Cuántas veces no hemos sintonizado esa meliflua monserga en la línea de odia el delito, compadece al delincuente: “No me gusta que la gente vaya a la cárcel”. Pues, según quién. No me fastidies, si alguien va a la cárcel por el mero hecho de ser “gente”, ni a mí ni a nadie. Pero en cuanto hay motivos poderosos para que un fulano ingrese en prisión, como la bola de billar emboca el camino de la tronera, pues yo, en mi misma y mismosa mismidad, claro que me alegro… ¡No te amuela!
Cuatro años ha tardado en salir la sentencia contra los energúmenos que agredieron salvajemente a las chicas de la Plataforma Pro-Selección Española. Corría el año 2016 cuando Ruth y María Rosa, a las que muchos hemos saludado por su coraje y pundonor en diversos actos, fueron “manadizadas” en la carpa informativa instalada en la avenida Meridiana… insultadas (putas españolas), escupidas, pateadas brutalmente en el suelo por un hatajo de separatistas rabiosos del grupo Desperdicis (toda una definición y declaración de intenciones), hinchas de la UE Sant Andreu y simpatizantes de CUP (incluso, metidos en harina, les robaron objetos personales… unos angelitos).
Las garantías judiciales han de ser todas para los procesados, por supuesto, sólo que choca enormemente que sus señorías, por denso que sea el colapso judicial pre y post-coronavírico, hayan demorado el fallo por ese dilatado espacio de tiempo habida cuenta de la irrefutable nitidez de imágenes y sonidos captados en un video profusamente difundido en medios digitales y que fue aportado en la vista como prueba de cargo. Cuatro años, atenta la guardia.
Se esperan aún esas declaraciones de cercanía y solidaridad para consolar a nuestras apaleadas heroínas por parte de las más reputadas dirigentes femi-podemitas (antes, por error, llamadas «feminazis»). Que Ruth y María Rosa esperen sentadas. Tal cosa no sucederá jamás, pues por animar a España (e informar de las gestiones ante la alcaldesa Colau para que ésta permitiera la retransmisión, en espacio público, de los partidos de nuestra selección en la Eurocopa de Naciones), lucir pulseritas con los colores nacionales y vender pins y camisetas, es evidente que para las “chochopower” empoderadas, nuestras chicas dejaron de ser mujeres para convertirse en vulgares rameras, en furcias arrastradas a las que es lícito golpear, vituperar y cubrir de salivazos. Dejaron de ser mujeres, como en el día de autos berrearon sus victimarios, para convertirse en putas españolas.
Por no perder el hilo de la narración añadiré que no hubo, al fin, permiso municipal, como cabía esperar, pero en descargo de la alcaldesa diré que, en cambio, y a guisa de generosa compensación, sí autorizó a la ANC a retransmitir el ingreso en prisión de los golpistas del 01-0 con pantalla gigante en las inmediaciones del Arco de Triunfo e, ítem más, los aficionados al cricket de las comunidades paquistaní e india avecindados en Barcelona pudieron seguir en La Rambla del Raval el match en la cumbre que enfrentaba a sus respectivas selecciones en la Copa Asia, o evento parecido.
No me cabe la menor duda de que, por los servicios prestados, los agresores, una vez enjaulados, pues la pena es superior a dos años, de inmediato recibirán entre rejas trato de favor como sucediera con “los Jordis”, Junqueras y el resto de cofrades, pues son la misma camada, aunque con reparto de papeles diferenciado. Mientras los segundos se sitúan en el erudito ámbito de la teoría y de la estrategia, en sus despachos y gabinetes de estudio, categoría en la que entran las prisiones gestionadas por el gobierno regional donde disfrutan de todas las comodidades y de las infraestructuras necesarias para el teletrabajo (concepto tan à la page en la actualidad), los primeros son los esbirros que interpretan los mensajes de la superioridad y los traducen al román paladino a pie de obra, en la calle, ensuciándose las manos con la sangre de sus víctimas.
He consultado un par de medios digitales que se hacen eco de la noticia y he comprobado, para mi sorpresa, que siendo públicas las identidades e imágenes de las agredidas, no lo son en cambio las de los condenados en firme. De tal suerte que de sus nombres (uno de ellos no pisará el trullo porque ha sido condenado a 16 meses) se publican sólo las iniciales y por parte alguna aparecen sus fotografías, burladas al gran público para que este último desconozca el aspecto de los patibularios matones. No sabe uno si se trata de un ejercicio incomprensible de cautelar protección a los malvados o de mera impericia periodística.
Ahora, no obstante, eso no importa. El meollo de la cuestión es que esa gentuza visita chirona, que es donde debe estar por una buena temporada. Y yo me felicito por ello, tanto que me he tomado una copichuela para celebrarlo. Un pelotazo de Gordon’s con un golpe de burbujeante agua tónica. Sé que no es la ginebra más prestigiosa del mundo, pero es que los expertos y sibaritas de refinado paladar ya me tienen un pelín frito con la cantinela ésa de las marcas premium. Con todo no he apurado la botella, pues me reservo otro trago sublime y conmemorativo por si en la revisión del juicio a Rodrigo Lanza, ídolo de la extrema izquierda podemita y cupera, que dejó en estado vegetativo, de una pedrada, a un policía local de Barcelona durante un desalojo “okupa” y asesinó en Zaragoza de un botellazo en la cabeza, a traición, a Víctor Laínez por lucir unos tirantes con los colores nacionales, aumentan esa risible condena a cuatro años fallada en primera instancia… ni tres ni cinco, cuatro.
Hala, «todos a la (puta) cárcel», como en esa peli de Berlanga con el irrepetible José Sazatornil, “Saza”, enseñoreado del coral elenco.
PD.- A cuento del puente medieval de Besalú (véase “Besalú, mon amour”) apréciese en la foto el estado en que quedó esa maravilla arquitectónica tras ser dinamitado por los milicianos en fuga ante el avance de las tropas nacionales. Sin duda creyeron que el caudaloso río Fluviá, con sus corrientes, su profundidad insondable, e infestado de cocodrilos como el río Pisuerga, las detendría indefinidamente. Documento allegado a esta redacción por gentileza del historiador Pere Sureda y de mi admirado amigo Federico Trias De Bes.

