A «descomer» por gentileza del «dire»

Tomamos el camino de L’Espluga Calba, provincia de Lérida, a unos 10 kms de Las Borjas Blancas, cuna de ese psicópata “sediento de sangre” de Maciá, tal y como lo pintó Francesc Cambó en sus memorias (Alianza editorial). Y no muy lejos de Omells de Na Gaia, donde el SIM (Servicio de Inteligencia Militar) estableció uno de sus campos de trabajo forzado durante la Guerra Civil para “acomodar” a los desafectos a la causa republicana… aquellos, claro es, que no fueron asesinados en las primeras horas de la contienda a manos de las diferentes facciones milicianas. Este modesto tractor recorre nuestros caminos y sendas que es un contento: Balaguer, Cunit, Tortosa, Besalú, Alpens muy recientemente, y ahora detiene sus ruedas estriadas en la comarca de Las Garrigas.

Con atinadas palabras y elegancia exquisita, Escuela de Todos, integrada también por la Asociación por la Tolerancia, va de suyo, remitió un “mailing” a todos los directores de centros escolares de nuestra región (de primaria y de bachillerato, que ahora llaman ESO). En la carta se solicita de los tales el cumplimiento, como así ha de ser en derecho y en una sociedad civilizada, de la disposición del TSJC sobre ese mínimo del 25% de horas lectivas en lengua española. Pero de asignaturas de verdad, de las troncales, nada de gimnasia o de modelar figuritas en arcilla.

Es obligación de todo funcionario público, por especial ejemplaridad ante la ciudadanía, acatar y cumplir las sentencias judiciales, le gusten o no… mayormente aquellas que interesan a su cometido específico. Causaría cierta conmoción entre los contribuyentes, sea el caso, que un alto funcionario, por rango que no estatura, del Cuerpo de Gestión del Ministerio de Hacienda incurriese en ilícito por reiterado fraude en sus propias tributaciones. Un Director de centro escolar que desoye una sentencia sobre una materia que le compete, proyecta sobre la comunidad una imagen de absoluta deslealtad del todo inconveniente para el ejercicio de su cargo.

Las respuestas recibidas de los “dires”, por lo que sé, no son demasiado esperanzadoras. Una amplísima mayoría del funcionariado concernido ha optado por el silencio. Ni mu. Entre quienes han dicho “esta boca es mía”, la negativa a someterse al dictado de los tribunales es aplastante, y entre ellos descuella, paladín invicto de la inmersión, el “dire” del instituto de L’ Espluga Calba. Ha sido escueto y conciso. No se ha andado por las ramas. “A cagar”, ha sentenciado el interfecto. Dicho así, sin tapujos, a la pata la llana. Para qué matices, sutilezas y medias tintas. Lo largó tal cual, como quien alivia las tripas de un buen arreón tras una digestión turbulenta.

Es algo más que un barrunto: el “dire” del “insti” de L’Espluga Calba hará carrera. Como aquella profesora que abofeteó a una niña por pintar en un mural de la escuela una banderita española (Miriam Ferrer, Font de l’Alba, Tarrasa). Lo dicho, el andoba ése da sus primeros pasos para hacerse a la vuelta de unos años con la cartera de ministrín (consejero) de Educación. El gobierno regional se ha propuesto reforzar la “línea Maginot” de la inmersión, la verdadera joya de la corona del régimen, el tabernáculo del templo, ahora que caen en cascada sentencias, aunque tibias (el traído y llevado 25%), contrarias a ese mayúsculo disparate de modelo educativo. Y si no le catapulta su escatológica respuesta, “a descomer”, por decirlo finamente, al codiciado cargo en el gabinete presidido en la actualidad por un tal Aragonés (artífice de la manida divisa “España nos roba” y nieto del último alcalde franquista de Pineda de Mar), que no se apure, que, solícito, el PSC le tentará para recibir ex cathedra su docta asesoría. No en vano, el pandémico Illa ha fichado a Irene Rigau (era “Artur Mas”) a guisa de áulica consejera para tan controvertido asunto. Cosas veredes.

Uno advierte, con cierta distancia sobre el objeto de estudio, como el mirmicólogo que observa los vaivenes de sus hormiguitas en un terrario, el destacado papel que juegan pequeños ideogramas y adminículos de nuestro acervo cultural, el simpático “cagatió”, ver tractorada reciente con escenario en Alpens, o el “caganer”, omnipresente en nuestros nacimientos navideños… esos vestigios anecdóticos de la civilización humana, cual sea una herramienta del período achelense (Paleolítico inferior), que nos informan del modo de vida de remotos grupos humanos y que en el caso de nuestro aborigenismo nos remiten a una cosmovisión definida por la fase deyectiva del metabolismo que es la fecalidad.

Instalados en una suerte de «fase anal del placer» disponemos de más bibelots concurrentes a esa tendencia, sean las “llufes” (o follones), unos muñequitos de papel que se colocan en la espalda de nuestra víctima, sin que lo advierta, para embromarla; inocentada típica del día en que celebramos el infanticidio herodiano. Solidario de ese artefacto folclórico es el nombre de uno de los grupos de música pop más aclamados por el separatismo, Els Pets, cuyo nombre es en sí toda una declaración de intenciones. Al contrario que los follones, Els Pets (“Los Pedos”) son desgraciadamente audibles para todo aquel que sintonice una radio-fórmula musical que emita en Cataluña, pues por mandato gubernativo están obligadas las empresas del sector a programar una cuota fijada de plomizas canciones en catalán. Cabe decir que, en caso de incumplimiento de la cuota impuesta, la renovación de la licencia radiofónica corre peligro (*).

Antonio Roig en su artículo titulado “Y el “caganer” se alivió sobre el 25%…”, publicado hace unos días en “Elcatalán.es”, que es una lección magistral de todo este desparrame porcentual a cuento de la sentencia del TSJC, cita a un personajillo del famoseo separatista  que huronea por las redes sociales y que se postula para apedrear la casa familiar del “niño de Canet”, que ya tiene ese ángel bendito nombre artístico si decide, de adulto, dedicarse a la rumba, a la copla o a la tauromaquia. Comoquiera que ese fulano, que obedece al nombre de Jaume Fábrega, comparece en sus edificantes disertaciones acompañado de bellas señoritas con los pechos al aire, advertimos que el boquimuelle aúna “liberticidio” y libertinaje en un mismo ”tuit”. Conforme a mi escala de valores, le perdono lo segundo, mas no lo primero. Es evidente que en el caso del distinguido señor Fábrega, la fecalidad se transmuta en fonación, pues en su caso la boca forma parte del aparato excretor y cada vez que la abre desembaraza las tripas perdiendo el control de los esfínteres.

El director de la escuela (o del instituto) de L’Espluga Calba pudo inclinarse por una fórmula equivalente, y muy nuestra, y de formato más aseado como “a pastar fang” (“a comer barro”), pero no, el hombre quería demostrar a la parroquia su absoluto desprecio por el fallo judicial, acaso por la impunidad que otorga al nacionalismo saberse a resguardo de la ley, pues cuando sus vedettes dan un golpe de estado desde las instituciones son, al cabo de muy pocas fechas, indultados por un gobierno de la nación rendido a los enemigos de ésta. Dejamos, pues, al “dire” en su gabinete de trabajo, ocupado a pleno rendimiento con su profusión de mocordos, tanto matéricos, al estilo pictórico de Tàpies, como intangibles o mentales. Y no está sólo, los padres inscritos en las fanatizadas asociaciones del entorno (Òdium, ANC, Som Escola, etc) han advertido que, en caso de cumplirse la polémica (e insuficiente) sentencia, retirarán a sus hijos de las escuelas. Libres son de hacerlo. Y más anchos quedarán los discentes (le copio la expresión a Antonio Roig, hontanar de sentido común, es decir, de sabiduría) que permanezcan en el aula.

¿El pensador de Rodin? Negativo. Es el “dire” del instituto de L’Espluga Calba meditando sobre la respuesta que dará al cuestionario de “Escuela de todos”. Mientras cavila, entre dientes canturrea: La merda de la muntanya no fa pudor/ encara que la remenis amb un bastó (“La mierda de la montaña no hiede, aunque la remuevas con un bastón”).

(*) Para conocer los intríngulis de la música pop en catalán, un fenómeno a estudiar por la psiquiatría social, acuda el lector al “electrochoque” titulado de igual manera, “Pop en catatán”, en el ensayo “Demens Catalonia” del autor de esta tractorada.

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