Doblaje malaje

Traduttore, traditore, así reza el dicho. Sentencia que cobra más significado que nunca en el doblaje de películas, y con más motivo cuando se trata de TV3 que es, sin duda, una de las herramientas más tóxicas, no sé si eficaz, pues en principio basta con no sintonizarla, con la que cuentan los nacionalistas para envenenar al segmento más lanar del paisanaje. Tóxica y cara, pues nos sale la factura, veámosla o no, por una millonada anual. No quieras saber, pues, el acumulado desde el día en que comenzaron sus emisiones allá por septiembre de 1983.

El día de autos nos retrotrae un par de años, acaso alguno más. Aquella noche, como decimos tan a menudo, no “echaban nada potable por la tele”, nada que fuera de nuestro interés, del mío y del de la autoridad conyugal… salvo una película española protagonizada por Javier Cámara, destinado desde la cuna al séptimo arte (chiste malo), y el argentino Ricardo Darín y programada, miau, quise decir guau (por lo que se verá), en el canal autonómico. Tras la plaqueta, Cesc Gay, director de la muy estimable “En la ciudad”, que no es poco por tratarse de una película española contemporánea.

No es frecuente que dicho canal proyecte películas españolas, salvo que producción, director, actores y localizaciones sea todo made in Catalonia, circunstancia que no le tengo en cuenta al ente público, pues no soy siquiera espectador ocasional de la cadena, con la excepción de los pronósticos meteo que, por una cuestión de cercanía geográfica y de supuesta precisión me obligan a ver, lo repito: me obligan… al tiempo que mi desapego del cine español actual es casi absoluto, por su calidad deficiente y por la tendencia al sermoneo sectario de muchos de sus protagonistas (actores y directores: bodrio “galas Goya”). No participo en absoluto de esa suerte de “patriotismo cinematográfico” al que son afectos todos los progres que conozco, que cantan mil alabanzas de nuestro (su) cine y te instan a verlo en un formato casi imperativo, “hay que ver cine español”… exactamente los mismos que abjuran de España, de su nombre, de su bandera, de los símbolos nacionales y de todo aquello que les recuerda ese malhadado país del que no se sienten nacionales, sea el caso de Fernando Trueba, sin ir más lejos. Se limpian el trasero con todo lo español, salvo con el cine, mira tú qué cosa.

Pero en ocasiones TV3 programa una peli española, claro es, si existe una versión doblada íntegramente al catalán. Siempre bajo ese restrictivo precepto idiomático. Tengo entendido que las “teles” de aquellas regiones en las que existe una lengua co-oficial, no sólo emiten parte de su programación en la lengua común, si no que muchas de sus películas, de factura nacional o extranjera, son proyectadas en V.O o dobladas al español, lo mismo “telegaita” que “telechapela”, por ejemplo, y a nadie por ello, sean “ceibes” o “abertzales”, se le salen las tripas. Vaya por delante que profeso a esas cadenas la misma o parecida estima que a TV3: ninguna.

Proyectaron “Truman”, una dramedy con los actores citados y el perrito de uno de ellos, Truman, el “prota” canino, guau, guau. Echando un somero vistazo a la cinta comprobé dos cosas, que Javier Cámara se doblaba a sí mismo, y no lo hizo nada mal, por cierto, y que a Ricardo Darín, que siempre habla con su atractivo acento porteño, seña de identidad, pues no tiene otro, le doblaba al catalán un actor desconocido: chúpate ésa. Es decir, TV3 no podía consentir que en su emisión se colara la voz original del actor argentino. Repito: no podía consentir que en horario prime time unas frases en español, siquiera con ese deje bonaerense, agredieran los castos oídos de su refinada audiencia.

Ese requisito de edición y emisión, salta a la vista, desvirtúa la peli por “castración”. Constituye un horripilante e innecesario atentado cinematográfico, que vale por artístico. Un desatino, una chufla, una patarata fílmica de primera. Resulta chocante que los actores españoles se presten a ser doblados por otros, o a doblarse a sí propios, cuando la película es distribuida o proyectada en algunas regiones de España, pues en español son entendidos a la perfección por todos los espectadores nacionales, cual sea su lugar de nacimiento o residencia. Hecho que va en detrimento de eso que reclaman tan a menudo los cinéfilos más ortodoxos: el deseable “visionado” de las obras en su versión original. Javier Cámara (destinado desde el bautismo a la mayordomía o ayudantía, segundo chiste malo a su costa) se aviene a semejante pampirolada. Con su pan se lo coma… ¿Se doblará a sí mismo en silbo gomero si las pelis en las que interviene se exhiben en Muyayo-TV?

Pero no es el único. También lo hemos visto hacer recientemente a Luis Tosar en “La sombra de la ley”, una boñiga importante emitida en la antedicha cadena hace muy pocas fechas. De Tosar sorprende menos, pues el actor gallego, si no han remitido sus pulsiones onano-localistas, ha sido militante y candidato de BNG (pronúnciese be-ene-gé) en las elecciones europeas de 2004 por la coalición Galeusca (junto a CiU y PNV). No sabemos si la delicada mano de Marta Etura ha servido estos años para calmar a la fiera particularista amorrada con tesón al dulcísono pitorro de la gaita. En todo caso, ya están separados… así es la vida. En resumidas cuentas, que en la peli que da pie a esta tractorada fue Truman, el perrito, el único que no consintió en ser bastardeado por un doblaje estúpido: guau, guau. Truman, guapetón, yo te saludo.     

 No hemos de perder la esperanza, hay que pensar a lo grande y ser positivo. Por esa razón sueño… ¿Es tanto pedir?… con un país sin televisiones autonómicas. A veces es preciso dejar cosas en el camino, sobre todo si nada aportan al colectivo y cuestan mucho. ¿Alguien podría darme la mastodóntica cifra, siquiera aproximada, de los millones que ha sumado hasta el presente la agregación de las partidas presupuestarias asignadas a las tele-taifas… (y sus déficits acumulados)… a todas, incluidas Tele-Ceuta, si existe, y Tele-Madrid? Y eso sin contar las cadenas municipales que también llevan lo suyo, sea el caso de TV Balaguer, de la que ya se habló, o la supersectaria “Tele-Colau (BTV)”.   

En la última década hemos vivido y más o menos superado devastadoras crisis económicas e índices de paro superiores al 25% de la población activa, sangrientos atentados terroristas, huelgas generales, la depauperación de la escuela pública, la chufla ésa de la inmersión lingüística obligatoria (rectifico, estos dos últimos ítems no se superan nunca, son dos constantes matemáticas), el coronavirus, o eso dicen, gracias a la “habilísima” gestión gubernamental, recitales de Nùria Feliu y Lluis Llach (de familia tradicionalista e hijo de un alcalde franquista de Verges, provincia de Gerona), lo mismo solitos que a dúo (abracadabrante tostón) o las ramplonas peroratas, maniqueas y banderizas, de Jorge Javier Vázquez en Telecinco (el Torquemada LGTBi)… y el mundo gira, a la noche sigue el día, los hijos crecen y las madres envejecen… ¿Quién dice que no superaríamos mañana una parrilla televisiva sin TV3, ETB, CanalSur o Tele-Murcia? ¿Por qué no?… Querer es poder.  

Seve, un perrito esquimal amante del puré de castañas, ladra que él no se deja doblar, que su “guau” es el mismo en Calatayud que en Pekín (excursión a Sant Joan de l’Erm).

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