estudios de mercado”, cálculos “mínimo riesgo/ máximo beneficio”, que decidían a la cúpula terrorista a poner la bomba en un sitio y no en otro, y la bala en una nuca mejor que en otra. Y eso ya es “discriminar”… ¿O no?

Anunciaron incluso una “discriminación” geográfica. Para dar los pasos necesarios hacia un futuro escenario de ruptura con la Transición democrática, era necesario que separatismo vasco y catalán fueran a la par con la complacencia de un gobierno de la nación (de naciones) que habría de involucrarse en la dirección de ese ambicioso proyecto. Y, en efecto, mientras Zapatero en la oposición firmaba pactos anti-terroristas a la espera de sentarse en La Moncloa, daba por bueno el puente que la Generalidad tripartita de Cataluña, liderada por el PSC, tendía a ETA en Perpiñán: un nuevo estatuto de autonomía que fuera un caballo de Troya contra la unidad constitucional de España a cambio de meter los bombazos más allá del Ebro. Avisaba de ello Mayor Oreja siempre que tenía ocasión, pero la mayoría de los medios le llamaban cenizo, aguafiestas o “friki”. Al cabo de los años vemos que sus sombríos augurios han cuajado, bien que con otros personajes, pues estos procesos no se materializan de hoy para mañana y ZP, palanganero de Maduro, ha mutado en Pedro Sánchez.

Pero de siempre la discriminación formó parte del “modus operandi” de ETA. Es cierto que el bombazo en el Hipercor de Barcelona hirió y mató a quienes estaban en el aparcamiento del local en el instante de la explosión, fueran de una o de otra ganadería, indistintamente, y que el atentado lo mismo podría haberse ejecutado en Madrid, que en Valencia o Sevilla… pero no habría sucedido jamás en unos grandes almacenes, por ejemplo un Eroski, de Llodio o de Alsasua, pues por un sencillo cálculo de probabilidades el petardazo, en estas últimas localizaciones, podría haber despedazado a no pocos simpatizantes de la banda y votantes de su marca política. Que eran malos, pero no tontos, es decir, algo sí, pues tiene bemoles mezclar a Sabino Arana con Marx y Lenin (tan odiosos éstos como aquél, por supuesto), pero muy eficientes y aptos para optimizar previsiones de daños y dolor.

Cuando ETA quería causar un número de muertes considerable, sin atribuir valencia significativa a la identidad concreta de las víctimas, mandaba su comando allende las provincias vascas y Navarra. Alguien replicará al punto… “si usted dice que en ese caso no importaba la identidad concreta de las posibles víctimas, eran atentados indiscriminados”. Pues no, porque en ese supuesto se discriminaba por razón de cuna o residencia, como ya he apuntado. ETA no repartía esas boletas para la rifa en el vecindario, ni siquiera entre vascos no nacionalistas, de los que ya se ocuparía, desde luego, en atentados “ad hominem” o atentados “selectivos”. Pero lo que es la matanza, el asesinato múltiple, se cometía fuera de, digamos, “su jurisdicción”… por aquello de no indisponerse con sus parroquianos. Lo mismo que el violador no viola a la vecina del quinto, sino que se desplaza a otros territorios de caza donde no le conocen, ni el descuidero acecha a gente que reside en su misma calle.

Todos los asesinatos de ETA han sido “selectivos”, aun cuando se llevaran por delante a una docena de personas de una tacada. Me explico. ETA mataba a españoles, simple y llanamente. Incluyendo en dicha categoría a los vascos que consideraba traidores a su patria, es decir, a vascos no nacionalistas. Y en contadísimos casos dio matarile a algún integrante de la comunidad jeltzale, sea el caso del atentado mortal contra José María Korta, presidente de la patronal guipuzcoana Adegi y simpatizante del PNV.

En definitiva, ETA, como todas las organizaciones terroristas, selecciona siempre muy cuidadosamente contra quién, dónde y para qué perpetra un atentado. Selecciona a la Guardia Civil, no a un club de petanca, y pone un bombazo en la casa-cuartel de Vich. No importa a cuántos agentes mate (cuantos más, mejor, claro es), pero el objetivo claro es “Guardia Civil”. Lo mismo si lo hace contra un miembro de la judicatura. Elige “golpe a la judicatura” y lo personaliza en un magistrado que se haya mostrado inflexible en sus fallos contra miembros de la banda.

Por ello entiendo que en la mayoría de los casos en que se ha hablado de atentado “selectivo”, mejor sería decir “atentado personal”, “personalizado”, “individual” o “ad hominem”. Para corroborar lo dicho no hay más que acercarse a los “clásicos”, a las fuentes originales. En efecto, Pablo Iglesias, fundador del PSOE y único diputado socialista en aquellas Cortes, le espetó desde la tribuna de oradores a Antonio Maura, líder del partido conservador, que no le permitirían que volviera a presidir un gobierno y que si era preciso “llegarían al atentado personal” para impedirlo. Dos semanas después Maura sobrevivió, aunque herido, a un atentado terrorista.

“Atentado personal” sería una categoría apropiada para definir esa modalidad terrorista ciñéndonos al referido discurso de un reputado teórico en la materia. De modo que, por oposición, el “atentado personal” nos serviría de guía y pauta para denominar “atentado múltiple” al que se comete con la aviesa intención de asesinar a más personas, mejor que no “indiscriminado”, pues ninguno lo fue en sentido estricto según la tesis anterior.

Para otro día dejamos la insultante pampirolada de esos periodistas que al hablar de un atentado perpetrado por islamistas recurren a siniestras expresiones del tipo “terrorista suicida”, pues nunca se suicidan ellos solitos, ojalá lo hicieran. Por lo general “suicidan” a otras personas por el camino. O “terroristas inmolados”, que son los que se ofrecen en sacrificio para contentar a la divinidad, pero que tienen la fea costumbre de “inmolar a otros consigo” sin pedirles su opinión al respecto. Periodistas a los que “inmolaría” de buena gana a microfonazos en la cocorota. Ni siquiera tomo aquí en consideración a esa gentuza malvada que, como ZP el bolivariano, nos insta a llamar “terrorismo internacional” al “terrorismo islamista” para no connotar negativamente a los aguerridos yihadistas de la fe mahometana… no sea que se enfaden.  

Hoy florecen los terrorismos como salen al paso setas en otoño. El terrorismo “machista y heteropatriarcal”, si bien los asesinos funcionan como células aisladas, sin contacto entre sí, pero con el mandato colectivo, inscrito en el ADN testicular del macho asesino, de exterminar a las mujeres, cada uno a la suya, para al fin hallar la paz conyugal junto a cabras y ovejas. El terrorismo “medioambiental” de la piromanía o del envenenamiento de cursos fluviales. Cómo no, el “empresarial”. Hemos decidido, hemos acordado, obrero despedido, patrón colgado, cantan los piquetes de CGT, imbuidos del espíritu chekista de las antañona CNT-FAI. Cualquiera se arriesga a montar una zapatería ante semejante cantinela.

En fin, toda una retahíla de delitos horrendos que habrían de conllevar penas ejemplares, pero que no cuadran como supuestos “terrorismos”. Calificación abusiva, por lo que su invocación, se malicia uno, tiene por objeto banalizar el terrorismo de verdad, fundamentalmente el de ETA, hoy asociada a través de Bildu-Batasuna al gobierno de la nación.  

  

Pablo Iglesias Posse, fundador de UGT y del PSOE, a Antonio Maura: “Para impedir que usted vuelva a dirigir un gobierno, llegaremos si es preciso al atentado personal”. 140 años de honradez.

El síndico

Leo en una entrevista concedida a La Vanguardia que Rafael Ribó estudió, tras licenciarse en la Universidad de Barcelona, un máster en la New School for Social Research de Nueva York (1968-1970). Asistió a las clases de Hannah Arendt. Pues bien, en dos añitos, ahí es nada, no aprendió gran cosa de pensadora tan ilustre.

El síndico, militante del PSUC y artífice de la conversión del partido en Iniciativa per Catalunya, hoy Podemos a todos los efectos en su versión Colau, procede, para variar, de una familia pudiente y conservadora. No en vano su padre fue, al parecer, uno de los secretarios y asesores de Francisco Cambó, líder histórico de la derecha catalanista. He leído recientemente, y con auténtica delectación, las jugosas memorias del fundador de la Lliga y no recuerdo, no obstante, mención alguna al interfecto. Asimismo, no conozco cuáles fueron las vicisitudes de su “progenitor-A” durante la Guerra Civil y la posguerra, pero es cosa segura que durante el franquismo no le fue del todo mal.

Ribó hijo (Ribó jr., por su periplo neoyorquino, algo que estaba al alcance de todo el mundo en aquellos años, como es sabido), encarna a la perfección el complejo del “edipismo progre”: niño de casa bien que no renuncia a las ventajas de un patrimonio familiar importante que le permite adquirir una refinada educación para, entre otras cosas, promover luego la depauperación de la enseñanza pública para los demás con leyes birriosas como la LOGSE o la “celáááley”. Y, claro es, el nene se hace de izquierdas, pero muy de izquierdas para distanciarse del papaíto “lligaire”. O simbólico parricidio al gusto freudiano en clave ideológica.

Así sucede con la clase dirigente nativa. Se cuentan por docenas los personajes que rigen hoy nuestros destinos, de derecha o izquierda, pero todos alineados en la transversalidad nacionalista, herederos de prohombres adeptos al régimen franquista. Por ejemplo, son multitud los políticos de CDC (o como se llame ahora) y de ERC descendientes por filiación directa (hijos o nietos) de los alcaldes de la dictadura, especialmente en las comarcas del interior de Cataluña. La razón es obvia, gentes de la Lliga o de la Comunión Tradicionalista, sea el caso del alcalde de Verges, papá de Lluis Llach, que salvaron el pellejo durante la guerra fueron reclutados para ocupar las alcaldías “vacantes” en toda la región. Comoquiera que se vivía la política (o de la política) en el seno familiar, sus hijos le cogieron gustillo a la cosa y siguieron la misma senda, claro que cambiando de bandería con arreglo a los nuevos tiempos.

Es interminable la lista de politicastros, particularmente de signo aborigenista, cuyos padres o abuelos rindieron grandes servicios a la España nacional y victoriosa. Cabe decir que incluso muchos de esos alcaldes, tantos como 219, llegada la democracia se presentaron al refrendo en las primeras municipales y de ellos el 43%, casi la mitad, según informa Dolça Catalunya, en las listas de CiU, mira tú qué cosa… sea el caso nombrado de Josep Gomis, alcalde de Montblanch, o el más pintoresco de Forastero Vericat, alcalde de Camarles, que en su intrépida juventud combatió en la lejana Moscovia alistado en la División Azul.

Suma y sigue: el abuelo de Pere Aragonés, alcalde de Pineda de Mar que, más consecuente con su trayectoria, ingresó en las filas de AP, o la dupla “bisabuelo y abuelo” de la fugada Marta Rovira en la inhóspita Suiza, alcaldes, respectivamente, de Prats de Lluçanés y de Sant Pere de Torelló. Pero hay muchos más. Los anteriormente citados componen una reducida, aunque significativa muestra.

Pero volvamos al ínclito Ribó, el síndico de ignoto sindicato. Como síndico de agravios es una castaña pilonga, pero como viajero, un hacha. Viajero que no turista, pues los progres, como Alberto Garzón (luna de miel en Nueva Zelanda, ya saben, primera salida de la M-30 antes de llegar a Parla), no hacen turismo, es preciso recordarlo y, además, el turismo “no tiene valor añadido”, según el lince ministerial. Son personas que experimentan una fuerte empatía por las culturas visitadas, se imbuyen de sus singularidades y formas de vida y se enriquecen espiritualmente que es una barbaridad, lejos de todo contacto con burdas y estereotipadas experiencias de circuito programado.

Viaja Ribó por medio mundo a cargo del contribuyente acompañado de su más íntimo séquito, su jefa de gabinete, Judith Macaya, compartiendo suite en hoteles de lujo. Cuando digo que “viaja por medio mundo” es una forma de hablar, pues sólo en 2019, antes de que el coronavirus cerrara aeropuertos a cal y canto, se calcula que Ribó recorrió la friolera de 74.000 kilómetros, es decir, casi dos vueltas completas al mundo mundial: un hombre viajado. Es Ribó la encarnación del héroe verniano Phileas Fogg. ¿Cuántos kms no habrá echado a sus espaldas el insigne trotamundos desde el año 2004 en que accedió al cargo?

Fatigado del jet-lag, de las incomodidades de la clase bussines, de chequear maletas, de leer guías para viajeros (que no para turistas, insisto), siempre con “El cielo protector” de Paul Bowles en el equipaje de mano, corre a refugiarse unos días en su casita ceretana. Hay que entenderlo, es un trabajo duro, penoso y exigente… nunca sabe uno, qué lío, si está en un congreso internacional de “ombudsmanes” en Estocolmo o en una conferencia sobre derechos humanos en Montevideo. Pero hay que estar ahí por bemoles. Y por si eso no bastara, como aficionado culé está en la tediosa obligación de acudir a los palcos de todos los estadios donde juega el Barça sus partidos eurocoperos, lo mismo en el del parisino Parque de los Príncipes, que en el del Allianz Arena de Múnich. Dice el interfecto que las pingües facturas a satisfacer de estas últimas actividades tan interesantes para el procomún de la ciudadanía, salen del bolsillo de amigos suyos, no del contribuyente, vaya eso por delante. No hay nada como contar en tu círculo de confianza con tan desprendidos allegados.

A todo esto, como síndico, su misión consiste, por mandato estatutario, en la fiscalización de la acción del gobierno regional en su relación con los administrados. Es la instancia que da voz a estos últimos ante posibles abusos de autoridad o menoscabo de libertades. Quise decir “habría de consistir”, pues en realidad, especialmente desde el año 2010, su labor ha consistido en blindar al gobierno regional de las quejas de ese amplio segmento de la ciudadanía desatendida por el nacionalismo excluyente. Desde el inicio del traído y llevado “procés”, Ribó se ha quitado la careta, olvidado toda apariencia de imparcialidad y se ha ceñido la elástica regimental para convertirse en uno de sus apaniguados y sectarios esbirros y le hemos visto protestar airadamente por las imágenes de las cargas policiales del 01-0… en Turkmenistán… esas imágenes-fake, como se dice ahora, con las que el aparato de propaganda separatista colapsó las redes sociales, incluida esa tan difundida del chavalín con la cara ensangrentada por una acción, años ha, de los antidisturbios-Md’E durante una protesta estudiantil en Lérida.

De defensor del pueblo, con “d” minúscula, a defensor del gobierno, en todo momento y ocasión. Recordamos la cordial acogida que el síndico le brindó a López-Dóriga, presidente de la Asociación por la Tolerancia y uno de esos padres litigiosos contra la roña de la inmersión obligatoria en la escuela pública, que luego, a la hora de incomodar a la autoridad, quedó en un “si te he visto, no me acuerdo”. En definitiva, cayendo del lado de la discriminación y de la injusticia manifiesta, pues nadie que no sea un fanático liberticida, discute ya que la inmersión lingüística en la escuela es un bodrio repulsivo. Otra cosa es que el rechazo a ese miasmático engendro alcance casi al 90% de los catalanes, según la encuesta que para SCC (Sociedad Civil Catalana) ha elaborado (y cocinado) recientemente el instituto demoscópico GAD-3. No hay quién se la crea. El poder, por tiránico y malvado que sea, no puede mantener uno de los puntales de su hegemonía, el monolingüismo obligatorio, la joya de la corona, sustentado en la opinión favorable de algo menos de un pírrico 10% de la población. Los datos no cuadran.

Ojalá el promisorio balance de esa encuesta se correspondiese con la realidad, pero ya sabe uno quiénes son los Reyes Magos. Si así fuera, al PSUC (muñidor de las supuestas bondades de la “inmersión” a través de sus “pedagogos” allá por los años 70 del pasado siglo), es decir, a Ribó, sólo le habría votado Aitana Sánchez-Gijón, una de nuestras tan bellas como tonticuloides actrices. Tonticuloide por celuloide. En efecto, la refulgente y despampanante Aitana tenía a Ribó, entrevista que a uno le queda grabada en la memoria por la inverosímil estupidez del personaje, en un altar y le parecía un político la mar de interesante y con quien muy a gusto “se tomaría una copa”. Si se cumplen al fin sus deseos y tal cosa sucede, hablarán ambos de muchas cosas… sobre todo de viajes.        

Rafael Ribó posa para la prensa gráfica tras completar su vigésima vuelta al mundo y presenciar un partido del Barça en Dubai desde el palco de autoridades. Pep Guardiola y Xavi Hernández ejercieron de cicerones para el síndico entre los jeques del lugar y acudieron todos juntos a una soirée en palacio, donde a cimitarra, su anfitrión decapitó a varios presos, entre aplausos y refrescantes limonadas.

«Olentzero»: el fracaso de la inmersión

Los partidarios de la inmersión lingüística en cualquiera de las lenguas co-oficiales siempre nos han largado la inverosímil trola de que los chicos aprenden un registro académico y la mar de competente en español con las dos horas semanales que reserva el programa educativo a esa lengua. Se ha dicho, y está comprobado, que en Cataluña, en no pocas escuelas, la materia de Lengua Española ni siquiera se imparte en español. Bien entendido que incluso se apocopa en “castellana”, que es una mudanza “jibarizadora” que los españoles no deberíamos admitir, pues ni todos los españoles somos castellanos, ni la lengua española se habló antes en lo que hoy es Toledo o Madrid que en La Rioja, en la llanada alavesa o en buena parte de Aragón.

Esa gansada («con dos horas…») no resiste el menor análisis crítico. Basta con ver a Marta Rovira, de ERC, hoy fugada en Suiza, creo recordar, y en tiempos portavoz de su partido en el Congreso, subir al estrado y abrir la boca para constatar a los pocos segundos el fracaso absoluto de esa fórmula, además, liberticida, pues impide la escolarización de los niños en su lengua materna, cuando ésta es la española (lo mismo en Cataluña, que en Valencia, País Vasco, también Navarra, Baleares y Galicia) y que aún es oficial, aunque ya no “vehicular” por obra y gracia de laaá ministraaá Celaaá. Pero hay más pruebas de cargo.

Una de las más contundentes y recientes nos la ha servido en bandeja de plata el olentzero. ¿Quién diantre es el andoba ése? Un personaje navideño del folclore vasco. Se trata de un carbonero que da regalos a los niños… buenos, se supone, que para los malos tiene una buena reserva de carbón en la leñera. El “olentzero”, como el “tió” en Cataluña (este año también tenemos “tiones” por aquello del rigorismo femipodemita de la duplicación sexual) o el “apalpador” en Galicia, integran el listado de personajes solsticiales “emic”, o “kilómetro cero”, para gaudio y disfrute de los particularismos localistas, y son la excusa perfecta para proclamar especificidades y diferencias culturales que habrán de tener, para eso se invocan, su correspondiente traducción política en el difuso ámbito de la plurinacionalidad.

Cabe decir que el “apalpador” también es carbonero, ya saben, ese personaje de zonas rurales, un tanto “outsider” y antisocial que vive en el bosque, apartado de los demás, en la periferia de la comunidad… en esa densa bruma “celtiña” donde los chifletas nacionalistas como podencos olisquean la brisa en pos de Breogán. Se cuela furtivamente en las casas de las aldehuelas y les toca la barriguita a los niños, dejando a su paso castañas y otros regalos. Tal y como están las cosas, le recomendamos al “apalpador” que modifique sus hábitos o un día de estos acabará embreado, emplumado y descalabrado en una cuneta. Alicia Padín, la “normalizadora” del “inmersor” Feijooooó, alter egooooó de Celaaaaá, es una eficiente “apalpadora”, pues cuando dice que “las personas cultas habrían de hablar en público siempre en gallego”, fíjate tú, me “apalpa” y “arretuerce” briosamente las pelotas.

A lo que vamos, el “olentzero” de Lejona (Vizcaya) se ha dirigido por carta a los niños de esa localidad para pedirles que le manden la carta con el listado de regalos redactada en vascuence, pues él y su ayudante (una tal Mari Domingi) no entienden apenas el español y muchas de las cartas van directamente a la papelera. Se infiere de semejante confesión que el sistema educativo vasco es una castaña pilonga, pues en su vida adulta un segmento de dicha sociedad tiene un dominio mejorable, sea el caso del “olentzero”, de la lengua española, que es, por cierto, lengua mayoritaria en esas provincias.

Recordemos que el “olentzero” goza de un estatus algo ambiguo, pues no siendo un funcionario de carrera, se debe, no obstante, a toda la chiquillería, sea cual sea su lengua de referencia familiar. De haber recibido una enseñanza cabal, con muchas más horas y materias impartidas en español, el “olentzero” no tendría ahora ese problema. Pues el problema es suyo y no de los niños, angelitos, que redactan la carta en el idioma que mejor conocen y su deseo les dicta. Que para ellos la carta de regalos es como para un adulto el documento de formalización de un contrato de trabajo o de un préstamo hipotecario y cuando se trata de cosas muy serias no se perdonan confusiones, qué sé yo, a causa de un papelote emborronado en olteno-válaco o en eólico dulce.

Yo no sé qué tripa se le ha roto al “olentzero” ése de Lejona, si es simpatizante de Batasuna-Bildu, del PNV o del hombre del saco, pero lo que sí sé es que es un aprendiz de sacamantecas. Y un zoquete capaz de sacar purulento partido con algo así y de cizañar con toda esa cansina mugre aborigenista de los cojones, importándole una higa las ilusiones de los más peques en esa noche mágica. De estar yo en el pellejo de esos niños, no sabría qué hacer. ¿Quién te dice que si no te avienes a sus recomendaciones, por las buenas, y te empecinas en escribir la carta en español, aparece acaso tu nombre dentro de una diana en las paredes del pueblo… “Miguelón” (de cinco años de edad), “Pachi” o “Iker”? ¿Manejará el “talde” formado por el “olentzero” y la tal Mari Domingi su propia lista negra de niños refractarios a la “euskaldunización” navideña? 

A unos 25 kilómetros al noroeste de Valencia nos topamos con La Puebla de Vallbona, que es un pueblo del que nada sé, lo reconozco, pero que no visitaré en la vida, salvo causa de fuerza mayor. Allí el ayuntamiento se ha dirigido a los niños de 3 a 8 años de edad para que escriban la carta petitoria a los Reyes Magos en valenciano, directamente, así, con un par de limones. Cuando los Magos de Oriente pasan por las dependencias municipales de dicha localidad para leer las cartas y preparar el complejo operativo de los regalos, al parecer, se vuelven gagás, y siendo como son políglotas, versados en todos los idiomas que en el mundo son, de repente se les olvida el español, mira tú qué cosa. Les da una especie de embolia que afecta al hemisferio que focaliza la memoria idiomática y olvidan conceptos alambicados del tipo “muñeca que hace pis”, “camiseta oficial del Valencia Fútbol Club” o “coche teledirigido”. Tranquiliza saber que la imbecilidad y la mala baba no están supeditadas a estrictas coordenadas geográficas. No renuncio, por cierto, a comprender algún día qué cosa sea el valenciano.

Raro sería que, siendo catalanes, y viviendo bajo la tiranía del nacionalismo, auxiliado siempre por la progresía izquierdista en subalternas labores de mamporrería (podemitas y de nuevo, y con renovado brío, el PSC), ambiente y paisanaje no sirvieran una anécdota similar y tan edificante como las anteriores. Y la hemos hallado en Olot (provincia de Gerona). Allí el engendro excluyente se hace llamar “l’home dels nassos” (hombre narigudo). Se trata de un personaje mítico recubierto de narices heterotópicas que va perdiendo a razón de una por día a lo largo del año, de modo que socializa con los lugareños el 31 de diciembre, pues ya sólo le queda una, como a todo hijo de vecino (salvo ese friki que sacaron por la tele tras habérsela amputado para, según el fulano, parecerse a un extraterrestre, en efecto: ET, el gilipollas… narices que ya no podrá sonarse, por lo que habrá de extraer las mucosidades propiciadas por un catarro común con la cucharilla del café).

La noticia nos la sirve Dolça Catalunya. La versión indígena del hombre a una nariz pegado (hay tradición del mismo personaje en lugares como Tarragona, Figueras o Tarrasa) se negó a fotografiarse junto a un niño de cuatro años. Repito, cuatro años… y todo porque el padre de la criatura es Ignasi Mulleras, afiliado a VOX en la villa gerundense. Toma del frasco. El niño, según afirma el padre, se echó a llorar, pero eso no enterneció a “l’home dels nassos” que, por tres veces, y a causa de su militancia política, declinó dar satisfacción a la criatura. “No es no… por mis narices”, bien pudo decir esa miserable alimaña. Hay sintagma nominal para definir a la perfección la catadura moral del interfecto, que es, en su formato siglado y abreviado, un auténtico HdlGP.

Los niños son el oscuro objeto del deseo de los discursos identitarios… ah, los niños… aunque no necesariamente en una dimensión expresamente pedófila, pero sí es cierto que sus artífices no se paran en barras a la hora de promover normativas y restricciones que les afectan directamente. Les domina esa fijación meticona, obscena y enfermiza por las campañas a ellos destinadas y fundamentadas en la vigilancia y fiscalización de su conducta lingüística en tiempo de ocio. Que si “juga en català” y “al pati parla català”. Que si las cartas a los Reyes Magos o al “olentzero” de Lejona… o el extemporáneo veto del mamarracho ése de Olot a una criatura por la ideología de su padre.

Seamos conscientes de que el universo educativo, lo mismo en su vector académico, que en el festivo y extraescolar, está, en buena parte de España, en manos de esa gentuza maligna y excluyente, en odio doctorada.

Narigudo de Olot al pequeño Mulleras: “¡A ti ni foto ni caramelos… que tu padre es un facha y un españolazo de Vox!… ¡Y vete a llorar a tu puta casa, mocoso! ¡Que te jodan!”

Los fenomenales chicos de ETA

Hace ya muchos años, cuando RTVE no era Radiotelevisión Espantosa (Rosa María Mateo dixit), durante una conexión de corresponsalía un reportero le puso el micro delante de las narices a media docena de transeúntes que paseaban frente a la playa de La Concha. Una pareja madurita caminaba abrazada tan ricamente. El hombre con un jersey de punto doblado a la manera norteña (según el conocido chiste sobre la peculiar climatología vasca: entra un señor en una tienda y pide un jersey… “de qué talla lo quiere”, le pregunta el dependiente… “da lo mismo, es para llevarlo al hombro”). Al tiparraco ése le pregunta el periodista qué opina de ETA. Ni corto ni perezoso responde: “Esos chicos son unos fenómenos”.

Hace poco más de un mes, noviembre 2020, Esther Melgosa (*), dirigente de las juventudes de ERC, sumándose a esas voces que a todas horas blanquean a ETA y a su brazo político, antes Batasuna, ahora Bildu, afirmó en un tuit: “Quiero que vuelva ETA porque hizo muy buen trabajo («molt bona feina»)”. Ocurrió durante las negociaciones presupuestarias SánchezOtegui. La joven republicana es, pues eso, joven… y no tiene noticia de las matanzas de ETA. Podrá tenerla, en virtud de la Ley de (des-) Memoria Histórica, de la feroz represión en la retaguardia nacional durante la Guerra Civil y, posteriormente, de ese mismo bando, el vencedor, tras la victoria (pero de las chekas del Frente Popular y de los zulos de ETA, ni una palabra… de hecho, como tanta gente, piensa que las chekas son esas señoras que tienen por costumbre contraer nupcias con los checos). 

El blanqueo de ETA empezó cuando Zapatero dijo que Otegui “es un hombre de paz”. Felizmente apartado de la Presidencia del Gobierno, el interfecto se dedica ahora a blanquear a Nicolás Maduro. Como aficionado al «blanqueamiento» podría encalar paredes en Salobreña (pueblecito granadino de fachada deslumbrante, pues sus vecinos, por mandato municipal, están obligados a darle revoque a sus viviendas dos veces al año), o a blanquear dinero de los narcos emulando, eso dicen, al despreciable Gonzalo Boye, con turbio pasado y también presente como abogado defensor de Puigdemont, amén de editor de la revista satírica “Mongolia”. O a blanquearse el ano, directamente, afeite estético que está de moda entre el famoseo de Hollywood.

Valga decir que lo de Otegui y ETA fue un aperitivo, una bagatela para ese gran estadista de Zetapé. Hoy, repito, le lame el cerete con unción a un régimen acusado, según la OEA, de haber cometido al menos… ¡¡¡18.000 asesinatos políticos!!!… es decir, 20 veces más que ETA y en muchos menos años. Medalla olímpica al crimen genocida. Algún día sabremos de la magnitud del salario percibido por Zapatero, pues el “madurismo” caerá y se desclasificarán papeles. Si llega el día en que se juzgue en La Haya al chavismo por sus crímenes de lesa humanidad, acaso habría de comparecer ZP como imputado, en calidad de canciller plenipotenciario de esa dictadura sanguinaria, del mismo modo que en Nüremberg fue sentenciado a la horca el diplomático Joachim von Ribbentrop, que no mató a nadie con sus propias manos, que yo sepa, pero formó parte de la jerarquía nazi.   

Cuando la candorosa Esther Melgosa pide el regreso de ETA al tajo, “lo hizo fenomenal”, no sabemos si en su ánimo está la exclusión de Cataluña del área de actuación de la banda terrorista en ese hipotético regreso a los ruedos, que es lo que en Perpiñán pactó Carod-Rovira como presidente en funciones de la Generalidad por ausencia de Maragall. Pacta sunt servanda… hay que mantenerse en la palabra dada si queremos gozar de buena y seriecísima fama. En aquella misión de alta política, Carod-Rovira llevó consigo a un chofer muy versado en la materia tratada: Pere Bascompte, el fulano que ató a un árbol a Federico Jiménez Losantos (1981) y le pegó un tiro en la pierna.

Posiblemente Esther Melgosa habría de responder ante los tribunales por un delito de apología del terrorismo. No consta que la Fiscalía, quiá, haya actuado de oficio y con la celeridad que requiere el caso (Navidades 2020), pero la criatura siempre podrá alegar que ella opinó según oía a sus mayores en algunas tertulias radiofónicas o televisivas de estos tiempos tumultuosos en los que se dice que Bildu es un partido responsable y abierto a la negociación presupuestaria y que hace más por España y por la democracia (sic) que la oposición obstruccionista de la derecha extrema. O sea, que ETA y su entorno son “unos fenómenos”, como manifestara sin rubor aquel campanudo paseante ante las cámaras de RTVE… hace ya muchos años y con muchos atentados aún por perpetrarse.

Se infiere de todo ello que en su día nos equivocamos de medio a medio. No lo entendimos. No supimos leer lo que en realidad no eran atentados. Ni hablar del peluquín. Nos cegaba la rabia y el rencor, la furia del revanchismo, con el alma envenenada por la insana crispación y el deseo de venganza. Los árboles nos impidieron ver el bosque. Cuando el comando Mendeku, allá por 1987, arrojó unos cuantos cócteles molotov contra la “Casa del pueblo” de Portugalete y asesinó por abrasión a Maite Torrano, ama de casa, y a Félix Peña, trabajador de los astilleros en Sestao, ni de lejos atentaban contra los tales, ni contra otros ocho heridos de diversa consideración. Félix falleció a la semana del ataque en el hospital de Cruces, Unidad de Grandes Quemados, embalsamado en calmantes por vía parenteral. Qué atentado ni qué niño muerto.

En primera instancia Maite y Félix, envueltos en llamas y entre alaridos de un dolor indescriptible, parecen las víctimas de una salvajada, pero si analizamos el asunto más detenidamente (como ese concienzudo mirmicólogo que estudia sesudamente el atareado trajín de las hormiguitas en un terrario de cristal, con túneles y cámaras a la vista), vemos entonces que en realidad Mendeku proponía una enmienda parcial presupuestaria a las obras de canalización del arroyo de Lujua, subafluente del río Nervión. Sólo que en su día ese dato se nos escapó y eso que lo teníamos delante de nuestras narices, quizá algo aturdidas por el invasivo pestazo a gasolina de la ardiente coctelería. No captamos la honda, genuina y enriquecedora naturaleza deliberativa de esa singular “ekintza”. Ahora se ve fácil, a toro pasado, pero en su momento fallamos al descifrar las claves de tan sutil mensaje codificado. Estaban sentando las bases de diálogos futuros.

Todo hay que decirlo. ¿ Y qué diantre hacían Maite y Félix, y los demás militantes del PSE-PSOE, al otro lado de los cócteles molotov? ¿Por qué tenían que interponerse en la trayectoria parabólica, como de tiro de bombarda, del artefacto incendiario? ¿Es que no había otro bar en todo Portugalete donde echar una partidita a los naipes? ¿Tenían que estar ahí precisamente? De andar por el batzoki o por la herriko-taberna del pueblo no estarían muertos, pero, mira tú, se empeñaron en espicharla calcinaditos, en pasar por victimitas, bien achicharrados los nenes, y sólo por hacer quedar mal a esos chavalotes tan jatorras de Mendeku que, antes de quemarlos vivos, se habían pimplado unas copichuelas de coñac para insuflarse ánimos y ardor guerrero. Qué cruz… esas latosas víctimas siempre buscando la compasión, la lagrimita fácil de los demás. 

Lo de Miguel Ángel Blanco, otro que tal, también fue un espejismo. Nuestros sentidos nos jugaron una mala pasada. Vimos un atentado repugnante donde no lo hubo, con secuestro, víctima arrodillada, maniatada con alambre a la espalda y dos disparos en la cabeza con abundante desprendimiento de masa encefálica. Qué cortedad de miras, de entendimiento nublo y supeditado a la vulgaridad de las pulsiones más emotivas y pre-racionales. Qué falta de ponderación y de visión serena, amplia y distante de los acontecimientos. No hubo nada de todo eso. Ábalos y otros dirigentes del actual PSOE (Idoia Mendía, Odón Elorza, Chusito Eguiguren, etc) nos lo han recordado estos días con templado continente… no supimos entonces afilar debidamente nuestras herramientas analíticas, ni leer entre líneas. De haberlo hecho, habríamos entendido perfectamente que aquello fue una hábil transaccional para la construcción de dos pistas de tenis y otros equipamientos deportivos en la comarca del Alto Deva, deficitaria, al parecer, en esos tan necesarios servicios para la apacible y saludable vida comunal.

Evidencia tan palmaria a un lado… ¿El niño tenía que ser por narices concejal del PP en Ermua? Mira tú, qué caprichoso. ¿No podría haber sido simpatizante del PNV o de Eusko Alkartasuna? Pero no, tenía que ser del PP, provocando, jodiendo la marrana. De ese modo puso, y no es un truculento juego de palabras, a esos fenómenos de ETA “en el disparadero”. Eso que se habría ahorrado él y su familia… incluso sus asesinos, si me apuran, que habrían preferido tomarse unos chiquitos con los colegas en lugar de internarse en el bosque con el “hierro” cargado… qué lata… pues hay días en que no te apetece una mierda descerrajar tiros en la nuca de nadie. También asesinar da pereza y más si echan por la tele el partido del Athletic en San Mamés. Si bien es cierto que los etarras siempre han sabido compaginar los atentados con los vinitos, sólo es cuestión de organizarse un poco la agenda… en eso Bolinaga sentó cátedra. Y miles y miles de personas se habrían librado de asistir a aquellas manifestaciones con tanto nervio y tanta angustia a flor de piel, mirando el reloj a cada minuto como si no hubiera un mañana… para Miguel Ángel Blanco, claro. Manitas blancas, velitas encendidas, “No son vascos, que son de Calasparra” y otras amenidades sentimentaloides que a nada conducen.


Mensaje oculto de un atentado cualquiera de ETA: la impecable remodelación del jai-alai de Guernica.
 
(*) Me llega que a Esther Melogosa le han abierto expediente disciplinario en ERC. Es decir, un par de meses en la nevera, como esos árbitros que pitan mal un partido, para luego enchufarla en algún ignoto chiringuito a cargo del esfuerzo fiscal del contribuyente.   
 

Feliz Ñavidad (con eñe)

Esta “tractorada” es la última de la serie compuesta por “La borrascosa lengua impropia”, “Más ley tontaá, digo Celaá” y “Objetivo Madrid”

A

Un zepelín sobrevuela la Puerta del Sol de Madrid, kilómetro cero, con una eñe inscripta en la bandera nacional pintada sobre el fuselaje de la aeronave. La suelta de globos con la omnipresente eñe y las leyendas “Queremos estudiar en español en España”, “Libertad de elección de centro escolar”, “Derechos lingüísticos = Derechos civiles”, y otras de parecido tenor, alzan vuelo para saludar a la nave nodriza. Y parten escalonadamente, a las horas acordadas, las columnas de manifestantes, cada una según su itinerario fijado de antemano. Es un operativo como de comandos: “caballeros, sincronicen sus relojes”. No es un acto multitudinario, pero, como los tentáculos de un pulpo, alcanza los rincones más emblemáticos de la capital.

Llegan alentadoras noticias de provincias para aliñar debidamente el éxito de esta jornada festiva y reivindicativa. En Barcelona, los intrépidos componentes de un comando han engalanado al General Prim con una capa blanca, como de oficial de Regulares, y una eñe de grueso trazo para que puedan divisarla, a lo lejos, esos diablillos menores enclaustrados en el parlamento regional aledaño al Parque de la Ciudadela. La estatua ecuestre que fue derribada en 1.936 por los perdularios de la CNT-FAI jactándose de ello en documentos gráficos de la época. Es para no creer, pero unos valientes donde los haya, han dado parecido golpe de mano en el claustro de la catedral de Vic, rindiendo honores con la eñe levantisca al monumento funerario a Jaime Balmes.

En Gijón, la eñe sobre una bandera nacional rodea la peana del monumento a Jovellanos erigido en la plaza del 6 de Agosto. No muy lejos de allí, la estatua del espadario don Pelayo, frente a la basílica de Covadonga, se suma a la causa y una eñe amarrada al caudillo godo, a guisa de capa de armiño regia, ondea al viento. Sin duda, el acto es obra de los mismos que han suspendido a ambos lados de la cruz victoriosa que pende del puente de Cangas de Onís dos pendones laureados, uno con una eñe de España y otro con la erre de Reconquista, tal y como hacía Napoleón en sus blasones con la ene capitular del apellido. De norte a sur. La célula gaditana, muy activa, ha dejado su rastro de eñes en el oratorio de San Felipe Neri, donde se redactó la primera Constitución española y en la plaza de España, en la que se yergue el monumento conmemorativo de aquella histórica efeméride, y todo ello a pesar de la declarada hostilidad del alcalde podemita de la ciudad al que llaman “el Pichi” o “el Pirri”. No, “el Kiwi”. En la cordobesa plaza de La Trinidad, la estatua a Góngora ha despertado debidamente ornamentada.

En estas cosas nada pasa porque sí. Se ha liado parda porque hubo un ingente trabajo previo para calentar el ambiente. Notas de prensa de la sindicación de asociaciones que, por descontado, sólo tuvieron eco y complicidad en una parte del panorama mediático, es decir, Carlos Herrera, FJL y alguna cosita más. La comparecencia de la víspera ante medios de la prensa escrita con significados representantes de la Asociación por la Tolerancia, Más Plurales, AEB, Convivencia Cívica y otras. Los contactos previos con las autoridades municipales de la corte y villa. El beneplácito de alguno de los partidos políticos sondeados. Los mensajes en las redes sociales llamando a la movilización hasta llegar a ser trending topic: “Trae tu eñe a Madrid”, “Con eñe de España y eñe de coño”, “Libre elección de centro escolar”… y así por miles, esquivos al cálculo como la arena de la playa.

También se sumaron (por una vez) “celebritis” de diversos ámbitos mediante minivideos virales. Fue una delicia ver a deportistas de élite, los que se atrevieron, y algunos actores e intelectuales sumarse al reto de la “eñe”. La participación de Rafa Nadal arrastró a muchos. Feliciano López le replicó enseguida. Jugadores de la llamada ñ-BA y de lo mejorcito del baloncesto nacional, Felipón Reyes, muy significado, Sergio Llull, Rudy Fernández (los hermanos Gasol, sobre todo Pau, habrían querido participar pero se tentaron la ropa por el qué dirán), y deportistas de primera fila como Sergio Ramos, el portugués Luis Figo, ex-jugador de Barça y Madrid, Pepe Reina, Garbiñe Muguruza, Mireia Belmonte, Fernando Alonso, la saga de pilotos Saínz, padre e hijo, Carolina Marín, campeona mundial de bádminton, el velocista Orlando Ortega, de origen cubano y siempre tan agradecido a España, o la gimnasta ya retirada, y medalla olímpica, Almudena Cid. Y otros muchos (Miriam Gutiérrez, campeona de Europa de boxeo, predispuesta a noquear a los malos, o el golfista Fdez. Castaño), que se fueron sumando a la iniciativa con sus propios mensajes… “Estudiar en español en España, natural”, “Educación especial para mi hijo tan especial”, etc.

Artistas de variadas disciplinas… la cantante Malú, auxiliado por Albert Rivera, tiró la caña en el gremio y pescó no pocos rostros populares, entre ellos Alejandro Sanz. Andrés Calamaro, David Bisbal (que, titubeante, se lo pensó antes de dar uno de sus acrobáticos giros exhibiendo una eñe), Marta Sánchez, Loquillo, Alaska y Mario Vaquerizo, Ainhoa Arteta y Pitingo se alistaron de buena gana. Incluso gente del cine y del teatro, para no creerlo. Santiago Segura, «Flo», Santi Rodríguez (el entrañable frutero de “7 vidas”), Toni Cantó, José Luis Gil (el presidente de la disparatada comunidad de vecinos de “Aquí no hay quien viva”), Antonio Banderas (redimido con los años de haber pedido el voto en Cataluña para Iniciativa per Catalunya, ahora Podemos), José Luis Garci, Albert Boadella e Isabel Coixet. Personajes de muy distinta condición.

Y humoristas, escritores y diseñadores de moda. Vargas Llosa junto a Tamara Falcó. Lorenzo Caprile, Carmen Lomana, José Mota, Leo Harlem, el Mago More, muy sensibilizado con la supresión de la Educación Especial celaáaavita. Vicky Martín Berrocal (tan querida del gran público y que diseñará un vestido de faralaes y “luñares” para la próxima Feria de Abril post-coronavírica) o Boris Izaguirre. De todas partes y de todo un poco. Y alguna sorpresa de última hora (*). Incluso quiso apuntarse el inefable Viggo Tontensen,a quien le chifla la eñe y es partidario de la enseñanza en español en Estados Unidos y en Argentina… sólo que su señora, Ariadna Gil, le recordó que lo que está bien para Argentina, para España, no. Y que a él, como militante de la ANC, lo que le ha de gustar es la “ce cedilla” y la “o·o geminada”, que es esa jugosa vocal, aún no inventada, que atisba el gran actor cuando su dulce doña le acerca el escote a la nariz para que no olvide de qué lado está.

Claro que todo tiene su contrario y a esa corriente de simpatía se opuso la antipatía de no pocos cineastas, presentadores TV, chistosos y cantantes, no es necesario nombrarlos, pues son sobradamente conocidos, que contraprogramaron el evento e hicieron correr su mala baba por los sumideros del odio internauta: “De España, sólo el cine”, “ETA sí, eñe no”, “La calle y la escuela son nuestras… y tus hijos también”, “La eñe es facha”. Amén de aquellos que para acabar de posicionarse esperan a ver, a guisa de oráculo o directriz, las consignas sobre el particular recogidas en el editorial de “El País”, en los sermones de Farreras, Évole, Buenafuente y Wyoming, o en el último zutabe.

B

La columna que detiene su paso ante la sede del PSOE, calle Ferraz, para entregar el manifiesto y el cuestionario redactados por las entidades convocantes, es la misma que, antes de llegar a destino, pasó por la plaza de España para hacer una ofrenda al conjunto escultórico cervantino, uniendo a la quijotesca lanza del hidalgo errabundo una banderola con la eñe juramentada. Siempre guardando las distancias, más o menos disciplinadamente, y pertrechados con las preceptivas mascarillas, aunque la afectación de la pandemia no es la misma que en meses anteriores, toda vez que en abril-mayo de 2021 (fecha de la mani) ya lleva meses activada la campaña de vacunación. Tras visitar la “Casa del Pueblo”, la columna entra en el Parque del Oeste por Pintor Rosales y marcha por el Paseo de Ruperto Chapí en dirección al complejo de Moncloa. Allí se detiene ante un cuadro escénico que replica con figurantes la celebrada pintura de Goya sobre los fusilamientos del Dos (en realidad Tres) de Mayo. El personaje central, blusón blanco, brazos extendidos, es ejecutado por la eñe que luce en la pechera.

Que los diferentes partidos e instituciones inquiridos por la organización del evento reciban o no a sus delegados, es asunto de su elección. A tal efecto habrán recibido con antelación suficiente un burofax en el que se les anuncia la hora aproximada de llegada de la pacífica marcha a su razón social, de modo que en ningún caso aleguen desconocimiento. Los responsables de las columnas harán entrega del manifiesto y de un breve cuestionario en el que se solicitará su compromiso indubitable por escrito, con sello de la formación y firma de un destacado dirigente, con la defensa y blindaje legal de la enseñanza en español en toda España, la recuperación por parte del Estado de la competencia básica en Educación y su decidida permisión a la libre elección de centro escolar por parte de los padres. Con las respuestas obtenidas, los organizadores elaborarán posteriormente un informe que se dará a conocer a los medios de comunicación. A resultas del mismo cada partido e institución consultados obtendrá, o no, un certificado “eñe” de calidad y de inequívoca implicación, o no, con la nación española. Y que cada palo aguante su vela.

La columna que marche en dirección a calle Génova, sede del PP, con idéntica misión, y por afinidad de destinatarios, dará un pequeño rodeo para acercarse primeramente a la calle Casado del Casal, frontera al Museo del Prado, señas de la Delegación de la Xunta de Galicia en Madrid para intercambiar pareceres acerca de las edificantes declaraciones de la “normalizadora” Alicia Padín, “paladina” de Feijóo (**), de quien se solicitará su cese inmediato. Continuará hasta Cibeles para engalanar a la diosa con una bandera nacional y abrazarán a los musculados lomos de los leones que tiran del carro un envolvente lienzo con sendas eñes. Desde allí visitará la Puerta de Alcalá que lucirá para la ocasión una descomunal EÑE en su arco central y, en los ojos laterales, los retratos de los hermanos Machado, Antonio y Manuel, alineados en bandos opuestos durante la guerra fratricida, y no aquellos espantajos horripilantes de Stalin, Voroshilov y Litvinov, agasajo a la URSS, que colgaron las autoridades del Frente Popular durante la contienda.

La columna que se dirige a la sede de C’s, sita en calle de Alcalá, hará una parada técnica ante el Instituto Cervantes. Los expedicionarios harán bien en observar la advertencia “Cave canem” fijada al portalón de entrada. El director del instituto es, en la actualidad, Luis García Montero, meritorio poeta, dicen, que fuera candidato de IU a las elecciones regionales y hoy podemita acérrimo, además de gran admirador de la asesina Ana Julia Quezada, la energúmena que le dio matarile al niño Gabriel Cruz (Níjar, Almería). Comoquiera que Dios los cría y ellos se juntan, García Montero desposó a la escritora Almudena Grandes, y ése es el verso trisílabo, recitado en el altar, más incomprensible y desconcertante de su extensa obra: “sí, quiero”. Mucho estro poético y un “estrómago” a prueba de bombas. Y es que “Almu” está que echa fuego por las muelas porque al parecer le ha salido una hija falangista.

Una vez cruzado el puente de la M-30, a la altura de Ventas, para llegar a la sede antedicha y cumplido el trámite establecido en su «hoja de ruta», como dicen los fifís, y ya metidos en harina, continuarán un trecho más, alrededor de un kilómetro, para acercarse a Ciudad Lineal y personarse en la calle Virgen de la Fuencisla, nueva sede plurinacional de Podemos. Nuestros expedicionarios habrán de tomar todas las cautelas imaginables para no acabar siendo los chivos expiatorios de las pesquisas judiciales acerca del sobrecoste de las obras presuntamente fraudulento. Entregar manifiesto y cuestionario y salir zumbando.

La cuarta columna tomará la derrota de la Carrera de San Jerónimo y adornará con eñes y colores nacionales los broncíneos leones de las Cortes, para que los felinos rujan por España, con tronío, recordando su armígero pasado como baterías artilleras, tal que los versos patrióticos de Verdaguer: Bon fill d’Espanya, treballaré per ella/ esperant que es desvetlle son adormit lleó. No habrá más honorable atavío que ése en estas horas tumultuosas para el templo de la soberanía nacional… felonamente abierto de par en par a sus más enconados enemigos. Continuará su marcha hasta la RAE, laureando con eñes y banderas, primero la estatua de Cervantes en la confluencia de San Jerónimo con la calle del Prado y después, como se hizo en Cibeles, el tridente del dios Neptuno.

Tras cumplimentar a los académicos, que habrían de hacer honor a la noble divisa “limpia, fija y da esplendor”, que no es, aunque algunos de ellos lo piensen, un anuncio-tv de un producto de menaje del hogar, según esconden la cabeza bajo tierra como avestruces cuando se trata de proteger el derecho a la escolarización en lengua española, los juramentados, en columna, subirán hasta Cibeles y regresarán “dirección centro” por la calle de Alcalá hasta la sede del ministerio de Educación, guarida de Celaá e hito final de este periplo, donde plantarán sus reales, cortarán la calle y allí esperarán el retorno de las demás columnas. Se libra de la incómoda visita el ministerio de Universidades, pues se ignora su domicilio tanto como el paradero del titular de la cartera, un tal Castells, ministro de “cuota Colau”. Dicho sujeto se materializó hace un par de meses en un noticiero tv para desmentir el recurrente bulo sobre su naturaleza fantasmagórica y para lanzar un mensaje escatológico, apocalíptico: “El mundo se acaba”. Ésa fue su gran aportación doctrinal al tan necesario impulso que reclama nuestra Educación Superior, envidiada en todo el orbe planetario por el rigor de las titulaciones expedidas. Y se quedó tan pancho el gachó.

C

Por último la columna destacada a la sede de Vox, calle Bambú, la más retirada del centro y a ojo de buen cubero a eso de medio km de la estación de Chamartín, sentido nordeste, tomarán el metro, línea 1, en la misma Puerta del Sol y, sin transbordo, del tirón, se reencontrarán en Plaza de Castilla, nuevo punto de encuentro, y de ahí partirán como un solo hombre y como la fiel infantería, a golpe de calcetín, por no ser la única columna eximida de caminata, pues aquí se premia el esfuerzo, nada que ver con la ley tontaaá de la Celaaá, y hay que sudar la camiseta.

Pero hay más. Los comandos autónomos, cada uno con su objetivo preestablecido por la organización, harán lúdicamente de las suyas mientras las columnas marchan a sus destinos respectivos. Al ornato de la Puerta de Alcalá, de la estatua de Cervantes esquina Carrera de San Jerónimo, de Cibeles y Neptuno o de la quijotesca estampa ecuestre de Plaza de España, otrosí de las acciones reseñadas en provincias, hay que añadir al listado hitos de igual relevancia para tan alta ocasión. Por esa razón el Oso heráldico de la corte y villa y el Madroño, en la misma Puerta del Sol, se apuntan a la fiesta y blanden eñes y banderas nacionales, así como la cercana estatua ecuestre del mejor alcalde, el rey.

A Carlos III, se le une, en la Plaza Mayor, Felipe III, por no ser menos. De modo que Austrias y Borbones al fin a partir un piñón. Es el milagro obrado por la eñe. No se queda atrás la gliptoteca al aire libre de la Plaza de Oriente, con su marmórea pléyade de reyes visigodos y «nogodos» bajo la batuta ecuestre de Felipe IV, engalanado también. Con sus eñes y en formato de regia alineación balompédica aplaudiremos a Ataulfo bajo palos, en la zaga Eurico y Leovigildo, Suintila y Wamba por los laterales. En la medular don Pelayo, Wifredo el Velloso e Iñigo Arista de Pamplona llevando la manija del equipo. En línea de ataque, Fernán González de Castilla y Ramiro I de Aragón, y en punta una dama, galante deferencia, Sancha I de León. Un clásico 4-3-3. Y aprovechando que el Manzanares pasa por Madrid, nuestros comandos rendirán honores a la estatua a Lope, fénix de los ingenios, frente a los jardines Sabatini y a tiro de piedra de tanto monarca.

Tras el baño dinástico, otros prohombres de las letras españolas, bien que en efigie, se apuntan al evento: el busto de Mariano José de Larra, frontero a La Almudena y muy cerca de la Plaza de Oriente (visita obligada), la estatua pedestre de Quevedo, en la glorieta del mismo nombre, en la confluencia de Bravo Murillo y San Bernardo, el monumento a Pérez Galdós, flanco sur del Retiro, entre los más destacados… y no muy lejos de éste, a caballo sobre el estanque del retiro, la estatua de Alfonso XII de Benlliure, con profusión de eñes en el basamento y también alternadas con banderas nacionales a todo lo largo de la espléndida columnata. De la eñe no se libra ni la peana de la estatua de Velázquez que preside la entrada noble del Museo del Prado. Y con mayor motivo Calderón, en la céntrica plaza de Santa Ana.

Este es el sucinto resumen, en cuatro pinceladas, de la magnífica jornada que se celebrará en la capital del reino, una vez que aminore la virulencia de esta pandemia vírico-política que asola el país. La fecha prevista y posible, allá por abril-mayo, antes de que la Ley Celaá sea de plena y funesta aplicación en el curso 2021-2022. Cabe decir que las columnas estarán compuestas por unas 250 o 300 personas y que las distintas asociaciones convocantes, antes de marchar sobre Madrid, conocerán de antemano su misión y el recorrido asignado, con una previsión de horario para concurrir todos, finalmente, ante el ministerio de Educación donde se realizarán diferentes actividades y performances. El guión no está cerrado y se admiten modificaciones. En las grandes encrucijadas históricas hay que pensar a lo grande, como sostiene el gran «filósofo» Tony Montana (Al Pacino) en “El precio del poder”. El esbozo está hecho… y la suerte echada.

(*) El autor de esta “tractorada” tratará de convencer a Himar González, la chica “meteo” de Antena 3, para que en su video de desinteresado apoyo a la campaña, y à la façon de las chicas del colectivo FEMEN, sólo que por una buena causa, muestre sus esplendorosos senos tintados con sendas eñes, en plan body-painting. La tarea es ardua, pero el no ya lo tiene. A partir de ahí…

(**) Feijóo es ese señor que cuando comparece ante una cámara habla siempre en gallego. “Non” le diré en la bellísima y dulcísona lengua de “Las cantigas” de Alfonso X si, por esas cosas del destino, me pide el voto. 

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PS.- En la tractorada anterior, olvidamos un dato que da fe de la superlativa fealdad de Jaume Asens: es tan, pero tan feo, que ni siquiera Pablo “el moño” Iglesias tuvo el cuajo de darle un beso en la boca como sí hiciera con Domènech (morreo entre tiranos a lo “Honecker-Breznev”), anterior portavoz de la fracción “Colau” en el Congreso, del que nada sabemos, ni ganas.

Lo mejor de cada casa: Jaume Asens

En la versión catalana de Podemos ha recalado lo mejor de cada casa. Aquí, cómo no, la formación tiene sus características diferenciales, si bien no es necesariamente más separatista que el Podemos del País Vasco, de Galicia (subsumido electoralmente en el BNG, be-ene-gé) o que el  mismo aparato del Podemos más institucional y capitalino de Pablo Iglesias, admirador ferviente y babeante del universo “Bildu-ETA”. Una de esas características es la nutrida presencia de ilustres politólogos importados de Argentina, sea el caso de Gerardo Pisarello (“Picharelo”), que fue segundo de Colau en el gobierno consistorial y que protagonizó un memorable forcejeo en la balconada del ayuntamiento con Alberto Fernández Díaz para arrebatarle una bandera nacional, y que en la actualidad honra con su augusta presencia la Mesa del Congreso de los Diputados. Otro es, o mejor fue, Albano Dante Fachín, que ha llevado más lejos si cabe su atrabiliario odio a España, En Comú Podem (EcP) se le ha quedado corto, e integra en la actualidad la facción más fanatizada del nacionalismo favorable al fugado Puigdemont (su brigada cipaya junto a Ramón Cotarelo, Edu Reyes y Beatriz Talegón).

Pero no es poca la calidad política y humana que adorna a la formación. Además de Janet Sanz, heroína de la industria automovilística, o de la ejemplarizante asesora de performances mingitorias (véase “Barcelona: área de “decrecimiento” económico”), sabemos que Colau fichó a la insigne e inolvidable Inma Mayol (“la “okupación” es un estilo de vida”), terror de las boutiques de moda del Paseo de Gracia, como Directora municipal de Medio Ambiente con un sueldo, ahí es nada, de 107.000 € anuales, cuando estaba imputada, año 2019, por malversación de fondos públicos y delito ecológico al frente de la empresa pública Emaya de Palma de Mallorca. Y, arrea, continúa en el cargo, mientras Joan Saura, se supone, anda atareado en sacar las “caquitas del gato”, sin duda, uno de los más nobles e importantes cometidos de su singladura política y vital.

Pero  uno de sus activos más importantes es Jaume Asens. El interfecto echó los dientes, abogado de profesión, en la conmovedora lucha por los Derechos Humanos defendiendo al asesino Rodrigo Lanza, nieto del almirante Huidobro, lugarteniente de Pinochet, tras dejar tetrapléjico a un agente de la Guardia Urbana de un ladrillazo en la cabeza durante un desalojo “okupa” en la calle Sant Pere Més Baix, proeza inmortalizada en el varias veces galardonado documental que lleva por título “Ciutat morta”.  

Asens, asociado a Òdium (Òmnium) Cultural, es uno de los vectores separatistas de EcP (Procés Constituent * junto a la monja abortista y anti-vacunas Teresa Forcades, en tiempos inseparable de otra perla porteña avecindada en Cataluña, sor Lucía Caram) más estrechamente conectados con la corte exiliada en Waterloo. No en vano Asens, de ello se jacta en unas declaraciones, aconsejó a Puigdemont que huyera de España (ignoramos si la idea del maletero fue aportación suya), lo mismo que a sus edecanes y ayudas de cámara, tras el golpe de Estado fallido en primera instancia. Y más recientemente se frota las manos anunciando insistentemente que los indultos a los golpistas ya están horneados y a punto de exponer en el aparador. Otra cosa es que, dentro de la tragedia y de la porquería en la que andamos sumidos por culpa de toda esa gentuza, le quedemos agradecidos al ferozmente hispanófobo Asens por la asesoría prestada, pues el ridículo que ha hecho la nomenclatura golpista, particularmente la fugitiva, ha sido verdaderamente clamoroso.

Uno de los rasgos más llamativos de la obra parlamentaria de Asens es su desmesurado odio a la monarquía española y en particular al Jefe del Estado, Felipe VI. No pierde ocasión de lanzarle furiosas invectivas. Como todos aquellos que pretenden sustituir la legalidad vigente a través de una “retro-Ruptura”, es decir, la Ruptura que no se dio en la Transición, pues la Reforma ganó la batalla, sabe perfectamente que la monarquía constitucional y parlamentaria es una de las barreras que es preciso derribar para transitar la senda republicana, no hacia una república europea homologada, democrática (sea el caso de Francia, de Italia, Alemania o Portugal), sino una república sectaria como la Segunda española o como las bananeras de corte bolivariano.

Para mí tengo que algo turbio esconde Asens bajo la cáscara. Esa frente amplia y despejada, el perímetro bizigomático de su anchurosa cara, grandes cavidades orbitarias y esa asimetría máxilo-facial que se aprecia en el labio superior irregularmente fruncido, harían sospechar a Cesare Lombroso, padre de la antropometría criminalística, que tenemos ante nosotros un sujeto digno de estudio. No se trata aquí de dar pábulo a esas discutibles tabulaciones, pues fueron formuladas en el siglo XIX y, en parte, al abrigo del evolucionismo darwinista. Para Lombroso los criminales eran individuos feos, tal cual, y Asens lo es, o directamente especímenes defectuosamente evolucionados de la estirpe humana, que no es el caso, pues el interfecto ha cursado estudios superiores, bien entendido que esto último no es una absolución definitiva. Y, además, de abonarnos a esas disquisiciones incurriríamos en parecido yerro al de los planteamientos racistas del inhabilitado Quim Torra a cuento del ADN bastardeado de los españoles.

Cabe decir, ecos de sociedad, que para su deseable equilibrio mental en nada ayuda mantener un romance (eso se ha dicho en el papel cuché) con la actriz Leticia Dolera, que es, por derecho propio, una de las feministas más radicales e insufribles del panorama cinematográfico español. La misma que echó de una serie TV en la que tenía mando en plaza a una actriz secundaria por el abominable delito de quedar encinta. Toma castaña. En definitiva, cada oveja con su pareja. Era evidente que el andoba ése no iba a encandilar con sus muchos encantos a una adorable criatura como Tamara Falcó, pues no está hecha la miel para la boca del burro.

La explicación es más sencilla y venial. Toda la baba maloliente y venenosa que brota de su boca, hontanar de sulfúreos aerosoles, cuando Asens habla del monarca, no se debe a otra cosa que al rencor, que a la envidia que algunas personas padecen hasta la vesania ante otras de mayor apostura, presencia y de superior calibre y catadura morales. Asens no perdona al Rey que sea tan buen mozo, culto, educado y cortés y que tenga dos hijas preciosas. Una será reina, y las suyas, si las tuviere y siguieran sus pasos, a mucho tirar le concederán una subvención a la Cofradía del Santo Coño Insumiso. No perdona el siniestro sujeto a Su Majestad que la buena gente de España le reciba con vivas y ovaciones y con ese cariño que Asens jamás tendrá, ni siquiera de su bandería, pues saben los suyos que es un intrigante diplomado, malo de verdad, peor que un dolor de muelas… uno de esos a quienes no debes dar la espalda jamás.    

Asens no es un feo-guapo a lo Jean Paul Belmondo o Adrien Brody, ni un feo-simpático a lo Juan Tamariz, aquel divertidísimo mago. Es un feo-feo, doble feo, por dentro y por fuera. Feo por malo, por su alma fea. Qué cara de asco gasta el amigo. Yo le fichaba como fraile feísimo para un remake de “El nombre de la rosa”, de Jean-Jacques Annaud, en la que el atractivo masculino alcanza registros inigualados. 

(*) Como sucedió en tiempos con el PSOE, que rindió su filial catalana a los señoritos catalanistas del PSC-Congrés (Obiols, Raventós, Narcís Serra, Maragall, etc), con mucha menor fuerza electoral, Podemos ha calcado el modelo entregando la organización en Cataluña a la facción filoseparatista (Procés Constituent), es decir, Colau, Asens y otros. La izquierda española siempre transita la misma senda de acomplejamiento vergonzante ante el nacionalismo. Qué cansinos son.

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