Semanas atrás vimos a un dirigente de Junts (antigua CiU) haciendo el ridículo urbi et orbe con gran desparpajo delante del Papa León XIV durante la visita de éste al Congreso de los Diputados. Siguiendo el ejemplo de su jefa de filas, Laura Borrás (Borràs), el interfecto le largó la chapa al Pontífice, solicitando a Su Santidad que hablara en catalán al girar próxima visita a Barcelona para consagrar la torre de Cristo del templo expiatorio de la Sagrada Familia. El caso es que el andoba ése farfulló su parlamento en italiano, más o menos “macarrónico”, por aquello de no abrasarse el paladar hablando la lengua colonial, cuando es sabido que el Santo Padre domina nuestro idioma a las mil maravillas. Sin duda, éste último pensó “qué diantre les pasa a estas ovejas mías, más que descarriadas, bobaliconas, que me hablan en inglés e italiano si los tres hablamos español”. Cuando entró en el Congreso, sede de la soberanía nacional (que no popular) y le explicaron la gansada de los pinganillos y traductores, comprendió a las claras que la “desburrización” antecede, por extrema urgencia, a la “neoevangelización” en la otrora católica España.
Sorprende la elección de la lengua italiana por parte del dirigente separatista. Italia, según la cosmovisión del milenarismo aborigenista, oprime a Cerdeña. Algunos sardos, un 5% del censo, consideran que Cerdeña, como Cataluña, es una nación y que la metrópoli les priva de su libertad. Siempre que pueden entonan el melodioso “Coro de los esclavos” del Nabucco, de igual manera que nuestra burguesía particularista en El Liceo (¿O fue en el “Palau de la Mùsica”?) si está Artur Mas en el palco. Quiere ello decir que nuestro hombre se dirige a León XIV en el idioma que utiliza Roma para sojuzgar una nación hermana. A eso le llaman falta de “empatía”.
Pero, hete aquí, pues la cosa no es tan sencilla, que Cerdeña cuenta con la plaza de El Alghero, una localidad que el espectador avisado comprobará que no falta jamás en el pronóstico meteorológico de TV3. Acabáramos, El Alghero en Cerdeña, lo mismo que Perpiñán en Francia, Valencia, Fraga en Huesca, Mahón en Menorca y Canillo en el principado de Andorra, integran los ensoñados “países catalanes” de nuestros localistas exaltados. Y todo ello, consideran, porque en los citados territorios se habla catalán en alguna de sus variantes dialectales. Que equivaldría, por así decir, a que en el pronóstico meteo de TVE nos dieran la murga a diario con la temperatura máxima registrada en Barranquilla o con el índice pluviométrico de Caracas, Buenos Aires y Malabo, e incluso de Zamboanga por el “chabacano” filipino, porque en esas coordenadas geográficas se habla en español. El pronóstico del tiempo se comería todo el minutaje del noticiero habida cuenta la notable extensión de unos también ensoñados “países españoles”.
Ahora bien, que en El Alghero se hable catalán, más allá de que algunos ancianos en peligro biológico de extinción se saluden por la calle diciendo “bon dia” o “bona nit” para, poco después, pasarse al italiano opresor, es bastante discutible. O eso me han contado testigos presenciales dignos de todo crédito. Pero, claro está, luego se viene el espinoso asunto de los sentimientos de pertenencia nacional. Demos por sentado que Italia oprime a Cerdeña, pero… ¿Qué pasa con El Alghero? ¿Cerdeña lo cedería alegremente a Cataluña en virtud de un concordato lingüístico entre naciones libres y hermanas que fueron esclavizadas durante siglos por potencias extranjeras?… o… ¿En aras de un intenso proceso de “sardización” en toda la isla para sacudirse del lomo la enculturación italiana, nos dirán que la residual y languideciente pervivencia del catalán en ese rinconcito no deja de ser un anacronismo, un vestigio de una dominación foránea, aunque anterior, igualmente execrable, liquidando así, de un manotazo, la llamada solidaridad entre nacionalismos irredentos? ¿Nos habrán de avergonzar un buen día los soberanistas sardos, antaño hermanos en el sufrimiento, exigiendo de muy malos modos que “apartemos nuestras sucias y expansionistas patas de El Alghero”?
En todo caso, y despejada ahora la incógnita de las mitosis separatistas sucesivas (e hipotéticas) con relación a El Alghero (primero Cerdeña de Italia y después El Alghero de Cerdeña), lo que es verdad sin efugio en la delirante estructura mental del separatismo catalán es que Italia, transitando la misma senda que España y Francia, no permite realizar íntegramente las aspiraciones nacionales de Cataluña manteniendo dicha plaza bajo su égida. Por esa razón, lo congruente con las escenificaciones de nuestro aborigenismo más demente y combativo pasaría por incluir la tricolor italiana en la habitual quema de banderas opresoras en vísperas de la Diada y en otros festejos de parecido tenor. Hemos visto a encapuchados quemar banderas españolas y francesas, pero nunca la de Italia. ¿A qué esperan nuestros irascibles muchachos del particularismo cateto y rabioso a reducirla a cenizas en sus protestas piromaníacas?
A fin de cuentas, por emular la propaganda nazi de preguerra, nuestros cafres esencialistas bien podrían descolgarse con un “L’Alguer és català” (*), a imagen y semejanza de aquel “Danzig ist Deutsch” (*) que fue la excusa invocada para reclamar un corredor bajo soberanía alemana hasta la Prusia Oriental y justificar de ese modo la invasión de Polonia. La cuestión es que los separatistas hacen del agravio su modo de psique y de vida y ese desarreglo mental específico conduce inexorablemente a pulsiones crematorias entendidas como agresión, quema de banderas, o purificación, sea el caso de la anunciada purga por el fuego de la obra del escritor Eduardo Mendoza el pasado 23 de abril… a quien dimos la bienvenida al club de la resistencia en una tractorada anterior, después de pasarse el novelista décadas de perfil ante la cansina monserga del nacionalismo bajo el paraguas protector del PSC.
El nacionalismo traduce en quema de banderas las ofensas recibidas y la inercia consiste en añadir nuevos estandartes a su lista negra, pues quien más quien menos alguna faena imaginaria le ha hecho en el pasado, y así hasta el día en que las queme todas y sólo quede la suya a salvo de las llamas. La bandera de Italia arde primorosamente si le prenden fuego. No es menos que las de España y Francia y también exige sus minutos de efímera y abrasiva gloria.
(*) “El Alghero es catalán” y “Danzig es alemana”

¿Y a mí por qué no me queman esos nenes? Porca Miseria!
