Aliança Catalana

Aliança Catalana, el partido de Silvia Orriols, refulge como una supernova en el universo demoscópico desde hace unos meses. Las encuestas auguran a su formación un crecimiento espectacular, pasando de sus dos diputados en el actual parlamento regional a 19 o 20, ahí es nada, a la par de Junts. En catalán se dice muy descriptivamente “un daltabaix”, éste electoral. Y a fe mía que lo es. Se suceden los sesudos artículos acerca de la, más que presumible, colosal irrupción de AC en el escenario político y todos ellos muy bien fundamentados. Toca pues, quién dijo miedo, dar una versión propia, si bien de más modesto alcance, desde este humeante tractor.

La “reconquista catalanista” de la Cataluña irredenta, tras el desbarajuste procesual, procederá de Ripoll, cuna de Orriols, como de Ripoll procedían los terroristas islámicos que sembraron Las Ramblas de Barcelona de cadáveres arrollados por una furgoneta en agosto de 2017. Ripoll, es sabido, es una de las “palancas” (no hablo del Barça) angulares en la formación de la Cataluña “primigenia”, dicho así, por su protagonismo inicial en la resistencia al Islam tras el colapso de la monarquía visigoda. El Ripoll condal, Besalú y alrededores, mantenían relación de vasallaje con el reino carolingio: la “Marca Hispánica” de los francos… una denominación ulcerante para el nacionalismo. Ya saben, los tiempos fundacionales de Godofredo el Peludo (Guifré el Pilós), Bernardo I, Tallaferro y del abate Oliva (Oliba). Personajes de gran relevancia en el imaginario catalanista incursos en las productivas y seminales licuefacciones de nuestros aborigenistas más exaltados, como unidos por un cordón umbilical a la Alta Edad Media y nacidos por esporas, pitufos de gorro frigio, en una colonia de níscalos (“rovellons”). 

¿Por qué Silvia Orriols sube como la espuma en los últimos sondeos? Sencillo. No hace falta ser un lince para aderezar un par de motivos verosímiles. El primero es el balance en cierto modo frustrante del “proceso” separatista conducido por los partidos catalanistas tradicionales. Fracaso relativo, dirá alguien, y lo concedo, pues en estos últimos años, al calor del inicuo gobierno de Pedro Sánchez, han conseguido gracias a la debilidad de éste, a su cobardía y propensión a la traición, muchas más cosas, y de no poco fuste, de lo que habrían soñado mediante la confrontación directa con el gobierno de la nación. Pero es cierto que, entre sus feligreses se ha instalado una sensación de abatimiento (“nos han dejado colgados de la brocha”, “nos han utilizado”, “se han reído de nosotros”, etc). La Serenísima República de los Ocho Segundos. Pero no menos cierto es que la felonía de Sánchez no es producto directo del desafío rupturista. Es una circunstancia sobrevenida que, en términos culinarios, “liga” el potaje. Y que todo se encadena en una fatídica cadena de causalidades: la villanía de Pedro Sánchez sería irrelevante si Mariano Rajoy no hubiera cobardeado en tablas (se sabía el escondrijo de las urnas, se permitió la fuga de Puigdemont y el amotinamiento parcial de los Md’E*). Sorpresa ninguna, por otra parte, atendiendo a la personalidad del sujeto, tendente a la somnolencia abacial. A ello habría que sumar la melindrería “soft” de su gabinete (recuérdese aquel jodido fraude de Soraya “SdeS” que se dejaba masajear plácidamente la cerviz por Oriol Junqueras).

Otro motivo obedece a los nítidos planteamientos del fenómeno Orriols frente a las ideologías impostadas, vinculadas al universo woke, que han adoptado multitud de partidos (incluso de derechas) en todo el mundo occidental, también los catalanistas, y que han generado auténtica fatiga, cuando no perplejidad e irritación en una buena parte de la sociedad. Orriols no se ha detenido en esos peajes obligatorios y eso gusta a mucha gente… y, a mayor abundamiento, cuando los vectores prístinos, iniciales, del catalanismo político, del nacionalismo particularista, están en las antípodas de toda esa tralla de la ideología de género, de la cristianofobia o de la defensa a ultranza de la inmigración ilegal, entre otras bagatelas. Nuestro aborigenismo nació, como otros tantos, catolicón, tradicionalista y entre etnocéntrico y racista, y Orriols conecta mucho mejor con las esencias originales.

Al contrario, los partidos que han funcionado durante décadas como marcadores étnicos, CiU (Junts) y ERC, adoptaron alegremente esa morralla intelectual por estar al día y siempre ha quedado la sospecha de que se apuntaron al carro insincera e interesadamente, y que toda esa quincalla arcoirisada de la post-modernidad, en el fondo, se les daba una higa. Para muestra un botón: aupada Orriols a la alcaldía de Ripoll tuvo el buen tino de recuperar una “butifarrada” popular de larga tradición (no confundir con el “butifarréndum” de 2014 organizado por Artur Mas) que durante años fue prohibida por aquello de no ofender a la pujante comunidad musulmana de la comarca que, ya se dijo, dio jugosos frutos como cantera del terrorismo integrista (Las Ramblas, 2017). Consecuencia: se ganó la voluntad del paisanaje.

Basta, lo he visto y vivido, y apuntado en otras tractoradas, con darse un garbeo por esas bonitas localidades de La Garrocha, del Ripollés o de los ampurdanes (Alto y Bajo), pues las conozco bien, para detectar una disociación política evidente entre algunas formulaciones de los partidos nacionalistas y sus votantes. Es un fenómeno exportable a otras comarcas del interior (vale para Osona, Berguedá (-à) o Pallars Sobirá (-à)), esto es, al cinturón de la “barretina calada hasta las cejas”, como lo hay de la “Biblia”, del “güisqui clandestino” o del “gorrito cola de mapache” en los Montes Apalaches. Preciosas masías, césped recién cortado, caminitos de grava, flores en macetas cerámicas de La Bisbal, voladizos, un utilitario junto a un todocamino de alta gama bajo el emparrado, pérgolas y mecedoras, mástiles dentro de la finca con enormes banderas estrelladas. Allá, en el campo anexo, balas de paja.

Y, junto a ello, paisanos de menor fortuna, pero que en modo alguno quieren ser asimilados a eso que llaman los “nouvinguts” (“recién llegados”), que pasean a sus mujeres enfundadas en vestiduras talares… negras, fantasmales. Sociológicamente, podríamos hablar de un segmento amplio de la población enfeudado a la derecha y a la extrema derecha. Si doblamos esas coordenadas por el eje de Los Pirineos, sus pares al otro lado de la frontera votan masivamente al remodelado Frente Nacional de Marine Le Pen. Nada que a un observador curioso extrañe en demasía. En Francia, el sentimiento de pertenencia (con distorsiones poco significativas) lo marca la nación. En España, lo disputa la región en tumultuosa coexistencia azuzada por el delirante desparrame autonomista.

Esa es la oferta clara, directa y triunfadora de Silvia Orriols: no tiene necesidad alguna de camuflar el marcador identitario, que demandan sus potenciales votantes, entre oropeles y perifollos ideológicos ofertados, por lo común, desde los púlpitos de la progresía, tan a menudo contrarios al sentido común. Y, va de suyo, se sienten representados sin hacer concesiones, qué sabe uno, a los apóstoles del “multiculturalismo” o de la “okupación”. Los más pusilánimes apuntan que será más dura si cabe en materia lingüística. Quiá. ¿Más que los gobiernos ancilares con el nacionalismo del sonderkommando Montilla o de cara de acelga Illa?

Parecidamente nos sucedió, en muy distintas coordenadas, a los catalanes de la resistencia contra el nacionalismo cuando surgió C’s. Por fin teníamos un partido al que votar experimentando un alivio indescriptible y diciendo campanudamente: “Es mi partido… tengo al fin un partido que, en lo básico, me representa, que defiende sin complejos eso que yo quiero (con la excepción anterior del PP de Vidal Quadras, más por Vidal Quadras que por el PP, claro es). Y llegó a 36 diputados. Ahora es el turno de Aliança Catalana. Ignoro cuál será su itinerario electoral en las grandes ciudades o en la conurbación metropolitana de Barcelona, pero en comarcas tendrá un éxito rotundo, me juego el bigote. Primero le hará una OPA a la antigua CiU por vecindad en el espectro ideológico, pero también le requisará votos a carretadas a ERC y no pocos le rascará a ese engendro de CUP. ¿Qué no? Se admiten apuestas.

(*) Md’E: Mossos d’ Esquadra   

Foto panorámica de Queralbs (Ripollés), refugio predilecto, en tiempos, de Jordi Pujol. “¿Género fluido? ¿Que es usted una cabra atrapada en un cuerpo humano? ¿Que me va a “okupar” el granero y para desalojarle he de meterme en juicios?… Esas cosas no se estilan por aquí, por eso votaremos todos a Silvia Orriols”. Dicho en otras palabras: “Este es un pueblo muy aburrido… no te va a gustar”, que le larga el gran Brian Dennehy a John Rambo en esa primera hora fantástica de “Acorralado”

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar