Rosa d’abril, morena de la serra/ il·lumineu la catalana terra… así comienza el poema de Verdaguer que, quienes tenemos una cierta edad, tantas veces hemos cantado en la capilla de la escuela… oh, los lirios blancos, aromas y recuerdos de la infancia… claro es, de cuando las escuelas tenían capilla.
Sergi López, uno de los más afamados actores nativos, profesional de larga trayectoria tanto en el cine español como en el francés, siempre ha manifestado sus simpatías por la independencia de Cataluña y por ese cúmulo de partidos y organizaciones que concurre electoralmente bajo las siglas CUP, primero en los comicios municipales y ahora ya en todos, incluso al Congreso de la nación que detestan.
Días atrás declaró que él quería la independencia para “quemar banderas catalanas y cagarse en la Virgen de Montserrat”. Confieso, de entrada, que no sé muy bien qué pasa por la cabeza de un separatista furibundo, pues no soy psiquiatra, pero es cierto que cada uno de nosotros es un mundo y aquellos que se inclinan por la secesión de Cataluña tendrán diferentes motivos para ansiar tan codiciado objetivo. Para unos será aquella vieja divisa, “un poble, un estat, un líder”, para otros el gustazo de vivir en un solar patrio, al fin, con una sola lengua oficial, y para otros más que Cataluña compita, por sí propia, en las Olimpiadas, en el festival de Eurovisión y en el certamen de Miss Mundo.
No entiendo, no obstante, por qué Sergi López ha de esperar a la proclamación de la independencia de marras para quemar banderas y ciscarse en María santísima, particularmente en su advocación montserratina. Nada ni nadie se lo impide ahora. La quema de banderas, la española, y algo menos la francesa, es un gag recurrente en las concentraciones indepes. Se podría decir incluso que no hay concentración que valga en ese mundillo sin la quema, “la cremà” fallera que le da marchamo como de acto oficial. Bien haría don Sergi, entre rodaje y rodaje, en acercarse a una de tantas manis convocadas por los CDR para cortar la avenida Meridiana, con el beneplácito de la alcaldesa Colau, y pegarle fuego a una cuatribarrada, estrellada o no, para salivar pensando en un futuro lisonjero y promisorio de banderas braseadas.
Ahora es el momento para hacerlo y cobrar menos daño, pues los jueces tienden a disculpar actos vandálicos de esa laya bajo el manto protector de la libertad de expresión. Es muy probable que, proclamada y consumada la independencia, el gobierno fundacional habrá de redactar una ley de símbolos nacionales y no sería extraño que, sobre todo al principio, cuando es perentorio predicar con el ejemplo, quemar la “senyera” se considere una ofensa, el llamado “ultraje” a la bandera a corregir con pena de reclusión. Los nuevos órdenes han de “hacerse valer” desde el principio so pena de no ganarse el respeto (y temor) de la población. Me contó mi abogado y, sin embargo, buen amigo Antonio Ramos, que los Md’E (Mossos, que a no mucho tardar pasarán a denominarse “Mossos i Mosses d’Esquadra”, por aquello del lenguaje inclusivo), al convertirse en policía integral y sustituir a la Policía Nacional, ganaron fama entre delincuentes habituales de largar hostias a manos llenas, sin ton ni son… ¿Por qué?… pues porque eran nuevos en la plaza y querían labrarse entre cacos y maleantes una rápida y sólida “reputación”.
“Cagarse en Dios” o “en la Virgen”, incluso la de Montserrat, no es tampoco una heroicidad que digamos en estos tiempos, pues de siempre el paisanaje no le hizo ascos a la blasfemia y al exabrupto ordinario. Dicen que en la católica Navarra, un “mecagüen dios” es casi como decir “hola”, “buenos días” o hablar del tiempo y de Greta Thunberg en el ascensor con uno de los vecinos de la finca. Quizá Sergi López se refiere a ejecutar la deposición presencialmente, no bajo palio, como entraba Franco en la abadía, pero justo en el altar consagrado del templo benedictino, frente a la talla mariana, con gran solemnidad y ante la mirada arrobada del abad, Josep Maria Soler, separatista cien por cien , de los frailes encubridores de pederastas y del coro de la escolanía al completo. Extremo que no ha sido confirmado.
En cualquier caso, los motivos aducidos por Sergi López andan de fuste un pelín regular, pero son los suyos. A quienes nos oponemos a la separación de Cataluña por otras razones más aseadas, bien entendido que el daño está hecho… la fractura social (incluida la amical y familiar), la marcha de empresas, la huida de inversiones, etc… nos sorprende que tan banales anhelos (quemar banderas y cagarse en la virgen) sean el norte magnético de alguien que, para llegar a puerto, a la soñada Ítaca, dé por buena la tensión que a pie de calle genera el “proceso”. Tensión y heridas que tardarán años en restañarse, si es que no van a más, ahora que todo este quilombo monumental goza del aval del traidorzuelo gobierno de la nación.
Me cuesta creer que Sergi López quiera la independencia para esa chorrada que dice. Es más, me huele a que ni él mismo se la cree. Que es una frase de guión, de una de sus películas, pero de las malas. Una peli en la que el director le ha dado un papel como de matasiete y boquimuelle, de tipo duro, pero duro de mollera… poseído acaso por el espíritu del sargento de la Guardia Civil sádico y malvado que, regostado de placer, interpreta Sergi López en “El laberinto del fauno”. Por mí puede ciscarse en la virgen y en el santoral al completo, incluso en sus muertos familiares, o confitarse y comerse sus propias deyecciones, o las de un caniche, como el legendario travesti Divine en “Pink Flamingos”, una de las pelis de la etapa underground de John Waters… allá él, pero ni el más perfumado de sus mocordos vale para justificar la millonésima parte de este sindiós atorrante y cansino, pergeñado y perpetrado por sus conmilitones, que dura ya mucho tiempo y que le amarga la vida a la gente del común que no va por ahí quemando banderas ni desembarazando las tripas sobre las cosas santas.
Si cupiera hacerle algún reproche a la Virgen de Montserrat sería, en todo caso, que “no ha il·luminat prou la catalana terra” a juzgar por las pampiroladas que farfullan muchos de sus hijos. Pero ya sabemos que Dios, la Virgen y su cohorte celestial escriben la Historia con renglones torcidos.

Muy atinado comentario. Ahora los Mossos duros y contundentes, y también los más españolazos, están en la BRIMO.
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