La huella

Cuando nos hablan de “la huella”, nos viene a las mientes la pisada del primer hombre en la Luna al acuno de la concertada música de las esferas celestes. En efecto, tras el alunizaje del Apolo XI en el Mar de la Tranquilidad, año 1969, la tripulación, Armstrong, Aldrin y Collins (nos la supimos de carrerilla como la tripleta atacante del equipo de fútbol de nuestros amores), holló para la Historia la superficie del satélite: “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad”. Y si no es en eso, pensamos en “La huella”, sensacional obra teatral en formato cinematográfico (no puede faltar en su videoteca) rodada por Mankiewicz e interpretada magistralmente por Laurence Olivier y Michael Caine. Qué peliculón, mamma mia.

Pero no, ni esas dos, las más famosas, ni siquiera la huella de un bigfoot, una suerte de legendario ogro peludo y boscícola, un “yeti” en versión amerindia (lo que sería el asilvestrado basajaun de la mitología vascongada), hallada por incansables aficionados a la criptofauna en la frondosa foresta aledaña al monte Hood (Oregón). Esos tipos animosos que se pasan la vida huroneando, sin demasiada fortuna, en el lago Ness en busca del simpático y esquivo Nessie. La huella que nos ocupa, la genuina huella que es símbolo del camino emprendido por la humana estirpe hacia su perfeccionamiento moral y espiritual es la de Jordi Cuixart, ahormada sobre un bloque de arcilla por el famoso artista chino Ai Weiwei, idolatrado por la progresía mundial.

Afirmativo, el artista, disidente del régimen chino, pero partidario a lo que se ve del liberticida nacionalismo en Cataluña, visitó al golpista Cuixart en Lledoners por cuenta de Òmnium (Òdium) Cultural, es decir, a cargo del contribuyente por tratarse de una entidad hipersubvencionada, y tuvo la feliz e inspirada ocurrencia de hacer un molde de la huella pedicular de nuestra versión nativa del Mahatma Gandhi. Dicha huella habría de servir para ilustrar de manera simbólica la conmemoración de la Declaración de los Derechos del Hombre… a dar golpes de Estado contra democracias homologadas. Lo suyo habría sido encajar esa huella en el capó, a modo de pedestal, de un coche-patrulla de la Guardia Civil, desde donde el interfecto se dirigió, megáfono en mano, a las masas enfervorecidas. Se dice que Ai Weiwei ha sido “fichado” (me excusarán de decir en qué consiste el fichaje, pero no es un secreto que todo fichaje conlleva una “ficha”) por la trama de acción exterior de la Generalidad de Cataluña. Tan singular obra ha sido expuesta en el Museo de la Terracota sito en La Bisbal del Ampurdán y opta a ingresar, con todos los pronunciamientos a favor, en el más selecto catálogo de maravillas escultóricas junto a los “davides” de Donatello y Miguel Ángel y al Perseo de Cellini.

A propósito de Ai Weiwei, aquí va un apunte de sinología doméstica. Para mí tengo que a los chinos avecindados en España, quizá no tanto a sus descendientes ya nacidos aquí, y más naturalizados al país, los occidentales les parecemos una colección de auténticos botarates. Ellos montan sus negocios, sean bazares al copo de artículos invendibles, o bares de barrio, los bares de las partidas de brisca y dominó de los jubiletas de toda la vida, pues ya pasó el boom de la cocina cantonesa, y todo lo demás se les da una higa.

Siempre he apreciado su discreción: ni conspiran en secretos cubiles para adosarnos bombas lapa bajo el trasero para mayor gloria de Confucio o por restañar el orgullo herido de la emperatriz Cixí (la bruja ungulada de “55 días en Pekín”), ni nos dan la murga con la insufrible llantina de la discriminación racial, ni nos hostigan con serenatas a toda castaña de sus músicas tradicionales, sea el caso de mis “adorables” vecinos dominicanos, vallenato, bachata y merengue, a concierto diario. Y es que no les interesamos en absoluto. Algo ven en nosotros que les disuade de mezclarse, de buscar nuestra amistad o compañía. Y les alabo el gusto: nada hay en nosotros que codicien salvo esas modestas transacciones que mantienen abiertos y operativos sus comercios. Y no es que, a mis ojos, sea China sea un dechado de virtudes: por fin han prohibido un tradicional festín en no sé qué región a base de carne de canelo (además, corren malos tiempos para el suculento pangolín à la meunière) y nadie sabe con certeza qué precipitados víricos urden en sus laboratorios.

Quizá lo antedicho no constituya el ejemplo más deseable de integración en la sociedad receptora, pero si aquélla ha de servir para que sus chicos desfilen ataviados con camisetas del Barça, “Messi” a la espalda, nos dejen atónitos largándonos un sermón sobre las virtudes incontables de la “inmersión lingüística en la escuela pública”, sin olvidar el ítem obligado de la supuesta “cohesión social”, o les dé por hacer la mili en los CDR del ejército lazi, talmente los hijos de “petomán” Torra… casi mejor lo dejamos como está.   

Cuixart pasará a la posteridad, gracias a Ai Weiwei y al estratégico museo ampurdanés, como uno de esos hombres excepcionales que han dejado huella en el planeta, integrante de esa pléyade de líderes irrepetibles, y entre ellos los más comúnmente citados, Julio César, Leonardo Da Vinci, Newton, Bonaparte o Einstein. Su huella, como la brújula que señala el norte magnético, marca el camino a la tierra de promisión, a la libertad en su más amplio y elevado concepto. Acaso al paraíso místico de Shangri-La. O, una pisada y luego otra, forjarán la senda sagrada del guerrero en pos del reino secreto de Shambala, en un recóndito paraje del Himalaya, de donde saldrá un ejército comandado por el último avatar de Visnú, el temible paladín Kalki, a lomos de su corcel Devadatta, para destruir el mal que un aciago día señoreará y asolará la tierra. Pues ya está el bueno de Kalki tardando (versos milenaristas y proféticos del brahmanismo).

De modo que la huella de Cuixart en la arcilla es una señora huella y no la que usted deja, don importante, en el barro o en la nieve. Las comparaciones son odiosas. Cierto que Cuixart ha dejado otras huellas para el recuerdo, las dactilares, cuando ingresó en prisión y tocó en “Recepción”, según el antañón argot patibulario, la entintada pianola. La huella del pinrel de Cuixart es uno de los más “fragantes” souvenirs… (use o no productos desodorantes de la gama Peusek o duerma con patucos en las frías noches de invierno en el astroso catre de su tabuco penitenciario)… que nos deja el incesante “proceso” de nuestro particularismo enragé, junto al sentido homenaje tributado por los CDR al bolardo “abatido” por las fuerzas del orden tras registrar la sede de Unipost en Tarrasa. Unipost, hoy en liquidación concursal, y que era el operador postal elegido por los golpistas para sustituir a Correos y Telégrafos una vez proclamada la independencia. El bolardo caído tuvo su homilía póstuma y le rindieron nocturnos honores unos señores pertrechados con antorchas (¿Pacientes fugados de una casa de reposo? ¿Politoxicómanos embalsamados en sustancias psicotrópicas?). Desgraciadamente, no es una broma. Copien el enlace que sigue y comprobarán que tendemos a subestimar el prodigioso nivel alcanzado por la estupidez humana (véase el divulgado de ensayo Carlo M. Cipolla). Bolardo que, burla burlando, habría de suscitar, por qué no, el interés de un artistazo como Weiwei si de lo que se trata es de dejar huellas indelebles de nuestro paso a la gandaya por este valle de lágrimas.  

https://www.20minutos.es/noticia/3773714/0/los-cdr-rinden-homenaje-a-un-bolardo-derribado-por-los-mossos-en-terrassa-y-se-equivocan-de-poste/

 

Estado sin territorio o territorios sin Estado: Pensiones públicas o Autonomías (II)

Contrapunto a la lectura del ameno ensayo de Sosa Wagner reseñado en “Estado sin territorio… (I)”, he leído estos días una serie de artículos del finado Salvador Pániker redactados durante el tardo-franquismo y la Transición. Comprenden, pues, un período de unos diez años (1968/1978), reunidos bajo el prometedor título “La dificultad de ser español”. Una obra cuyo valor reside en la época en la que fue escrito, pues da testimonio de los tics, modismos y lenguaje, llámense argot o sociolecto, de la intelectualidad “avanzada” de la época.

Pániker sostiene que el atraso secular de España, con relación a las potencias continentales, se debe a que en su momento, siglo XVII, se autoexcluyó de lo que Max Weber llamó la ideología puritana del trabajo (la ética protestante o el espíritu del capitalismo) ensayada en algunos países europeos, así como a la escasa o tardía incidencia de la Ilustración en nuestro país y al menor arraigo del espíritu científico. Aquí, en eso le daría la razón Caro Baroja (véase su mastodóntica y documentadísima obra “Los judíos en la España moderna y contemporánea”), andábamos liados con la hidalguía, los estatutos de limpieza de sangre, y con la rancia cochambre de las pesquisas inquisitoriales, con su correlato de confiscaciones de bienes, delaciones anónimas (*), sambenitos, puntiagudas corozas (complemento indumentario copiado para sus víctimas por los guardias rojos de la criminosa “Revolución cultural china”) y autos de fe.

Pániker nos sirve un guiso “multidisciplinar” de filosofía, sociología, estructuralismo, antropología, semiótica, construcción social de la realidad, deslumbrado por la teoría de redes y juegos, y todo ello salpimentado con exóticas pinceladas de orientalismo, es decir, todas las sapientísimas exquisiteces de aquella hora (Gluckman, Easton, Marcuse, Foucault… también cita a Freud, a Fromm, pero por el “orgoniano” Wilhelm Reich ya no paso). Y, cómo no, repite en varias ocasiones la mojiganga de que el marxismo es una herramienta apta para el análisis social, pero no una receta deseable para la gestión de sociedades complejas, pues adolece de un paradigmático carácter “totalizador”. Espíritu de la época, ineludiblemente, le cae de la boca a cada paso la “dinamización”, “la gestión de las paradojas”, “la complejidad social”, “la participación”, aparataje léxico en el que no podían faltar conceptos como un tan vago como reiterado “pluralismo” o la aproximación “de la administración a la base piramidal de la población mediante la descentralización del poder para dar satisfacción a las necesidades de la ciudadanía”… toma castaña. En definitiva: la deseabilísima instauración de las Autonomías. Y para ello Pániker arrima el ascua a su sardina, pues en varias ocasiones alude a los “pueblos” de España, sin especificar cuáles, pero no refiriéndose a los más de ocho mil que jalonan nuestra geografía nacional… eso es cosa segura.  

Con las Autonomías hemos topado. Ha pasado el tiempo, unos 40 años, y hoy la complejidad es tan compleja y “complejizante” que, acaso, ha llegado la hora de sacudirse “complejos” y complejidades, y simplificar un tanto las cosas. La gestión duplicada y sucesiva de la pandemia, “gobierno nacional/ gobiernos regionales”, ha sido una verdadera chufla (“la peor gestión de toda la OCDE”). Pero no es necesario cargarse de razones para acometer contra ellas. El propio transcurso de los hechos y la patente realidad nos hacen la faena. Las CC.AA se crearon, fundamentalmente, para satisfacer a los nacionalistas, para “acomodarlos” a la nueva España democrática y facilitar su “encaje” en una más colaborativa convivencia. Pero el camelo ya no funciona, pues los nacionalistas, hoy manifiesta y abiertamente separatistas, han desbordado o rebasado el marco autonómico y esa estructura ya no sirve a sus apetencias (**). Para aquellos por quienes se crearon, para su contento y esparcimiento, son un mecanismo superado, caduco, lo mismo que un olvidado yogur en la fresquera.

Por lo tanto qué sentido tiene que los demás carguemos sobre nuestras laceradas espaldas con un cadáver en descomposición, el autonomismo, que ni siquiera es nuestro y que, en definitiva, nos ha amargado la existencia… pues financiar ese engendro nos sale por un riñón y han sido gobiernos autonómicos, y no sólo de color nacionalista (cierto que con la complicidad de los diferentes gobiernos de la nación y del más alto Tribunal, que ha incurrido en toda suerte de bajezas), los que han perpetrado la inaudita expulsión de la lengua española de las aulas, o los que te multan si quieres llamar “Zapatería” a tu zapatería.

¿Alguien se figura que en la republicanísima Francia, donde se hablan varias lenguas, una familia no pueda escolarizar a su hijo en francés si reside en Perpiñán o se instala temporalmente en Biarritz,procedente de Nancy o de Marsella, por motivos laborales? Dos ejemplos del aldeano, aboñigado y paleto legado del “difuso pluralismo” de la tantas (y tontas) veces mentada “cohesión social” (¿Pero qué roña de “cohesión”… o es que está Francia menos “cohesionada socialmente” que España en virtud de las lenguas de escolarización?). Cohesión fracasada (véase la emética y mortificante actualidad catalana) y auspiciada por las leyes de “inmersión y normalización” en lenguas co-oficiales y por el tan cacareado “acercamiento de la administración al ciudadano” que nos han traído en mala hora las autonomías bajo el brazo.

Aquí va mi apuesta: si se sometiera la reforma del Título VIII de la Carta Magna a referéndum y se preguntara a los españoles por la supresión de las CC.AA (previa recogida de firmas formato ILP, Iniciativa Legislativa Popular) y la mayoría votara favorablemente, nada en absoluto sucedería. Ni los separatistas las quieren, o eso dicen, que son hoy mayoritarios entre los nacionalistas, ni los españoles que somos partidarios de cobrar nuestras pensiones al mismo tiempo que somos contrarios a hipotecar el futuro de nuestros hijos, sobrinos o nietos. Nadie montará barricadas por la eliminación del engendro autonómico. Acaso se opondría tibiamente el electorado templado de PSOE, PP y C’s, de los partidículos localistas más moderados tipo Coalición Canaria o los anchoístas santanderinos y, eso sí, un segmento importante de los funcionarios de obediencia regional, por tratarse de su medio de vida.

En verdad os digo que las multitudes no las llorarán, que nadie alzará barricadas en su defensa, ni quemará contenedores o lanzará cócteles molotov a los antidisturbios al grito de “¡Larga vida a las Autonomías!”. No habrá ni bonzos ni balaceras. Tienen las CC.AA hoy el mismo atractivo que un sulfatado saco de patatas. Borrarlas de un plumazo tendría la misma repercusión en el colectivo que remodelar la DGT (Dirección General de Tráfico) o el Organismo Estatal de Loterías y Apuestas Benéficas. Luego: supresión de CC.AA igual a cero conflictividad. Es el momento de dejar en la cuneta lo que no sirve para hacer camino, salvo al infierno de la quiebra absoluta y por varias generaciones. Cierto que habría, en ese caso, que adoptar algunas prevenciones, como la de “recolocar” a una parte sana, si la hay, del funcionariado autonómico al servicio, por ejemplo, de reforzadas delegaciones ministeriales del gobierno de la nación en provincias… bien entendido que ello no sería necesario, por ejemplo, en el caso de los periodistas de TV3 repentinamente desempleados, pues es público y notorio que a esa gran hornada de profesionales (Pilar Rahola, Mónica Terribas, Empar Moliner y otros) se la disputarían a cara de perro los grandes medios de comunicación internacionales (BBC, “The Times” “Le Monde”, CNN, “La Bola News”, etc), por lo que no les faltarían jugosísimas ofertas de trabajo.

Todo el mundo que depende de la percepción de una pensión pública, vote a quien vote, incluidos los partidos separatistas, lo mismo PNV que ERC, te dirá que entre blindar y percibir su pensión y devaluarla o perderla por mantener las CC.AA, se queda con su pensión. Sólo hay que dar con la clave, con esa campaña publicitaria ambiciosa, a gran escala, que sepa trasladar a un amplio segmento de la sociedad que ambas partidas presupuestarias llegarán a no mucho tardar a ser excluyentes, a repelerse por completo en virtud de razones demográficas dado el envejecimiento de la población, la insuficiencia de cotizantes y la aminoración de sus cotizaciones por la inconsistencia de muchos contratos en vigor, la insoportable ratio actual de trabajadores en activo por pensionistas que imposibilita el sistema de solidaridad y relevo generacionales. Esto es, dar a entender al paisanaje que ha de elegir, no hay tutía, entre una cosa y otra. Pensiones públicas o Autonomías… es decir, pensiones o pensiones. Y que para ello, para garantizarlas, es imprescindible contar con un Estado fuerte que controle su territorio y que no admita palomeos y disonancias de entidades de inferior categoría.

Probemos, por una vez, algo distinto. Que sean los españoles, nacidos en España, o de adopción, es decir, aquellos españoles que quieren más España (y a España), y menos anti-España, que ven en ella el nivel de la plomada de la igualdad de derechos y de deberes, independientemente de su lugar de nacimiento o residencia, sin trabas ni barreras territoriales, que ven a España como una oportunidad para la expresión de libertades civiles y políticas consagradas en un texto constitucional… quienes se sientan “cómodos” y “encajados” de una puta vez en su país, España, y que sean, en todo caso, aquéllos otros a quienes nada contenta, nos amargan la existencia y fracturan la convivencia democrática con llantinas constantes y aventurerismos inciertos quienes tengan que encajarse… si quieren, y si no, pues que alegremente vayan con viento fresco.

(*) La figura odiosa del “malsín”, o delator anónimo, que acudía al Santo Oficio para chivarse de personas supuestamente judaizantes, bien fuera por rivalidad, antipatía o para obtener alguna recompensa por su información incriminadora, se ha reencarnado en Santiago Espot (“Catalunya Acció”), que se jacta de haber denunciado a varios miles de comerciantes por el idioma de rotulación de sus establecimientos.

 (**) Quiere decirse que la extrema izquierda española, Podemos y sus diferentes marcas o “mareas”, es intercambiable mediante ósmosis con los diferentes separatismos periféricos. Compruébese en el caso de las últimas elecciones regionales en Galicia. Partiendo del reparto siguiente, 14 escaños para gaita-Podemos y 6 escaños para BNG (20 entrambas formaciones plenamente anti-españolas), hemos pasado, mira tú qué coincidencia, a 19 escaños, todos ellos para BNG, perdiendo esa dupla cochambrosa un solo elemento. No quiere decirse que hasta el último de los anteriores votantes de gaita-Podemos de las Mareas Mareantes se haya pasado con armas y bagaje a BNG, pero la tendencia es evidente y mayoritaria… ¿O no?

Estado sin territorio o territorios sin Estado: pandemia (I)

Para hacerse una cabal idea del desbarajuste competencial Estado-CC.AA que vacía de contenido la idea de España, y de paso los bolsillos de sus nacionales, recomiendo la lectura del ensayo de Sosa Wagner titulado “El Estado sin territorio”. Particularmente ameno y delirante es el capítulo dedicado a nuestros recursos hídricos y a los siempre fallidos y pendientes trasvases entre cuencas fluviales (“El relato del agua”, págs. 120-170). Una de las tesis del prestigioso catedrático en Derecho Constitucional es que España, como Estado, no tiene territorio bajo su jurisdicción sobre el que actuar, pues en infinidad de materias ha sido sustituido, cuando no suplantado, que no es lo mismo, por los gobiernos regionales. Un proceso que se ha enquistado en virtud de la densa telaraña de organismos públicos dependientes de las CC.AA (tan a propósito para enchufar a familiares y correligionarios), de la neblinosa y difusa delimitación de competencias entre las diferentes administraciones y el alud de sentencias judiciales que enmarañan, más si cabe, el ya embrollado ovillo.

Si vale la definición de Sosa Wagner, por qué no la contraria, sólo que esto añadiría un plus de dramatismo e incertidumbre, pues el Estado, si se lo propone, puede recuperar el territorio, siempre que haya voluntad política para ello, pero el territorio no va a demandar un Estado cuando éste ha sido previamente anulado, aminorado, cuarteado… cuando la fragmentación territorial ha dado lugar a un espectacular rol de nóminas y de intereses a satisfacer mes a mes que costea el propio Estado y cuya subsistencia depende, precisamente, de la deserción, de la inacción política de ese mismo Estado, salvo, claro es, en su faceta pagadora.

No ya España, sino los españoles, los contribuyentes de a pie, tenemos territorio (o territorios), pero no Estado, o en el peor de los casos disponemos de un Estado nominal y de “estadículos” (o entidades paraestatales), algunos de ellos notoriamente desleales con el conjunto. Sucede, ésa es la tragedia, que uno y otros cuestan dinero. Y no es que el gasto se fraccione en partes proporcionales para que el montante final sea el mismo, sino que las partidas presupuestarias para dotar a uno y a otros de medios suficientes se incrementa notablemente. Salta a la vista, pues de entrada no es lo mismo mantener un parlamento que mantener dieciocho. Bien entendido que eso es una minucia, el chocolate del loro, que dicen, aunque los centenares de parlamentarios autonómicos y el mantenimiento de 17 sedes de la fractal soberanía “nacional” cuesten un pico… una factura que no cubre siquiera los gastos anuales de una sola de las prescindibles TVs autonómicas tipo TV3, Canal Sur, el tristemente redivivo Canal 9, Telemadrid, Telegaita, BTV (municipal) o ETBaskatasuna.

Sosa Wagner nos ilustra con ejemplos bien traídos para hacernos una idea aproximada del marasmo institucional e inoperante que es la España de hoy. Pero el erudito autor, por fértil y volandera que fuera su imaginación, jamás pensó en que un mal día nos asolaría una cochina pandemia. Lo del coronavirus, por decirlo gráficamente, es como si nos hubiera “follado un tren expreso”, que es lo que susurra el taimado alcaide de la prisión al oído de Tim Robbins en “Cadena perpetua” cuando le amenaza con “hospedarlo”, no en la celda de castigo, sino en la “suite” que ocupa la fraternidad de las así llamadas “Hermanitas”, la banda organizada de bujarrones presidiarios.

La gestión del gobierno de coalición durante el período del pomposamente llamado “Mando único” ha sido una auténtica castaña pilonga… («las mascarillas no son necesarias», dijeron en un principio, «nuestro gran comité de expertos, inexistente, regulará la desescalada»)… la peor del mundo occidental, según un pormenorizado estudio de la Universidad de Cambridge, aunque en RTVE (o Radio Televisión Espantosa, significativo lapsus de Rosa María Mateo), con el gran augur Fernando Simón al frente, no se cansan de repetir que todo ha sido una maravilla que ha causado verdadera admiración en todo el orbe planetario, de ahí los aplausos reiterados a Pedro Sánchez por su gabinete en pleno y por la bancada socialista (y la petición desesperada de consejo, al interfecto, de la casquivana Miley Cirus, antes Hannah Montana, estrella Disney). La idoneidad del epidemiólogo de cabecera, trastejando entre contagios y rebrotes, está fuera de toda duda, pues no en vano es un campeón surfeando (en el Algarve) segundas y terceras oleadas.

Pero una vez que el gobierno de la nación (de naciones), sobrepasado por la magnitud de la tragedia, se retira de escena a la chita callando y le pasa los trastos de gestionar (“matar” es la expresión que hace al caso en argot taurino) a los consejeros de Sanidad de las diferentes CC.AA… lo hacen estos tan mal como el anterior. Ésa, mutis por el foro, fue la escapista metodología empleada por el vicepresidente, Pablo Iglesias, que en calidad de ministro de Asuntos Sociales fue el máximo responsable de las residencias geriátricas, por unas horas, claro… para quitarse de en medio cobardemente en cuanto supo de los elevadísimos índices de mortandad registrados, y no sólo en las de Madrid, esa bomba vírica descontrolada, según García-Page.

De modo que tenemos una doble gestión verdaderamente calamitosa: la del Estado central y la de los gobiernos regionales. Juntos no hacen ni medio gobierno. Estructura duplicada, gasto duplicado, recaudación impositiva elefantiásica… para no dar pie con bola. Siquiera, ni uno ni otros, sirven para contar los muertos. Y un país que no cuenta sus muertos… miau… que los vivos se preparen y aseen sus partes a correprisa en el lavafrutas, pues antes o después les embestirá abruptamente el ya citado “tren expreso” de “Cadena perpetua”. Los españoles no somos capaces de plantarnos y gritar ¿Cuántos han sido?… por nuestros muertos, cuando no hace tanto tiempo algunos se discutían entre ellos por adjudicarse la autoría de los escraches multitudinarios a las sedes del PP a las pocas horas de cometerse el desconcertante (*) atentado del 11-M: ¿Quién ha sido?

Si las cifras oficiales de mortandad son un camelo, que hasta el diario monclovita El País sube a más de 40.000, la contabilidad de contagios actuales no le va a la zaga, procedan de “rebrotes” o de “segunda oleada”, bien entendido que ha de existir un umbral de rebrotes equivalente a “oleada”, suponemos, pues cuando aquéllos alcancen los cinco mil… ¿Tendrán el cuajo de sostener que son “casos aislados”? No es raro el día en que nos dicen que en España sumamos, pongamos por caso, 2.000 nuevos positivos, cuando en Cataluña, ese mismo día, dan 1.300 y en Aragón 800… aportaciones que rebasarían, si las cuentas no fallan, el total nacional. De locos. Pero pareciera que la opinión pública tiene asumidos esos deslices y ya se ha vuelto impermeable, indiferente, a los desajustados balances de las comunicaciones gubernamentales.

Cerramos el círculo, pero no el de Economía, dada su enorme utilidad para el colectivo (véase “La cuadratura del Círculo”). A la que hemos afrontado como país una situación sanitaria crítica, la duplicidad Estado-CC.AA ha sido un estrepitoso fracaso. Y eso al margen de las disfuncionalidades cotidianas del tipo “soy vecino de Barcelona y estoy de vacaciones en Castilla-León, y me pongo malito, qué contrariedad… pues resulta que no me vale la tarjeta sanitaria emitida por las autoridades regionales propias y me quieren cargar la factura médica de hospitalización y tratamiento, arrea”… o como el caso reciente de una vecina de Madrid atendida en Barcelona a la que redactan el expediente médico de su dolencia en catalán para que la interesada no sepa ni qué diantre le pasa, aun pagando dicha atención vía impuestos e IRPF, ni tampoco su médico de familia residenciado en Móstoles, o en Torrelodones, qué sé yo.

Continuará… 

 

(*) Sobre el asedio a las sedes del PP tras el atentado del 11-M, horas antes de las elecciones generales de 2004, se discutieron, al cabo de los años, PSOE y Pablo Iglesias en reñida justa por la convocatoria, de tapadillo, de aquella exitosa movilización, que en principio fue “espontánea”, aunque con “altavocía” permanente de la Cadena SER. Recuerden: el atentado con más muertos perpetrado jamás en España y completamente “esclarecido” gracias a una versión oficial (y judicial) que es todo lo oficial que puede ser una versión.  

 

 

Barcelona: área de «decrecimiento» económico

Otra cosa no se podrá decir de Inmacul-Ada Colau, pero lo que es cumplir, cumple con la palabra dada. Es sabido que Colau alcanzó el estrellato, curiosamente, tras fracasar como actriz en comedias televisadas. Luego de disfrazarse de abejita al frente de la Plataforma Anti-Hipotecas para sabotear un acto de ese sandio de Xavier Trias, encabezó una candidatura de perfil “podemoide” a la alcaldía de Barcelona, y allí se plantó aupada por sus votos y los del PSC. Eso sí, para lavar su imagen y gozar de mayor aceptación por el gran público, dicen, olvidó su pasada afición al RCD Español y se pasó al Barça para jugar en la “Champions” de la política indígena. En esa acelerada campaña de “lavado de imagen” fue capital la ayuda de Águeda Bañón, su Jefa de Comunicaciones, artista iconoclasta de performances callejeras, famosa por retratarse orinando de pie, salazmente familiarizada con la más dorada de las lluvias.

Colau, auxiliada por su cohorte de resolutivos camarlengos, lo mejorcito de cada casa (Janet Sanz y el irrepetible Pisarello, ahora en la Mesa del Congreso, no te lo pierdas), votó doble sí en el ilegal “butifarréndum” separatista de 2014, el de Artur Mas, y ha leído todos los manifiestos que le han puesto a tiro en pro de los golpistas presos. Antepone lo mismo el árabe que el urdu al español en la “publi” municipal, permite los asaltos de los bullangueros jovenzuelos de CUP al “bus turístico” y se abre a “reinterpretar” el conjunto escultórico dedicado a Colón, modismo BLM (“black lives matter”), si bien descarta, por el momento, adosar al basamento de la columna una buena ristra de cartuchos de dinamita. Como descarta cambiar el nombre a la calle dedicada a Sabino Arana, el más eximio teórico del racismo (en versión “bizkaitarra”) que ha pisado suelo español. Vamos, lo esperado y demandado por su fidelísimo electorado.

Colau no quería turismo, esa industria “carente de valor añadido” y que convierte a nuestros hijos en camareros… (Alberto Garzón dixit, ministro, sí, no es coña, de Consumo)… algunos muy malos, por cierto, y ya lo ha conseguido, aunque para ello ha contado con el inesperado concurso del coronavirus, gracias, cómo no, a la demorada alerta sanitaria por parte de las autoridades competentes al permitir eventos de masas que aceleraron su transmisión comunitaria (sea el caso de la mani “chochopower” del 8-M… “Sin besos, sin besos… que hay virus”, decía aturullada una ex ministra socialista a las celebridades, entre ellas la primera dama, que sujetaban la pancarta en Madrid).

La industria de la automoción ha seguido la misma senda. Pues los automóviles, “turismos” (véase “El turismo accidental”), no son santo de la devoción de nuestra “avispada” burgomaestre, y han de ser “pacificados”, así lo dicen, por su contaminación incontinente, lo mismo ambiental que acústica, además de símbolos rodantes de tan aberrantes conceptos como la libertad individual y el derecho a la propiedad. Janet Sanz, segunda de Colau, en plena recesión económica por la pandemia, armada de afilado verduguillo le ha dado la puntilla a la planta de Nissan en Zona Franca, mediante una comparecencia ante los medios que será por largo tiempo recordada.  

Recapitulando: respaldo institucional al separatismo y al golpismo mediante permanente exposición en la balconada del ayuntamiento de todos los barceloneses de pancarta alusiva a los políticos presos (“presos políticos” según la doña, como los hay en Birmania o en Cuba), eliminación de la lengua española de los espacios públicos, acoso al turismo (the tourism kills the city) y “pacificación” del tráfico. Hasta aquí todo correcto. Sólo falta la piedra angular de su gestión, la almendra de su programa: el llamado, no es broma, decrecimiento económico. Es decir, el empobrecimiento pilotado de manera organizada desde el consistorio… una suerte de plan quinquenal de la pobreza.

En efecto, para Colau y su gente BCN es una ciudad demasiado rica, asquerosamente rica, de ahí la demencial subida del IBI registrada este último año para dificultar de rondón la licencia y apertura de nuevos negocios, en particular en el Ensanche (área urbana de “preferente decrecimiento”) o el cobro duplicado de la tasa de “tratamiento de residuos”. Colau no quiere una ciudad comercialmente dinámica, activa, una capital de primer mundo. Aquí va un matiz, no es que abjure necesariamente del mercadeo, en el sentido que Antonio Escohotado describe en su amena y minuciosa trilogía “Los enemigos del comercio”, pero prefiere esas estampas de ciudades caóticas donde se vocean los artículos a la venta por la calle, a lo «top-manta» o en los zocos bulliciosos de abigarrados olores y colores (el Raval-pindi), con esos puestecitos chiquitujos de especias y de artesanía, de orfebres y talabarteros… algo así como El Cairo o Marrakech… donde en las encrucijadas conviven ruidosamente motocicletas con guaguas, bicis, rickshaws y carritos tirados por enjaezados jumentos, con música de fondo de bocinazos y de las llamadas de los almuédanos a la oración.

Y que a los “cruceristas” (cuando quiera que sea que regresen) les reciba el campamento en expansión que ocupa buena parte de los jardines Walter Benjamin, plantados de ceibas barrigudas. Una estrecha tira “verde” que va del tramo final de la avenida del Paralelo hasta la bocacalle de Vila i Vilá (en obras inconclusas desde hace años) con paseo Josep Carner. He asistido a la pugna diaria entre los acampados y los empleados municipales de Parcs i Jardins (“Parques y Jardines”) escoltados por agentes de la Guardia Urbana. Llegan con una camioneta y desmontan una balumba de cartonaje y plásticos, exceptuadas las pertenencias personales. Se va la camioneta cargada de cachivaches. Cuando la comitiva se pierde en la lejanía, los damnificados rehacen el campamento… y vuelta la burra al trigo. Unos días más tarde se repite la operación. He visto representada la misma función en estos meses de pandemia desde mi centro de trabajo no menos de cinco veces, con una salvedad… cada vez se juntan más tiendas de campaña, tipo iglú, de la marca barata de Décathlon.

El poblado chabolista crece. De modo que la colonia de menesterosos superó el nomadismo para convertirse en población sedentaria con domicilio fijo, en pos, acaso, de un empadronamiento que les facilite la percepción de la disputada paguilla del Ingreso Mínimo Vital. Todo hay que decirlo, mantienen, empero, cordiales relaciones de vecindad con otros usuarios de la zona ajardinada: los chicos paquistaníes que al atardecer tienden una red entre dos árboles y juegan a bádminton unos días y a cricket otros. Para escenificar ese empobrecimiento o “decrecimiento económico” es fundamental la decorativa figuración de los “sin techo” acampados en espacios públicos, categoría en la que no incluyo a los CDR que sentaron sus reales impunemente, durante meses y con el beneplácito de Ada Colau, en la céntrica plaza de la Universidad en protesta por la supuesta “brutalidad policial” ejercida contra el referéndum ilegal del 01-O de 2017, y donde por cierto se produjeron casos denunciados, pero no esclarecidos, de agresión sexual. 

De igual manera que el dinero público “no es de nadie”, como afirmara la ministro (ministresa o ministriz) Carmen Calvo, pues el espacio público tampoco, qué caramba… son cosas que suceden cuando tampoco son tuyos tus propios hijos (Celaá, “la inmersionaá”). Con todo prefiero los “okupas” de espacios públicos a los “okupas” de propiedades privadas, pues en el desalojo de los primeros anda como más concernida la administración. Ya pontificó en su día otra celebérrima Inma (Mayol), rutilante cargo (ICV) de la alcaldía en tiempos tripartitos, tan conocida, dicen, como temida en las exclusivas boutiques de moda del Paseo de Gracia, que “la okupación es un estilo de vida”. Mientras largaba esa gansada lapidaria, su maridito, Joan Saura, a la sazón “ministrín” de Interior en el gobierno regional, se dedicaba a recoger “las caquitas del gato”.

Diré que, por justicia poética, sea o no un “estilo de vida” la “okupación» (además de un flagrante asalto al derecho a la propiedad), nada me complacería más que los “okupas” se dedicaran en adelante y en exclusiva a ocupar las viviendas de todos aquellos “progres” que expelen por su boquita esas majaderías creando un ambiente social propicio a la impune perpetración del citado delito. Que le ocuparan la vivienda, primera o segunda (o tercera) residencia a Inma, a Joan y, por ende, a sus votantes (salvo a parientes y amigos, aunque con más reservas a cada día que pasa), pues al parecer nada molesto o reprochable ven en todo ello. En definitiva, y cerrando el círculo, BCN ya es una ciudad más moderna, multicultural, empoderada, «tráfico-pacificada» y humanizada… esto es, más saludablemente pobre. Misión cumplida. 

PS.- Os doy unos días de descanso… me voy, pero volveré y también lo harán las tractoradas…

Bañón, asesora de Ada Colau, nos muestra ufana su disruptiva concepción del arte urbano contemporáneo, dándole un auténtico “bañón” al asfalto

https://www.elplural.com/politica/espana/la-directora-de-comunicacion-de-colau-orgullosa-de-sus-fotografias-orinando-en-la-calle-y-simulando-tener-pene_27963102

La cuadratura del «Círculo»

Al lado de los figurones del Círculo de Economía (en adelante, los “circulares”), el intrigante de Francesc Cambó fue un intrépido aventurero, uno de esos espíritus osados que abren rutas imposibles al comercio desafiando tempestades en alta mar, tormentas de arena en el desierto y los ataques a degüello de tribus hostiles. Uno de esos hombres hechos a sí mismos, self made man, a quienes no arredra el peligro y que se juegan la vida en un ardite. Empresarios y sesudos economistas “circulares” han redactado en fecha reciente un comunicado en el que se lee a las claras, no entre líneas, de qué blandengue y bizcochable pasta están hechos.

Sorprende que en algunos diarios digitales la noticia haya recibido un tratamiento excepcionalmente benévolo con dicha entidad. Parece que los prebostes del Círculo le dan un tirón de orejas al gobierno regional por la parálisis en la que anda sumida la acción política a causa de la traída y llevada agenda “procesual”. Que ocupado desde hace años en esas monsergas y mandangas, la economía no avanza, recula, se resiente el tejido productivo y se ahuyentan inversiones por la sensación de inseguridad jurídica, amén de las que “mudaron” ya de razón social y fiscal, se cuentan por centenares, y que, en buena lógica, no tributan impuestos en Cataluña. Y, a perro flaco todo son pulgas, sólo faltaban los efectos devastadores de la pandemia. Pero hay más, chincha rabiña, que Madrid recién nos supera en los índices de actividad industrial y comercial.

Un rapapolvo, en definitiva, pero… siempre hay un pero. A renglón seguido los “circulares” añaden su honda preocupación por… ¿La deforestación de la selva amazónica? ¿Las actitudes racistas automatizadas en Occidente denunciadas por los talibanes del movimiento BLM? ¿El negacionismo “cambioclimatista” financiado por inescrupulosas multinacionales petroleras? ¿El reduccionismo machista y heteropatriarcal que a la Humanidad condena a una empobrecedora sexualidad binaria?… Nada de todo ello. A los “circulares” les preocupa, eso han observado con ayuda de acutísimo catalejo desde su observatorio privilegiado: “una preocupante pulsión recentralizadora”… acabáramos… asomó al fin la patita el latiguillo “centralizador”…  

Es decir, que la castaña pilonga del “proceso” y todos sus daños colaterales, algunos de los cuales comenzamos justo ahora a vislumbrar, motivan la emisión (o “secreción”) del comunicado “circular”, pero como para disculparse por semejante osadía, por decir la verdad aunque en un tono fufú para que el nacionalismo no monte en cólera, lo arreglan metiéndole un alfilerazo en el ojo, no sabemos a quién, a cuenta de una supuesta “recentralización”. ¿Será ése el motivo verdadero por el que cientos de empresas se dan a la fuga… (el último que apague la luz)…? ¿Por el que Nissan se va de Cataluña poniendo tierra de por medio… (¿Pies para qué os quiero?)…? Sus directivos, reunidos en cónclave, clamaron desgañitados y rasgándose las vestiduras: “¡Nos largamos… no hay quién soporte este infierno de tendencia recentralizadora!”

Esa coletilla “bienqueda” (o sea, “cobardícola”) es el mecanismo compensatorio que han ideado las cavilosas mentes “circulares” para hacerse perdonar la vida y no sufrir los iracundos escraches de los CDR. Amagar y no dar, en misa y repicando las campanas, nadar y guardar la ropa. Como esa jovenzuela que luce tipín con una falda muy cortita y ceñidita y sufre la pobre porque la anda recomponiendo a cada paso para no enseñar un poquito más de lo mucho que enseña, ante el regocijo picarón de algunos transeúntes.

Es llamativo que incluyan la “morcilla recentralizadora” en su comunicado, en velada alusión a “Madrid”, cuando el gobierno de la nación está en manos precisamente de una coalición que no tiene otro programa que contentar, a base de claudicaciones infamantes, a los socios separatistas de la moción de censura contra Rajoy que llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa y que votando afirmativamente, o absteniéndose, facilitaron la investidura del interfecto tras las últimas elecciones. Para salpimentar esa “morcilla” podríamos enumerar una larga nómina de concesiones (acercamiento de presos etarras, ataques a la monarquía, etc), pero aquí va una, la última: Celaá, ministra “indocumentaá” de Educación (sic), considera que no es ni necesario ni deseable que los alumnos mallorquines matriculados en la escuela pública estudien al menos un 25 % de las materias en español, lengua oficial, supuestamente, de la nación. Y lengua, por otra parte, que es una de las más importantes del mundo… pues, total… ¿Para qué habríamos de querer para nuestros hijos, sobrinos y nietos, un registro culto y académico en dicha lengua si ya se aprende, más o menos, viendo en la tele las sectarias peroratas que Jorge Javier Vázquez larga en Sálvame (multazo de 800.000 € por pirulear al fisco), comprando hachís al menudeo en la calle o ligando en la disco?

No ha habido evento, ocasión, festival, soirée o vernisage al gusto separatista organizada por La Crida, Òmnium (Òdium), la ANC, la Plataforma Pro-Seleccions Catalanes que recuerde mi menda desde que tiene uso de razón que no haya contado con el patrocinio de las grandes firmas del empresariado autóctono. Allá donde se han lanzado mensajes localistas exacerbados, exabruptos y denuestos contra la idea de España, han estado en tiempo de saludo la flor y nata de las empresas catalanas aportando donativos a manos llenas. Y ahora llegan las lágrimas, esnif, esnif… pero en el comunicado de marras ni una pizca de autocrítica: “Señores (y señoras, claro es), lo admitimos, hemos besado con unción el trasero al nacionalismo… como esos ósculos indecentes que las brujas depositaban, hito obligado del aquelarre, en el pestilente ano del macho cabrío… y acaso habría sido preferible plantarse y no aflojar la mosca tan alegremente a esos fanáticos descerebrados”. Nada, nunca han roto plato esos angelitos.

¿Irán los “circulares” en procesión, con el rabo entre las piernas, no se sabe muy bien a dónde, como en su día fue la alta burguesía catalana (La Lliga), aquellos que de chiripa salvaron el pellejo, a implorar a Franco que les devolviera las “fabriquetas” incautadas por el Frente Popular? ¿Se repetirán andanzas y semblanzas como las de Félix Millet que, años más tarde de unirse a los nacionales en Burgos, fundó Òmnium (Òdium) y Banca Catalana? No parece que su avispado heredero, Félix Millet Tusell, quede en disposición de replicar gesta semejante en el tramo final de su vida, condenado como ha sido por la escandalosa gestión de la fundación del “Palau de la Música» en comandita con la nomenclatura de la extinta CDC (hoy PDECAT, o cosa parecida).

Quien afirme que con la cobardía y con la indignidad por banderas nada se consigue, se equivocará de medio a medio. Los “circulares” han logrado lo que nadie hasta la fecha: la cuadratura del Círculo. Con un par. No en vano le dan una patada al desleal gobierno de la región, aunque no por desleal sino por incapaz, en el culo… ¿Del gobierno de la nación?… Negativo, pues es tan afecto al separatismo como el anterior, o cuando menos tan intenso en su desprecio a España como nación… ¿De ese ente fantasmagórico llamado “Madrid” que sirve para excusarse de cualquier desatino propio?… Lo mismo da que da lo mismo. A mí plim, esa gente no entra en mi “círculo” de confianza, de modo que se metan sus ficticias “amenazas recentralizadoras” donde les quepan… y les caben, pues se han ejercitado durante 40 años con verdadera profusión en las heterodoxas artes de la mamporrería al servicio del nacionalismo.

Palangana o jofaina de lupanar, estilo imperio: nuevo logotipo “circular” del Círculo de Economía

Fray Junqueras

A su dilatado currículum, Oriol Junqueras podrá sumar en breve su fichaje como lego archivero del monasterio de Poblet, donde reposan los restos de varios reyes de la Corona de Aragón, entre ellos Fernando de Antequera, el primero de la, por los nacionalistas, denostada dinastía de Trastámara (el malhadado “Compromiso de Caspe”), y el padre de Fernando el Católico, Juan II. Oriol Junqueras ha pedido plaza como becario-“monaguillo” (ya fue lo entrecomillado en su más tierna infancia), para gulusmear entre los libros de la biblioteca monacal y los legajos y documentos que allí abundan y todos de gran interés para un licenciado en Historia, como es su caso.

De ese modo se ejercitará en elevadas tareas espirituales. La cercanía de los monjes será todo un estímulo para el primoroso cultivo del conocimiento. Cierto que las autoridades regionales con jurisdicción en la materia acaban de concederle el tercer grado (*), de modo que por dar un golpe de estado, aunque la condena es a 12 años de reclusión mayor por “sedición ensoñadora”, ha cumplido 9 meses, lo que un embarazo, y ya nadie sabe de cierto si regresará a su celda… uno de esos horripilantes tabucos de pavimento disforme y enladrillado para dificultar la deambulación del reo y con el camastro inclinado 20º para impedir la conciliación del sueño, como los que instaló el sádico chequista Alfonso Laurencic en los preventorios milicianos de la retaguardia en Barcelona (argumento para una asquerosa peli de cine gore).

 Celda de la que ha salido Junqueras, lo hemos visto días atrás en la prensa gráfica, en un estado de forma deplorable, consumido, macilento, demacrado, todo él huesos y pellejo, fruto de un régimen represivo e inhumano, sometido a trabajos forzados y a una dieta de hambre que ni la de Rull & Turull (véase “Picapleitos Forn”), como recién liberado de un confinamiento terrorífico en Berger-Belsen. Vilipendiado, humillado y machacado por la España inquisitorial. La realidad, sota, caballo, rey, es bien distinta a la transmitida por esas instantáneas fraudulentas retocadas con fotoshop por los inescrupulosos agentes del CNI en las que el desdichado Junqueras recupera parcialmente su libertad con porte abacial… y oronda panza, como la de uno de esos frailes ferósticos y sodomitas que desfilan por la versión fílmica de “El nombre de la rosa”. 

Es conocida la afición de Junqueras a la materia eclesiástica. Me dicen que llegó a ingresar en el seminario, pero lo ignoro. De ser cierto ya sabríamos de dónde procedería su impenitente nacionalismo localista, pues el clero diocesano es en Cataluña uno de su viveros de mayor solera, hasta el punto que, fatigado de curas “trabucaires” que enlodan campanarios con banderones estrellados, y necesitado de una iglesia en la que rezar tanto como de un rey al que servir, sopeso muy seriamente la posibilidad de abandonar la fraternal grey católica y probar fortuna bajo el patriarcado ortodoxo de Serbia, si tiene a bien admitirme en su seno. También hemos visto, suma y sigue, a Junqueras blandiendo cirio pascual en una procesión en Sant Vicenç dels Horts, localidad de la que fue alcalde.  

Pero desconocíamos su querencia, un pelín necrófila, por la monarquía sepulcral, acaso porque como dirigente republicano considera que el mejor emplazamiento para el soberano es el mausoleo, previo paso por la guillotina, que no el trono. O quizás abriga Junqueras, íntima, secretamente, esa pretensión inherente al “personalismo carpetovetónico”, que no individualismo, del que hablara con perspicacia Caro Baroja, de proclamarse “califa en lugar del califa” y fundar algún día una dinastía propia, toda vez que por diferentes causas la otrora idolatrada dinastía de los Pujol ha caído en desgracia (aunque TV3 dedique documentales a los chanchullos de Juan Carlos I y en cambio pase de puntillas sobre los turbios e incontables manejos del padre de la patria y de su numerosa prole). Junqueras, pues, ataviado con cetro, corona y capa de armiño, eso sí, amplia como el entoldado de un circo itinerante para así rodear todo su perímetro.

Vale que la proximidad de Junqueras a los restos “majestalicios” habría de alarmar a los espíritus templados de entre quienes andan algo versados en Historia de España, pues gato escaldado del agua templada huye. Es sabido que en 1936 los milicianos destacados al monasterio de Santa María de Ripoll, fundado en tiempos de Wilfredo (o Godofredo) el Velloso, para, supuestamente, salvaguardar los objetos de culto y arte de la ira incendiaria de las turbas, reinterpretaron sobre la marcha su cometido y devastaron el templo cuanto pudieron, profanando las tumbas de los condes de Barcelona y de Besalú, y siendo arrojadas al río Ter, por esos hampones y perdularios de pistolón al cinto, algunas de tan venerables osamentas. ¿Anduvo entre esa gentuza el tristemente célebre Cojo de Málaga? Mejor sería que el licenciado Junqueras desconociera ese episodio de la Guerra Civil por no incurrir en la tentación de repetirlo. Afortunadamente, el río que fluye por las inmediaciones del monasterio de Poblet recibe el nombre de río “Sec” (Seco).  

Que en Cataluña se desploman las vocaciones, es sabido, los seminarios andan flojos en “matriculaciones” y faltan ministros que atiendan las parroquias. Es la consecuencia de supeditar una religión que se intitula universal a los dictados de esa otra que es el nacionalismo irredento. De modo que los fieles huyen de los templos, unos porque no quieren rezar por la pronta liberación de los reos golpistas, pues rezaríamos de grado por todo lo contrario, y otros porque, puestos a rendir pleitesía al ídolo “estrellado”, mejor lo hacen desde asociaciones o partidos políticos, que no en una capilla, donde medrar u obtener alguna recompensa en el siglo.

Por todo ello Junqueras será bienvenido en Poblet, como refuerzo estructural de plantilla que, a mayor abundamiento, abulta lo suyo y ocupa el espacio de dos o tres novicias. A Dios gracias, Santi Millán y José Corbacho, que se forran trabajando en las televisiones privadas de ámbito nacional fingiéndose campechanos humoristas (también Silvia Abril, señora del resbaladizo Buenafuente), ya no tendrán que declarar en los medios locales (cuando no les ven los espectadores de Atresmedia o de Mediaset) que se les abren las carnes cuando visitan a su buen amigo Junqueras entre rejas, sometido a esas severísimas condiciones penitenciarias, rayanas en la esclavitud.

(*) Pero ahora van y se lo quitan (el tercer grado) por decisión de altas instancias judiciales. Un pasito “p’alante”, un pasito “p’atrás”. La comedia continúa… de modo que a Santi Millán, José Corbacho y Silvia Abril no les quedarán más bemoles que volver a Lledoners, y esta vez tirando por el camino de en medio, con una lima disimulada en el bocata de mortadela.

Indepe «NN» y/o internacionalista

El desparrame “procesual” embota, quieras que no, el entendimiento. A unos más que a otros, pero embotar, embota. La extraña hibridación del autodenominado “indepe no nacionalista” (“indepe NN, e incluso “internacionalista”) nos trae a las mientes aquella patraña del “federalismo asimétrico” (ocurrente y pre-senil maragallada). En la misma categoría de paradójicos artefactos tendría cabida una fórmula del tipo “desigualdad igualitaria”, por ejemplo. Es el gusto moderno por el oxímoron, tropismo retórico que le da un aire como de erudita y penetrantísima acuidad a cualquier reflexión. Cultive usted el oxímoron y pasará por persona culta y de chispeante ingenio.

Lo cierto es que todos hemos conocido en estos últimos años de melonadas, pamemas y desvaríos incontables a conocidos (amigos, parientes, vecinos, “compañeros” de trabajo y espontáneos que te asaltan por la calle) que se proclaman “indepes NN” y, por ello, simpatizantes y/o votantes de CUP o de ECP (o sea, de Inmacul-Ada Colau). Muchos de ellos tienen el español como lengua familiar, no te lo pierdas. No es tarea sencilla desasnar a un asno, por eso ha de bastarnos con describir el fenómeno. Además, es la “asnidad” lo que hace del asno una criatura simpática y entrañable (es el caso de la famosa y “asnoterapéutica” burrita Baldomera con miles de seguidores en Facebook).

En este mundo nuestro, el independentismo (catalán, escocés o canaco) tiene por objeto la separación de un territorio dado de una nación o estado preexistente para constituir uno nuevo que, ineludiblemente, habrá de gozar de reconocimiento internacional. Pero hagamos un pequeño alto: precisamente los votantes de CUP y/o Colau (también los de CDC, o como se llamen ahora, si ellos mismos lo saben, PNV, BNG -be-ene-gé-, Compromís, etc), es decir, toda la enervante y cansina caterva de paleto-particularismos localistas, consideran que España “no es una nación”, sino un caduco cachivache de orden jurídico-político, un engendro de abortorio para ahogar precisamente las legítimas aspiraciones de naciones que sí lo son (Galicia, Cataluña o El Bierzo Libre): lo mismo que España no (la ya Hispania romana o la de la monarquía visigoda), aquéllas sí, que es lo mismo que éstas sí y aquélla no, que diría el cómico. Luego España, y no quiero pasar por plomizo ergotizador, que no es nación, no puede suscitar entre sus “nacionales” ningún genuino sentimiento nacional. Sólo han de gozar los suyos, por tratarse de artificiosa nación, de sentimientos impostados, como ese falso amor que se declara en un bar de copas a altas horas de la madrugada para echar un polvo de ocasión.

España, para los “indepes NN”, habría de ser su paraíso en la Tierra, el espejo donde mirarse, pues goza de independencia formal (aunque sometida a mandato externo, como habremos de ver con los así llamados “fondos europeos de reconstrucción por la incidencia del coronavirus”), es admitida como igual en el concierto de las naciones y, ahí está el busilis de la cuestión, no es una nación… y, por eso, en puridad, no habría de contar con nacionalistas entre su indocto paisanaje. ¿No es eso lo que quieren?… De hecho España es quizá el país occidental que cuenta con mayor número de nacionales extrañados de su propio país, es decir, de nacionales que reniegan de su nacionalidad, varios millones, si bien es cierto que ninguno de ellos renuncia, por dignidad y coherencia, a las ventajas que de su “forzada” nacionalidad obtiene.

Para la generalidad de los “indepes NN” o “indepes internacionalistas”, España no es tal sino “Estado español”, así le llaman… de modo que tomarse molestias para proclamar otro en las mismas condiciones es un trabajo superfluo e innecesario, pues hay que recordar a esos lumbreras que la independencia política para un grupo integrado por algo más de 7 millones de personas consiste en eso precisamente, en la creación de un nuevo estado con sus fronteras, sus ministerios, su policía, su ejército y su oficina de desempleo, etc, que no en la fundación de un club de petanca, de un “esbart dansaire” o una sociedad gastronómica.  

¿Será la propia “invertebración” de España, socorrida tesis de Ortega y Gasset… nación antigua, fatigada, y modernamente sin nervio y con unas élites dirigentes absentistas y desconectadas de la realidad del país y un paisanaje desagregado por la carencia de conductas ejemplares a imitar… una de las causas de la irrupción de compactos batallones de auténticos tontos de baba que pretenden poner estados nuevos en el mapa, nuevas fronteras, nuevos pasaportes, sin naciones previas que los configuren?

Leídas tiempo atrás unas declaraciones de Rufián, palanganero del nacionalismo (“charnego” repudiado en las «redes sociales» por la facción más etnicista del secesionismo aborigen), donde blasonaba de su independentismo al tiempo que se desdecía de toda veleidad nacionalista. Mensaje que también han emitido dirigentes de CUP, menos mediáticos que el portavoz parlamentario de ERC, y del partido de Colau, el Podemos autóctono. No son nacionalistas… pero, mira tú por dónde, actúan como tales, como si lo fueran. No falla. Siempre a favor de esa delirante payasada de la inmersión lingüística en la escuela pública (a la que no llevan a sus hijos, si pueden), de la más burda propaganda en TV3, de la apertura de ruinosas embajadillas, lo mismo en Tokio que en Timbuctú, de las inconcebibles multas a los comercios rotulados en español (ya extinguidos, como los dinosaurios), etc. Es decir, los “indepes NN” reeditan la bochornosa ejecutoria de la coalición ICV-Els Verds: que no era nacionalista, o eso decían sus voceros a los incautos, pero siempre alineada con ellos en toda ley de materia que podríamos llamar “identitaria”. Siempre.

Mención para un amigo, aficionado taurino (me sacó entrada para ver a José Tomás en La Monumental y me invitó a un puro habano de ritual en el tendido, ojo, un Montecristo (*)), también a un recital flamenco con, atenta la guardia, el llorado El Chocolate y Rancapino en el programa, contrario a la inmersión obligatoria en la escuela y al adoctrinamiento nacionalista, y hoy en lucha bajo la bandera de CC.OO (sindicato suscriptor de aquel engrudo estercóreo del Pacte Nacional pel Dret a Decidir) contra la inevitable deslocalización de una empresa automovilística. Me decía, pues era votante de ICV, que el citado partido, por todo lo enumerado, tenía un problema. Negativo, el problema lo tenía él… que, sabiéndolo o no, votaba a los nacionalistas, incluso contra sus propios principios. Amigo, ya somos mayorcitos… así que a otro perro con ese hueso. Lógicamente, nada ha aprendido, permanece enrocado es sus errores y ahora vota a Podemos, pues en Podemos se integraron IU y ese apósito del nacionalismo que siempre fue ICV. Es lo que tiene trabajar en una cadena de montaje y votar al partido de Janet Sanz, la socia de la Colau: “Hay que repensar (o sea, “liquidar”) la industria de la automoción”. ¿De qué te sorprendes, querido mío?

El enlabio imposible del “independentismo no nacionalista”, además de una contradicción en los términos, no es más que un cebo para atraer a la causa nacionalista a personas que nunca lo han sido, por lo general largando eslóganes (que no argumentos) economicistas como el de “España nos roba”. Y, funciona. Hay casos, no pocos, y menús para todos los paladares… y quienes andan dispuestos a hozar en ese comistrajo inmundo de entre los tribunos de pacotilla que sientan cátedra en bares y cafeterías parloteando tan campanudamente de las corruptelas capitalinas y de las naranjas de Rita Barberá, pero se tientan la ropa antes de hablar del latrocinio sistemático perpetrado durante décadas por el clan Pujol (oficialmente «organización criminal»), artífice máximo de todo este sindiós que es hoy Cataluña… pues a saber entonces quién diantre está escuchando.

¿Qué sentido tiene romper un estado que, como España, “no es nación” para construir otro más pequeño e inevitablemente dotarlo de parecidas estructuras a las del estado matriz (tarea en la que han avanzado mucho, durante décadas, lo mismo los sucesivos gobiernos nacionalistas que los tripartitos de izquierdas infeudados a dicha ideología) en aras de un separatismo que, inaudito, no se sustenta en sentimientos nacionales?

Esta deriva tan absurda como irresponsable podría conducirnos a una suerte de mitosis mundial enloquecida, donde, por la misma regla de tres, no siendo naciones y sus naturales (comarcanos) no nacionalistas, pero sí independentistas, se proclamara la independencia del Alentejo, de la Toscana, de la Provenza, de Pomerania o de las islas Eolias, o, por estas latitudes, de las comarcas de La Garrocha o del Bajo Llobregat y así hasta llegar a la finca de vecinos del número 13 de la calle del Percebe. De suerte que el “independentismo internacionalista” que avala la conversión de territorios sin sustancia nacional en estados soberanos, majadería que a no pocos botarates se les cae de la boca, tendría un efecto fractal paroxístico… el de la eclosión planetaria de esa anacronía feudalizante de infinitesimales reinos de taifas que tuvimos y tenemos en España. ¿Qué aquí no cabe un tonto más? Falso. El nuestro es un país no muy densamente poblado: de modo que hay plazas vacantes para más “indepes NN”. Pasen y vean.

(*) Este amigo, por aquel entonces, me hablaba mucho de la relación entre algo llamado “la izquierda ilustrada” y el mundo de la tauromaquia, es decir, de Lorca (“Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”), de Picasso, Hemingway, o de la gran afición de Sabina. En la izquierda ilustrada, en su versión actualizada, podríamos incluir a Banderas, ese gran actor que blasona siempre de su españolía, honorífico caballero legionario y, cómo no, aficionado taurino, amén de embajador por “antoniomasia” de la lengua española de la que es cerrado paladín… razón por la que manifestó en cierta ocasión que de vivir en Cataluña votaría a ICV-Els Verds, partido favorable a esa coña infumable de la inmersión obligatoria en la escuela… (como que fueron pedagogos (sic) afines al PSUC sus promotores allá por los años 70 del pasado siglo)… y, por ende, de la práctica desaparición de la lengua española en las aulas catalanas, queridísimo y tontuelísimo don Antonio.  

La bonita historia de amor de Ismael y Baldomera, la burra ...

Baldomera: “Soy burra, pero que muy burra… pero no tanto como para hacerme indepe NN”.

¡Soy Pipi Calzaslargas!

¡Soy Pipi Langstrump, pipilota para los niños soy…! ¿Quién no recuerda la simpática tonadilla que daba pie a un nuevo episodio televisivo de ese diablillo pecoso y pelirrojo? Cuando niños, nos encantaba el personaje: era valiente, osada, no temía a nada ni a nadie, acompañada de un monito, a lomos de un caballo y amiga de un capitán pirata. Intrépida como ninguna, vivía mil aventuras, era un alma justiciera y socorría siempre a los más débiles. Jo, qué niña… una auténtica polvorilla, un perdigoncillo rebelde y contestón. Y además lucía unas pintas llamativas, con sus graciosas trenzas, tan exótica… para mí tengo que Nina Hagen, la princesa del punk centroeuropeo, se inspiró en Pipi Calzaslargas para componer su provocativo look sobre los escenarios.

Me ha llegado que Pipi Langstrump devino icono feminista, como arquetipo naif de supernena, de mujercita empoderada. Será verdad, pero ni eso la ha librado de la pujante oleada de radicalismo iluminado e intransigente que azota este descacharrado mundo. En efecto, en Suecia ha sido “sambenitada” (como se decía en tiempos de la Inquisición) de racista y xenófoba, y prohibida la reposición de sus episodios. No es una coña marinera: ni estoy trompa ni me he metido un tripi. Si los ojos le salen de las órbitas, vuélvalos a sus cuencas de un palmetazo, pues cometió Pipi la imprudencia de decir en una secuencia que jugaría “a poner ojitos de chinito”… nunca hiciera tal cosa. Para dar mendaz forma a los tales, tiró de ellos con los índices para almendrarlos en un divertimento inocuo y pueril. Si hubiera jugado “a poner ojitos rasgados”, nada habría sucedido, pero de ese modo ha desatado la fulgurante intolerancia de la enloquecida y ultraortodoxa progresía rendida al movimiento “Blacks Lives Matter, BLM)” que ya se ha salido con la suya y ha retirado “Lo que el viento se llevó” de la plataforma HBO y derribado estatuas erigidas en memoria de Colón, fray Junípero Serra e incluso de Cervantes con la excusa de la esclavitud y del supremacismo blanco.

Soy feo, calvo, bigotudo, sufro de hemorroides, se me junta pelusilla en el ombligo y, pincelada final, años ha me salió un golondrino en el sobaco (una dolencia que sólo padecemos los pinchaúvas, impropia de gente refinada y de buena cuna)… pero no soy «progre» y por ello doy gracias a Dios. Ahora la progresía más desorejada, tras el caso de brutalidad policial que le ha costado la vida a George Floyd, arremete contra todo lo que se menea y en su opinión supone la persistencia de un racismo dominante, secuela indeleble del imperialismo colonialista. Si a George Floyd le hubiera matado un poli negro (un afroamericano, que se dice ahora… como en su día una ocurrente reportera «depuso» en TV aquello de “un subsahariano de nacionalidad dominicana”) no se habría armado tanto revuelo.

En todo caso, parecen decirnos esas eminencias iconoclastas que arrasan como una columna de bulldozers con la estatuaria de medio mundo, siguiendo el magisterio de los talibanes contra los budas colosales de Bamiyán, que a los negros les asiste el derecho a matar y matarse… pero sólo entre ellos, como sucediera en Ruanda entre hutus y tutsis, casi un millón de fiambres en apenas unos días despedazados a machetazos, sin disparar un tiro. No te digo ya si los cafre-yihadistas de Boko Haram secuestran y asesinan en Nigeria a nativos, negros también, de la minoría cristiana: entonces los progres se licuan de placer. A colación de esto último habría que recordar a la nomenclatura de BLM que los árabes y nativos islamizados fueron eslabón fundamental en el engranaje de las capturas de las redes esclavistas que sojuzgaron a no pocas tribus africanas, de modo que, en aras de una mínima congruencia, habrían, asimismo, de canalizar su ira devastadora contra minaretes y mezquitas (ahora también Santa Sofía en Estambul), habida cuenta que el arte escultórico es rehén en el islam de drásticas restricciones.   

Ese febril y mórbido “revisionismo BLM” podría acabar con la práctica totalidad del legado cultural de Occidente, una civilización, según ilustres pesimistas, condenada al suicidio y a la desaparición (empezando por el tectónico e insuperado ensayo de Spengler, de amena lectura por cierto). Uno de los hitos a demoler con excavadoras o potentísimas cargas de C-4 en los cimientos sería, sin duda, el Coliseo de Roma, pues allí confluían prisioneros de guerra, sacas de esclavos de las ergástulas y otros desgraciados para gaudio y expansión de la plebe (panem et circenses) que por lo común eran pasto de las fieras o de los aclamados gladiadores. También los cristianos primitivos derramaron su sangre en la arena, pero es obvio que por ellos los progres no van a elevar airadas y retrospectivas protestas.

Y he dicho Coliseo, que no pirámides de Egipto, mayas o aztecas, o templos incaicos erigidos a latigazos también y convertidos en símbolos respectivos del dominio de poderosos imperios que sometían a tribus periféricas para bonitamente ejecutar sangrientos rituales eviscerando víctimas propiciatorias. ¿Por qué unos sí y otros no? Una chica, portavoz del movimiento, lo explicó en un informativo: incas y aztecas fueron derrotados por los conquistadores occidentales y por ello no hay huella en la actualidad de aquella antigua hegemonía y porque el mundo opresivo e injusto en el que vivimos es legado exclusivo de la civilización judeo-cristiana, blanca y occidental… toma castaña. En otras palabras, que a la memoria de olmecas, chichimecas, y de otros pueblos aplastados por las tiranías heliólatras del Cuzco y de Tenochtitlán, le den por donde amargan los pepinos. Receta para infartar a la criatura: el recomendabilísimo visionado de Apocalypto, de Mel Gibson, para que a la doña y a la progresía criolla les dé la erisipela. Qué trepidante peliculón.

Todo este desparrame “monumental”, nunca mejor dicho, trae consecuencias y comoquiera que la estupidez se difunde en ondas (principio que no fue contemplado por Marco Cipolla en “La leyes fundamentales de la estupidez humana”), ha dado lugar a un hecho verdaderamente insólito: incluso el cuentista de Noam Chomsky, amigo de cuanta cochambre intelectual y política se excreta en este ancho mundo, admirador incondicional de ETA, cómo no, ha firmado un manifiesto solicitando contención y cautela a los nuevos bárbaros de la izquierda mundial… ¡Cómo estará la cosa para que el solicitadísimo conferenciante pretenda embridar a sus desmelenados alumnos!

Otra de las consecuencias es el debate que la desatada fobia colombina ha propiciado en las filas del separatismo, pues mientras CUP es partidario de derribar la estatua de Colón, los chifletas de INH (que no es una cadena hotelera sino el subvencionado Institut de Nova Història) se oponen a quermés semejante, pues no en vano, según sus sesudas investigaciones, Colón era catalán y zarpó de la playa de Pals (que no de Palos) y estaba destinado desde la cuna a descubrir América para los europeos (continente que habría de llevar no el nombre del explorador Vespucio, sino el de Nova Catalunya, of course) y de ese modo traer, ni plata ni oro, sino capazos a rebosar de tomates en las bodegas de sus navíos para inventar el “pantumaca”. Esta reyerta intestina de nuestro nacionalismo cejijunto demuestra que estamos incardinados en las regiones centrales del mundo y que todas las polémicas habidas tienen aquí réplica y asiento. Cataluña, pues, no está en las lindes de la civilización, sino en la almendra, en el meollo del poder planetario.

Pierdan toda esperanza de que las hordas flagelantes contra el racismo exijan el cambio de nombre de la calle dedicada por el consistorio de Barcelona a ese paleto malhumorado de Sabino Arana (y de paso la “limpia” de medio nomenclátor urbano, infestado de racistas autóctonos) o que SOS Racisme repruebe a Quim Torra por sus devaneos genetistas (baches en el ADN y lengua de las bestias taradas). Antes de que la intemperancia de los nuevos hunos (o mejor de “unos”, pues muy capaces son de escribirlo sin hache) se module y devenga mayoritario paradigma de lo políticamente correcto, me bajaría de matute, de los “interneles”, la filmografía completa de John Ford, por ejemplo, que pronto engrosará la lista negra de autores prohibidos, pues si un género fílmico peligra es el de los clásicos del western. No dudaría tampoco en agenciarme un ejemplar de “Kim de la India” de Rudyard Kipling, antes de que Fahrenheit 451 sea realidad. Y apunten Conguitos en la lista de la compra, no sea que mañana retiren la golosina imperialista de las estanterías. Me comeré unos cuantos canturreando la tonadilla de Pipi Calzaslargas lo más cerca que pueda de uno de eso botarates para amargarle el día o para chinchar a la bellísima Susana Griso.

No despediré esta festiva “tractorada” sin invitarles a que contemplen, acaso por última vez en esta vida y en la otra, un fragmento inolvidable de “Murieron con las botas puestas”, de Raoul Walsh, donde Errol Flynn, en el papel del imbécil y suicida del general Custer, a poco de ser derrotado en Little Bighorn, adopta como himno para el 7º de Caballería de Michigan la canción irlandesa Garry Owen, que un buen día silbamos todos arrebatados de heroicas ensoñaciones infantiles. Cabe decir que, como todos aquellos que en su impostada juventud rebelde y levantisca corrieron delante de los “grises” cuando es público y notorio que andaban detrás de las chicas en minifalda fumándose un canuto, ahora resulta que todos, siendo niños, preferíamos los indios a los “panzas azules”, con sus relucientes sables desenvainados y sus uniformes como de húsares del lejano Oeste, tomando cacillos de ponche y bailando con señoritas elegantes y bellísimas antes de la carga definitiva a galope tendido.   

El huevo de la serpiente (¡Otra vez!)

Me apuesto los bigotes a que la película de Ingmar Bergman (proyectada en el ciclo de cine de la Asociación por la Tolerancia) es la que ha dado pie a titular más artículos de opinión que ninguna otra, por lo que tiene de brumosa, turbia e inquietante aruspicina. Tiro de tópico fílmico y éste es mi envite: inevitablemente la fracción más exaltada del nacionalismo (exaltada y decepcionada con la marcha del interminable y soporífero “procés”) se inclinará a no mucho tardar por el terrorismo, que en TV3, RAC-1 y otros medios pedisecuos del separatismo (desconexión regional de TVE) llamarán, cómo no, “lucha armada”. Es cuestión de tiempo, no demasiado. Y es de cajón, de una diabólica e implacable lógica interna.

Primero, va de suyo, es preciso crear el discurso de la necesidad de la violencia como medio imprescindible para la supervivencia de un pueblo sojuzgado, y ese discurso está hecho: pues cuando te sermonean día y noche diciendo que “España te roba”, “España es una potencia ocupante”, “España es represión”, e incluso “España nos contamina(*)” pasando a los nativos mantas infectadas por el coronavirus (como hacían los yanquis para diezmar la población india confinada en las reservas contagiando de gripe a caso hecho), alzarte en armas contra ella y erosionarla mediante atentados selectivos es casi un imperativo moral. ¿Quién habría de extrañarse por ello con el sinfín de perrerías anteriormente enumeradas a las que la puta España de los cojones somete a los inocentones aborígenes? Es, pizca más o menos, lo que la teoría del padre Mariana sobre la legitimidad del tiranicidio cuando el gobernante bastardea la moneda (por acuñación masiva y devaluación) y empobrece aún más a la sociedad sometiéndola a injustas y abusivas exacciones. Joan Canadell, presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, sería en el presente caso el insigne referente: “España es paro y muerte”.

Para dar tan siniestro paso hay que barajar algunos condicionantes más. Uno de ellos es la aceptación social del terrorismo ideológico, pues éste ha dejado de ser una lacra, siempre que sea de obediencia nacionalista o de extrema izquierda, y, en cambio, otros supuestos “terrorismos” ocupan su lugar: “el terrorismo machista”, “el climático-ecológico” o “el empresarial”. En esa dirección ya hemos avanzado y mucho. El llamado blanqueamiento de la violencia es un factor básico. Y el mal ya ha sido banalizado (Hannah Arendt). Otegui es “un hombre de paz”, Zapatero dixit. Bildu (Herri Batasuna) “salva” vidas (Ábalos) y es un partido “homologado” en la vida parlamentaria (Idoia Mendía brinda con Otegui tan ricamente) y el gobierno de la nación, y el foral de Navarra, cuentan con Batasuna-Bildu para aprobar decretos o ganarse su abstención como si se tratara de un actor político más. Es decir, hoy busco el apoyo de C’s para esto, del PP para eso y para aquello otro el de Bildu, chimpún… y los atentados de Hipercor y contra la Casa Cuartel de la Guardia Civil en Vich son agua pasada. Pelillos a la mar.

En clave local, Mónica Terribas babea de lo lindo en un plató de TV3 entrevistando a Otegui, Jair Domínguez dispara contra dianas con la efigie del Rey y de Rajoy, a cuyo trasero adosaría el finado Pepe Rubianes (con calle dedicada en Barcelona) una bomba “para que le cuelguen los cojones de un campanario” (risas y aplausos del público presente), agresiones salvajes a manifestantes constitucionalistas y a las chicas de la Plataforma Pro-Selección Española, llamamientos a la ya mentada “lucha armada” (Albert Donaire, Josep Maria Piqué, Marc Serra), homenajes al terrorista Carles Sastre (“independentista pata negra”, así presentado a la audiencia en un reportaje de la cadena regional, el mismo de los bombazos en el pecho a Bultó y Viola durante la Transición)… y un día veremos, por qué no, a Freddy “Krueger” Bentanachs (fea y despelujada réplica del indio malo de Twin Peaks) de pregonero en las fiestas patronales de Tortellá o de Capolat.

Quiere decirse que el terrorismo y quienes lo practican han sido “normalizados” y no sería aventurado presumir que un considerable porcentaje de nacionalistas exaltados (que a día de hoy lo son casi todos, “exaltados”) y de los extremistas de la izquierda “colau-podemita” que idolatran a Rodrigo Lanza (“Ciutat morta”, documental galardonado en el Festival de Cine de Málaga) y a Alfon (mochilita de paseo con explosivos y metralla), aceptarían de grado la irrupción de un grupo terrorista. Si, a ojo de buen cubero, dijera que un 10-12% de catalanes entenderían y/o aplaudirían la comisión de atentados en pro de la independencia, no me equivocaría de mucho.

¿Cuál habría de ser el detonante? La sensación de fracaso “procesual” que entre no pocos separatistas generan los titubeos de sus dirigentes institucionales. Luchas intestinas, discrepancias entre partidos y siglas, declaraciones contradictorias, dilaciones, cominerías, cansancio… de tal suerte que perciben que la llamada “vía pacífica” invocada una y otra vez no renta los dividendos esperados y no es fórmula ya para alcanzar el preciado objetivo. “Ir de bueno es ir de tonto… no funciona”. “Nos están tomando el pelo, nos han utilizado”. Nada enfurece más la dignidad herida que el ridículo de los propios: es como echar unas gotas de solimán en la llaga purulenta. Y es que han dicho y hecho gansadas a espuertas.

Ahora se trata de cultivar la cantera como ETA tenía su “Lezama” en Jarrai, por ejemplo. Pensemos en todos esos jóvenes CDR (la vanguardia generacional del movimiento, nutrida por los hijos de Quim Torra) educados, sea el caso, en las comarcas de interior, en la Cataluña profunda, desde la más tierna edad en un catalanismo étnico exacerbado y en un persistente odio a España. Acudieron con entusiasmo a las movilizaciones pensando que cambiarían el mundo, que estaban haciendo algo grande… haciendo Historia… algo de lo que sentirse orgullosos para decir mañana a sus hijos y nietos que ellos “estuvieron allí”, que fueron protagonistas.

Esos chicos que quedan con la peña de amigos (la “colla”) en un cobertizo, con la serranía de “Els tres hereus” o el macizo del Pedraforca al fondo, para ensayar música y formar un grupo de pop-rock rural y descubren que son tan malos como los muchos que suenan por cuota en las emisoras de radio subvencionadas. Esos chicos que se toman unas birras y comparten un petardo, saben que no hay nada más sencillo que fabricar un cóctel-molotov o prender fuego a unos neumáticos para cortar una carretera, a guisa de rito de paso conducente, a medio plazo, al disparo en la nuca. Esos chicos que han percibido que con proclamas, por incendiarias que sean, y cabildeos políticos no se llega a otra meta que la frustración… y de golpe se borraron aquellas alegres sonrisas juveniles de las manifestaciones multitudinarias (la revolució dels somriures). Con nada de eso basta, pues hay dinámicas, inercias y servidumbres que no se quebrantan sólo con la palabra.

Esos chicos, en definitiva, que repiten en su fuero interno “no puedo quedarme de brazos cruzados, no puedo fallar a los míos… no quiero que nadie me eche en cara que llegada la hora di un paso atrás… no podría soportar vivir con esa lacra, reprochándome que no fui capaz de comprometerme, de exponerme a cambio de una vida cómoda y regalada, pero sin sustancia, sin correr ningún riesgo”.

De modo que nadie sabe cómo un porcentaje significativo de los integrantes de esa generación aprenderá a gestionar el previsible trauma del “procés” interminable. Las patochadas militaristas del SEM (Servei d’Estudis Militars), donde, eso creo, anda hociqueando ese botarate de Miquel Sellarés, es algo marginal en el seno de la ANC, los “cataborrokas” de Lliris de Foc (Lirios de Fuego) no cuajan, y no es de extrañar con esa cursilada de nombre (bien entendido que siendo la suya una denominación fifí, no quita que si te dan un tiro, mueres lo mismo que si te lo dan los feroces “Tigres de Arkan”).

En definitiva, la retórica de la violencia ya la tenemos instalada entre nosotros. Falta elaborar la dimensión fáctica, épica, aquello de pasar “de las musas al teatro”. Para los más intemperantes, exploradas sin éxito las vías “pacíficas” (que es cuestión de perspectiva, pues sus víctimas potenciales pensamos que van ganando la partida por goleada y que han conseguido muchos de los objetivos codiciados), sólo queda el recurso a la violencia directa, esto es, la creación de una ETA catalana. En sus comunicados comparecerán nuestros “gudaris” nativos encapuchados, sólo que con barretina en lugar de chapela. Y, si nada de “provecho” consiguieran a bombazos y tiroteos, aparte de liquidar a unos cuantos enemigos, con el tiempo y unos giros planetarios de por medio, amén del preceptivo “abandono de las armas”, pasarían a ser “hombres de paz” e interlocutores políticos tan válidos como Bildu… y los “activistas” de los “taldes” aborigenistas apenas cumplirían en presidio una parte ínfima de sus condenas, pues incomprensiblemente, a causa de las dichosas transferencias competenciales (Junqueras & Cia), algunas CCAA mangonean el régimen de permisos penitenciarios.

Ya se resquebraja el cascarón y la negruzca viborilla asoma sus colmillitos mientras tú lees estas líneas. 

(*) Más rocambolesco aún… Empar Moliner, la zumbada de TV3 que quemó un ejemplar de la Constitución en plató, insinúa que el rebrote en las comarcas de Lérida se debe al envío premeditado desde España de inmigrantes infectados por el coronavirus para las tareas frutícolas.

¡A la (puta) cárcel!

Cuántas veces no hemos sintonizado esa meliflua monserga en la línea de odia el delito, compadece al delincuente: “No me gusta que la gente vaya a la cárcel”. Pues, según quién. No me fastidies, si alguien va a la cárcel por el mero hecho de ser “gente”, ni a mí ni a nadie. Pero en cuanto hay motivos poderosos para que un fulano ingrese en prisión, como la bola de billar emboca el camino de la tronera, pues yo, en mi misma y mismosa mismidad, claro que me alegro… ¡No te amuela!

Cuatro años ha tardado en salir la sentencia contra los energúmenos que agredieron salvajemente a las chicas de la Plataforma Pro-Selección Española. Corría el año 2016 cuando Ruth y María Rosa, a las que muchos hemos saludado por su coraje y pundonor en diversos actos, fueron “manadizadas” en la carpa informativa instalada en la avenida Meridiana… insultadas (putas españolas), escupidas, pateadas brutalmente en el suelo por un hatajo de separatistas rabiosos del grupo Desperdicis (toda una definición y declaración de intenciones), hinchas de la UE Sant Andreu y simpatizantes de CUP (incluso, metidos en harina, les robaron objetos personales… unos angelitos).

Las garantías judiciales han de ser todas para los procesados, por supuesto, sólo que choca enormemente que sus señorías, por denso que sea el colapso judicial pre y post-coronavírico, hayan demorado el fallo por ese dilatado espacio de tiempo habida cuenta de la irrefutable nitidez de imágenes y sonidos captados en un video profusamente difundido en medios digitales y que fue aportado en la vista como prueba de cargo. Cuatro años, atenta la guardia.

Se esperan aún esas declaraciones de cercanía y solidaridad para consolar a nuestras apaleadas heroínas por parte de las más reputadas dirigentes femi-podemitas (antes, por error, llamadas «feminazis»). Que Ruth y María Rosa esperen sentadas. Tal cosa no sucederá jamás, pues por animar a España (e informar de las gestiones ante la alcaldesa Colau para que ésta permitiera la retransmisión, en espacio público, de los partidos de nuestra selección en la Eurocopa de Naciones), lucir pulseritas con los colores nacionales y vender pins y camisetas, es evidente que para las “chochopower” empoderadas, nuestras chicas dejaron de ser mujeres para convertirse en vulgares rameras, en furcias arrastradas a las que es lícito golpear, vituperar y cubrir de salivazos. Dejaron de ser mujeres, como en el día de autos berrearon sus victimarios, para convertirse en putas españolas.

Por no perder el hilo de la narración añadiré que no hubo, al fin, permiso municipal, como cabía esperar, pero en descargo de la alcaldesa diré que, en cambio, y a guisa de generosa compensación, sí autorizó a la ANC a retransmitir el ingreso en prisión de los golpistas del 01-0 con pantalla gigante en las inmediaciones del Arco de Triunfo e, ítem más, los aficionados al cricket de las comunidades paquistaní e india avecindados en Barcelona pudieron seguir en La Rambla del Raval el match en la cumbre que enfrentaba a sus respectivas selecciones en la Copa Asia, o evento parecido.  

No me cabe la menor duda de que, por los servicios prestados, los agresores, una vez enjaulados, pues la pena es superior a dos años, de inmediato recibirán entre rejas trato de favor como sucediera con “los Jordis”, Junqueras y el resto de cofrades, pues son la misma camada, aunque con reparto de papeles diferenciado. Mientras los segundos se sitúan en el erudito ámbito de la teoría y de la estrategia, en sus despachos y gabinetes de estudio, categoría en la que entran las prisiones gestionadas por el gobierno regional donde disfrutan de todas las comodidades y de las infraestructuras necesarias para el teletrabajo (concepto tan à la page en la actualidad), los primeros son los esbirros que interpretan los mensajes de la superioridad y los traducen al román paladino a pie de obra, en la calle, ensuciándose las manos con la sangre de sus víctimas.

He consultado un par de medios digitales que se hacen eco de la noticia y he comprobado, para mi sorpresa, que siendo públicas las identidades e imágenes de las agredidas, no lo son en cambio las de los condenados en firme. De tal suerte que de sus nombres (uno de ellos no pisará el trullo porque ha sido condenado a 16 meses) se publican sólo las iniciales y por parte alguna aparecen sus fotografías, burladas al gran público para que este último desconozca el aspecto de los patibularios matones. No sabe uno si se trata de un ejercicio incomprensible de cautelar protección a los malvados o de mera impericia periodística.

Ahora, no obstante, eso no importa. El meollo de la cuestión es que esa gentuza visita chirona, que es donde debe estar por una buena temporada. Y yo me felicito por ello, tanto que me he tomado una copichuela para celebrarlo. Un pelotazo de Gordon’s con un golpe de burbujeante agua tónica. Sé que no es la ginebra más prestigiosa del mundo, pero es que los expertos y sibaritas de refinado paladar ya me tienen un pelín frito con la cantinela ésa de las marcas premium. Con todo no he apurado la botella, pues me reservo otro trago sublime y conmemorativo por si en la revisión del juicio a Rodrigo Lanza, ídolo de la extrema izquierda podemita y cupera, que dejó en estado vegetativo, de una pedrada, a un policía local de Barcelona durante un desalojo “okupa” y asesinó en Zaragoza de un botellazo en la cabeza, a traición, a Víctor Laínez por lucir unos tirantes con los colores nacionales, aumentan esa risible condena a cuatro años fallada en primera instancia… ni tres ni cinco, cuatro.

Hala, «todos a la (puta) cárcel», como en esa peli de Berlanga con el irrepetible José Sazatornil, “Saza”, enseñoreado del coral elenco.

PD.- A cuento del puente medieval de Besalú (véase “Besalú, mon amour”) apréciese en la foto el estado en que quedó esa maravilla arquitectónica tras ser dinamitado por los milicianos en fuga ante el avance de las tropas nacionales. Sin duda creyeron que el caudaloso río Fluviá, con sus corrientes, su profundidad insondable, e infestado de cocodrilos como el río Pisuerga, las detendría indefinidamente. Documento allegado a esta redacción por gentileza del historiador Pere Sureda y de mi admirado amigo Federico Trias De Bes.

 

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