Entonces el mediador era Alay, íntimo colaborador de Puigdemont. Comín, Toni Comín, el otro, andaba batiendo la clara por los rincones del parlamento europeo con un asesor que ahora le denuncia por acoso sexual. Alay era su mano derecha y chico para todo. Se ha dicho, chambelán culinario, que probaba primero que nadie la comida en el palacete (“la casa de la República”), no fuera que los agentes del CNI administraran al jefe, de matute, una dosis de polonio entre la apetecible carne de unos mejillones de “Chez Léon”. Ahora, con el felón de Pedro Sánchez en La Moncloa, los agentes del CNI han quedado para proteger al fugado y rendirle honores. Las vueltas que el mundo da.
Alay fue el agente enviado a la lejana Moscovia para negociar el apoyo ruso al golpe separatista. Uno andaría tentado de pensar que alguien como Putin, que echó los dientes en la KGB y con tantos operativos abiertos por medio mundo y entregado de hoz y coz a devolver oropeles imperiales a la Madre Rusia, largaría de regreso a semejante insignificancia de una patada en el trasero, como en su día hicieron los bolcheviques con el chalado del ex teniente coronel Maciá (Macià). Pero, nada de eso. El interés del Kremlin por sembrar cizaña en Europa y debilitar a los países que la componen para mejor dedicarse a sus manejos expansionistas en la frontera (Ucrania, Polonia, repúblicas bálticas), posibilitó el contacto. La mera consideración de un proyecto de esa jaez: atender los guiños y arrumacos de los nacionalistas catalanes demuestra que incluso un tirano profesional de su talla puede errar el tiro y perder el tiempo en divagaciones manicomiales.
La jugada consistía en que Cataluña, desgajada de España y tutelada por Rusia, se convirtiera en un satélite putinesco en Europa occidental con un estatus parecido al de Bielorrusia o Transnistria. El plan no fraguó y los 10.000 spetsnaz ofrecidos se quedaron en casa con el cuchillo entre los dientes y a la espera de movilizarse en el Donbás. Tal y como andaba de ardor guerrero el gobierno de entonces, Rajoy y Soraya S.de.Santamaría (la caricaturesca armada “Piolín”), uno se malicia que habría bastado un contingente mucho menor para lograr sus objetivos y sin pegar un solo tiro.
Pero los vientos no soplaron ni en la dirección adecuada, ni con la fuerza suficiente, y el apadrinamiento ruso quedó en nada y chasqueados los separatistas catalanes sin avalistas internacionales de cierta nombradía, excepción hecha del autoproclamado gobierno de Biafra en el exilio, que ya abrió una “embajadícula» de pacotilla en Barcelona, año 2014, en presencia de aquel canciller y estadista de primer rango, Ángel (Àngel) Colom, nuestro príncipe de Metternich, especializado muy pintureramente en “asuntos marroquíes”. Tras ese duro mazazo, la acción exterior del “proceso” (la diplomacia catalanista no es la vaticana, precisamente) se resintió gravemente y languideció sin que las grandes potencias la echaran en falta.
Pero, hete aquí, que Trump irrumpe en escena como un caballo en una cacharrería e inicia una gira mundial de armas tomar jalonada por hitos como Gaza, de la mano de Israel, Venezuela, Irán, también junto a Netanyahu, y ahora coloca a Cuba en el punto de mira. Hablamos de conflictos de primera división, a bombazo limpio. A lo que se ve, el hombre se enfurruñó porque no le concedieron el Nobel de la Paz y se desquita largando misiles a espuertas y con un ritmo frenético. Un nivel de productividad como no se ha visto en muchas décadas.
Recuerda Trump al capitán de la caballería aerotransportada interpretado por Robert Duvall en “Apocalypse Now”: “Nada como el olor a napalm por las mañanas… ese pestazo a gasolina quemada huele… a victoria”. Dejo para otra ocasión el debate: “Trump y el derecho internacional”. Un derecho que invocan con la cadencia de tiro de una ametralladora quienes se limpian el culo con los salvajes atentados de Hamás, los homosexuales ahorcados por la teocracia iraní en la vía pública, amén de mujeres azotadas hasta morir por asomar una guedeja de cabello bajo el pañuelo, y los disidentes torturados (abrasiones, descargas eléctricas, “manicura”) por los regímenes criminales del socialismo caribeño. Con todo, hay que admitir que Trump ha elegido con criterio sus objetivos. Todos ellos son una basura hedionda. Gentuza corrupta y sanguinaria al servicio de ideologías excrementicias. Sátrapas antropófagos que vulneran a destajo y de manera atroz, bajo el paraguas del derecho internacional, los derechos humanos más elementales… categoría ésta básica para el aseado funcionamiento de una comunidad política, pero que en esas poblaciones oprimidas durante décadas pertenece, lo mismo que un unicornio, al ámbito de la fantasía.
Y nuestros indigenistas más exaltados y dados a la ensoñación, pues no es lo mismo el separatismo fanatizado de Puigdemont y su gente que el disimulado y algo más tibio del PSC, fijan ahora su atención en el estrafalario personaje y pretenden granjearse su simpatía. Y para ello, como dijo Arzallus de la cochambrosa servidumbre al nacionalismo de los socialistas vascos (posteriores a Redondo Terreros), profieren gorjeos e hinchan el garganchón en un vistoso ritual de apareamiento. En efecto, se ha reunido la nomenclatura del Consejo de la República para tomar cartas en el asunto. El razonamiento básico es el que sigue: dado que Europa ha salido rana y no ha tomado en consideración la independencia de Cataluña (tampoco se le dio tiempo, pues la proclamación duró apenas ocho segundos), cabe mendigar la tutela de Trump aprovechando que el gobierno de España, que es hoy, paradójicamente, el principal valedor del “proceso”, se ha significado como uno de sus más acerbos detractores, sea o no fruto de un mero cálculo electoral… por aquello de desviar la atención mediática de su corrupción moral y material.
De tal suerte que los juramentados padres de la patria en Waterloo ambicionan para sí una suerte de Cataluña groenlandesa cambiando patronato ruso por americano (que lo mismo da Juana que su hermana) y quién sabe si ofreciendo Gavá, Castelldefels o L’ Estartit como emplazamientos alternativos a las bases de Rota y de Morón. En ese mismo batimán habrían de seducir a Israel, pues Trump y Netanyahu van siempre de la mano, como Zipi y Zape, en su desempeño belicista. Y para ello rescatar a Pilar Rahola, que es la única de esa ganadería, a excepción de Silvia Orriols, que simpatiza con los hebreos.
Mientras los carniceros de la teocracia iraní “tunean” sus misiles (“Rockets to Tel-Aviv”, por parafrasear el legendario álbum de “The Ramones”) con la efigie de Pedro Sánchez, que aspira a comerle la tostada a Trump en la próxima entrega de los premios Nobel, pues le cabrá el honor de ser propuesto por algún imbécil colosal (tipo Francesca Albanese), los separatistas de la facción bruselense corren a realinearse en este nuevo y turbulento escenario, dándose de codazos con otros figurantes por asomar la jeró. “Eh, que sigo aquí”.
Cabe recordar que hace unos meses, en la fase “Gaza” de este conflicto expansivo, las autoridades israelíes, hasta la kipá del pacifismo impostado de Pedro Sánchez, jerarca planetario del “derecho internacional”, amenazaron con reconocer la independencia de Cataluña si ésta era nuevamente proclamada. Y, embolica que fa fort (*), uno de los aliados preferentes de Estados Unidos y de Israel no es otro que Marruecos, rearmado hasta los dientes y que coloniza nuestra fruterías en desdoro del agro nacional con permiso de los gobiernos nacional y continental. Amén de mandarnos en puertas de toda negociación, cualquiera que sea, avalanchas ingentes de inmigrantes ilegales (oh, casualidad, todos los de obediencia islamista recalan en Cataluña). Y que, además de tener al monclovita pillado por el teléfono móvil (véase el giro copernicano en el asunto “Sáhara”), nos birlará la final del Mundial de Fútbol a disputarse en el año 2030 y nos levantará Ceuta y Melilla, y unos cuantos islotes bajo soberanía española, sin despeinarse, pues, a tal efecto, le entregaremos las llaves.
Echa a andar, ahí es nada, el eje “Washington/ Tel Aviv/ Waterloo”. El mundo será otro.
(*) Frase que precisa una traducción más literaria que literal. Se propone “el lío del montepío”
PD.- Las autoridades regionales continúan la búsqueda del bocata de mortadela sospechoso de desatar la peste porcina en las inmediaciones de Barcelona

Dos hombres providenciales y un mismo destino
